lunes, 11 de agosto de 2014

El espacio astrológico. Por Dennis Frank










Nota del Editor: Este texto apareció en el Grupo Exegesis Discussion (lista de correo centrada en la astrología) el 12 dic. 1999 (4.98). Dennis Frank cita extractos de un libro del físico Roger Jones ("Physics as Metaphor", 1982; London, Abacus (Sphere Books), 1983, p.63-71) y comentarios sobre el mismo. Dennis, autor de "The Astrologer and the Paradigm Shift" (1992) posee un grado B.Sc. en Física, y se le puede contactar en geewiz@ihug.co.nz
 

Ya que he estado presentando en esta lista, aspectos de una visión contemporánea de la astrología, desde la perspectiva de un graduado en física que se volvió astrólogo, considero que seria útil estimar en qué grado otros que intentan un camino similar presentan una descripción parecida. Una apreciación de la interfase ciencia/astrología aparece debajo como ilustración. El autor se doctoró en física (1961), durante 6 años trabajó como investigador científico en física experimental de la energía y luego se desempeñó como profesor asociado de física en la Universidad de Minnesota.
Es posible descubrir una poderosa alternativa a la metáfora espacial que sostenemos, mediante una consideración simpática de la astrología. La unidad e interconexión de todas las cosas se refleja en la combinación y equivalencia  de los dominios interno y externo de la conciencia y del espacio.  La astrología coloca un espejo frente a la conciencia humana.  Refleja el sentir medieval de hallarse inserto en el cosmos.
 
Si tratamos de comprender la astrología de una manera simpática a partir de las formas Griega y medieval de conciencia que la han nutrido, hallamos que el principio fundamental que sustenta lo astrológico "como arriba, es abajo" resulta decididamente poco consistente con la concepción de un mundo interior subjetivo propio de la mente y otro exterior objetivo atribuíble a la realidad, lo que habitualmente se asume como algo natural hoy dia. Nuestras ideas del arriba y el abajo o del interior y el exterior corresponden a dos ámbitos espaciales diferentes."

Para el astrólogo medieval, el arriba y el abajo no se refieren a lugares diferentes sino a diferentes aspectos de lo mismo. No puede haber un arriba sin el abajo. Ambos están conectados, de hecho unificados, y las muchas correspondencias y relaciones percibidas entre ambos conforman el estudio de la astrología. La astrología consiste así en la explicación de las conexiones que existen entre las estrellas y el mundo humano, es decir entre dos reinos aparentemente diversos que en realidad son uno. Como la experiencia de tal unidad habitualmente no nos es brindada, hallamos correspondencias, ecos, indicios de un reino en el otro. Al emplear las estrellas para estudiarnos a nosotros mismos, tácitamente aceptamos esta unidad y así vamos a hallar nuestro ser interior reflejado en nuestra experiencia del mundo y su espacio."
La conciencia medieval no ha percibido tan agudamente como lo hace la nuestra, que la mente y el resto del espacio orgánico del cuerpo humano está limitado por la piel. Nos percibimos como definidos y delimitados de todo lo exterior a nosotros. Lo que está dentro es yo y lo que está fuera es lo otro. No hay nada entre los dos y no se superponen. Si pienso acerca de esto hallo alguna ambigüedad cuando ingiero. Algo de mi ingesta permanece extraño y es expelido. El resto va a devenir yo. (....)  Cuando conceptualizo acerca de mi cuerpo en esta forma, es como si mi cuerpo no fuera en realidad, yo. Me parezco a un agente que utiliza mi cuerpo, el cual así pasa a ser algo otro. Esta gradual disminución del yo es un rasgo característico de la conciencia y su espacio en la modernidad. En tanto pienso acerca de mi mismo en términos de los procesos físicos, químicos y biológicos que la ciencia tan bien ha descripto, imagino mi conciencia o mi ser como ocupando una zona diminuta, vagamente ubicada dentro de mi cabeza (al menos allí me parece percibirla).  Dónde son llevados así  mi yo y mi espacio interior? En verdad, sin la revolución en cuanto a la expansión de la mente en los años 60 y 70, el peso aplastante de los argumentos de la ciencia moderna podría habernos convencido ya de que no existimos en absoluto, que solo es real lo que es otro, que la conciencia e incluso la vida misma son efímeras e ilusorias."
El espacio astrológico o medieval, en cambio, no presenta este carácter de abstracción y desvitalización. No tendría siquiera un carácter propiamente espacial, si lo pudiéramos experimentar. Gran parte de lo que una persona medieval consideraría como espacial, hoy lo llamaríamos mental, emocional, o psicológico. Para la mente medieval, el espacio, o mejor digamos las relaciones espaciales, comprenden las conexiones percibidas entre las cosas. Si un caballero fuera llamado quijotesco o mercurial, esto era tanto una consideración espacial como psicológica (para emplear categorías modernas). El caballero y el elemento eran dos aspectos diferentes de la misma cosa, conectados de un modo que era oscuramente percibido por la mente medieval, como espacio.   No existía un espacio geométrico separado, externo, en el cual se configurarían relaciones abstractas.  Mas bien existía entre las cosas una red de relaciones orgánicas y reflexivas, cuya cualidad para la mente medieval era análoga a nuestra percepción del espacio."
En tal medio de interconexión orgánica, el astrólogo medieval evaluaba la relación entre el ser humano y las estrellas.  No pensaba en los términos que hoy podríamos utilizar en cuanto a la influencia del planeta Mercurio sobre alguien en el momento de su nacimiento, proyectada a través de millones de millas de espacio vacío. Mas bien identificaba en el momento primero, cuando el recién nacido tomaba su primer aliento vital, el rasgo de un evento único impreso en la totalidad del cosmos y reflejado en todos sus ritmos y pautas. Del mismo modo podría haber leído la esencia y potencial del niño en otros modelos reflectantes y sinónimos –las ondas y corrientes del mar, el movimiento de las hojas en el bosque, los elementos de la tierra o las estrellas en el cielo."
La astrología no concierne, por lo tanto, a las causas y los efectos. No tiene mas sentido decir que Mercurio ha impreso su sello en el recién nacido, que el que tenga decir que el recién nacido ha impreso el suyo sobre Mercurio. No es que uno afecte al otro, sino que ambos se reflejan. La configuración total de tierra y cielo es un símbolo profundo de la situación armónica  del niño y de Mercurio en ese momento  y de sus relaciones con otros cuerpos celestes. En este importante sentido, la astrología es antitética respecto de la ciencia y el pensamiento modernos tendientes a proponer que el cosmos y las relaciones causales carecen de significado y propósito."
Nuestro mundo moderno, azaroso y carente de significado, no seria concebible para el astrólogo medieval.  Significado y conocimiento están incorporados en el espacio astrológico, que es simbólico, orgánico y sincrónico, en lugar de vacío, geométrico y causal.  La relación espacial entre Mercurio y el niño (en nuestro sentido moderno del espacio) es de poca importancia en la astrología medieval.  Un mapa natal representa las relaciones orgánicas y armónicas mas bien que geométricas, entre los distintos elementos astrológicos.  El énfasis primario está puesto en la relación orgánica, reflectante y simbólica, conexión que es percibida intuitivamente por el astrólogo, tal como era vivida por una persona común en la Edad Media."
Las distinciones modernas entre simbólico y real, metafórico y literal, interno y externo, subjetivo y objetivo, tienen poco significado para la conciencia medieval. Para los astrólogos, alquimistas y artistas medievales, quienes buscaban la unidad de toda la conciencia, vida y ser, qué posible significado se le podría dar a un espacio abstracto, externo y perspectivístico? Ellos sabían que el espacio era una metáfora, un símbolo de todas las interrelaciones y armonías entre las estrellas, los elementos, y los seres humanos.  En la conciencia moderna, las leyes matemáticas de causa y efecto en el espacio geométrico son vestigios emasculados de las conexiones compartidas con todas las cosas, vividamente sentidas por una conciencia mas temprana."
Como no hay forma de separar nuestro conocimiento del mundo de nuestra conciencia de él, los cambios sea en el mundo o en la mente deben ser comprendidos como modificaciones operantes en ambos. Mundo y mente son aspectos aparentemente diferentes, quizás complementarios,  de la misma cosa. Por lo cual una visión diferente del mundo sostenida por pueblos antiguos, la cual consideramos como mas simple e ingenua que la nuestra, no es el reflejo de un conocimiento inferior, sino una manifestación metafóricamente diferente del mundo, que resulta de un estado de conciencia distinto. [El concepto de] evolución de la conciencia se sustenta en la inseparabilidad de mente y materia y en el  reconocimiento de que otros han experimentado el mundo de una manera distinta a la nuestra. Lo cual requiere que aceptemos una visión del mundo "primitiva" como una descripción seria, co-simpatizante y aguda de una experiencia anterior, mas bien que como una visión desinformada, supersticiosa o inferior. Si la experiencia ha cambiado y la conciencia es inseparable de la realidad, entonces hay que asumir que se ha producido una evolución de la conciencia/realidad.
 
En la modernidad, nuestro perdido sentimiento de síntesis o conexión ha sido intelectualizado como una asunción acerca de la realidad (que la misma está separada y es independiente de nuestro mundo mental interno, y que, de hecho, subsume este mundo interno, el cual deviene así, no real). Concebimos el espacio como un vacío infinito, sin vida, frío, oscuro, nulo y extraño.  Es el escenario vacío privado de sentimiento en el cual la materia realiza sus azarosos actos sin meta. Esta concepción no provee el mas mínimo rincón donde anclar el insignificante punto  de un planeta, templado por una estrella de segunda magnitud, sobre el cual por mero accidente, contra una probabilidad imposible, la vida y finalmente  la conciencia han venido a coincidir. Nos vemos viviendo en un universo básicamente extraño, otro, que nos ofrece poca esperanza o socorro, y especialmente ningún significado ni propósito."

Nuestro espacio moderno es la perfecta metáfora de la separación, la extensión, la individuación y la alienación.  No podemos siquiera concebir la existencia excepto en el espacio, que luego deviene el medio por excelencia de la existencia. Existir proviene del verbo latino que significa separarse, pasar a estar fuera de, y el espacio es precisamente aquello de lo que estamos fuera. El espacio es el antecedente, el detrás desde el cual emergemos a la existencia, en el cual devenimos articulados, individuados, seres únicos.  De un lado de la moneda tendremos la existencia y la calidad de único, del otro, la alienación y el aislamiento. Nuestra metáfora espacial está ligada íntimamente con nuestros miedos y aprehensiones sobre la vida, la muerte y la supervivencia."
El espacio de la conciencia medieval, en cambio, posee la calidad de orgánico, conectivo, nutriente, humano, inteligente, vivo y significante.  Es un reino de sabiduría y un almacén del conocimiento.  Mas bien que espacio es lugar, hogar, entorno.  Como la matriz para el embrión, sostiene, calienta y nutre, provee bálsamos y líneas de vida, no tiene limites precisos, no hay separación entre lo intimo y lo externo.  Si bien es menos definido, preciso y geométrico que nuestro espacio, contiene cosas que nosotros no consideraríamos como espaciales, elementos psicológicos, emocionales, intuitivos. Incluye los sentimientos hacia los demás, hacia los seres vivos y las cosas inanimadas, de modo que el sentir del espacio medieval incorpora el amor, el aprecio, la inspiración, la pertenencia, el parentesco y la santidad."
En el mundo medieval, quizás te sentirías menos individuo, pero mucho mas una parte vital de las cosas.  Pertenecías a una organización mayor, y dentro de ella funcionabas con un sentido y propósito. Quizás el significado y propósito no fueran evidentes, pero estaban allí a tu alrededor. Podías sentirlo, percibirlo. Los astrólogos y alquimistas lo buscaban en las estrellas y en los elementos, donde las conexiones con tu ser no estaban en el espacio, sino que eran el espacio. Menospreciamos a la astrología, no tanto en razón de que funcione o no funcione, sino por el tipo de explicación anómala que requeriría dentro de nuestras actuales teorías físicas y geométricas (los últimos "paradigmas" como diría Kuhn). Carl Jung emplea la noción de sincronicidad para brindar alguna forma de explicación a las facultades adivinatorias del antiguo I Ching y de la astrología."
Sincronicidad es el principio de que existen lazos no causales entre hechos coincidentes o simbólicamente relacionados. Un ejemplo podría ser el cardenal que veo desde mi ventana al mismo tiempo que escribo un párrafo acerca de la cardinalidad. Otro puede ser la correspondencia entre una posición prominente de Mercurio y el nacimiento de un niño con marcados rasgos mercuriales.  La sincronicidad no es una explicación en el sentido científico aceptado. Ya que un principio acausal en términos científicos es una contradicción . Pero en lugar de rechazar a la sincronicidad por este motivo, hemos de reconocer su poder para ayudarnos a trascender nuestros limites. La verdadera contradicción reside en la incompatibilidad entre la conciencia causal y la sincrónica  o entre el espacio astrológico y el físico.   Y tal incompatibilidad emerge de nuestro rechazo a percibir y aceptar el status metafórico relativo de todas nuestras construcciones.  En tanto que insistamos en que un tipo de espacio es literal y objetivo, y el otro es metafórico y mítico, estaremos limitados por las aparentes contradicciones entre ambos. Ya que estas perspectivas diferentes son complementarias y ninguna de ellas puede darnos la imagen completa. El esclarecimiento de lo humano resulta probablemente de una rara síntesis entre la totalidad de las perspectivas, metáforas y construcciones, y nunca puede ser experimentado, entendido o comunicado en términos de solo una de ellas. En la medida en que la astrología es ya una síntesis parcial de algunas de nuestras mas significativas metáforas, nos hacemos un flaco servicio ignorando su sabiduría."
Inclusive, nos perjudicamos mucho al rechazar el estudio y la contemplación seria de muchos sistemas míticos y simbólicos de culturas tempranas, primitivas o alternativas.  Nuestra inhabilidad crónica para lidiar con tales temas como el totemismo, animismo, reencarnación, percepción extrasensoria, adivinación, y un mundo de criaturas míticas, arquetipos, dioses y diosas con rasgos humanos, proviene de nuestra idolatría hacia el espacio físico y geométrico. Es el espacio que separa y distingue las cosas unas de otras y por ello requiere luego de la causalidad para poder religarlas otra vez.   Implícito en el principio Jungueano de la sincronicidad está la idea de que todas las cosas son reflejo unas de otras: cada modelo, cada hecho es un microcosmo del universo entero. Esta noción holística e inespacial tiene sus raíces en todas las culturas antiguas.  Que todo deriva del uno –es Uno- está hondamente enterrado en la conciencia humana. Si puedo leer mi personalidad en las estrellas, es porque yo y las estrellas somos uno y el mismo, somos diferentes metáforas."
Antes de dejar a un lado la cuestión de la astrología, hay otra metáfora que quisiera sugerir para que nos ayude. El método de la astrología permite la construcción de un mapa natal para cada ser. Esta figura es un mapa simbólico de los cielos para el momento natal de la persona, a partir del cual un astrólogo dotado puede leer el carácter y destino básicos de la persona.  (No es tan fatalista como podría sonar, ya que la astrología juega con las potencialidades y los limites que definen un bosquejo amplio de los hechos pero no los determinan en forma absoluta.). Así cada personalidad y su destino están correlacionados a grandes rasgos con las configuraciones estelares del mapa natal y sus desarrollos futuros. En otras palabras, la colección completa de personalidades humanas e historias de vida es una manifestación alternativa o una metáfora de los sucederes evolutivos de nuestro sistema solar contemplados desde la tierra. La totalidad de complejas ocurrencias y relaciones de la vida humana y la sociedad tienen su contraparte en los hechos espaciotemporales de la astronomía. Así toda la historia humana  es otra metáfora espaciotemporal.
 

Al extraer los conceptos fundamentales de esta descripción, obtenemos lo siguiente. Primero, que la astrología se orienta hacia la "unidad e interconectividad de todas las cosas". Segundo, hallamos otra utilización de la analogía del espejo, que refleja "los ámbitos interno y externo de la conciencia y el espacio".   Tercero, otra identificación con "la máxima hermética que subyace a la astrología - 'como arriba, es abajo' ".
 "Ambos reinos están conectados -de hecho, unificados", es el cuarto concepto clave, en el cual vemos como el autor relaciona la dualidad del macrocosmo/microcosmo, del espacio/mente, con la unidad subyacente que es el contexto desde el cual emerge la divergencia. "La astrología se constituye así en explicación de las conexiones que existen entre las estrellas y los seres humanos, entre dos ámbitos diferentes que en realidad son uno solo. Como la experiencia de esta unidad habitualmente no nos es brindada, encontramos correspondencias, ecos, indicios de un ámbito en el otro. Al emplear las estrellas para estudiarnos, tácitamente aceptamos esta unidad y hallamos nuestro ser reflejado en nuestra experiencia del mundo y su espacio".  Como hemos crecido en la creencia de que las estrellas no están conectadas con el ser humano, nuestra relación personal con el cosmos permanece tácita, y nos volvemos concientes de él solo por vía de algunos signos y símbolos que resuenan dentro nuestro y evocan el sentimiento de interconexión.
 El quinto concepto clave identificado es, que la astrología hace surgir una problemática básica del limite: "La mente y el resto del espacio orgánico del cuerpo está rodeado por nuestra piel. Nos sentimos definidos y delimitados respecto de lo que está fuera de nosotros. Lo que está dentro es yo, y lo que está fuera es otro". La astrología ofrece un significado personal del yo en relación con un contexto cósmico.  Las consecuencias psicológicas masivas de la descentración paradigmática son marcadas. Esta patología prevaleciente es producto de la ciencia durante los tres siglos pasados.
Sexto, el autor procede a postular una relación orgánica entre los humanos y el cosmos: "Existía entre las cosas una red de relaciones orgánicas y reflexivas, cuya cualidad para la mente medieval era análoga a nuestro sentido del espacio.   En tal ámbito de conectividad orgánica, el astrólogo medieval evaluaba la relación entre el ser humano y las estrellas".  El séptimo concepto clave está señalado cuando describe las relaciones entre las cosas como reflectantes, implicando su mutua realimentación.
El octavo concepto clave es que, para el astrólogo, el espacio contiene significados. "Significado y sabiduría están incorporados en el espacio astrológico, que es simbólico, orgánico y sincronístico, en lugar de vacío, geométrico y causal".   Esta es una diferencia primaria paradigmática entre la física y la astrología; el espacio, en el paradigma astrológico contemporáneo, contiene una dimensión cualitativa derivada de una base arquetípica natural.  Sin embargo, hemos de recordar que los astrólogos solo consideran el espacio local.  Cuando se refieren al cosmos, una galaxia, el sistema solar, estos espacios son descriptos como marcos de referencia en relación a la superficie de la tierra o al centro de la tierra, y son experimentados como componentes del cielo.
El noveno concepto es que el astrólogo contempla una relación holística entre la parte y el todo, entre el microcosmos y el macrocosmos  "Es la relación orgánica, reflectante y simbólica la de primaria importancia, y esta conexión es percibida intuitivamente por el astrólogo, como la podría percibir una persona común de la Edad Media. Las distinciones modernas entre simbólico y real, metafórico y literal, interno y externo, subjetivo y objetivo, tienen poco significado para la conciencia medieval".  El horóscopo es empleado como un diagrama de esta relación orgánica holística, lo que permite un análisis detallado del mismo.
El décimo concepto es la complementariedad, tal como en la física moderna. "Mundo y mente constituyen aspectos diferentes, quizás complementarios, de la misma cosa". Si el cerebro ha evolucionado para producir una mente al modelo del cosmos, es porque realiza una función complementaria. El principio de complementariedad parece ser identificable con el proceso cognitivo orgánico de reconocimiento de pautas.   Correlacionamos las pautas externas con respecto a una simultánea pauta interna. Esto permite que la naturaleza unitaria del cosmos sea identificada como un contexto de significados así como un reservorio de potencialidades, del cual tales dualidades (mundo/mente, abajo/arriba) emergen luego sincrónicamente en forma de estructuras o procesos particulares.
El undécimo concepto es identificado como una polaridad natural entre lo individual y lo colectivo, definidos en relación con el contexto espacial. "Nuestro espacio moderno es la perfecta metáfora de la separación, extensión, individuación, y alienación.  No podemos siquiera concebir la existencia excepto en el espacio, el cual deviene así el medio por excelencia de la existencia. Existir se deriva del verbo latino estar fuera, en tanto el espacio es exactamente aquello de lo que estamos fuera.  El espacio es el sustrato del cual emergemos a la existencia, en el cual devenimos un ser articulado, individuado, único. A un lado tenemos la existencia y la calidad de único, al otro la alienación y el aislamiento.  Nuestra metáfora espacial queda ligada íntimamente  con nuestros temores y aprehensiones acerca del vivir, la muerte y la supervivencia."   Desde un punto de vista individual, la identidad única es separada del contexto del ámbito total, que incluye tanto el espacio  como la sociedad.  Desde un punto de vista colectivo, los individuos son contenidos por el espacio e incluidos en la humanidad, pero la raza humana está separada del espacio (de acuerdo al paradigma vigente), si bien está contenida en el espacio como parte de Gaia, el sistema solar, la galaxia, y el cosmos. De allí que surge un corolario producido por esta polaridad de la separación, en el cual las personas diferentes parecen extrañas, el temor hacia los diferentes provoca la guerra, y los individuos sufren una rebaja de su valor de parte de los sistemas sociales; en la medida en que se separan a si mismos, se vuelven reemplazables.
El duodécimo concepto es la sincronicidad, de la cual el autor brinda una definición. "Sincronicidad es el principio de enlace no causal entre hechos coincidentes o simbólicamente relacionados."  Este principio es identificado en relación con el motivo paradigmático por el cual la astrología continúa siendo marginada por la ciencia. "La verdadera contradicción reside en la incompatibilidad de la conciencia sincrónica y la causal, o entre el espacio astrológico y el físico. Y la incompatibilidad proviene de nuestro rechazo a aprehender y aceptar la relatividad metafórica de nuestras construcciones. Estas diferentes perspectivas son complementarias, y ninguna de ellas puede dar una imagen completa. Implícito en el principio de la sincronicidad Jungueana está la idea de que todas las cosas son reflejo unas de otras: cada modelo, cada hecho es un microcosmo del universo entero. Esta noción holística y fundamentalmente no espacial tiene sus raíces en las culturas antiguas".  De este modo el autor reconoce que el principio es operativo como parte de la naturaleza, y que ofrece un modelo  en el momento en que conecta cada hecho (microcosmos) con el cosmos (macrocosmos).  El lo identifica como esencialmente holístico, inespacial  y arraigado en las culturas de la antigüedad.
Estos 12 conceptos clave servirían para identificar la mayor parte de las características básicas que en conjunto ofrecen un fundamento metafísico a la astrología. Una aguda mente analítica podría querer reducirlos a un numero menor, ya que algunas superposiciones resultan evidentes. Mi propósito es únicamente ilustrar el fundamento común que tienen con contribuciones similares hechas a esta lista, de mi parte y de parte de otros en los últimos meses. Parece muy significativo que las descripciones actuales de estos puntos sean consistentes con creencias medievales y cosmologías antiguas, pero necesitamos ir mas allá de la aceptación tácita de un saber tradicional del cosmos, que aun pervive.  El refinamiento y perfeccionamiento de las descripciones actuales, así como la amalgama en una visión común, aun debe ser realizado.  Solo entonces podrán los astrólogos contribuir sustancialmente al cambio del paradigma.



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