sábado, 31 de enero de 2015

La herencia astral. Por Vicente Cassanya.









LA HERENCIA ASTRALPor Vicente Cassanya.










¿Sabías que algunas de las posiciones astrales más relevantes de las cartas astrales de los padres las heredan los hijos? Seguro que te sorprendería saber qué planetas han heredado de ti o de tu pareja tus hijos o cuáles has heredado de tus padres. Quienes, además de su signo zodiacal, conocen los Ascendentes y las Lunas de los miembros de la familia, saben que hay una suerte de coincidencias entre los signos solares, las Lunas y los Ascendentes de unos y otros.








Pero la herencia astral no se limita a un juego de soles, lunas o ascendentes, sino que, de padres a hijos, se transfieren los planetas que ocupan unos lugares concretos del horóscopo. Aunque no todos los hijos heredan los mismos planetas. Que hereden uno u otro influirá sobre su temperamento en primer lugar, sobre sus inclinaciones o habilidades profesionales, después, y sobre su descendencia finalmente, condicionando su futuro.
Quienes tenemos varios hijos sabemos que no todos son iguales, ni mucho menos, aunque intentemos darles la misma educación, etc. Esto es algo que explica muy bien el asombroso fenómeno de la herencia astral, una de las más notables investigaciones astrológicas del siglo XX –llevada a cabo por el psicólogo francés Michel Gauquelin.

Dichosa serendipidad

Mucho antes de graduarse en psicología por la Universidad de la Sorbona, en París, Michel Gauquelin sentía atracción por el mundo de la Astrología. Su padre era dentista, pero con una gran afición a la Astrología. Y el joven Gauquelin empezó a leer aquellos libros que su padre tenía en las estanterías. Sin embargo, veía con ojos críticos las aseveraciones de la mayor parte de los astrólogos, porque –según él- solían basarse en creencias con poco fundamento. El creía que una gran parte de la astrología era una falacia, y decidió aplicar el método científico para despejar dudas.
Las estadísticas ya habían sido utilizadas antes en el mundo astrológico, especialmente por parte de dos astrólogos: el francés Choisnard y el austriaco Kraft, que trabajó al servicio de Hitler. Sin embargo, la falta de rigor en sus trabajos y los pequeños muestreos sobre los que se elaboraron dejaban sus conclusiones como meras anécdotas.
Gauquelin emprendió, por primera vez en la historia, un trabajo estadístico descomunal sobre Astrología, tanto por el enorme muestreo como por el rigor matemático con el que fue realizado. Sin embargo, se encontró con una extraña sorpresa, según confesó él mismo (Los relojes cósmicos, Michel Gauquelin, Plaza y Janés. Barcelona, 1970):
“Hacia 1950, estaba preparando mi estudio crítico de la astrología tradicional cuando, muy contra mi voluntad, me encontré frente a un resultado de lo más extraño. En uno de mis datos, que consistía en la fecha de nacimiento de 576 miembros de la Academia Francesa de Medicina, la frecuencia de la posición de ciertos planetas era completamente inusitada”.
Gauquelin tropezó con la serendipidad, eso que muchas veces les pasa a los investigadores: buscando algo, encuentran otra cosa. Y no podía creer lo que estaba viendo, así que decidió ir un paso más allá.
“Este fenómeno inexplicable me preocupaba; decidí no profundizar demasiado en él, sino repetir la investigación y ver si tan extraña relación se repetía. Reuní, pues, una nueva selección de 508 médicos eminentes. …
Al final del segundo estudio, me encontré ante las mismas conclusiones: igual que el primer grupo, éste con terca insistencia, acusaba el hecho de que las fechas de nacimiento de los médicos famosos se arracimaban en torno a la salida o culminación de Marte y Saturno. Aparecía, pues, una correlación innegable entre la salida y culminación de estos planetas al nacer el niño y su éxito futuro como médico”.
El significado estadístico era importante: solo había una posibilidad entre varios millones de que estos resultados se deberían al azar. Con estos trabajos publicó, en 1955, su primer libro titulado L'Influence des Astres.
Estos sorprendentes hallazgos y las objeciones de los científicos, como luego veremos, le animaron a continuar. Durante los tres años siguientes, con ayuda de su esposa Françoise Schneider, siguió recopilando datos hasta reunir 25.000 cartas astrales, de varios países (Italia, Alemania, Bélgica y Países Bajos) y distintas profesiones. Los resultados estadísticos fueron abrumadores y se publicaron en 1960 en Les Hommes et les Astres. Este estudio le abrió nuevos horizontes: descubrió que, además de Marte y Saturno, otros planetas también señalaban el éxito en otras profesiones y, además, determinaban el temperamento. Muestra maravillosa de estas investigaciones, sobre las que más tarde profundizaría, es su excelente libro en castellano La Cosmopsicología, Ediciones Mensajero. Bilbao, 1978.

La herencia astral

Inquietantes preguntas se desprendían de los trabajos de Gauquelin. Una de ellas era: ¿por qué nacemos en un momento dado y no en otro?
La respuesta parece hallarse en que -además de la naturaleza, los animales y las plantas- también los humanos respondemos a una especie de reloj biológico que podría estar en función de la herencia genética manifestada a través de la herencia astral.
Michel Gauquelin escribió en L’hérédité planètaire (Planéte, 1966):
"Para demostrar la existencia de la herencia planetaria hay que probar estadísticamente que existen semejanzas entre la posición de los planetas al nacer los padres y al nacer los hijos.
Estudié durante más de cinco años las partidas de nacimiento de varios distritos de la región de París y reuní datos sobre más de treinta mil padres y sus hijos. Cuando los datos fueron sometidos a análisis estadístico, la magnitud de la semejanza hereditaria era tal que no podía ser atribuida al azar.
Para ser exactos diré que sólo había una posibilidad entre medio millón de casos de que los resultados fueran casuales".
Los Gauquelin demostraron en este libro sobre la herencia planetaria, escrito en 1962, pero publicado en 1966, que había correlaciones entre los planetas predominantes en padres e hijos, en particular con la Luna, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. No obtuvo resultados con los otros planetas. Sin embargo, esta tendencia hereditaria se rompía cuando el nacimiento era por cesárea o provocado. Y añadía otras observaciones fascinantes, como al afirmar que si un niño nace en un día que haya perturbaciones geomagnéticas, el número de semejanzas hereditarias es el doble de grande que en días normales, lo que permite pensar que el campo solar tiene mucho que ver en estas influencias planetarias.

Esto es una parte del artículo de ocho páginas publicado en la revista Tu Suerte nº 219, del mes de septiembre de 2013.

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