viernes, 28 de noviembre de 2014

Eugenio Garín. El zodiaco de la vida.










El zodíaco de la vida de Eugenio Garin 

 

   Un libro escrito por un tal Marcello Palingenio Stellato fue publicado entre 1534 y 1537. Su título fue "Zodiacus vitae" y en él se nos habla de una concepción del universo antigua. Allí los cielos no eran el lugar donde se situaban estrellas o planetas sometidos a leyes físicas. Tampoco el universo que se describía estaba plagado de agujeros negros o cometas. No, el universo que se describe en ese libro es un  universo que sirve como medida de los hechos humanos. Dicho de otro modo: es un libro de astrología que estudia la correspondencia entre la posición de las estrellas y los hechos que ocurren en el mundo. Este antiguo texto de astrología sirve para dar título a un libro que pretende hablar de eso mismo: de astrología. Pero en un período muy concreto: el renacimiento. 


   Eugenio Garin es un reputado historiador que tiene como aval una gran cantidad de obras valiosas, centradas principalmente (aunque no exclusivamente) en el renacimiento. Este libro en concreto pretende contarnos las principales discusiones en torno al tema de la astrología. Porque, en efecto, la astrología era un asunto importante en la época donde supuestamente la ciencia empezaba a imperar. Eugenio Garin hace notar que incluso Copérnico y Galileo todavía estaban influenciados por estas mismas corrientes. Y tal asunto no tenía importancia en el renacimiento porque unas cuantas mentes dotadas del renacimiento tuvieran controversias sobre ello. La importancia que tenía era la de unir dos tendencias que se daban cita por aquel entonces: la de definir al hombre como un ser esencialmente libre y la de la astrología.
   La astrología se había separado tradicionalmente en dos ramas:

            1) el estudio del movimiento de los cuerpos celestes como estrellas y planetas. Esta parte sería la que luego se separaría de la astrología y se llamaría astronomía.
               2) el impacto de esos cuerpos celestes en los acontecimientos humanos y naturales.


    Esta división todavía la mantenía Alberto Magno en el medievo: "Dos son las ciencias magnas y a ambas se da el nombre de astronomía: de las cuales la primera trata de la ciencia de la figura... La segunda ciencia magna, que también se llama astronomía, es la ciencia de los mensajes de los astros, que es la ligazón de la filosofía natural y la matemática".

   El gran problema que presentaban la astrología y el humanismo en el renacimiento era, principalmente, que si los astros determinaban los acontecimientos humanos entonces no se podía decir que el hombre fuera libre. De ahí que encontremos a Petrarca negándose a aceptar la astrología al decir: "Dejad el camino de la verdad y de la vida... Los globos de fuego no pueden hacer de guías... Las almas virtuosas, confiadas a su sublime destino, reciben la iluminación de una luz interior más hermosa. No tenemos necesidad, iluminados por tal rayo, de astrólogos embaucadores ni de truhanes profetizadores que a sus crédulos secuaces limpian de oro las arcas, llenan los oídos de patrañas, entorpecen con errores el juicio, y la vida presente turban y entristecen con nugatorios temores de lo porvenir." No rechaza Petrarca tanto la astrología porque considere a los astrólogos charlatanes, sino porque se niega a pensar que el hombre está determinado de algún modo. El hombre es libre y por saber que es libre es seguro afirmar que todo aquello que niege su libertad (como la astrología) es falso o no tiene fundamento. No son raras las palabras que el famoso poeta dedica a un astrólogo llamado Jacopo Allegretti de Forli en julio de 1378: "dejad al género humano el libre albedrío; si pretendéis arrebatárselo, suprimiréis juntamente lo humano y lo divino."

   Partiendo de este problema inicial que se nos presenta en el renacimiento, Garin rastrea el origen del problema que ya estaba presente en el medievo. En esa edad había multitud de astrólogos y filósofos preocupados por el problema que planteaba la astrología: ¿si nuestro destino está dictado por la fuerza de los astros podemos decir que somos libres? Entre esos astrólogos se encontraba Albumasar, célebre astrólogo musulmán que escribiría dos tratados que ejercieron una gran influencia a partir del s. XII: "La gran introducción a la astrología" y las "Indicaciones de los individuos superiores". El primero de esos volúmenes se tradujo en diversas ocasiones al latín ("Introductiorium maius in astronomian") por Juan de Sevilla y Hermann el Dálmata. En estos libros se estudiaba la posición de los planetas y la posible influencia que tenían sobre distintos sucesos históricos: como plagas, hambrunas, guerras y catástrofes de distinto tipo. Junto a este problema hay otro añadido: la cosmovisión de la astrología. La cosmovisión de la astrología es igual a lo que los historiadores de la religión llaman "animismo". El animismo consiste en considerar que todo está vivo: los hombre, los animales, pero también objetos como piedras o estrellas. Este fue un rasgo distintivo en la filosofía griega en sus primeros estadios. Recordemos a Tales de Mileto cuando decía: "Todo está lleno de dioses". Mucho más tarde, todavía el místico romano Plotino diría: "Todo respira al unísono". Pues bien, a esta cosmovisión en la que todo está vivo se presenta el problema de la magia (tema muy importante también en el renacimiento). El problema se podría plantear así: si todo está vivo a todo se le puede hablar. De la misma manera que cuando le pedimos algo a alguien debemos pedírselo de algún modo (con tono educado y ciertos formalismos) lo mismo ocurre con las cosas. Dicho de otro modo: el sortilegio o hechizo es la fórmula con la que "pedimos" a la naturaleza que se comporte de cierto modo. Pasa por tanto a hablar ligeramente del "Picatrix" y su influencia en los autores más destacados del renacimiento.
   Si bien el tema al principio no me atraía mucho la manera seria de presentar la problemática, el rigor con que lo hace y la claridad con que lo trata ha hecho que este libro me haya resultado particularmente agradable. Además este libro ha servido para convencerme de algo: el estudio histórico de la astrología puede ser interesante, siempre y cuando sea meramente histórico, puede ser útil para el estudio de campos como el de la historia de la ciencia o el de la historia de las ideas... Un libro que no es interesante, sino lo siguiente. 



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