viernes, 20 de marzo de 2015

Sobre la Astrología y la Verdad. Un diálogo entre astrólogos.












Sobre la astrología y la verdad. Un diálogo entre astrólogos.
Por Alejandro Lerman

Fuente: www.astrologosargentinos.blogspot.com/E-mail: alejandro_lerman@yahoo.com.ar
En memoria de Salvador Lerman y Teodora Gelman


“…Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”
(de Las ruinas circulares; Jorge Luis Borges)

¿Con qué deseo se articula el camino de aquel que direcciona su andar hacia la conquista de La Verdad? ¿Podemos decir que existe una verdad tal capaz de ser pronunciada en mayúscula? Estas son algunas de las preguntas que motorizan el presente escrito, nacidas del intercambio con colegas astrólogos.
En la medida que la astrología encuentra como práctica privilegiada aquella que se circunscribe a las coordenadas del dispositivo de la consulta astrológica, en donde la capacidad del astrólogo de ser sensible al otro definido como consultante determina el aporte efectivo que el primero pueda ofrecerle al segundo, considero que el desarrollo del talento de poner en entre dicho nuestras propias verdades resulta un paso ineludible.
Preg: De acuerdo a mi partida de nacimiento tengo Ascendente en Capricornio, pero de acuerdo a la hora que dice mi madre tengo Ascendente en Sagitario. Ahora me estoy yendo a vivir a Ucrania gracias a una beca que gané para perfeccionar mis estudios en odontología. Un astrólogo me dijo que era una escena de destino de mi Ascendente en Sagitario, otro me dijo que lo era de mi Ascendente en Capricornio. Me exaspera que los astrólogos podamos ser tan contradictorios, y más me enerva ser astrólogo y no saber con certeza cuál es mi carta natal. ¿Vos qué pensás?
Resp: En primer lugar, pienso que a los fines de lo que profundamente la astrología puede aportarnos, esas contradicciones y esa pregunta, no son tan relevantes. En segundo lugar, creo que sobre un mismo hecho hay infinidad de lecturas posibles, todas válidas en la medida en que se pueda situar a partir de qué indicio se llega a determinada conclusión, y admitiendo que ésta es siempre parcial y relativa. Tu exasperación frente a las contradicciones, por ejemplo, para mí puede llegar a resultar un indicio de que tu Ascendente es Capricornio.
Preg: (risas) Pero si toda conclusión fuera relativa, lo que sostenemos los astrólogos, que el Universo es una unidad, ¿no dejaría de ser cierto?
Resp: Te digo mi opinión, y voy a ser extenso porque me parece que tu pregunta nos lleva a tocar un punto crítico de la astrología; al menos en cuanto lo que refiere al modo en que fue instrumentada a lo largo de su historia. Este punto es el vínculo de la astrología con la verdad.Si es cierto o no es cierto es algo imposible de decidir. Lo cual no nos priva de que podamos creer en ello. Yo creo en la astrología, aunque me reservo de opinar acerca de si eso implica creer que “el Universo sea una unidad”.
Preg: Pero si crees en la astrología eso quiere decir que admitís que lo que ella afirma es verdad…
Resp: No. Eso no lo puede afirmar ni yo ni nadie. O en todo caso, lo puede afirmar todo aquel que se le antoje, pero por más indicios que aquel señale, por más resonancias a partir de las cuales se sienta convocado de afirmarlo, si con ello pretende haber dado con una verdad que es extensiva a todo el mundo, una verdad a partir de la cual se ilusiona con saber quién es el otro, quién es él mismo, qué es el Universo, cuál es el futuro, qué es lo que está ocurriendo en el presente, qué ocurrió en el pasado; digo, si con ello pretende haber dado con una verdad última, absoluta, inconmovible por fuera de los argumentos que se le puedan anteponer, mi opinión, es que está pecando de soberbio.
Preg: ¿Por qué?
Resp: En primer lugar, porque ahí ya es imposible el diálogo y el vínculo. O más bien, sólo queda una sola posibilidad de vínculo: la de someterse a la verdad última que aquel promueve, lo cual tiene como costo aplastar la propia singularidad, mancillar la propia vitalidad creativa. A mi juicio, no es negocio.En segundo lugar, porque sea cual fuere la creencia que uno sostenga –y por más que pueda resultar obvio no me parece que sea en vano marcarlo- por fuera de esa creencia persiste la pregunta que le dio origen. Quiero decir, no sabemos lo que es el Universo, ni sabemos quiénes somos. Dicho filosóficamente y siguiendo a Heidegger: no hay Ser, se da Ser. No hay un sentido oculto entre las cosas que uno viene descubrir. El sentido se produce, se crea; continuamente se inventa. Tomando a Nietzsche podemos decir que la necesidad se afirma en el azar, en el sentido exacto en que el ser se afirma en el devenir y lo uno en lo múltiple; frase que condensa al menos lo que yo creo.Nadie sabe lo que es el Universo, y eso, entre otras cosas, porque el Universo está en continuo movimiento. El día que encontremos un punto fijo seguramente podremos hacer palanca junto a Arquímedes y lograr mover el mundo en la dirección que queramos. La astrología es un lenguaje que da cuenta de lo que está y estará eternamente abierto.En la medida que uno tiene en claro que siempre se habla desde una creencia, uno sabe que todos los discursos parten de un principio acrítico, no fundamentado e imposible de fundamentar. Pongo como ejemplo la pregunta paradigmática que recorre la astrología: ¿Existe una relación intrínseca entre el cielo y la tierra? Esta es una pregunta, de nuevo, imposible de responder en términos estrictos, en términos de verdad-verdad, ya que, y dicho sea de paso, nada puede ser afirmado en esos términos. Es un imposible. Lo cual, y otra vez, no impide que nos sea legítimo apostar por una respuesta y creer firmemente en ella, pero agenciándola sólo en tanto verdad subjetiva. Nuestra verdad. Mi verdad. La verdad de cada cual. Una respuesta provisoria y parcial frente a una pregunta eterna. Porque dicha apuesta se realizará inevitablemente sobre un agujero, sobre un misterio, sobre una incógnita que siempre permanecerá abierta. Y esto tanto si se responde la pregunta por la positiva como por la negativa, y si es el caso que se le quiere dar una respuesta.Como te dije, yo creo en la astrología, y por tanto, yo creo en dicho vínculo, apuesto por él cada vez que hablo en calidad de astrólogo y cada vez que establezco asociaciones de acuerdo al simbolismo que ella provee. Se me ocurre decirte que yo creo en la astrología como un lenguaje que permite desplegar la pregunta por dicha relación, lo cual creo que habilita un determinado tipo de percepción, y la cual tiene como origen una vivencia absolutamente singular.Pero vale decir, que como todo lo que decimos, como todo aquello en lo que creemos, se sostiene sobre un profundo misterio, para vincularnos en salud, nuestro decir tendremos que sostenerlo con argumentos, en donde la capacidad de argumentar y la capacidad de poner en entre dicho nuestros propios argumentos, creo yo, tendrá mucho que ver con la calidad de vínculo que podamos llegar a entablar.
Preg: ¿Qué supone para vos esto que decís en relación a nuestro hacer en tanto astrólogos?
Resp: Ante todo, supone asumirse responsable de las lecturas que uno hace, que dicho sea de paso no son más que eso: lecturas. Supone que cada vez que hablo me hago responsable de lo que digo, esto es, que tengo que responder por aquello que digo, tengo que dar cuenta desde qué lugar hablo cuando digo, y tengo que implicarme en eso que digo. Exagerándolo para ser claro: anteponer mi nombre propio a cada lectura que hago y no decir en nombre de una supuesta astrología que habla por sí misma. La astrología no es un saber, es un lenguaje; por sí misma, no dice nada.Hacerle decir a la astrología hace que la posición desde la cual habla el astrólogo quede invisibilizada, teniendo allí un carácter operante el supuesto de la astrología como lugar de la verdad absoluta, del saber revelado, lo cual genera a su vez el autoengaño y la ilusión de que el astrólogo es aquel que se encuentra ubicado en un vínculo particularmente íntimo y estrecho con aquello que se encuentra operando como Verdad.
Estoy hablando de un antiquísimo arquetipo que aún hoy produce vastos efectos colectivos en todos los territorios y disciplinas de la humanidad que se articulan con el saber; que en lo que refiere específicamente a la astrología se sostiene en el supuesto sombrío a partir del cual se concibe la creencia de que el astrólogo viene a iluminarnos, o dicho de otro modo, que el astrólogo es oráculo de La Verdad, que el astrólogo es una suerte de iluminado. Con cierta licencia poética podríamos pensarlo como la astuta manera en que Hermes juega a esconder a Plutón bajo las aguas de Neptuno.Esto fue y es, hay que tenerlo bien en claro, un problema de los astrólogos, no de la astrología.
Preg: Si la astrología no es un saber. ¿Cuál es ese lugar desde el cual ejercemos nuestro trabajo? ¿Qué nos autoriza como astrólogos?
Resp: Dicho psicoanalíticamente, el de un sujeto que sabe que no sabe. Y como sabe que no sabe, no le queda otra alternativa que apostar e implicarse en su acto. En la medida que uno apuesta a sabiendas que no hay garantías de lo que dice o de lo que hace, que acepta el riesgo de que su acto no se apoya en ninguna verdad última, que tiene el coraje de actuar asumiendo sus propios límites y reconociendo los del otro, uno se asume en tanto sujeto del inconsciente; un sujeto creativo, un sujeto que se produce en el vínculo y que es efecto de éste.Por tanto, si somos capaces de reconocer que no hay verdad de la verdad, es decir, un fundamento último que opere de garante de aquello que afirmamos en tanto verdadero, o dicho de otro modo, que hablar desde una verdad entendida como última revela un lugar imposible, al mismo tiempo que esto nos conduce a reconocemos en una ignorancia primera, una docta ignorancia -docta en tanto que ésta depende que seamos conscientes de ella-, nadie ni nada nos autoriza a ejercer nuestro rol de astrólogos sino nosotros mismos. Parafraseo una frase de Lacan transfiriéndola al campo de la astrología; digo: cada astrólogo se autoriza a sí mismo.
Preg: ¿Pero esto no supondría que desde el lugar de astrólogo cualquiera podría decir cualquier cosa?
Resp: En primer lugar, en términos descriptivos, concedeme que desde el lugar de astrólogo cualquiera dice cualquier cosa. Esto es algo que efectivamente sucede. Pero eso no debiera ser así, no para mí, y no es esto en modo alguno lo que estoy avalando y mucho menos alentando. Y digo que no debiera ser así porque el lugar desde el cual ejercemos nuestro rol de astrólogos implica una función. Esto es lo determinante.Dicha función se pone en juego en la dialéctica de un vínculo asimétrico como lo es el que existe entre astrólogo y consultante: hay un sujeto que demanda algo por un lado, y, por el otro lado, hay un sujeto que se supone que sabe, que sabe algo respecto a aquello que se demanda.
Tener presente esta dinámica transferencial en la que se inscribe toda consulta astrológica, a mi entender, es fundamental. Y estar a la altura de la función que convoca ese lugar del vínculo, no sólo conviene pensarla como un fin deseable, sino como una exigencia para todo aquel que quiera aventurarse en este trabajo. Exigencia, agregaría, de cada cual consigo mismo. Porque hay una dimensión ética que nos involucra con todo aquello que decimos y con todo aquello que hacemos, lo cual a mi entender se refuerza cuando decidimos ejercer un rol como lo es el del astrólogo.
Preg: ¿Qué querés decir con esto?
Resp: Que todo aquel que ocupa el polo estructurante en un vínculo es responsable de los efectos que susciten sus intervenciones en dicho vínculo. Y vuelvo, responsable en tanto que tiene que responder por sus intervenciones, tiene que dar cuenta en qué medida su intervención se concilia con la función que corresponde al lugar desde el cual la realiza. Sea un astrólogo, un terapeuta, un docente, un padre, una madre, etc. Y con esto lo que quiero remarcar es que para desarrollar nuestra práctica es fundamental saber acerca de sus límites y tener bien en claro cuál es la función que estamos llevando a cabo.
Preg: ¿Y cuál es para vos esa función?
Resp: Tu pregunta toca otro de los puntos que considero críticos de la práctica astrológica, en la medida que considero que aún no se encuentra lo suficientemente elucidado y mucho menos consensuado por la comunidad de astrólogos –si es que se puede decir que existe tal comunidad-. Lo cual me parece un asunto bastante grave. De todos modos, te propongo dejar abierta la pregunta para una próxima conversación.
Preg: Me lo quedo pensando. Hay algo que todavía no me respondiste… Para vos, entonces, ¿tengo Ascendente en Sagitario o tengo Ascendente en Capricornio?
Resp: (risas) No sabría decirte. Lo que sí estoy seguro es que hoy fue tu destino escuchar unas palabras acerca de los límites que toda creencia tiene. Lo cual también puede resultar una creencia, y si tal fuera el caso, es una creencia en la que yo firmemente creo.