sábado, 6 de diciembre de 2014

La clave de las Fardarias. Por Rafael Gil Brand.









 

La clave de las fardarias

Periodos planetarios en la astrología tadicional

 

Uno de los sistemas predictivos más usados en la astrología árabe es el de las fardarias o firdarias. La palabra “fardaria” parece provenir del griego “periodos”. Sin embargo se trata de una técnica genuinamente persa, que no aparece en los tratados astrológicos de la época helénica.
Bien es cierto que los métodos basados en fases o periodos planetarios forman prácticamente el núcleo del instrumental predictivo tanto en la astrología helénica – especialmente en Vettius Valens – como en la astrología védica. Ambas son de hecho perfectamente compatibles en una serie de elementos básicos, hasta el punto de que podemos hablar de tradiciones hermanas y de origen común. En ambas tradiciones encontramos la idea de que diferentes periodos de vida del nativo son regidos por diferentes planetas, de tal manera que en esos periodos se manifestarán o madurarán tendencias y eventos conforme a su posición en la carta. Sin embargo, aunque el concepto en sí es común, la astrología hindú ha desarrollado técnicas distintas de las que encontramos en la astrología helénica. La más importante es el sistema de dasas (periodos) vimshottari.
En la astrología helénica encontramos un sistema llamado de los decenios, que describiré en seguida. Vettius Valens (siglo 1 d.C.) además de transmitirnos una variante de este sistema, describe en su Antología un número de técnicas basadas en la secuencia de los planetas o de las casas a partir de un determinado factor del horóscopo. La gran mayoría de estos sistemas predictivos se basa en la doctrina de los años planetarios, que nos servirá también para comprender las fardarias.
Las fardarias son un sistema procedente de la astrología persa cuya antigüedad desconocemos, pero que bien podría ser bastante más remota de lo que a primera vista parece. Aunque mantiene una serie de rasgos típicos de los sistemas de la astrología helénica, no deja de ostentar ciertas características susceptibles de una influencia hindú, como es la inclusión de los nodos lunares.
Personalmente la aplicación de las fardarias en la astrología natalicia nunca me ha convencido lo suficiente como para incluirlo en el repertorio de técnicas que aplico en mi práctica diaria – que por lo demás se orienta plenamente en los sistemas clásicos de la astrología helénica, en combinación con los vimshottari dasa. Sin embargo, el campo original de aplicación de las fardarias parece haber sido la astrología mundial, y no la genetlíaca. En la segunda parte de este artículo aportaré algunas conclusiones que avalan esta tesis. Por lo que observo merece la pena investigar esta antigua aplicación de las fardarias en la astrología mundial.
Como veremos en seguida, las fardarias se basan en un sistema de años planetarios que a primera vista carece de una explicación astronómica y de un sentido lógico. Con ocasión de mi intercambio con Carmen Ordoñez, que está escribiendo una excelente tesis sobre el libro sexto de Ali ben Ragel – autor que precisamente dedica un extenso capítulo a las fardarias -  me he planteado la pregunta sobre la estructura lógica subyacente a este sistema. Y creo haber dado con una serie de claves muy sugerentes, que expondré en este artículo.
Pero antes de adentrarnos en este sistema persa de periodos planetarios, no estará de más repasar brevemente la teoría helenística de los años planetarios.

La doctrina helenística de los años de los planetas

 

La astrología clásica procedente del mundo helénico, y cuyas raíces se hunden en las culturas mesopotámica y egipcia, atribuye a cada planeta una serie de periódos básicos, llamados años menores, mayores y medios, tal y como viene indicado en el cuadro adjunto.

Firdarias_fig_1

Los años menores equivalen a ciclos sinódicos de los planetas. Así, los años menores de Venus, Marte, Júpiter y Saturno, respectivamente, corresponden a periodos de recurrencia al cabo de los cuales se forma una conjunción con el Sol en el mismo lugar del zodiaco. En el caso de los 20 años de Mercurio tenemos también un ciclo de recurrencia, pero más ambiguo. De hecho, existen tres periodos sinódicos de Mercurio que son más exactos – sobre todo el ciclo de 46 años. Por último, los 25 años de la Luna solo corresponden a un ciclo de recurrencia utilizando el calendario egipcio de 365 días. Entonces cada 25 años la lunación coincide exáctamente con el mismo día del año (con respecto al año real el desfase es de 6°).
Los años mayores de los planetas no se derivan de ciclos sinódicos (quitando los 57 años de Saturno), sino que tienen una base numerológica que nos explica Vetius Valens. Pero hay que entender primero los años mayores del Sol y de la Luna.
Los 120 años del Sol equivalen a un tercio del zodiaco, y marcan – en grados, unidad que se puede equiparar a un día o a un año – el comienzo de su domicilio, Leo. El trígono es una figura básica en la estructura del zodiaco.
Los años de la Luna son 108, número muy singular por sus propiedades matemáticas, geométricas y astronómicas. Entre otras cosas parece ser una de las constantes en las relaciones de tamaño entre la Tierra, la Luna y el Sol (ver cuadro adjunto). Es además cuatro veces el periodo lunar sidéreo, tomando el valor en números redondos de 27 días. Esta cifra aparece también conectada con la Luna en la astrología védica: El número de navamsas (novenas partes de un signo) que contiene el zodiaco son 108. El navamsa es después del signo y de la mansión lunar la división más importante del zodiaco hindú, y precisamente hace un puente entre las 27 mansiones lunares o nakshatras y los 12 signos: Cuatro signos (120°) abarcan 9 nakshatras, un signo abarca 9 navamsas, y un nakshatra abarca exáctamente 4 navamsas. Aunque estas divisiones no son propias de la tradición helénica, vemos en la conexión del 108 con la Luna un factor común a ambas tradiciones. El grado 108 cae por cierto en el domicilio de la Luna. Veremos que estos años del Sol y de la Luna proporcionan también una clave a la hora de comprender las fardarias.

Firdarias_fig_2

Los años mayores de los cinco planetas restantes suman en total 360. Los años de cada planeta los vemos repartidos por los diferentes términos planetarios, otra división de los signos – esta vez de origen helénico o egipcio, y de tipo irregular.
Los años mayores de los planetas lentos – Saturno y Júpiter -  se derivan de los años mayores de la Luna y del Sol. Los de los planetas rápidos se derivan de los años mayores de las luminarias en combinación con los años menores de los planetas lentos, del siguiente modo:
1. La mitad de los años de la Luna más sus años menores, o bien la mitad de los años del Sol más sus años menores, dan los años de Júpiter. Júpiter es amigo de las luminarias y rige con ellas signos del mismo trígono respectivamente (fuego y agua).
2. La cuarta parte de los años de la Luna más la cuarta parte de los años del Sol, dan los años mayores de Saturno. Al ser Saturno un planeta enemigo de las luminarias (domicilios en oposición), le dan una parte menor de sus años.
3. La mitad de los años mayores de la Luna más los años menores de Júpiter dan los años mayores de Marte. Marte, siendo un planeta nocturno como la Luna, rige Escorpio, signo del mismo trígono que los domicilios de la Luna y Júpiter.
4. Los años mayores de Saturno más los menores del Sol dan los años mayores de Mercurio. Mercurio y Saturno son regentes de sendos signos en los trígonos de aire y tierra.
5. Según Vettius Valens Venus recibe la mitad de los años mayores de la Luna y los años menores de Saturno. Pero el resultado serían 84, y no 82, de manera que me permito corregir al maestro (o tal vez a algún escriba): Análogamente a lo que ocurre con Mercurio, Venus recibe los años mayores de Saturno, más los años menores de la Luna. Venus – como Mercurio – tiene amistad con Saturno por sus domicilios en los trígonos de tierra y aire, y al ser planeta nocturno ha de recibir los años de la Luna, y no del Sol.

Los años medios de los planetas se calculan sumando los años menores y los mayores, y dividiendo el resultado por dos. En la tabla esta es la cifra que viene entre paréntesis. Si redondeamos los resultados al número entero superior y hacemos la suma, obtenemos 361, número que se vuelve a aproximar mucho a los 360 grados del círculo. Curiosamente Vettius Valens nos ofrece una distribución de los años medios ligeramente diferente (segunda cifra en la tabla), pero cuya suma vuelve a dar 361. Cabe preguntarse si en la distribución original no habría que enmendar una de las cifras, de modo que la suma diera 360.
Vemos por tanto que el sistema de los años planetarios, aunque tiene por base un fenómeno cíclico astronómico – el sínodo de los planetas con el Sol – por lo demás se construye mediante operaciones numerológicas. En definitiva no son los ciclos astronómicos en sí – que por lo demás, si los tomaramos al pie de la letra, nos darían siempre números fraccionados – los que estructuran el sistema, sino los números enteros más cercanos a ciertos ciclos básicos, como son el 360, el 12, el 27, el 19 (ciclo metónico) o los años menores de los planetas, así como sus derivados (compuestos, cocientes, etc).
Los años de los planetas hay que entenderlos como unidades de tiempo, de manera que pueden en definitiva designar no solo años, sino meses, días, horas etc.

El sistema de los decenios

 

Uno de los sistemas predictivos helénicos que más se parece a las fardarias es el de los decenios. Se basa en los años planetarios, al tomar para cada periodo 129 meses, es decir 10 años y nueve meses (de ahí el nombre “decennia” que se le dio al sistema en la época romana). Con la peculiaridad de que son meses de 30 días, de manera que cada periodo no abarca 10 años y 9 meses naturales, sino 10 años y 217 días (7 meses y 4 días). 129 es la suma de los años menores de los planetas, que en el sistema de los decenios se toman como meses.
El primer periodo es regido por la luminaria regente, es decir el Sol en caso de natividad diurna, o la Luna en una natividad nocturna. A continuación se suceden los periodos de los restantes planetas (abarcando cada periodo 129 meses) según su ubicación en la carta a partir de la luminaria regente. Pongamos por caso que alguien ha nacido de día y tiene en su carta al Sol en 5° de Tauro, a Venus a 10° de Géminis, a Saturno a 24° de Géminis, y los restantens planetas repartidos por los signos Cáncer a Aries. El primer periodo de 129 meses sería regido por el Sol, el segundo por Venus, el tercero por Saturno etc.
Cada periodo planetario de 129 meses es subdividido a su vez en subperiodos, de tal manera que cada planeta rige, dentro del periodo general, un lapso de tiempo equivalente a sus años menores, pero contado en meses (de 30 días). El primer subperiodo es el del planeta que rige el periodo general, y los siguientes vuelven a seguir la secuencia de los planetas en el zodiaco, a partir de este regente general. En nuestro ejemplo, dentro del periodo del Sol este mismo regiría los primeros 19 meses, después vendrían 8 meses de Venus, luego 30 meses de Saturno, etc.
Una vez aclarado este concepto de los años planetarios y su aplicación en el sistema de los decenios, vayamos por fin a conocer las fardarias.

Las fardarias

 

El sistema de las fardarias utiliza periodos netamente diferentes de los años planetarios de la astrología helénica. Cada planeta rige el siguiente número de años:

Luna            9 años
Saturno    11 años
Júpiter    12 años
Marte          7 años
Sol        10 años
Venus      8 años
Mercurio    13 años

Cabeza      3 años
Cola          2 años


Si el nacimiento es nocturno la primera fardaria en la vida del nativo será la de la Luna, seguida de los demás planetas según la secuencia indicada. Como observará el lector, esta secuencia sigue la ordenación de las esferas planetarias en el sistema geocéntrico, yendo desde Saturno – el planeta más “alto” y más lento – hasta la Luna, el planeta más rápido. Al cabo de 70 años habrá finalizado la fardaria de Mercurio, y los próximos 5 años son atribuidos al Nodo Norte (3 años) y al Nodo Sur (2 años).
En nacimientos diurnos la secuencia comenzará por el Sol, seguida de Venus, Mercurio, la Luna, Saturno, Júpiter y Marte, en este orden. Al finalizar la secuencia de los planetas vuelven a regir los nodos el periodo entre 70 y 75 años.
Cada periodo es dividido a su vez en subperiodos regidos por los siete planetas (los nodos no forman subperiodos). Estos subperiodos se calculan dividiendo el periodo principal por 7. El primer subperiodo es regido por el planeta de la fardaria vigente, y luego se vuelve a seguir la secuencia según la ordenación de las esferas. La siguiente tabla proporciona un resumen del sistema:

Firdarias_fig_3

Más tarde veremos como se aplican las fardarias en la astrología mundial. Por lo que concierne a las natividades, resulta ser un sistema relativamente poco individual, ya que la secuencia de los planetas es la misma para todo el mundo, variando solo según la natividad sea diurna o nocturna. Por supuesto que en la interpretación habría que tener en cuenta la situación peculiar de cada planeta, distinta en cada carta. Tienen en común con la técnica de los decenios el comenzar la secuencia por la luminaria del tiempo, pero por lo demás es más rígida. Las fardarias abarcan 75 años de vida, número muy similar a la totalidad de los decenios si sumamos los 7 planetas (74,17 años, o bien 75,25 años si tomamos meses solares completos). Eso sí, la duración de cada periodo es bien diferente en cada sistema.

Buscando la clave

 

Pero la cuestión que nos concierne aquí es más bien la lógica subyacente a esta distribución de los años. Porque a primera vista da la sensación de ser bastante aleatoria. Sin embargo una mirada más atenta nos revelará que las fardarias se basan en números derivados de los años menores de los planetas. En lo que sigue voy a tratar principalmente las fardarias de los 7 planetas, ya que obviamente los nodos tienen un papel aparte en el sistema.
Para empezar, hay dos números – los años de Venus y de Júpiter – que son claramente los años menores de la astrología helénica. Los demás años a primera vista no parecen tener relación con los ciclos planetarios que hemos conocido. Sin embargo, resulta que uno de los ciclos sinódicos  de recurrencia de Mercurio es el de 13 años, siendo más exacto que los 20 años mencionados antes. Cada 13 años se cumplen 41 ciclos sinódicos de Mercurio, coincidiendo en el mismo lugar del zodiaco que la conjunción inicial. De manera que las fardarias de Mercurio, Venus y Júpiter, por lo pronto, corresponden a ciclos astronómicos de recurrencia.
Las fardarias del Sol y de la Luna se derivan de sus años mayores. Si dividimos los 120 años del Sol y los 108 de la Luna por 12 – número fundamental en el sistema astrológico – obtenemos 10 y 9 años, respectivamente. La división en doce puede considerarse una idealización de los meses sinódicos (ciclo de la Luna con respecto al Sol) que incluye un año.
El número 10 simboliza una totalidad, la unificación de las partes en un todo. Esto viene expresado precisamente en el sistema decimal, donde el diez y sus exponentes forman unidades de orden superior. Este significado se corresponde perfectamente con el símbolo del Sol, centro rector e integrador del sistema. Así, tanto en la tetraktis pitagórica como en el árbol de la vida de la cábala hebrea el 10 expresa la totalidad de la creación manifiesta. Puede considerarse por tanto como número solar por excelencia.
El número 9 por otro lado tiene mucho que ver con la Luna. Ya hemos visto que el ciclo sidéreo de la Luna abarca algo más de 27 días, siendo esta cifra la que crea la división de la eclíptica en 27 mansiones o nakshatras. El 9 es un tercio de 27: en un tercio del zodiaco – cuatro signos, uno de cada elemento – entran nueve nakshatras.  Tenemos también que en el ser humano el embarazo dura 9 meses (solares), siendo un fenómeno claramente atribuido a la Luna. En el sistema decimal el 9 puede considerarse el número que contínuamente se reproduce a sí mismo, ya que la suma de los dígitos de sus múltiplos siempre dará 9. Esta idea de reproducción, entendida como diversificación, también viene expresada por el hecho de ser nueve los dígitos que componen el sistema decimal – si el 10 es la totalidad, el 9 expresa sus diversas partes. En la astrología hindú – y en cierto modo también en el sistema de las fardarias – se distinguen 9 planetas como integrantes del sistema astrológico, incluyendo los nodos. De modo que el número 108 (9 x 12) representa también la totalidad de las combinaciones planeta-signo.
El número 9 es el cuadrado de 3, número base que – en contraposición al 2 o al 4, que evocan la idea de rigidez, tensión o estructura – simboliza la dinámica de toda evolución y cambio, el constante devenir expresado por las tres fases de móvil, fijo y mutable – creación, conservación y disolución – Brahma, Vishnu y Shiva, la tríada universal. El número nueve (y en cierto modo el 27) por tanto representa la esencia de todo devenir, de todo movimiento, de toda diversificación y evolución. Como la Luna misma.
De las cinco fardarias que hemos explicado por el momento, tres forman números consecutivos: 8 de Venus, 9 de la Luna y 10 del Sol. Por otro lado tenemos los 12 años de Júpiter y los 13 de Mercurio. Quedan pues dos fardarias cuyas cifras eluden toda explicación en base a los años planetarios helénicos o a cualquier ciclo de recurrencia conocido. Se trata de la fardaria de Marte (7 años) y la de Saturno (11 años). La cifra atribuida a Marte aparece también en el Vimshottari Dasa, pero esto puede ser mera casualidad. Sin embargo en seguida vemos que estos números para Marte y Saturno rellenan los huecos que quedan para generar una secuencia numérica del 7 al 13:

Ma 7    -    Ve 8    -    Lu 9    -    Sol 10    -    Sa 11    -    Ju 12    -    Me 13

Observemos esta secuencia detenidamente. La primera cuestión que se plantea es porqué va del 7 al 13 y no del 8 al 14. Solo caben estas dos secuencias, ya que tomando otras secuencias se saldría Venus (8) o Mercurio (13) del esquema.
La elección del 7 como primera fardaria podría responder al hecho de ser uno de los números básicos de la cosmología clásica, representando a los planetas visibles. Pero otra razón de más peso radica en que el Sol en esta secuencia asume la posición central, de acuerdo con su naturaleza.
Esta secuencia encierra otra propiedad matemática relacionada con los números clave 7 y 10. La suma de todas las fardarias (quitando los nodos, que tienen en cualquier caso un papel aparte) da 70 años, es decir 10 veces 7.
Una figura muy usual en la simbología antigua es la disposición de los planetas en un heptagrama. El ejemplo más conocido es el heptagrama con los planetas siguiendo la secuencia de las esferas. Al trazar las líneas de un planeta a otro para formar la estrella de siete puntas, hallamos la secuencia de los días de la semana.

Firdarias_fig_4

Dispongamos ahora la secuencia de planetas según la ordenación numérica de las fardarias en un círculo, de manera que formen las puntas de un heptagrama.

Firdarias_fig_5

En cualquier septenario de números consecutivos como el que forman las fardarias, tomando el número central como eje obtenemos para las parejas de números equidistantes la misma suma. En este caso, tomando el número solar 10 como eje, la suma de las parejas da 20. Esto podría ser una clave, ya que el 20 es el ciclo de Júpiter-Saturno, tan caro a los persas precisamente, y tan importante en astrología mundial. Además son los años menores de Mercurio, que juega un papel importante aquí, como veremos en seguida. Sin embargo esta simetría con la posición del Sol aún no explica porqué están Saturno y Marte en la posición en que están.
En un septenario de estas características siempre hay dos posiciones más a partir de las cuales se obtienen sumas iguales para las parejas a ambos lados del eje: el emparejamiento a partir de la posición de Marte, con 7 años, nos da siempre la suma 21, y el emparejamiento a partir de la última cifra, la posición de Mercurio con 13 años, nos da la suma 19. Esta última es la simetría que nos proporciona la clave principal:
Para empezar, ya hemos visto que el 19 es un número astronómico importante, ya que forma el ciclo metónico, a la vez que se considera el periodo de años menores del Sol (el planeta central). Además es la suma de los números adjudicados a la Luna y al Sol: 9 + 10 = 19, lo cual es muy propio, porque el ciclo metónico es un ciclo de recurrencia lunisolar. El Sol y la Luna forma la pareja de planetas que se encuentran enfrente de la posición de Mercurio y del número 13.

Distribución según las sectas diurna y nocturna

 

A partir de aquí se perfila una estructura perfectamente acorde con los canones de la astrología helénica. La Luna y el Sol encabezan dos hemiciclos, uno de planetas nocturnos y otro de planetas diurnos: a un lado de la posición de Mercurio tenemos a Marte, a Venus y a la Luna, los planetas nocturnos. Al otro tenemos a Júpiter, a Saturno y al Sol, los planetas diurnos. Todos ellos dispuestos de tal manera que Venus, la Luna, el Sol y Júpiter coinciden con los números correspondientes a sus años menores.
Cada pareja formada por un planeta diurno y nocturno  – es decir, Marte/Júpiter y Venus/Saturno, respectivamente – suma pues los 19 años del ciclo metónico, ciclo de recurrencia de los “regentes de secta”, el Sol y la Luna.
Evidentemente, en este esquema es Mercurio el que tiene que formar el eje, ya que es el planeta dual por antonomasia, tanto nocturno como diurno, femenino y masculino, benéfico o maléfico etc. La atribución del número 13 a Mercurio no deja de ser sugerente en este contexto, ya que transciende el orden del 12, del mismo modo que Mercurio es el único planeta que elude toda categoría dualista. Esta relación con el 13 nos hace recordar la simbología hermética y alquímica, donde el agua mercurial designa asimismo un principio hermafrodita, el solve y coagula, muerte y resurrección, principio y final de la gran obra. Qué mejor número que el 13 – ciclo sinódico de Mercurio – para reflejar esta idea.

Las fardarias y los domicilios planetarios

 

En este septenario aparece reflejado también el esquema de los domicilios planetarios. Las luminarias son las únicas que se reparten una pareja de domicilios, de manera que pueden considerarse una unidad (con dos caras). Cada uno de los demás planetas rige dos domicilios en el esquema clásico.

Firdarias_fig_6

Si el septenario que hemos dibujado, en el cual el Sol y la Luna encabezan los planetas diurnos y nocturnos respectivamente, lo “convertimos” en una estrella de David unificando estas dos posiciones (ver figura), los triángulos que forman esta estrella nos dan los planetas que rigen conjuntamente dos trígonos: Sol/Luna, Júpiter y Marte rigen los trígonos de agua y fuego, mientras Mercurio, Venus y Saturno rigen los trígonos de aire y tierra. Ya hemos visto que este tipo de afinidad entre los planetas era la clave de los años mayores.
En astrología hindú a los planetas que forman cada triángulo se les considera amigos mutuos, y con respecto al triángulo contrario son enemigos. Es decir, Luna, Sol, Marte, Júpiter son amigos, y son enemigos de Mercurio, Venus y Saturno (la teoría de las amistades y enemistades contiene más reglas, pero esta es una de las básicas).
Con lo cual, tomando el eje de Mercurio en el heptagrama de las fardarias, las parejas las forman planetas amigos. Tomando el eje del Sol por cierto las forman acérrimos enemigos según la astrología hindú. Sin embargo, no creo que este matiz tenga tanta importancia.

Las fardarias y las exaltaciones

 

Pero hay otra estructura ciertamente sorprendente en este septenario, y es que refleja también las exaltaciones de los planetas. Esto si que lo considero un punto importante, tal vez clave, ya que como describiré en una segunda parte de este trabajo, las fardarias en astrología mundial siguen la secuencia de las exaltaciones.
Recordemos cómo se derivan de la secuencia caldea los días de la semana (fig. 1). Esta atribución de los días de la semana a los planetas parece provenir de Mesopotamia y es bastante antigua. Lo comento porque al fin y al cabo las fardarias son una técnica persa, y pienso que podría tener su origen en la astrología mesopotámica.
Pues bien, si trazamos en nuestro esquema una estrella de siete puntas, empezando por el Sol y yendo a Marte etc., obtenemos la siguiente relación:

el Sol se exalta en signo de Marte
Marte en signo de Saturno
Saturno en signo de Venus
Venus en signo de Júpiter
Júpiter en signo de Luna


   Firdarias_fig_7

Hemos trazado la estrella desde el Sol a la Luna, y solo queda Mercurio, como siempre haciendo de las suyas. Porque evidentemente la Luna no se exalta en casa de Mercurio, ni Mercurio en casa del Sol. Pero aún así, y teniendo en cuenta la posición especial de Mercurio (el único planeta que se exalta en su propio signo) en el esquema astrológico en conjunto, esta secuencia de las exaltaciones me parece harto sugerente. El único punto que rompe un tanto la estética es el hecho de que la Luna no se vincule a su exaltación.
Si sumamos los años planetarios de cada pareja de planetas asociados por exaltación, empezando de nuevo por la pareja Sol-Marte, e incluyendo al final las parejas Luna-Mercurio y Mercurio-Sol, nos da la secuencia numérica 17, 18, 19, 20, 21, 22 y 23. Es decir repite la secuencia original, pero en la década contigua. El número central es el 20, y la suma de los números equidistantes es 40.

La ordenación por maléficos y benéficos

 

A partir de esta secuencia vuelve a surgir una estructura muy significativa. Si volvemos a trazar el círculo con los siete planetas, pero siguiendo ahora la secuencia de las exaltaciones que acabamos de ver, vuelve a surgir una estructura numérica similar a la original. Me explico: Disponemos en el círculo la secuencia Sol – Marte – Saturno – Venus – Júpiter – Luna – Mercurio, y asociamos a los planetas los años de sus fardarias, es decir 10 – 7 – 11 – 8 – 12 – 9 – 13. Volvemos a tomar a Mercurio como eje, y sumamos las parejas equidistantes. El resultado es el siguiente:

Sol / Luna         - amigos –         10+9=19
Marte / Júpiter     - amigos –         7+12=19
Saturno / Venus     - amigos –         11+8=19


Firdarias_fig_8

En esta nueva disposición que hemos derivado de las exaltaciones, el eje de Mercurio separa los planetas secos y maléficos de los húmedos y benéficos: a un lado tenemos Sol – Marte – Saturno, a otro Luna – Júpiter – Venus. En la astrología hindú, más claramente que en la occidental, la Luna es benéfica y el Sol maléfico. Mercurio vuelve a ser el planeta neutral. Tanto en la astrología helénica como en la astrología hindú se le considera a Mercurio benéfico, salvo si está asociado con maléficos, lo cual viene a corroborar su naturaleza dual también en este aspecto.
Con lo cual queda más clara aún la importancia del número 19 y del ciclo metónico en la estructura subyacente a las fardarias, así como la idea de polaridades, de la cuales Mercurio forma siempre el factor neutral y sintetizador.
Creo que esta intrincada estructura, relacionada con los domicilios planetarios así como con las exaltaciones, no es fortuita. Con mucha probabilidad sea la clave sobre la cual los antiguos han construido el sistema de las fardarias. Tal vez futuras investigaciones corroboren esta tesis en base a documentos históricos.

Las fardarias en astrología mundial

 

He dejado de lado los nodos, porque todo el esquema de las fardarias se basa en los planetas, y da la impresión de que los nodos son una especie de inciso o de relleno en el ciclo. De hecho no se subdividen en fases menores. Un punto importante es que el ciclo nodal se acerca a 19 años. Pero habría que preguntarse porqué esta inclusión de los nodos ha de sumar en total 5 años, de manera que el ciclo completo sean 75.
Como ya he apuntado anteriormente, los persas conocían una aplicación de las fardarias a la astrología mundial. Pero resulta que aquí la secuencia de los periodos es diferente a la astrología genetlíaca. Los periodos planetarios se ordenan según la secuencia de las exaltaciones en el zodiaco, y aquí entran en juego también los nodos, ya que según una doctrina antigua, la Cabeza del Dragón se exalta a 3° de Géminis, y la Cola a 3° de Sagitario.
En el zodiaco sidéreo estos grados están muy cerca de la intersección entre la eclíptica y el ecuador galáctico (Via Láctea). No puedo entrar aquí en este tema, pero hay muchas razones tanto astronómicas como simbólicas para pensar que esta ubicación de las exaltaciones de los nodos tiene que ver directamente con esta intersección entre los dos círculos que forman el sistema solar y su nivel sistémico superior, la galaxia.
En un futuro artículo investigaré más de cerca la aplicación de las fardarias en la astrología mundial, y su interesante relación con el ciclo precesional y el Gran Año platónico.


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