viernes, 12 de diciembre de 2014

Historia de la Astrología. Por Alejandro Christian Luna.








 
Los primeros indicios que nos hablan de una observación metódica del cielo datan de una fecha tan lejana como 15.000 años antes de Cristo, en astas o huesos encontrados por Marshack y que poseen incisiones que él consideró marcas de caza, basadas en un calendario lunar.
Cerca del año 10.000 a.C. se encontraron en el noreste de Africa, en la localidad de Susfana, lo que se ha interpretado como la primera muestra de un zodíaco, donde podían verse una svástica y doce signos, unificando el ciclo lunar (svástica) con el ciclo anual o solar (zodíaco).
Tanto en estos casos como en el de las pinturas rupestres de Altamira y Lascaux (donde algunos interpretan la representación de la bóveda celeste) estaríamos hablando de la prehistoria de la astrología y de un pensamiento mágico propio de la infancia de la humanidad.
Hasta la época de los primeros filósofos de Grecia, fue el pensamiento mítico el que generó la explicación de toda experiencia humana. Y son los mitos cosmogónicos los que relatan en las diferentes culturas el origen del mundo.
Cerca del año 700 a.C. ocurre un cambio fundamental en el pensamiento. Aparecen en Grecia los primeros filósofos, llamados los "filósofos de la naturaleza".
Este cambio que va del pensamiento mítico al racional, se habilita cuando, tanto Homero con su Ilíada como Hesíodo con su Teogonía, transcriben las historias referidas a los dioses dando lugar a una posterior profundización con crítica y debate acerca de estas historias, trasmitidas sólo oralmente a lo largo del tiempo.
Podemos pensar que en este momento la astrología podría haber sido alcanzada por la ola desmitificadora, pero lo que ocurrió fue que el mismo pensamiento racional se utilizó para intentar legitimarla.
Según Empédocles, los cambios en la naturaleza se dan porque los cuatro elementos (en diferentes proporciones) constantemente se separan y se juntan, gracias a dos fuerzas que llamó "odio" y "amor" respectivamente.
No se sabe si Empédocles tuvo algún contacto con las ideas egipcias o babilónicas, pero es evidente la relación entre su filosofía y la astrología, donde aún hoy hablar de las cuadruplicidades de los doce signos es parte de la columna vertebral del saber astrológico. Asimismo la diferenciación de las fuerzas activas de la naturaleza en la polaridad amor /odio se relacionan con las fuerzas activas que, según la astrología caldea (y luego por la astrología como un corpus), son vehiculizadas por dos pares de planetas polarizados como benéficos: Venus y Júpiter (amor) y maléficos: Marte y Saturno (odio).
En el Timeo, Platón nos muestra la cosmología astrológica subyacente en su filosofía. Relata que el Demiurgo (el dios–creador) creó el mundo a partir de los cuatro elementos. Todo en la creación tiene existencia, es idéntico o diferente a algo.
El Demiurgo creó al mundo y le dió un alma, el "ánima mundi", luego lo partió en dos mitades, creando dos franjas circulares oblicuas entre sí, el Ecuador y la Eclíptica.
La franja del Ecuador responde a lo idéntico ya que es única y rota siguiendo el movimiento de la esfera celeste. La franja oblicua, la Ecliptica, rota en dirección contraria, se subdivide en siete círculos desiguales que forman los círculos o esferas del sol, la luna y los planetas y que conforman el movimiento de lo diferente.
Está implicita aquí la idea pitagórica (y por ende también caldea) de la armonía de las esferas. Platón halló razón y lógica en los movimientos de la esfera celeste.
La materia del alma del mundo es una sola, cuando un individuo emplea su intelecto el movimiento de su alma se une a los movimientos celestiales del alma del mundo. Si conocemos la identidad de las cosas estamos en contacto con el Ecuador, si conocemos la diferencia es porque estamos en contacto con la Eclíptica. El Demiurgo nos hizo a nosotros con la misma materia del alma del mundo, cada uno de nosotros tiene su propia estrella y antes de encarnar se nos mostró como funciona el cosmos. Así es que la contemplación del cielo nos ayuda a recordar vagamente nuestro origen.
Los signos del zodíaco en la astrología mística posterior toman de Platón la expresión de formas "ideales".
Algunos años antes de Cristo surgieron en Alejandría muchas religiones e ideas filosóficas nuevas, a partir del "sincretismo", la mezcla de religiones antiguas que se daba.
Una de las más importantes fue el hermetismo, de origen egipcio. Proviene su nombre de Thot-Hermes, más conocido como Hermes Trismegisto (el tres veces grande), una figura que es una mezcla de mito y realidad.
Las obras atribuidas a Thot-Hermes son numerosas, hay obras prácticas de astrología y alquimia, como el Liber Hermetis, el Picatrix y la Tabla Esmeralda, estas dos últimas más tardías, y con seguridad, la autoría no pudo ser de Hermes Trismegistos, pero si de sus seguidores, los filósofos herméticos.
El hermetismo refleja una tradición diametralmente opuesta al racionalismo aristotélico, es más un cuerpo místico de doctrinas, una forma mística de pensamiento. Ensalza la experiencia numítica, el conocimiento directo con lo sagrado.
La frase "Como es arriba es abajo", sintetiza el pensamiento hermético y demuestra la relación íntima entre hermetismo y astrología.

En la Edad Media, el poder de la Iglesia cristiana se encargó de disolver el desarrollo de las ideas filosóficas originarias del mundo griego. En el año 529 la Iglesia cierra la Academia de Platón en Atenas. Los conventos tuvieron el monopolio de la enseñanza, la reflexión y la experimentación “científica”.
Uno de los llamados padres de la Iglesia fue San Agustín (354-430), quien estudió astrología en su juventud, transformándose luego en su principal enemigo. Su crítica tiene tanto argumentos lógicos como espirituales. El golpe más fuerte lo da cuando toca el tema de los gemelos o los mellizos, y la abismal diferencia dada en el destino que viven. El determinismo de la astrología de la época chocaba con la idea del libre albedrío, núcleo del cristianismo. San Agustín sostenía que cuando los astrólogos hacían predicciones acertadas era porque estaban asistidos por demonios, deseosos de que las almas renuncien a su libre albedrío. Este pensamiento continúa aún hoy en muchas personas que ven pecaminoso el querer inmiscuirse en asuntos que van más allá de lo que entienden como “normal”, metiéndose en los asuntos de Dios. Tanto en ese momento como ahora, era habitual considerar a la astrología como un prosaico método de adivinación en lugar de una filosofía astral como lo fue en sus inicios.
A medida que el cristianismo se iba imponiendo en el mundo romano, la astrología era relegada a un lugar cada vez menos importante, hasta desaparecer casi totalmente a partir de la invasión visigoda a Roma en el 410.

Simultáneamente a la “introversión mística” dada en Europa, el impulso de los árabes comenzaba a ser notable. La cultura islámica tomó de los griegos la filosofía, la medicina, la astrología y las ciencias, dándole a Aristóteles un lugar protagónico.
Muchos textos astrológicos griegos que el occidente latino había perdido, fueron traducidos al árabe gracias a astrólogos y filósofos como Al-Kindi, Abu-Maschar y Masha-allah, donde sus nombres y sus aforismos aparecen en mucha bibliografía europea posterior. Los Tetrabiblos de Ptolomeo fueron traducidos en el 1138. Desgraciadamente la traducción del griego al árabe y del árabe al latín introdujo muchos errores debido a la misma estructura del lenguaje; errores que se fueron perpetuando hasta hace pocos años. En este momento equipos interdisciplinarios compuestos por astrólogos y filólogos están traduciendo directamente originales griegos, mostrando de otra manera el saber astrológico de antaño.
En definitiva, la astrología se vio beneficiada por los enormes adelantos de las matemáticas y del álgebra, propios del mundo islámico. Los llamados partes arábigos son desarrollados por ellos a partir de su uso por los astrólogos helénicos.
El Renacimiento trajo consigo una nueva manera de acercarse a la realidad: la investigación de la naturaleza basada en la observación, la experimentación sistemática y la experiencia. Surge el llamado método empírico, propio del conocimiento científico. Galileo Galilei (1564-1642) dijo: “el libro de la naturaleza está escrito en un lenguaje matemático”
La astrología se vio directamente beneficiada; los adelantos técnicos perfeccionaron la confección e interpretación de los horóscopos, que fueron aprovechados a su vez, por reyes y papas. Vale como ejemplo la fecha elegida para la Coronación de Isabel 1ra, calculada por el astrólogo británico John Dee, cuando los tránsitos del Sol, Venus y Júpiter aspectaban favorablemente a esos mismos planetas en la carta natal de Isabel (quien se las arregló para mantener unida a Inglaterra durante 44 años bastante complicados).
En el año 1543 se publica el libro Sobre las revoluciones de los orbes celestes del astrónomo polaco Nicolás Copérnico. Esta obra comienza a cambiar la visión que el mundo tenía de sí mismo; demostrando mediante la observación y las matemáticas, que la Tierra (junto con los demás planetas) gira alrededor del Sol. Este cambio de paradigma habilitó una nueva cosmovisión, donde la Tierra (y por ende el ser humano) dejaba de ser el centro del Universo como hasta entonces se creía. La oposición de la Iglesia no se hizo esperar demasiado.

 El alemán Johannes Kepler (1571-1630) demostró que los planetas recorren órbitas elípticas y opinó además, que las mismas leyes que regían en este sector del cosmos regían en todo el Universo. Señaló también la existencia de una fuerza que mantiene a los planetas orbitando alrededor del Sol, fuerza que explicaría la relación entre las fases de la Luna y las mareas. Galileo Galilei se burlaba de Kepler porque “había dado su consentimiento de que la Luna domina el agua”.
Kepler, como astrólogo que era, bien conocía la influencia de la Luna sobre el agua, ya que rige a Cáncer, signo de ese elemento. Y de hecho estaba doblemente en lo cierto. La burla de Galileo ejemplificaba en realidad como eran vistos los cultores de la astrología por los científicos de la época. Burla que hoy en día ejerce toda persona que se considera “racional”.
La importancia de Kepler en la historia de la ciencia es capital; la teoría de la gravedad de Isaac Newton está basada en los descubrimientos del gran astrónomo alemán. Por eso se ha ocultado tanto su cabal conocimiento de la astrología (¡Dios mío, Kepler astrólogo! ¡que mal le hace esto a la ciencia!... exclamarían los doctos).
Kepler practicaba la astrología y hacía horóscopos; entre ellos los del Emperador Rodolfo II y el del general Wallenstein. Censuró a la astrología convencional, intentando reformar la disciplina. Advirtió a los críticos de la astrología que “no tiraran las frutas frescas junto a las podridas”.
Los aspectos planetarios son la base de la astrología kepleriana, ya que aporta nuevas relaciones de longitud eclíptica entre planetas (como la semicuadratura, la sesquicuadratura, el quintil, el biquintil, el septil y el nonil), que se suman a los tradicionales aspectos ptolemaicos (conjunción, oposición, cuadratura, trígono, sextil, semisextil y quincuncio).
Jean Baptiste Morin de Villefranche (1583-1656) está considerado como el más grande astrólogo francés. Y aplica la lógica cartesiana al ámbito del saber astrológico, sobre todo al pasarlo por el tamiz de la razón, con método, orden, análisis y con la clarificación de cada argumento. Para hacer esto, Morin hizo lo mismo que Descartes con la filosofía, no dar nada por sentado, dudar de todo, construir una astrología desde los mismos cimientos. Vaciarla de los contenidos ptolemaicos que dotaban a cada planeta de "significación universal".
En la esfera británica, el astrólogo William Lilly (1602-1681) tuvo –y tiene– una gran importancia. Es considerado un maestro en la astrología mundana y horaria. Su enfoque tiende más a lo profético y a lo mágico, con un estilo que recuerda al de Nostradamus.
En su Astrología Cristiana sostiene que una astrología predictiva bien hecha es compatible con el cristianismo. Su predicción más espectacular tuvo que ver con el incendio de Londres en 1666, acontecimiento que él había predicho 15 años antes. Luego del mismo, fue detenido como sospechoso de causarlo, pero las investigaciones posteriores lo libraron de culpa y cargo.
Durante la época de la Ilustración, el arte de hacer horóscopos se extinguió casi completamente; excepto en Inglaterra, donde algunas personas, consideradas bastante excéntricas, seguían interesadas en la ciencia de los astros.
A principios del siglo XIX, la astrología en Inglaterra retoma un impulso que luego arrastraría a toda Europa y más tarde a América.
Los astrólogos británicos adaptaron el vocabulario científico para sus analogías simbólicas, como la electricidad y el magnetismo. Por otra parte, la moda del ocultismo (la “sombra” de la época victoriana) también tocaba algunos puntos coincidentes con el hermetismo y la astrología. Por ejemplo el concepto de correspondencias entre las distintas entidades del Universo, la existencia de seres intermediarios entre la humanidad y Dios -ángeles, espíritus, maestros ascendidos- con los cuales sólo los “iniciados” pueden contactar. Muchos astrólogos de la época tomaron sus nombres a partir del nombre de ángeles, como Sepharial, Raphael o Zidkiel.
Esta "movida" antirracional produjo numerosos grupos de personas (artistas, poetas, intelectuales) que se unían en sectas y sociedades secretas. Muchos conseguían formar su propio culto, en base a mistificaciones más que con verdaderos misterios herméticos. Entre los más conocidos podemos nombrar a Eliphas Lévi y a Gérard Encausse (Papus) en el esoterismo francés. En Inglaterra, Aleister Crowley y Dion Fortune. Entre las sociedades secretas tenemos la Order of the Golden Down, la Ordo Templi Orientis, la Orden de los Nuevos Templarios y la Thule Gessellshaft.
La Sociedad Teosófica fue fundada en 1875 por Helena Petrova Blavatsky, más conocida como Madame Blavatsky. La Doctrina Secreta de la teosofía, con su particular comparación de las religiones del mundo y los conceptos de karma y reencarnación, dotó a muchos astrólogos de una conexión espiritual que necesitaban como complemento a lo intelectual de su quehacer.

  La desviación del pensamiento racional iniciada muchas décadas atrás con el romanticismo y mantenida gracias al estudio de la psicología humana profunda, hizo que poco a poco el positivismo fuera menos dogmático y se abriera la posibilidad de que surgiera una nueva astrología. Una astrología que a finales del siglo XX ya era un verdadero "boom".
Ya desde el siglo XIX, arqueólogos, antropólogos y diversos investigadores de la cultura antigua vuelven sus ojos hacia la astrología, entendida como fenómeno digno de estudio dentro de un marco puramente histórico. Podemos citar las obras de numerosos autores, como Histoire de l'astronomie ancienne (1817) de M. Delambre , La astrología española en la Edad Media (1841) de A. Rodríguez Navarrete y Astrología y Religión en el mundo grecorromano (1903) de Franz Cumont.
Los astrólogos, aún con un complejo de inferioridad con respecto a los serios científicos sabelotodo, comienzan a publicar con seudónimos, sobre todo en Inglaterra. R.C. Smith, más conocido como Raphael, publica hacia 1824 su primer Almanaque, repetido luego anualmente. Richard James Morrison (Zadkiel) funda en 1831 la revista Heraldo de la Astrología. Los libros de Frederick William Alen (Alan Leo) se siguen publicando en la actualidad; por ejemplo, Astrología Moderna, cuya primera edición data de 1895.
A principios del siglo pasado comienzan a proliferar columnas de horóscopos en los diarios. Cuando nació la hermana de la reina Isabel de Inglaterra (el 21 de agosto de 1930) el Sunday Express publicó su horóscopo, elaborado por R. H. Naylor. El éxito fue tal que comenzó a publicarse una columna de astrología; la primera, el 5 de octubre de 1930. Esta astrología solar es la que vemos plasmada con tanta superficialidad en todos los diarios y revistas de la actualidad.
El francés Paul Choisnard trata de apoyar la astrología sobre las bases de la matemática y la física moderna.
La astrología ligada al ocultismo tiene al clérigo Eliphas Levi y a Papus como figuras más representativas. El danés Max Heindel fusiona la ciencia de los astros con la filosofía Rosacruz y la Teosofía. El suizo Karl Kraft (1900-1945) opera sobre estadísticas, consideradas más tarde como poco fiables.
El alemán Reinhold Ebertin es autor de obras de gran resonancia, siendo autor de la Cosmobiología, y principal referente de la escuela astrológica alemana.
En los Estados Unidos de América, de la escuela de la asociación Rosacruz surgen importantes astrólogos, como Elbert Benjamine, Evangeline Adams y Maurice Wemyss. No podemos dejar de nombrar a otros con diferentes enfoques y nacionalidades: André Barbault, Nicolás DeVore, Charles Carter, Walter Koch, Jacques Sadoul, Demetrio Santos.
Despues de numerosos y estériles debates, la ciencia institucional se erige como la principal adversaria de la astrología. En 1975, ciento ochenta y seis destacados científicos (entre los que se incluían dieciocho Premios Nobel) publican en la revista Humanist unas "Objeciones a la Astrología".

La ciencia institucionalizada sencillamente considera que la astrología no merece ser estudiada, y cuando así lo hace, los resultados son publicados siempre y cuando no prueben su validez. Cuando muestran algún indicio que la convalide, se los desacredita o ignora.
A fin de cuentas, según Maggie Hyde "No se trata de un problema de pruebas, sino de una lucha entre sistemas de creencias".

 Muchos astrólogos se alejaron de la ciencia para seguir el camino de la psicología, en especial el trazado por el suizo Carl Gustav Jung (1875-1961).
En su libro "La interpretación de la naturaleza y la psique", Jung define la sincronicidad, con la que pretende explicar ciertos casos extraordinarios, "coincidencias significativas", imposibles de explicar causalmente.
Su teoría de los Arquetipos explica el poder de los símbolos astrológicos y como éstos trabajan en la imaginación. Los signos del Zodíaco serían doce imágenes arquetípicas, manifestaciones del inconciente colectivo, que dan cuenta de la Totalidad.
Jung ubica a la Astrología dentro de una realidad psíquica. Para entender como trabajan los símbolos arquetípicos es necesaria una clase especial de pensamiento: la actitud simbólica. Por esta razón los métodos de las ciencias físico-naturales son inapropiados para comprender la astrología. "Que una cosa sea o no un símbolo depende de la actitud de la conciencia que la examine".
Si Freud considera al ser humano casi como un animal (en lo que respecta a lo instintivo de su naturaleza), podríamos decir que Jung también lo considera un animal, un animal simbólico.
A partir de Jung aparece una nueva astrología, la llamada humanística o psicológica, cuyas figuras más importantes son Dane Rudyhar (1895-1985), Liz Greene, Howard Sasportas, Richard Idemon, Stephen Arroyo, Alexander Ruperti y otros, casi todos provenientes de Gran Bretaña y Estados Unidos.
Más allá del lenguaje simbólico de la astrología, Jung no descarta una posibilidad causal de su influencia en los seres vivos, aunque no pudo establecer ninguna certeza empírica suficiente.
Sin embargo, muchos investigadores persiguen algún dato que incluya a la vez psique y materia. Las investigaciones más recientes han puesto en evidencia la increíble analogía entre el mundo de la microfísica y el Universo, entre el microcosmos y el macrocosmos.
Albert Einstein demuestra que el espacio y el tiempo no son entidades separadas e independientes sino un continuum espacio-tiempo, del que participan todos los procesos del Universo. En su teoría del campo unificado propuso que la esencia del Universo no son las partículas sino los campos.
F. D. Peat, a partir de la teoría del orden implicado de Bohm, afirma que el Universo entero se encuentra plegado sobre si mismo en cada región del espacio. "Los eventos sincronísticos, entendidos como una coincidencia significativa entre microcosmos y macrocosmos, son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del Universo". Como analogía literaria, vale la del cuento de Jorge Luis Borges “El Aleph”, solo que cada punto del espacio sería un “Aleph”.
La llamada New Age, no deja de ser la última filosofía globalizadora, donde se pueden encontrar las más diversas disciplinas trabajando mancomunadamente. Allí, la Astrología ocupa un lugar preponderante, siendo la principal vocera de la llamada Era de Acuario, que ya estaría dando sus primeros frutos.
Sólo el Tiempo y la Historia dirán que cosas de la New Age serán importantes para la Humanidad. Mientras tanto, la rueda sigue girando...


Alejandro Christian Luna © 2002