sábado, 8 de noviembre de 2014

La Astrología en la cristiandad.









La astrología en la Cristiandad
 
 
La conversión de Constantino el Grande al cristianismo puso fin a la importancia de esta ciencia, la cual durante más de 500 años había regido la vida pública de Roma. En el año 321, Constantino expidió un edicto amenazando de muerte a todos los caldeos, magos, y sus seguido-res. Con ello la Astrología desapareció durante siglos de las partes cristianas de Europa occidental. Solamente las escuelas árabes de enseñanza, especialmente de España después de que los Moros conquistaron la Península Ibérica, aceptaron la sabiduría de tiempos clásicos. Los escolares árabes y judíos fueron los representantes de la Astrología en la Edad Media, mientras que la Iglesia y algunos gobiernos de países cristianos la rechazaron y persiguieron.
El Califa Al-Mansur, constructor de Bagdad, fue como su hijo, el famoso Harun-al-Rashid, un promotor de la enseñanza. Fue el primer califa que llamó a los escolares judíos a su alrededor para desarrollar en su imperio el estudio de las ciencias matemáticas, especialmente la Astronomía. En el año 777 el docto judío Jacob ben Tarik fundó en Bagdad una escuela para el estudio de la Astronomía y la Astrología que pronto tuvo una gran reputación; entre aquellos que estudiaron aquí estuvo Alquindi (Alkendi), un notorio astrónomo.
Fue uno de los pupilos de Alquindi, Abumassar (Abu Mashar), de Bath en Chorassan, nacido cerca del año 805, que fue el más grande astrólogo árabe de la Edad Media. Entre los astrólogos judíos más reputados se pueden mencionar Sahl ben Bishr al-Israel (cerca del 820); Rabban al-Taban, el bien conocido cabalista y escolar talmúdico; Shabbethai Donalo (913-970), quien escribió un comentario de la Astrología del “Sefer Yezirah” que después fue un trabajo estándar en Europa Occidental; y finalmente, el poeta lírico y matemático judío Abraham ibn Ezra.
El esparcimiento de la Astrología fue impulsado por los escolares judíos que vivían en tierras cristianas, ya que la consideraban como una parte necesaria para los estudios cabalísticos y talmúdicos.
El celebrado poema didáctico “Imago Mundi”, escrito por Gauthier de Metz en 1245, tiene un capítulo completo sobre Astrología. Pierre d’Ailly, el notorio teólogo y astrónomo francés, escribió varios tratados sobre el tema. La importancia pública de la Astrología creció a la par que los desórdenes internos de la Iglesia aumentaron y declinaba el poder imperial y papal. Hacia el final de la Edad Media casi todos los príncipes, así como cada regente de importancia, tenía su astrólogo de la corte. Personas como Angelo Catto, el astrólogo de Luis XI de Francia. El renacimiento de la enseñanza clásica trajo un segundo período de prosperidad para la Astrología.
Hacia el final del siglo XII los florentinos emplearon a Guido Bonatti como su astrólogo oficial. Emperadores y papas se volvieron devotos de la Astrología, los emperadores Carlos IV y V, y los papas Sixto IV, Julio II, León X, y Pablo III. Entre los celosos patrones de la ciencia estuvieron los Medici. Catalina de Medici hizo la Astrología popular en Francia. Erigió un observatorio astrológico para ella cerca de París, y su astrólogo de la corte fue el famoso médico Michel de Notredame (Nostradamus) que publicó en 1555 su trabajo principal sobre Astrología.
Otro bien conocido hombre fue Lucas Gauricus, el astrólogo de la corte de los papas León X y Clemente VII, que publicó un gran número de tratados astrológicos. Algunos de los últimos astrólogos romanos entre quienes estaba probablemente Firmicus Maternus, pensaron reformar la Astrología idealizándola y elevando su tono moral. El mismo propósito animó a Paolo Toscanelli, llamado Maistro Pagollo, un médico ampliamente respetado por la piedad de su vida, que perteneció al docto y artístico círculo que reunió al Hermano Ambrosius Camaldulensis en el Monasterio de los Ángeles. Ellos fueron profesores especiales de Astrología en las universidades de Pavia, Boloña e incluso en la Sapienza durante el pontificado de León X.
Los tres centros intelectuales de Astrología en el período más brillante del Renacimiento fueron Boloña, Milán, y Mantua. El trabajo de J.A. Campanus, publicado en Roma en 1495, y con frecuencia comentado, “Oratio initio studii Perugiae habita” muestra una clara luz en la falta de comprensión mostrada por los Padres de la Iglesia en su actitud hacia el fatalismo pagano. Entre otras cosas se dice aquí: “Quanquam Augustinus, sanctissimus ille vir quidem ac doctissimus, sed fortassis ad fidem religionemque propensior, negat quicquam vel mali astrorum necessitate contingere”.
Aun el progreso victorioso del sistema de Copérnico no pudo destruir la confianza en la Astrología. Los más grandes astrónomos estuvieron aún obligados a asignarle su tiempo a hacer predicciones astrológicas en las cortes por bien a la ganancia; Tycho Brahe hizo cálculos para el emperador Rodolfo II, y el mismo Kepler, el más distinguido astrónomo de la época, fue astrólogo de la corte imperial. En el mismo período se escribieron tratados astrológicos por el más célebre de los astrólogos ingleses, William Lilly de Diseworth, Leicestershire, quien recibió una pensión de 100 libras del Consejo de Estado de Cromwell. Entre sus trabajos estaba uno frecuentemente publicado, “Astrología Cristiana”.
El último astrólogo de importancia en el continente europeo fue Jean-Baptiste Morin, que hizo la “Astrología Gallica” en 1661.
 
 
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