miércoles, 1 de abril de 2015

El descubrimiento de Ofiuco decretó el fin de la Astrología ?. Por Diego Bianchi.










El descubrimiento de Ofiuco decretó el fin de la Astrología ?




Por Diego Bianchi.

  
      El 14 de enero pasado, un artículo publicado en el periódico Star Tribune de los Estados Unidos, conmocionó al mundo entero.  Parke Kunkle, - un astrónomo miembro del Minnesota Planetarium Society  - hizo declaraciones que pusieron en tela de juicio la validez de la astrología.



        El científico recordó que los signos del zodíaco fueron determinados  miles de años atrás, por astrólogos babilonios, tomando en cuenta la alineación que en ese momento observaba nuestro planeta respecto de las constelaciones conocidas.

      Sin embargo, notaba que en la actualidad esta posición había cambiado, debido a la atracción gravitacional que ejerce Luna, posibilitando que la Tierra experimente un movimiento de "bamboleo"  en torno a su eje, similar al que realiza un trompo cuando es lanzado al suelo.

     Este proceso, conocido como “precesión terrestre”, ha creado un bache de un mes en la alineación la Tierra respecto de las estrellas.



          Concluía diciendo: Cuando los astrólogos modernos afirman que el Sol está en determinado signo, en realidad no se encuentra allí, sino en el  inmediato anterior. 



          Pero allí no acababan las  críticas… Según sus cálculos, los astrólogos  habrían omitido incluir como un 13º signo, a la constelación de Ophiuchus u Ofiuco, ubicada en la banda Zodiacal entre los signos de Escorpio y Sagitario. De tal signo serían los nacidos en el período que va del 30 de noviembre a 17 de diciembre.



          Semejante noticia provocó muchísimas dudas, no sólo entre la gente que ajena a estos temas, sino también entre algunos noveles colegas astrólogos como yo, que se vieron abrumados por la catarata de preguntas y cuestionamientos que se suscitaron como consecuencia de la difusión del citado artículo.



          De repente, Internet se inundó de mensajes que fluctuaban entre los que preguntaban cómo sería dejar de ser de  Escorpio o Sagitario, para pasar a ser de Ofiuco; y aquellos que directamente se  mofaban de la Astrología, seguros de haber finalmente dado con una explicación científica lo suficientemente sólida como para hacer trizas  el prestigio del milenario conocimiento.



         Así las cosas, y a pesar ya que han surgido algunos artículos de conocidos astrólogos que aclaran el tema con mucha más sabiduría de la que dispongo, he decidido aportar mi granito de arena, tratando de explicar de la forma más coloquial posible las inexactitudes en las que incurren los astrónomos cuando se deciden atacar a nuestra disciplina, partiendo desde la más absoluta ignorancia respecto de los postulados en que ésta se basa.



         En principio, es de destacar que Kunkle no ha inventado la pólvora. Sus conclusiones, lejos de ser novedosas y originales, forman parte de los mismos cuestionamientos que, como eternos fantasmas, reaparecen periódicamente para echar sombras sobre ella. Tampoco, - como muchos han entendido -, resulta ser el descubridor de Ofiuco. Esta constelación ya era una de las 48 listadas por el famoso astrólogo y astrónomo egipcio Ptolomeo, allá por el siglo I d.c.

                                                    



        Vayamos por partes….



        El movimiento precesional mencionado, es otro giro astronómico propio de la Tierra, al igual que el de rotación sobre sí misma (que dura un día) y el de traslación alrededor del Sol (de un año). Este es muchísimo más lento que los dos anteriores, ya que su ciclo tarda poco menos de 26.000 años en completarse



        Recuerdo que cuando aún era un adolescente, mi profesor de astronomía del primer año del secundario, nos explicó con cuidado esmero cómo funcionaba y  – al igual que Kunkle - aprovechó para exponerlo como “la razón fundamental” que desmantelaba y dejaba al desnudo los postulados de una “pseudociencia”, donde sus integrantes no se hacían cargo que cada 2.160 años, cada signo retrocede una extensión de 30 grados en el zodíaco.



       ¿Era mi profesor un ignoto y oscuro científico latinoamericano adelantado a su época que desenmascaró a los astrólogos 25 años antes que su par norteamericano?



        Nada de eso… La historia es bastante  más antigua.



        Existen registros que Hiparco de Nicea distinguió la precesión de los equinoccios con una aproximación extraordinaria para la época. Las fechas exactas no son conocidas, pero datan del 147 al 127 Antes de Cristo.



        Sin embargo hay evidencias de que este fenómeno ya era conocido, al menos en parte, por los antiguos sabios de la India. También el astrónomo babilonio Cidenas advirtió este desplazamiento ya en el año 340 A.C.



        Siendo que los  astrólogos antiguos eran perfectamente conscientes de este movimiento, ¿por qué no fue tomado en cuenta en los cálculos de los astrólogos occidentales?



        La respuesta es sencilla:

         El Zodíaco es una franja del cielo de 18 grados de ancho - llamada eclíptica - (1) , que se basa exclusivamente en el Sol, centro del sistema y fuente de toda vida en nuestro planeta.


       Por lo tanto, es absolutamente independiente de los miles o millones de estrellas y/o constelaciones conocidas o desconocidas, que más allá del sistema solar,  puedan estar ocupando un lugar en esa franja. Incluyendo a Ofiuco.


          Ello no debería sorprendernos, ya que nuestra existencia siempre ha transcurrido dentro de los límites de nuestro propio planeta. Seguramente, cuando la raza humana sea capaz de colonizar otros mundos del espacio sideral extraños al Sistema Solar, nos sensibilizaremos a otras energías que por ahora son totalmente ajenas  a nuestra consciencia.

        Los signos deben entenderse entonces como tonalidades energéticas que dividen esa banda zodiacal  - o recorrido solar - en 12 partes iguales, de 30º de arco cada una.



        Así podrían parangonarse con las notas musicales, que también están divididas en 12 (las siete básicas más sus bemoles y sostenidos) teniendo cada una de ellas una frecuencia vibratoria notoriamente diferente a las demás.



         Queda claro entonces que los signos no son constelaciones. Sólo llevan el nombre de algunas pocas de ellas, por el solo hecho de haber sido bautizadas hace miles de años, cuando la de Aries coincidía con el punto 0 vernal (2), o sea con primer signo. 



           Lo cierto es que los signos podrían haberse llamado de cualquier otra forma. Pero lo que nunca podrá cambiarse es su frecuencia vibratoria, que permanece  inalterada a través de los tiempos, independientemente de cual sea la posición del eje terrestre respecto del universo.



          Sin perjuicio de lo expuesto, debe puntualizarse que los astrólogos si tomamos en cuenta el movimiento de precesión y las diferencias de la orientación del eje terrestre respecto del espacio sideral, al momento de analizar las Eras. 


          Pero debe dejarse en claro que los patrones vibratorios transpersonales propios de cada uno de  estos larguísimos períodos, no afectan a una determinada persona en particular,  sino que generan un paulatino cambio de conciencia global en toda la humanidad. Por lo dicho, su estudio corre por otros carriles y en principio es irrelevante al momento de levantar  la carta natal de un individuo. 



          Actualmente se está finalizado un recorrido de más de dos milenios perteneciente a la era de Piscis y estamos ingresando a la de Acuario. Pero este es un tema aparte  que merece ser analizado en profundidad en  otro artículo.



(1) La eclíptica es la banda circular que define el plano que contiene a la órbita que la Tierra recorre alrededor del Sol. Visto desde la Tierra, es la región del cielo que recorre el Sol al moverse por el cielo.



(2) El punto cero en la eclíptica se estableció usando el equinoccio vernal (que significa ‘de la primavera’) en el hemisferio norte —el 21 de marzo— la jornada durante la cual el día y noche tienen la misma duración en todo el planeta (la palabra «equinoccio» proviene del latínaequi noctium, que significa ‘igual noche’). Este punto se define matemáticamente usando el punto de intersección entre el ecuador celeste y la eclíptica (el plano formado por la órbita de la Tierra).




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