miércoles, 7 de enero de 2015

Conocimiento y universidad. Por Jesús Navarro.












Jesús Navarro. Zaragoza (España).

Artículo publicado por el periódico La Vanguardia, 10/02/2002. El autor es doctor ingeniero en Telecomunicaciones y catedrático de Ingeniería Electrónica y Comunicaciones (Universidad de Zaragoza).
La astrología emerge en un contexto (Mesopotamia, segundo milenio a. de C.) de observación sistemática y técnicas matemáticas rigurosas, alejado de lo fantasioso u onírico. Sometida a un progresivo proceso de profundización, se hace merecedora del nombre de ciencia: “Comparadas con el trasfondo de la religión, de la magia y del misticismo, las doctrinas fundamentales de la astrología son ciencia pura”, dice O. Neugebauer refiriéndose a la época helenística. En dicha evolución, los ataques los recibe cuando, degradando su condición de conocimiento riguroso, cae en las garras de la superstición.
Modernamente, debido a la variación histórica de los referentes de cientificidad, la astrología pierde su antiguo estatus. La ciencia actual se basa en un paradigma disociativo y reduccionista, donde conocedor y conocido son realidades radicalmente separadas; mientras la visión del mundo que caracteriza lo astrológico es sistémica y holística, postulando la sintonía entre el universo y sus partes, observador incluido. Dirimir entre ambos presupuestos resulta filosóficamente problemático, así como fijar criterios estrictos para aceptar, o no, un área de conocimiento como “científica”.
Operativamente es defendible dar por bueno un determinado paradigma, pero ello no excluye la potencial validez de los restantes. De hecho, en la filosofía del siglo XX se crítica el positivismo racionalista y el conocimiento científico moderno como criterios excluyentes de verdad o de acceso a la realidad.
Por otra parte, la genuina astrología es ajena al fatalismo. En el“Enuma Elish” (poema babilónico de la creación) veía el trabajo humano como sustitutorio del de los dioses, control del destino incluido, contando los hombres para ello con la ayuda de los mensajes astrológicos. Y en el “Tetrabiblos” se lee: “No hay que pensar que lo que ocurre a los hombres por los cuerpos celestes sea inevitable, como algo fatal que el hombre no puede apartar”, postulando concordancia y semejanzas (no influencias) entre ambiente y neonato. Este posicionamiento ptolemaico tiene continuidad hasta el presente (De Whol–astrólogo al servicio de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial– escribe: “[las configuraciones astrológicas] no traen necesariamente los acontecimientos /.../ Los aspectos astrológicos son como chispas. Tiene que haber material explosivo a la redonda si han de provocar una explosión”), y converge con los resultados experimentales de Gauquelin (el más famoso investigador astrológico del último siglo) sobre la herencia astrológica.
Sin embargo, como advierten los más relevantes autores astrológicos (Ramon Llull, entre ellos), la incidencia del mercantilismo, el agorerismo y las ansias futurománticas sobre la astrología ha dificultado su correcta comprensión y, más aún, su práctica consistente. En cualquier caso, gracias a trabajos de investigación llevados acabo durante el siglo XX, la naturaleza y posibilidades del genuino saber astrológico van siendo mejor aquilatadas. De hecho, empieza a tomarse conciencia de que las aportaciones astrológicas en el ámbito psicológico se mantendrían perfectamente en pie, a nivel simbólico, aunque no llegaran a confirmarse nexos objetivos entre los procesos humanos y las dinámicas astronómicas.
Pero también es un hecho el creciente número de datos experimentales proclives a lo astrológico, habiendo aparecido incluso hipótesis explicativas ofrecidas por científicos de prestigio (Seymour, Fuzeau-Braesch), a la par que las instituciones universitarias se van acercando a todo ello con el debido rigor académico. Por ejemplo, el Kepler Collage (Estados Unidos) impartiendo una titulación astrológica estatalmente reconocida; la Universidad de Southampton (Reino Unido) constituyendo un grupo de trabajo especializado en estos temas, o la Universidad de Zaragoza (España) ofreciendo una asignatura de libre elección sobre temática astrológica.