sábado, 6 de diciembre de 2014

Entrevista a Richard Idemon. Por Ana Mª Fernández Vuono.










Entrevista a Richard Idemon


En la siguiente entrevista, tras la publicación del libro “El Hilo Mágico – Seminarios de Astrología Psicológica” (Ediciones Urano), Richard Idemon (fallecido en 1987) comparte algunas reflexiones sumamente iluminadoras partiendo de su propia experiencia.

Pregunta: ¿Cómo te las arreglaste con el precio que hay que pagar para ser astrólogo? ¿Cómo te enfrentaste con la soledad y por sentirte excluído, o por ser motivo de risa, o que los demás te tomaran por tonto o chiflado?

Respuesta: En mi condición de principiante en el estudio de la astrología, y es así como considero mis primeros diez años, para mí fue importantísimo ganar adeptos. Hacerlo forma parte de esa peculiar época de la vida en que tu fe en algo es tan poderosa y eso en lo que crees ha tenido tanto impacto en ti que, por otra parte, te deja también bastante inestable. Como todavía no has llegado a arraigar en un conocimiento auténtico del fondo de tu alma, tienes que esforzarte por lograrlo. Por eso yo solía enzarzarme en continuas discusiones; más aún, las provocaba. Cuando me presentaba a alguien diciendo que era astrólogo, eso implicaba un: “¿Quieres que lo discutamos?”, algo que era importante para mí entonces porque estaba usando a

la gente como un niño usa un mordedor cuando le están saliendo los dientes. Al ir refinando mi pensamiento mediante la discusión, refutando argumentos y enfrentándome con los escépticos, me afirmaba más auténticamente en mi creencia. Ahora, si me encuentro con alguien que cree que la astrología es un disparate, no le hago caso, porque no quiero discutir con nadie de mentalidad tan cerrada. Sin embargo, es interesante que también haya astrólogos que afirman que no son capaces de discutir con espíritu abierto. La cerrazón mental les gusta; son como la polilla que se precipita en la llama. E incluso hay entre nosotros personas (y no quiero decir que eso tenga nada de malo) a quienes les divierte discutir con aquellos a quienes la astrología los pone histéricos, y es probable que en esa actitud haya un problema secreto con la sombra.

En cuanto a la segunda parte de lo que me has preguntado, yo provengo de una de esas familias “heridas” que tantos tenemos, y en estos casos la cuestión está en cómo te las arreglas tú para cuidar de ti mismo. Cuando eres un pararrayos, ya sea porque eres muy conocido o porque representas algo que constituye un reto para la “mentalidad del mínimo común denominador” del colectivo que te rodea, eso te pone en cierto sentido en un lugar solitario. Pero la clave de lo que te permite enfrentarte con ello se halla en que tú mismo te brindes tu propio alimento y sepas cuidarte solo. Se trata de no caer en la trampa de pensar: “Soy un servidor del Universo, un canal, y sólo existo en el nivel transpersonal, porque el personal es simplemente demasiado para mí”. Adentrarte en tu propio trabajo, por cualquier camino que te haya llevado a él, alimentar a tu niño interior, cuidar de tu vida, asegurarte de que tu necesidad de seguridad emocional esté satisfecha, de que estás bien contigo mismo, todo eso te permite ocupar con relativa tranquilidad ese lugar tan expuesto, porque los vientos que soplen no te sacudirán tanto si tus raíces se hunden firmemente en la tierra.

Creo que lo fundamental es el cuidado afectuoso de la persona interior, para afirmarse y centrarse en ella. Por eso insisto constantemente en que hay que descender por el laberinto, porque mediante la curación que se obtiene en ese ámbito, nos vamos creando un territorio para nosotros mismos; allí es donde están nuestras raíces. Si éstas son fuertes, el árbol será capaz de resistir muchísimo viento; si las raíces son superficiales, un fuerte golpe de viento lo derribará. Por eso, al crecer debemos tener presente que somos a la vez raíz y rama, y que no podemos estar preocupados sólo por estirarnos hacia el cielo. Debemos recordar que tenemos raíces que descienden hacia el mundo subterráneo, y que hay que hacerlas crecer de tal manera que sirvan de contrapeso a las ramas que elevamos hacia el cielo.

Pregunta: ¿Podrías hablarnos de cómo ves tú el futuro papel de la astrología? ¿Crees que irá siendo gradualmente más aceptada? ¿Y cuál es la parte que nos cabe en su enseñanza?

Respuesta: Odio hacer predicciones, porque lo más fácil es que no acierte, como veinte años atrás, cuando pronostiqué que al cabo de veinte años se enseñaría astrología en todas las universidades. Pero así y todo, creo que el proceso está en marcha. Pienso en la astrología simplemente como una más de tantas cosas que la gente hace, como la cestería o la meditación, el tipo de cosas que todos hicimos en los años sesenta y setenta, cuando también en la astrología se produjo un gran despertar. Ahora eso ha cambiado, el campo es más estrecho, pero se profundiza más en él. La gente que hoy se interesa por la astrología se centra en ella con más seriedad y más sinceridad. El movimiento que veo en marcha, y que me fascina, es el matrimonio entre la astrología y todas las variantes de la psicología. Un seminario como este no se habría podido realizar quince años atrás. ¿Por qué? Porque entonces no habría tenido público, pero se ha producido un cambio de conciencia, y eso es lo que me estimula y me entusiasma. En cierto sentido somos todos misioneros, somos modelos. Cada uno de nosotros, en la medida en que va profundizando su propia visión intuitiva, en que celebra el matrimonio entre la astrología y otras disciplinas, se constituye en modelo para otras personas y muestra el camino a los que vienen detrás.

Pregunta: Me parece importante tener presente que llegaremos a un momento en la vida en que ya no sintamos necesidad de contemplarla por mediación de la astrología, que no es más que uno de los instrumentos de una manera de enfocarla. He conocido a algunos astrólogos muy ancianos que terminaron por renunciar a ella.

Respuesta: Lo que me pregunto es a qué tipo de astrología renunciaron. ¡Porque hay algunas que yo recomendaría a todo el mundo que las deje atrás!

Por ejemplo, con frecuencia la gente me pregunta si no llevo mi carta natal a todas partes, o una tabla de efemérides, o dónde tengo tal o cual planeta progresado. Y se escandalizan cuando les digo que no estoy seguro del grado. Pues ese es precisamente el tipo de astrología al cual ansío renunciar. Conozco mi propia carta y sé exactamente cómo es, pero no tengo por qué ser una efemérides ambulante. A este tipo de astrología ya he renunciado. Preferiría más bien seguir profundizando en mi propia alma. Eso, para mí, es una pasión, y no quiero renunciar a una pasión. A lo que he renunciado ya es a ese tipo de astrología que me limita, a la astrología de la dependencia, a la astrología umbilical, y quisiera animaros a hacer lo mismo tan pronto como os sintáis preparados para hacerlo. Muchos astrólogos siguen llevando su carta a todas partes, como la palma de la mano, para mostrarla. No es que eso esté mal; es una fase, una fase natural por la que todos hemos pasado. Lo primero que yo hacía cada mañana, y lo último que hacía cada noche, era mirar mi carta: “Ah, Neptuno se ha desplazado un minuto más de arco. ¿Qué deberé hacer mañana?” Es una fase natural que ya pasará, pero cuidad de no tirar el grano junto con la paja, porque el grano os dará una excelente cosecha.


PUBLICADO POR ANA M. FERNANDEZ VUONO




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