domingo, 23 de noviembre de 2014

Los signos fijos en la astrología pre- moderna. Por Giuseppe Bezza









Los signos del zodíaco recibieron diferentes denominaciones según las diferentes naturalezas que los astrólogos reconocieron. Estas, o bien existen por ellas mismas en los signos o contrariamente existen en relación a cualquier otra cosa. En el primer caso, dependen únicamente del movimiento del zodíaco. En el segundo, dependen de las relaciones que el Sol, la Luna y los 5 astros errantes mantienen con los signos.
 La primera división de los signos se encuentra en Ptolomeo (Quadr. 1,11) y constituye la primera división cualitativa : los signos se dividen en móviles, sólidos y bicorpóreos que ahora llamamos cardinales, fijos y mutables. A esta división le sigue la de género : los masculinos y los femeninos. Esta primera división de los signos en primer lugar es una distinción cualitativa del tiempo, del que el Zodíaco quiere ser la medida y en segundo lugar, se puede aceptar en tanto que diferenciación cualitativa de las diferentes partes del zodíaco. Es preciso señalar que alrededor de 3 siglos antes del nacimiento de una literatura astrológica sabia, matemáticamente fundada, tenemos el testimonio del empleo de los signos del zodíaco en tanto que medida del tiempo en los “parapegmas” de Metón y Eutemon.

 Si se divide el año en 4 partes según los solsticios y los equinoccios, cada parte, a saber, cada estación, debe tener un temperamento propio  y este temperamento, puesto que engendrado en el tiempo, debe tener una aparición y una disolución: a más, entre estos 2 extremos, debe haber por necesidad un tercer término, equidistante entre esos extremos y que constituye la expresión más apropiada de la esencia misma de ese temperamento.

 Hay que recalcar que, de las 2 primeras divisiones de los signos que hablábamos en un principio, la que depende de otra cosa diferente de si misma constituye la parte más técnica del arte astrológico, pudiéndose dar que no sea aceptada por todos los sabios ni por todos los filósofos.

Por esto hasta el mismo Kepler, y Plácido de Tito, la rechazan. Contrariamente la división que se basa en una distinción cualitativa del tiempo no tiene necesidad de ser explicada por demostraciones que tengan que ver con la técnica astrológica. Un tratado médico, de inspiración pitagórica, declara que la parte mediana de cada estación expresa el temperamento más puro (1) y en las glosas a las Aratea de Germanico, que no es un texto astrológico, podemos aprender la descripción de las naturalezas actuantes de estos diferentes temperamentos :

 Los signos trópicos significan a los países extranjeros y presentan, vez a vez, impulsos y propósitos diferentes; los signos biformes significan la repetición de toda cosa engendrada y a veces las vueltas y demoras;

los sólidos trabajan con energía y ardor y conducen a concluir cada cosa, favorable u hostil, según el testimonio de los astros benéficos o adversos (2).

Como se sabe, los signos del zodíaco recibieron un gran número de denominaciones : la literatura griega pose algunas centenas. Cada denominación indica un comportamiento particular, una forma particular de ser, que puede ser atribuida al signo matemático e inmaterial, al signo material compuesto de estrellas y teniendo su propia figura, al signo en tanto que expresión de una naturaleza elemental y finalmente, a la naturaleza que el signo recibe a causa de su relación con los planetas. De todas estas denominaciones, las únicas que nos interesan aquí son las que provienen del tiempo : pertenecen al primer tipo y su comportamiento está descrito en el capítulo del Quadripartitum, donde Ptolomeo trata del alma humana.

Para comprender bien este capítulo, hará falta recordar la teoría griega del alma, o mejor dicho, lo que Ptolomeo recibe de dicha teoría. En su “Manual de Armonía”, Ptolomeo propone una distinción tripartita del alma que puede considerársela aristotélica en su estructura, las 3 funciones :
 - nutritiva o vegetativa
 - sensitiva o apetitiva
 - racional o intelectual

La primera comprende las facultades que pertenecen a la planta, la segunda a las del animal y la tercera a las facultades que sólo posee el ser humano. Estas 3 funciones principales del alma son iguales en número a los acordes consonantes, tal como fueron codificados por las leyes de la armonía, de forma que las facultades de las funciones inferiores, siendo parciales, corresponden a las especies de los acuerdos parciales, a saber, la cuarta y la quinta. Según Ptolomeo, debe haber por consecuencia, una correspondencia íntima, es decir una analogía, entre los intervalos consonantes y las partes del alma : la octava debe corresponder a la función racional del alma, ya que en las 2 se encuentra lo que es simple, igual, indiviso; la quinta debe corresponder a las funciones sensoriales, la cuarta a las vegetativas. Analogías que Ptolomeo establece de la siguiente forma :

La octava conviene a las funciones intelectuales, porque aquí encontramos sobretodo lo que es simple, igual, indiviso ; la quinta a las funciones sensoriales, la cuarta a las funciones vegetativas. El acorde de quinta está más próximo de la octava y es más consonante, ya que su parte excedente lo aproxima a la octava mas que a la cuarta, así como las funciones sensoriales están más próximas de las funciones intelectuales que las funciones vegetativas. En efecto, el ser no siempre es acompañado de la sensación, ni la sensación del intelecto. Contrariamente, la sensación siempre es acompañada del ser y ahí donde hay intelección, hay también, siempre, sensación y ser. De forma similar, en un intervalo de cuarta, la quinta no puede estar, ni la octava en la quinta; contrariamente, en el intervalo de octava hay siempre la quinta y la cuarta : las mezclas y las modulaciones de estas 2 primeras son imperfectas, pero inversamente son perfectas las de la primera. (3)

Donde hay el ser, no hay siempre la sensación y donde hay la sensación, no hay siempre la intelección, es decir : la perfección del ser requiere de la acción específica de la causa, mientras que su universalidad lleva a la generación de seres simples y no-diferenciados. El hecho de ser, siendo la condición primera del vivir, la operación de los cielos que le conviene debe ser universal y no-diferenciada. Según una concepción extendida en el Medioevo, se estimaba que, por el juego del movimiento de la esfera más exterior, el primun mobile, el cuerpo recibía al alma vegetativa, mientras que por el concurso del movimiento de la octava esfera el cuerpo acogía las funciones del alma sensitiva. Estas opiniones son condenadas por Santo Tomás (4), no siendo retomadas de forma positiva hasta el S. XVII (5).

No obstante se trata de una concepción que no es extraña a la tripartición ptolemaica del alma en esto : el círculo que en su movimiento engendra las distinciones cualitativas parciales, no puedo sino engendrar las funciones inferiores del alma. Este círculo es bien el primun mobile, que lleva al zodíaco en su rotación anual y diurna. Siempre en el “Manual de Armonía”, Ptolomeo nos dice que este círculo se mueve según un ritmo ternario en concordancia con el alma vegetativa y según un ritmo cuaternario concordante con el alma sensitiva. En efecto, las 12 partes del zodíaco recibieron sus cualidades solo por el juego de los intervalos de cuarta y de quinta : por el intervalo de cuatro, los signos son distinguidos como móviles, sólidos y de 2 cuerpos, por el intervalo de quinta en signos de fuego, de tierra, de aire y de agua. Por lo tanto, y esta es la primera conclusión, las funciones del alma vegetativa tienen 3 facultades, iguales en número a la primera distinción cualitativa de los signos : las facultades de crecer, la de ejercer fuerza y vigor, la de declinar y la de decrecer

Contrariamente, las funciones del alma sensitiva tienen 4 facultades, iguales en número a la segunda distinción cualitativa de los signos : la vista, el oído, el olfato, el gusto (ya que el sentido del tacto Ptolomeo lo reconoce como común a todos los sentidos). Y estas facultades mencionadas en segundo lugar se cumplen, para emplear una expresión medieval, en la elementatio naturae, ya que a la vista responde el fuego, al oído el aire, al olfato, al gusto y al tacto, el agua y la tierra (6).

Crecimiento, fuerza, declinación, califican a los signos del zodíaco en cada una de las 4 partes del año : el crecimiento es propio al signo trópico, que constituye el comienzo del tiempo nuevo, el vigor, al signo sólido, que confirma el tiempo que comenzó, el declive al signo biforme, que se llama así porque ya forma parte del tiempo futuro. La significación de estos signos, Leopoldo la hace concisamente : “Los signos trópicos significan la rapidez, los sólidos la estabilidad y los bicorporales la alteración”.

Ptolomeo nos muestra las diferentes naturalezas de estos signos por medio del movimiento del Sol : “Estos signos, -dice,- recibieron su denominación a causa del efecto que se produjo en ellos” (8), y el comentador Ibn Ridwan recalca este punto : “solo se puede conocer las virtudes de los signos por el cambio que el Sol hace cuando los recorre”.

De esta premisa, una conclusión : “En ellos mismos, los signos no tienen ningún efecto natural, ya que su efecto depende únicamente del cambio que el Sol efectúa cuando los recorre, así como de la virtud de los otros astros. Por lo tanto los signos, se nos aparecen en tanto que materia y los astros, en tanto que forma.” (9). Como Ptolomeo, Al Qabisi y Abu Ma´sar recalcan la fuerza, el vigor del tiempo (quwwa azzaman). (10).

Además, el crecimiento, el vigor, el declive, son también los efectos propios de las 12 casas o lugares de la figura astronómica, a saber de la rotación diurna de la esfera, y del ciclo sinódico lunar, tal como nos aparece en la lectura del capítulo del Quadr., que trata de los signos masculinos y femeninos (11). Esto significa, y constituye la segunda conclusión, que las funciones del alma vegetativa residen en los períodos naturales del tiempo (sobretodo el año y el día) y se mueven en estos períodos siguiendo un ritmo discontinuo, a saber, según el intervalo de cuarta. Es entonces que podemos comprender la ecuación : signos = materia y astros = forma. En los signos del zodíaco, así como en los 12 lugares de la rotación diurna y en el ciclo sinódico de la Luna los astrólogos reconocieron las disposiciones propias de las funciones vegetativas y sensoriales del alma y los cambios que estas disposiciones mismas padecen a través del tiempo. Por lo tanto, lo que es propio al ser en sí, puede ser reducido a 3 funciones, todo lo que es propia a las diferentes modalidades de la sensación dada por 4 funciones. De lo que se deduce que el cuerpo mismo, si se lo partiese en 3 partes, podría muy bien adaptarse a la tripartición de los signos. A los signos trópicos el límite exterior de los miembros : la piel, la epidermis, las partes carnosas, de ahí el juicio de Ptolomeo (12) que las enfermedades de la piel se declaran sobretodo cuando la Luna se mueve en los signos solsticiales y equinocciales a los signos sólidos las partes más sólidas y duras, como los huesos, y se ve que estos signos tienen fama de ser causa concomitante de gibosidades, cojeras, luxaciones, fracturas; a los signos biformes por su lado, les toca las partes más finas, tal como las venas, los nervios y el mismo movimiento de los humores, que son sutiles y cobran estados diferentes; por eso vemos que a estos signos se le atribuyen enfermedades tales como  la gota. Esta tripartición de los signos es rememorada por Separio de Alejandría en la ecuación : bicorpórea = nervosa, trópica = carnosa, ósea = sólida. (13).

Cuando Ptolomeo declara las significaciones propias de esta triple naturaleza de los signos respecto a las cualidades del alma, habla de virtudes que son lo propio del alma humana, a saber : da el carácter moral a las funciones del alma vegetativa y por lo tanto aparecen en tanto que virtudes :

En general, los signos trópicos hacen a los espíritus aptos para tratar los asuntos públicos, aspiran a las funciones civiles, son ambiciosos, se ocupan del culto divino, ingeniosos, activos, buscadores, hábiles para hacer conjeturas, adivinos, astrónomos. Los signos que tienen 2 cuerpos hacen a los espíritus multiformes, cambiantes, no se dejan conocer fácilmente, inestables, cambiantes de propósito, dobles, sensuales, con talentos varios, melómanos, haraganes y de percepción rápida, dados al pesar. Los signos sólidos hacen a los espíritus justos, no gustan de halagos, constantes, contenidos, aptos a comprender bien, pacientes, gustando del trabajo, rigurosos, maestros de sí mismos, rencorosos, prestos en concluir, querellosos, ambiciosos, sediciosos, ávidos, rudos, inflexibles.

 Todas las descripciones de las cualidades atribuidas a estos signos, de lo que la literatura astrológica es rica, tienen la misma estructura que este pasaje ptolemaico, es decir, no siguen la sucesión temporal de los signos, sino que presentan en principio los signos extremos y después el medio. Porque el signo sólido expresa la cualidad media y en los juicios que son propias de la astrología de las interrogaciones y de las iniciativas, resalta con evidencia que : el signo sólido debe expresar toda cosa con fuerza, debe confirmar, asegurar la solidez, la continuidad, el hecho de subsistir. Se puede citar como ejemplo un extracto de un pequeño tratado sobre la naturaleza de estos signos que nos fue transmitido bajo el nombre de Orfeo, pero que debería más bien pertenecer en realidad a la pluma de Teófilo de Edeso.

 “4 son los signos sólidos : Tauro, Leo, Escorpión, Acuario. En los signos sólidos las propiedades y las adquisiciones son seguras. En un signo sólido conviene casarse y tomar la dote. En los signos sólidos habría que presentar el resultado de tu trabajo, ya que tu deseo se cumplirá. En los signos sólidos la separación de las mujeres es cierta, quien se vaya no volverá, ni el ladrón será encontrado a tiempo y que se vaya del país es cosa segura. Quien se hace hostil en los signos sólidos, se reconciliará después de mucho tiempo, el juicio está asegurado y los justos no se revelan. En los signos sólidos la enfermedad es perniciosa : o concluye con la muerte o bien si no acaba en el séptimo día, se vuelve crónica. Es funesto ponerse fuera de sí  en el signo sólido, ya que quien monta en cólera, no se volverá atrás. Si en los signos sólidos alguien ofrece dinero, no lo dará. En los signos sólidos está bien escribir y estipular contratos, ya que serán honestos. Quien hace su servicio militar en los signos sólidos, seguro que quedará en su cuerpo y no servirá bajo otro general. En los signos sólidos, hay que comenzar una celebración, una fiesta, toda cosa conveniente y útil, como en los signos trópicos es bueno para comenzar algo enojoso y rutinario, ya que lo que nace en los sólidos queda estable, mientras que en los trópicos está sujeto a cambios. Todas estas cosas están significadas por los signos cuando se levantan o cuando transita allí la Luna(14).

 La palabra griega para el signo sólido expresa la idea de estabilidad, compacidad, duración y por lo tanto tiene la acepción moral de robusto, vigoroso, enérgico, así como severo y cruel. En la astrología india esta palabra griega fue traducida con el equivalente sthira, que tiene, entre sus significaciones metafóricas, “lo que está desprovisto de duda” y por lo tanto, seguro, fiel(15). Mas raro es el término dhruva, cuya primera aserción  indica “lo que es fijo, inmóvil”. Es también el nombre de la estrella polar y del mismo polo celeste. En la astrología de lengua latina stereos es generalmente traducido por solidum, por lo tanto se puede considerar esta palabra en tanto que término técnico del léxico astrológico. Solo es a partir del Medioevo que se encuentra el adjetivo fijo, que es un calco del árabe thâbit, que no proviene de la aserción  primera de la palabra árabe, sino de la denominación árabe de las estrellas fijas Al Kawakib Al-thâbitât.

En lengua árabe, el término thâbit presenta una gran riqueza de aserciones, y todas convienen a las significaciones cualitativas que la literatura astrológica atribuyó a los signos sólidos. Significa lo que está establecido, es sólido, constante, y significa el hombre que tiene sangre fría, que marcha con paso firme. Thâbit es el adjetivo verbal de thabata, que significa el hecho de perseverar con firmeza en algo, consolidar, reafirmar, tener a alguien sin descanso, resistir a alguien  o luchar en contra de alguien. Significa el hecho de establecerse, de fijarse en algún lado, de obrar lentamente, pero también de efectuar, de acabar algo.

Otras significaciones : estar atado, dado a algo, tener paciencia, longanimidad, hallar una cosa buena y verdadera. De otra parte, thabt es la dureza de corazón y athbât son los hombres seguros, sobre los que se puede contar. También podemos ver que uno de los rasgos de los signos sólidos, comentado por Ptolomeo en uno de los pasajes citados más arriba, a saber, el horror de la adulación, encuentra su paralelo en el término istithbât, que viene siempre de thabata, a saber la figura de retórica que consiste en que lo que parece ser dicho en forma de ofensa se vuelve en realidad en elogio.

Hay que hacer notar que las aserciones de “seguro” y “verdadero” que se encuentran expresadas en las significaciones de los signos sólidos son muchas veces mencionadas en los textos astrológicos. Entre las 11 condiciones que certifican la producción de los acontecimientos, la novena, -escribe Demófilo,- prevé que los astros se encuentren en un signo sólido; entonces los planetas benéficos consolidan el bien, los maléficos a su vez, el mal(16). Muy a menudo se lee que la Luna y el ascendente en los signos fijos hacen las cosas verdaderas y ciertas, en los signos que tienen 2 cuerpos, hacen las probables y en los signos trópicos las cambiantes y mutables(17).

 Por lo tanto parece que todos los juicios ligados a los signos sólidos, tanto como a los trópicos o a los biformes, tienen una analogía muy cerrada con la significación primera de esta tripartición de signos, significación que se la podría definir como de naturaleza física. No es siempre el caso para el conjunto de la literatura astrológica relativa a los signos del zodíaco. Una analogía muy estrecha con la significación primera se conserva cuando se dice por ejemplo que los signos masculinos convienen a los hombres y los femeninos a las mujeres. La analogía pasa a través de una metáfora, cuando se dice que los signos áfonos convienen a la discreción, los signos impúdicos al descorazonamiento(18), los signos amputados a lo que se produce por violación y violencia y también a las acciones hechas por reparto, los signos que tienen un esperma abundante o escaso o nulo, a los clientes de los abogados, a los discípulos o a nadie, los signos que tienen cuernos a los jefes militares y a los pugilistas(19). Pero el juicio es dado por contradicción cuando se dice que los signos áfonos convienen a los tocadores de trompa o flauta(20).

Hay que observar también que esta tripartición de los signos, porque está inscrita en una sucesión temporal, debe mostrar algo acerca del tiempo de los acontecimientos : la opinión común quiere que los signos trópicos significan los días, los bicorporales meses y los sólidos los años(21).

Finalmente, ya que la formulación del juicio astrológico no depende de un solo criterio, sino de muchos, la naturaleza del acontecimiento no puede depender solo de la movilidad o de la solidez del signo. Sahi Ibn Bisr escribió que entre los signos trópicos, los más móviles son Aries y Cáncer entre los sólidos(22), Leo es quien lo es más, Escorpión el menos. También hay que observar además en qué parte de estos signos de hallan los astros que significan el acontecimiento. Como escribió Juan de Laodicea :

 Hay que observar también los términos de los signos, es decir, los planetas que son regentes de los términos y asociarlos en la formulación de los juicios. Sea como ejemplo el siguiente caso : vemos los signos trópicos y decimos por ejemplo que habrá un cambio; en los términos de Saturno, se dará con lentitud, en los de Júpiter o Mercurio poco tiempo después, en los de Marte serán rápidos y de manera inesperada, en los de Venus con cierto descorazonamiento. Y si los regentes se hallan en los signos sólidos o si estacionan, no podrá significar más que lentitud, pero si no estacionan, si están en signos trópicos significarán la rapidez(23).

 Hay que considerar la disposición de los astros bajo todos los aspectos : de la naturaleza que es dada por la solidez del signo, la cual es simple e indivisible y cuyo efecto no puede borrarse, hay que llegar a la determinación del acontecimiento a través de la mezcla de todos los elementos concurrentes.


--- Referencias ---
 

  • 1) Cfr. A.Delatte, Estudios sobre la literatura pitagórica. Paris, 1915, pág.185
  • 2) I.Th.Bule, Arati Solensis Phaenomena et Diosemeia...Scholla vetera quae supersunt ad Germanici Caesari prognostica, Lipsiae 1801, pag. 110
  • 3) Die Harmonielehre des Kaludios Ptolemaios, a cargo de I. Düring, Göterborgs Högskolas Arsskrift n.35, 1930, III, 5.
  • 4) Summa Theologiae, I, 76, 7, c.
  • 5) Cfr. Andrea Argoli, De Diebus Criticis et de Aegrorum decubitu libri duo, Patavii 1639, pág. 4.
  • 6) Cfr. Ptolemaeus. De iudicandi facultate et animi principatu, ed. Fr. Lamment, Lipsiae, 1961, pagg. 19ss.
  • 7) Compilatio Leopoldi ducatus Austrie fili de astrorum scientia...lV, 1.
  • 8) quadr. II, 11.
  • 9) Liber quadripariti Ptholemei..., Venetiis 149 tibus mundi..., Venetiis 1489, cc 41a. 12 quadr. III, 12.
  • 12) quadr. III, 12.
  • 13) Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum (CCAG) V/3 pág.97.10.
  • 14) Orfeo intorno al duodici tropi : dei segni che sorgono all´oroscopo, in : Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum (Codices rossici) XII, Bruselas, 1936, pagg. 158-161, que da la transcripción del ms.Cod.Bibl.Publ.Graec. 575, Moscú. Estos pronósticos fueron publicados por O.Kem, Orphicorum Fragmenta, Berolini 1922, pag.293, que le retiene una parte del poema perdido “sobre las iniciativas”. El ms. ruso le da una amplitud más amplia que la dada por Kern.
  • 15) Cfr. Varahamihira, Brihajataka I, 11; Laghujataka, I, 8.
  • 16) CCAG V/4, pág. 227, 10.
  • 17) Cfr. Hepahestio III, 11; ed. D.Pingree, pág. 267,5.
  • 18) Giuliano di Laodicea, CCAG V/1, pagg. 187-188.
  • 19) Cfr. Marcianus gr. 324 fo. 144r, Parisinus gr. 2501 fo. 196r, Laurentianus 28,13 fo. 214r.
  • 20) Giuliano di Laodicea, ibid.
  • 21) Cfr. ad esempio Parisinus gr. 2425 fo. 50r, cap. 63; Parisinus gr. 2506 fo. 41r, cap. 62; Marcianus gr. 334 fo. 80, cap. 97; Marcianus gr. 335 fo. 184, cap. 259.
  • 22) Introductorium de principiis iudiciorum Zahelis Ysmaelitae, in: Liber quadripartiti Ptholemei... cit., cc. 138vb.
  • 23) CCAG V/1 pag. 191,11.