lunes, 9 de febrero de 2015

Errare humanum est, y si Dios quiere. Por Javier Aragone.











ERRARE HUMANUM EST, Y SI DIOS QUIERE


h_gana_uy_partido_col_el_28_600.jpg    Llegó el momento de filosofar un poco (por decirlo de alguna manera) y hablar de algo que hasta ahora se vino posponiendo, que forma parte de mi modelo del mundo y mis creencias.
    Sí, ya lo dijo Séneca hace siglos, errar es humano.  Yo soy humano, así que también me toca, puedo errar.  Está dentro de la naturaleza  humana, las leyes del juego.  ¿Quién no puede errar?  ¿Hay alguien que nunca ha errado o que nunca erra?  Pues quien esté libre de pecado (error, errar, no dar en el blanco, no alcanzar una meta, camino u objetivo en sus orígenes etimologicos griegos y hebreos aunque luego toma otras connotaciones religiosas) que  tire la primera piedra.  Así que erré, erro, y puedo aún errar en el futuro.
    La cuestión es capitalizar el error, aprender de ellos.  Y aún así, por más que se aprenda y escalemos en el conocimiento, las ciencias, las atres, la mestría de lo que sea,  siempre hay un margen al que no llegamos, un límite que parece topearnos, una zona de no acceso, de incertidumbre, misterio, de interrogantes sin respuesta.  Es en esa zona donde no queda más que rendirnos, con las capricornianas rodillas en el suelo, signo de humildad, ante Dios.
    Porque Dios existe, es inherente a la Vida, está en el origen, causa y fin de todo, lo conocido y lo desconocido.  Por decirlo de manera simplista y general.
    Con las ciencias nos vamos acercando a Dios y los reinos de la espiritualidad.  Es una realidad que nos viene cada vez más de la física cuántica y sus conceptos.  Pero a cada acercamiento, nuevas interrogantes nos distancian de ese punto que es Dios, la energía suprema.  Y seguirá siempre así mientras estemos en el plano humano.  Aunque dentro de nosotros esté la chispa divina original, y nuestro destino final sea la vuelta al origen, y ser los dioses que en el fondo somos, de mientras seguimos siendo humanos.  Ergo, con límites y cometiendo errores.  Propios del proceso evolutivo.  El sentido del error es correctivo, señalarnos que por ahí el camino no va.  Nada más y nada menos que eso.  Hacer las correcciones pertinentes, retomar el camino, y seguir avanzando.

    Por otro lado, como siempre, la Tradición es sabia.  Y los avances de la ciencia en diversos ámbitos no vienen más que a confirmar lo que ella  nos legó.  Y de aquí paso más concretamente a la tradición astrológica.  Y más puntualmente al LIBRO CONPLIDO DE LOS IIUDIZIOS DE LAS ESTRELLAS (algo así como “el libro verdadero sobre los juicios de las estrellas”) de Alí Ben Ragel.  Ben Ragel tradujo en 1231 del árabe al español todo conocimiento astrológico que de fuentes romanas o helenísticas le llegaron, más su propia experiencia de astrólogo, especialmente de astrología  horaria.  Es una suerte de biblia de astrología, y horaria en particular, miles de páginas, que emanó su influencia, directa o indirectamente, a veces desdibujada, durante los siglos siguientes, a la astrología medieval, la renacentista, y hasta al mismo William Lilly.  Es una fuente de conocimiento aparentemente inagotable, un libro que uno nunca termina de leer, siempre hay algo para aprender y atesorar de sus líneas.
    Mas gran sabio Ben Ragel, especialmente cuando de previsión o predicción se trata.  Siempre termina o empieza nombrando, invocando a Dios.  A modo de ejemplo voy a mencionar algunas de sus frases que surgen al espigar al azar entre sus páginas:

          ... y a través del domicilio de la Luna sabrás como terminará, si Dios quiere.
          ... piensa, mira y estudia lo que te hemos dichos y acertarás y encontrarás, con el beneplácito de Dios.
          ... deduce las cosas por tu entendimiento y acertarás, con Dios, si Él lo permite.
          ... acabará en paz y armonía, si Dios quiere.
          ... si Dios quiere (este fin de frase aparece por doquier).
          ... mostrándonos las cosas que pasarán, por la voluntad de Dios.
          ... si hay determinación de producirse, con la voluntad de Dios.
          ... si se encuentra en el Medio Cielo, según todo ello juzga y acertarás, si Dios quiere.
          ... corresponde el bien o el mal cuando los hombres en encuentren en ella, si a Dios place.
          ... con la gracia de Dios.
          ... y dile que todo ha de desarrollarse de modo correcto y afortunado, con Dios.
          ... pero si la Luna es la que estaba en aquella hora conjunta con Júpiter o con Venus, ocurrirá felizmente, con Dios.

dios_gloria_ezequiel.jpg    Con muchas mas semejantes podría seguir.  Lo que quiere decir, y con lo cual concuerdo totalmente, es que por más que estudiemos la Astrología, que es una ciencia divina a través de la cual Dios nos habla (concepto que también tenía de la misma Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, y vaya si vale su opinión, que son contados con los dedos de las manos los Doctores de la Iglesia), nunca, pero nunca debemos olvidar que Dios está por encima de ella, y que si bien puede hablarnos a su través, también puede en su Omnipotencia y Omnisciencia obrar en última instancia de otra manera, diferente de la indicación de los astros.  Los astros le obedecen, pero Él más allá de ellos, puede hacer su Voluntad, sea ésta cual sea.
    Esto es especialmente válido cuando de pronosticar se trata, y no debemos olvidarlo.  Podemos ver claramente fundados en los datos celestes que puede ocurrir esto o aquello, es muy probable que ocurra, casi seguro, porque otras veces las reglas o configuraciones o posiciones astrales han dado tal resultado, y como toda ciencia, se constata que con tales causas vienen determinados efectos, ya conocidos y comprobados.  Y pasa siempre.  No, casi siempre, en un altísimo porcentaje.  Porque Dios siempre tiene la última palabra y puede hacer su Voluntad, más allá de toda previsión.
    Por eso debemos ser humildes, y aunque parezca todo más que seguro y la tendencia sea esa que vemos que es y como que no hay otra, siempre puede haber otra, porque Dios en uso de su Voluntad puede hacer otra cosa.  Si no no sería Dios.  Si no no seríamos humanos.

    Es conveniente también comentar que hay muchísimas técnicas astrológicas, así como escuelas.  Me sumergí en muchas y me fui quedando con lo que comprobaba funcionaba más y mejor.  Pero aún con la mejor de las técnicas siempre aparece algún caso, aún en astrología natal, o eventos de la carta anual, al verificar eventos del pasado, etc que parecen astrológicamente casi inexplicables.  Hay indicadores astrológicos, sí, pero son muy débiles o poco congruentes en relación a la realidad acontecido.  Ergo, volvemos a lo anterior:  Dios tiene la última palabra.
    Desde otro ángulo y con otros matices sugiero lean LA MUERTE Y LA ASTROLOGÍA.

    Sintetizando, errar es humano.  Soy humano.  De los errores siempre se aprende algo.  Y se mejora.
    Yo hago mi trabajo lo mejor que puedo.  Luego el resultado será o no será según sea la Voluntad de Dios.