sábado, 16 de agosto de 2014

Por la Astrología, pero, cual ?. Por Patrice Guinard.











Por la astrología! - Pero, ¿cuál?
(Actas de la Conferencia de París - Dic. 2000)
por Patrice Guinard

-- traducción Pía Urruzuno --


El astrólogo y el charlatán

"¿Por qué arrojar sobre el arte la culpa del obrero, y por qué es necesario sancionar a una ciencia porque aquellos que quieren ejercerla sin capacidad abusan de ella?" (Eustaque Lenoble, Uranie)
 

     Deseo a todos la bienvenida al último congreso astrológico en habla francesa del milenio. Jacques Halbronn organiza congresos astrológicos desde 1974-1975. Ha lanzado en Francia la dinámica de los congresos, y la mayor parte de los astrólogos franceses han participado en una u otra época, al igual que numerosos extranjeros.
     Este año, el M.A.U. de Jacques Halbronn se ha asociado al C.U.R.A.. Deseo que esta asociación sea fecunda. Este coloquio será esencialmente un foro de intercambio entre astrólogos, científicos e historiadores, un debate de ideas, que espero sea fructífero, instalado bajo el signo de una crítica sana. Al hilo de nuestros tiempos, el congreso del M.A.U. se ha convertido, en relación con otros congresos que se han llevado a cabo ulteriormente, en lo que el Canard Enchaîné es al Jours de France.
     En sí misma, una conferencia de astrología no puede ser una conferencia como las otras, pues la astrología no es una actividad reconocida de utilidad pública, ni incluso digna de estima pública. Sería en cambio una actividad de uso privado. Nietzsche, en 1878, escribió que "El Estado tiene que defender la ciencia, no la religión, la astronomía, no la astrología. Esta última queda como una tarea del particular."
     Sin embargo, como lo ha demostrado el historiador François Furet en 1978, desde que la revolución francesa y el advenimiento de los derechos del hombre y del ciudadano inauguraron la secularización de la conciencia moral y la disolución de la vida privada y social en el dominio público (véase hoy el rol principal del estado en todos los niveles de la existencia individual desde el nacimiento del niño: salud y hospitales, educación y escuelas, patrimonio y bancos...), uno puede preguntarse si el Estado no ganaría también al administrar y controlar la astrología que trata sobre las representaciones mentales que la persona se hace de sí misma y de su entorno, puesto que ella informa en primer lugar -- o debería-sobre el psiquismo, sobre el equilibrio de las "pulsiones" individuales, sobre la energía de los deseos, y sobre la percepción íntima del ambiente y de la realidad.
     Sería necesario para esto que la astrología fuera una disciplina fiable, que tenga capacidad de presentar indicaciones y resultados cuantificables y reproducibles, explotables por los oficiales del pensamiento público. Algo que está lejos de ser el caso, y hace de la astrología un saber esencialmente huidizo. De allí la relativa libertad y autonomía de los astrólogos, que viven en un no man's land (tierra de nadie) del pensamiento, exentos de los controles culturales que tocan a otros dominios. La astrología es una actividad gozosa que escapa al control del Estado. La pregunta que no dejo de hacerme, en cuanto a mí, es la siguiente: ¿Hasta dónde esta libertad es deseable?
     La astrología ha entrado hoy en día en una fase feudal: por doquier pequeños señores locales, unos condotieros [N. del T.: forma españolizada del italiano condottiere: jefe de soldados mercenarios en Italia; soldados mercenarios en general.] insometibles, rebeldes ante cualquier designio común. Ninguna autoridad central. Pero, el consultor astrológico que se retira, con sus biblias y sus ídolos, a la alcoba del consultorio, temiendo que se le quite una parte de su libertad, ¿no está haciéndole el juego a los charlatanes?
     De aquí la paradoja de las asociaciones de practicantes, de los estatutos y de los códigos de deontología elaborados: ¿Quién va a definir las competencias de un astrólogo, quién va a designar a éste como digno de practicar la astrología, y no a aquél? ¿Según que criterio? --- Ciertamente no en razón de la aplicación, incomprobable, de reglas azarosas, sobre todo motivadas por los intereses asociativos más que establecidas para comprobar las competencias reales del postulante. Antes de evaluar a los candidatos, ¡son las asociaciones y las escuelas de astrología las que sería necesario someter al exámen!
     La astrología está presa de un círculo vicioso, entre el desafecto de los investigadores y el desdén de los intelectuales por un lado, y la rapacidad de los charlatanes y de los comerciantes por el otro, quienes proclaman, como el consultor astrológico, su capacidad de hacer y de vender astrología, de atraer y satisfacer a una clientela. ¿Qué es lo que diferencia a un charlatán de un practicante, si tienen el mismo discurso, si distribuyen quimeras más o menos equivalentes, si rehusan tanto los unos como los otros aprender y perfeccionarse, si adoptan una actitud estrictamente idéntica frente a la investigación? ¿El argumento de la autoridad? ¿El disparo de advertencia de los pequeños ídolos de capilla?
     No son las instituciones las que tienen que acabar con el debate, ya que ellas no se preocupan por el destino de la astrología, y el astrólogo no desea en realidad que ellas se ocupen. El astrólogo de asociación no puede del mismo modo demandar que se le garantice la seguridad de su caparazón, mientras rehusa a exponerse al debate de ideas. Él sueña con que el estado le dé garantías contra los charlatanes, como en tiempos de Alfonso X el Sabio, mientras que no está dispuesto a apoyar la investigación, incluso muy a menudo está inclinado a negarla, si no a obstruírla, como lo he experimentado desde hace más de diez años.
     Alfonso había tomado medidas judiciales contra los usurpadores y los incapaces, pero concedía créditos por la edición, la traducción y la investigación. Lo mismo sucedía en todos los períodos de progreso de la astrología. Ya que el precio a pagar por la libertad de la que gozan los astrólogos es simplemente la ausencia de medios para la investigación. El mundo de los astrólogos permanece como un campo cultural marginalizado, alejado de los dispositivos estatales, contrariamente al psicoanálisis que ha sabido adaptarse a la ideología moderna.
     No hay más que una solución: que las asociaciones de practicantes de la astrología apoyen los esfuerzos de la investigación - sean de orden histórico, psicoestadísticos, científicos, antropológicos o filosóficos - y que cada practicante pague un impuesto o tributo a la investigación - como es el caso de la medicina. Es la única regla de "deontología" que vale. Este impuesto no significa que la investigación validará las prácticas ejercidas (consultas, cursos, horóscopos de periódicos, comercio Minitel e Internet...), sino que sea un precio a pagar por tener el derecho de utilizar o usurpar el título de astrólogo.
     Entonces un debate internacional podrá ser instalado a condición de que cada astrólogo digno de su nombre, diga 1) cuál ha sido la experiencia inicial que lo ha incitado a tomar seriamente a la astrología, 2) en que consiste su práctica de la astrología, 3) cuales son los elementos y las técnicas que utiliza, 4) cuáles son sus fuentes, y por qué las ha elegido, 5) cuál es la lógica intrínseca (si hay alguna) de su modelo de la astrología, y por último 6)cuál es su concepción de la historia de la astrología y de la evolución de los modelos. No hay salida para la astrología fuera de este debate.
     El alejamiento de la astrología del campo del saber data del siglo XVII. Después de la catástrofe de las "Luces" en el siglo XVIII y de los positivistas del siglo XIX, la astrología ha perdido el derecho de figurar honorablemente en los tratados históricos, y a pesar de su ubicuidad y el status radiante (la reina de las ciencias)del que ha podido ser revestida en el pasado. Su status ambiguo hace que no ocupe más que un lugar menor y ocasional, a menudo incluso inexistente, en las diferentes historias, bien sea la historia de las ciencias y de la astronomía, la historia de la filosofía, o la historia de las religiones.
     Este estado de hecho está cambiando: en Seattle, en Southampton, en Zaragoza, en Amsterdam. Hay pues que desear que este congreso participe en esta renovación y suscite la vocación por la investigación. Ciertos oscurantistas creen que el retorno de la astrología a la universidad es una fantasía, y minimizan el lugar que ha podido ocupar en el pasado. Son los mismos oscurantistas que presiden o incluso honran (!)las diversas pequeñas asociaciones tras varios decenios, tiempo largamente necesario para haber comprobado, si no la imposibilidad para la astrología de integrarse en la universidad, ¡al menos su incompetencia!
     Esta conferencia será consagrada a la investigación, mal que les pese. El título anexo de la conferencia, de Nostradamus a los Gauquelin, señala el prestigio y la influencia del pensamiento "astroesotérico" francés en el mundo. No hay autor, en el dominio de la profecía, que haya tenido un esplendor comparable al de Nostradamus. Asimismo los trabajos contemporáneos de Michel y Françoise Gauquelin han tenido un impacto considerable en el extranjero, aunque se han convertido, por la investigación astroestadística, en un punto de partida inevitable. "El efecto Marte" es discutido a capricho por los investigadores anglosajones (y también por los comités de los escépticos universitarios), si bien yo he podido hablar de un "efecto Gauquelin" sobre la investigación astroestadística de los anglosajones.
El objeto mismo de la conferencia, las Fronteras de la Astrología puede ser entendido de dos maneras:
  • Se puede intentar definir las fronteras de la astrología para determinar en qué medida la astrología documenta los dominios que, a priori y teniendo en cuenta el ambiente cultural moderno, no tienen relación con ella (historia, geografía, medicina, biología, psicología, psiquiatría...)
  • Se puede intentar también, en esta problemática, definir qué es astrología y qué no lo es, dicho de otro modo, interrogarse sobre la naturaleza misma de la astrología.

     ¿Cuál es la permeabilidad de las fronteras entre la astrología y la no astrología? ¿La astrología está en condiciones de definir sus propias fronteras? ¿Qué astrología? ¿Y quién puede hablar en su nombre? ¿El astrólogo es el astrónomo filósofo de ayer? El practicante que realiza cartas natales y reivindica el status del astrólogo profesional, porque tiene una clientela, da cursos, y/o pertenece a una asociación, ¿está en condiciones de definir qué es la astrología, y las fronteras de ésta con lo que no sería?
 

La astrología entre saber y creencia

"Y no sólo las actividades, sino también todas las guerras, todos los gobiernos y todos los productos del espíritu, reciben su impulso de los astros, ahora y por siempre. Y todos los músicos y artesanos estarían muertos, ese maestro de escuela subsistiría... y continuaría aún instruyendo a los nuevos." (Paracelso, Astronomia magna)
     ¿La astrología es lo que hacen los astrólogos? ¿O está más allá de lo que aquellos hacen? ¿Todas las interpretaciones y los discursos sostenidos por los astrólogos son legítimos por el mero hecho de existir? ¿O bien existe un campo del conocimiento, la astrología, que estaría a descubrir, un saber con sus leyes, sus imperativos y sus limitaciones, como la matemática, o más bien una puesta en perspectiva del saber, relativamente independiente de aquello que los modelos y las comunidades astrológicas han desarrollado en el pasado?
     Dicho de otro modo ¿es la astrología una rama autónoma del conocimiento humano que posee, en tanto saber, un potencial intrínseco de desarrollo?, ¿o no es más que un simple reflejo de una actividad circunscrita por sus riesgos culturales e históricos?
     Se podría volver a la astrología del pasado, a la astrología griega de Schmidt y Hand, o a la astrología medieval de Zoller y Bezza. Sería necesario saber en qué este conocimiento de la astrología es susceptible de aclarar una visión moderna de la astrología. Pues no existe sino una sola astrología: la actual, y sobre todo la futura. El proyecto Hindsight de Robert Schmidt no es concebible sin un Project Foresight al estilo Elwell (autor de Cosmic loom, ed. rev.2000).
     El conocimiento de la historia de la astrología no tiene por objetivo la imitación de los antiguos, o la descalificación de la astrología actual (como para el historiador), sino la comprensión de la evolución de los modelos astrológicos: la razón de una multiplicidad de modelos en el curso de su historia está ligada en gran parte al fracaso de las predicciones. Comprender el error del pasado, comenzando por la esclavitud de la astrología a la filosofía aristotélica, es también darle a la astrología una perspectiva y un porvenir.
     ¿Existe una unidad a través de las prácticas, interpretaciones y discursos que reclaman depender de la astrología, o son contradicciones entre los unos y los otros? ¿Qué es lo que "funciona" en la astrología? ¿La sensación de que la astrología funciona es simple autosugestión? ¿Depende de una armonía y de una verdad que sobrepasa los límites del entendimiento? ¿Resulta la astrología de una estricta influencia que la ciencia moderna estaría en posición de definir si se tomara el trabajo de consagrarse? ¿Racionalidad o irracionalidad?
No existen más que tres respuestas al hecho astrológico:
  • No funciona. Y la astrología no puede concebirse en tanto que artefacto, autosugestión del astrólogo, efecto placebo. Es la respuesta última de la astroestadística al estilo Geoffrey Dean, o más precisamente la de la interpretación escéptica de los resultados de la astroestadística.
  • Funciona siempre. Si la astrología es un lenguage simbólico, una simple herramienta de interpretación y de discurso, se puede hacer funcionar lo que se quiera y finalmente no garantizar la validez del discurso, salvo por la virtuosidad del intérprete. Todo funciona así pues al igual que el tema aleatorio, la "wrong chart" ("carta incorrecta"), ya que la astrología finalmente no es más que interpretación y hermeneutica. El astrólogo es un narrador que nos cuenta historias sobre nosotros mismos - y que se cuenta historias!. Es la respuesta común del practicante, expuesta con virtuosismo por Geoffrey Cornelius en su Moment of astrology (Momento de astrología) (1994)
  • Una tercera respuesta consiste en decir que "funcionar" o "no funcionar" son vacíos de sentido: la astrología es una concepción de la realidad dependiente de ciertos imperativos científicos. Existe una relación física real entre los planetas y la materia viviente, relación que produce cambios en el psiquismo, y que implica una astrología susceptible de definir y de rendir cuentas de la mejor de estas relaciones, un tanto objetivas, entre los ciclos planetarios y la psique.

Yo propongo la siguiente explicación sobre el nacimiento del hecho astrológico:

  • 1) La señal astronómica está integrada a la organización neurofisiológica.
  • 2) La impresión astral es el efecto psíquico imperceptible de esa señal. Es "quasi vivido".
  • 3) El símbolo astrológico es la traducción psicomental y cultural de esa impresión.

     Esto se debe a que la señal astronómica enerva de manera permanente a la conciencia, y deja vestigios neuropsíquicos, donde el símbolo es posible. Causalidad así, en tanto origen energético exterior, menor en apariencia. Sincronicidad entonces, en el sentido que tiene coexistencia y simultaneidad espaciales de realidades separadas: los procesos son coordinados, allí en la conciencia y en el cosmos, en el seno de una dinámica común. Ciclicidad también, porque sus resonancias impregnan la conciencia por la repetición temporal de las fases, de ciclos y de ritmos. Matricialidad por último, porque estos ritmos sólo pueden enraizar verdaderamente en razón de una cristalización de orden estructural.

     Dicho de otro modo la causalidad es sincrónica, la sincronicidad es cíclica, la ciclicidad es matricial. Entre las cuatro concepciones de la astrología (causalidad, sincronicidad, ciclicidad y matricialidad), sólo la última es susceptible de rendir cuentas de la realidad astrológica en su totalidad.
     Y la Matriz no es, definitivamente, lo que ciertas personas entienden de ello, especialmente Jacques Halbronn que recientemente se ha adueñado de este término ("abordaje matricial" o "matricialista" del cielo), tras la lectura de mi Manifiesto. No hay lugar para hablar "de astromatricialistas", porque todos los abordajes de la astrología son "matricialistas" por definición, incluyendo la suya, desde el momento en que establecen un modelo, como sería el reducido a Saturno, a las luminarias y a dos estrellas. La primera protoastrología de los hombres del paleolítico era más simple aún: no comprendía más que el Sol y la Luna, lo que no le impedía, en aquel momento, ser matricial.
     La Matriz es el concepto más difícil entre los que he introducido en mi tesis de 1993. Lo impresional y la razón matricial no presentan problemas; ocurre lo contrario con la Matriz que comprende al menos tres cosas:
  • La matriz es la causa final de la astrología, como acabo de demostrar. Y para razonar, aquí, con la terminología de Aristóteles: la causalidad sería la causa motriz, eficiente, exterior, la sincronicidad la causa formal, y la ciclicidad la causa material (nótese que esta repartición cuaternaria es típica de aquello que he llamado " razón o lógica matricial", que los filósofos utilizan bastante frecuentemente con mucha más inventiva y genio que los propios astrólogos!)
  • La matriz es el lugar de encuentro y de armonización de las estructuras astrológicas (Zodíaco, Planetario, Dominio y Cíclada), y no una de sus estructuras, como lo cree Halbronn. Un conjunto de doce signos es una estructura, nada más, al igual que un conjunto de diez planetas. La matriz es el objeto ideal para el reencuentro de estas estructuras, no debe ser confundida con una u otra de estas estructuras, y menos aún con los modelos de los que da cuenta.
  • La matriz es incognoscible por definición: es el eterno objeto o proyecto del saber astrológico.

     Pero, ¿por qué es tan difícil de justificar la astrología? Si la vivacidad de la astrología no es más que el resurgimiento de lo irracional en la cultura moderna, como lo afirman los sociólogos, entonces ¿por qué el vudú, la filosofía de Platón, la alquimia o las religiones no han corrido la misma suerte a pesar de los esfuerzos de la investigación académica? ¿Por qué la astrología, que se ha mantenido durante más de tres mil años de existencia en la conciencia popular - mientras que otras "creencias" y religiones no son más que curiosidades - debe soportar inagotablemente el ostracismo de la gente intelectualizante y remunerada por los ministerios? El astrólogo, incapaz de comprender que se trata ante todo de problema ideológico, es un paralítico. Si la astrología es un saber, entonces es en alguna parte una forma, innata, de la conciencia cognitiva, como lo comprendió Parascelso, en el Siglo XVI. Si no es más que una simple creencia, en ese caso: ¡que vaya al cubo de la basura!



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