martes, 14 de abril de 2015

El origen de Todo. Por Alejandro Fau.









 

Astrología Avanzada: Introducción - El origen de Todo.

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¿Alguna vez reflexionaron sobre qué es lo único esencial para que todo exista, las galaxias, los pianos, los gatos, los paraguas, las flores y aún las telenovelas? ¿Alguna vez se preguntaron sobre cuál es la condición insustituible para que algo -aún el amor, las hamburguesas y las guerras-, cualquier cosa, sea y exista? O... ¿alguna vez se preguntaron, en verdad -queridos astrólogos/as-, de qué nos habla verdaderamente la Astrología?
Alejandro Fau | Astrología Avanzada: Introducción - El origen de Todo.
“Debemos diferenciar lo desconocido de lo simplemente olvidado”
C. G. Jung
Muchos dicen ser Astrólogos, pero casi ninguno en verdad sabe de qué está hablando cuando dice eso. La mayoría tiene una visión meramente antropocéntrica producto de una cultura del egoísmo mamada desde que tenemos una “civilización” tal y como la concebimos actualmente. Simplemente creen que ella habla del “nosotros” y sobre el “cómo somos”, entendiendo ese nosotros como algo exclusivamente humano. Ese nosotros, el “nosotros” expuesto de ese modo, es solo una ínfima parte de lo que en verdad es, pues la astrología es muchísimo más que eso y, como la herramienta que simple y llanamente es, también es muchísimo menos. La astrología es un lenguaje, lo hemos dicho en incontables ocasiones e incluso muchos la aceptan como tal pero sin saber en verdad de qué nos habla. Pues todo lenguaje tiene un origen específico y un propósito, y luego es que aprendemos a aplicarlo a una multiplicidad de casos y cosas por simple comodidad, pues solo cada uno de los lenguajes puede expresar cabalmente conceptos muy específicos de un modo claro e inequívoco para todos sobre su significado. Pasa, por ejemplo, con el lenguaje de las matemáticas y los conceptos que supimos extraer de él y que aplicamos en el día a día para expresarnos y entendernos, o el de la física. Hablamos de cantidades, pesos y medidas, si somos verduleros por poner el caso, con solidez y aplomo sin que uno mismo o el otro crea o pretenda que somos Doctores en Matemáticas o en física. Por ejemplo, los sastres hablan todo el tiempo de medidas, talles (en tanto pesos y medidas) y precios, y nadie cree, y ninguno de ellos se cree por tanto, que sea un gran físico o un genial matemático o brillante economista; pero con la astrología no pasa eso sino todo lo contrario... De hecho, cualquier paparulo/a dice un par de términos astrológicos como al pasar y cree, y lo peor es que pretende hacernos creer, que es un genial astrólogo/a... y te cobrará mucho por ello aunque, como cualquier verdulero de ley, solo te esté mandando fruta.
lenguajeProbablemente el lenguaje de la física o el de la matemática sea tan incomprensible a la mayoría de las personas interesadas en la Astrología, como lo es el mismo lenguaje astrológico para un físico o para un matemático. No es mi propósito el enseñar aquí física o matemáticas a los astrólogos, ya que si éstos están interesados, y por cierto debieran estarlo, en estos temas pueden concurrir a infinidad de sitios muy idóneos en estas cuestiones para aprender e informarse; sino el de presentar tal vez a los físicos y los matemáticos el lenguaje de la astrología como un medio válido para ayudarlos a comprender aquellas cuestiones de difícil solución si es que son solo encaradas desde la estrecha mira de sus respectivas áreas, y puedan quizá ver la realidad de otro modo. No quiero con ello plantear la Astrología como una Ciencia en el sentido en que la ciencia se describe a sí misma, ya que no la es, pero sí dejar bien en claro que tampoco es una Religión, o una mera Superstición Pagana como la mayoría de ellos cree. Que exista un algo que esté más allá de la Lógica tal y como la conocemos, no implica que este algo no pueda describir la realidad de un modo cierto y a la vez práctico y funcional muy útil para la comprensión del todo que nos involucra. Considero que el pensamiento humano está lo suficientemente maduro para liberarse de tales prejuicios, aunque el accionar de la sociedad en su conjunto y sus especialistas, al menos externamente en sus pomposos discursos, nos de a entender todo lo contrario. Del mismo modo, me tiene sin cuidado lo que pueda decir la Religión al respecto de esto, ya que prefiero como interlocutor válido a la ciencia ya que siempre se ha preocupado por desvelar cualquier secreto, ampliar el conocimiento y hacerlo público y accesible para todos, y no a la religión de cualquier orden que siempre ha procurado disminuirlo, ocultarlo y restringirlo allí donde éste se encuentre para explotarlo solo en su exclusivo y mundano beneficio. El conocimiento es poder, y cuanto más libre y accesible sea mejor será para todos. Trataré por tanto, quizá aún utilizando lenguajes tan complejos como el astrológico o el fisicomatemático -amén del común y conocido español- dar una visión de las cosas de un modo lo suficientemente simple para que tanto iniciados como profanos comprendan de qué estamos hablando aquí, pues no es un tema fácil para nuestra consciencia, aunque creamos que así sea, el hablar simplemente del misterio más grande de todos: El tiempo.
Como dije en otros artículos anteriormente, la astrología nos dice que vivimos en un mundo compuesto de por lo menos doce dimensiones (12-D), pero que tan solo siete de ellas (7-D) son enteramente accesibles a la Consciencia Humana. Las cinco restantes, si bien pueden ser intuidas y comprendidas por ésta, están por encima de las posibilidades individuales del Ser en tanto lógica y razón tal como son concebidas en la actualidad por nuestras ciencias. La evolución de la conciencia media actual (y luego aplicado a todo aquello que consideremos como ser vivo o materia inerte por nuestra mente individual) se circunscribiría a tan solo a cuatro de ellas: Las tres que definen el Espacio Euclidiano (3-D) y la que denominaremos provisionalmente como Temporal-1 y que posibilita la existencia de éste y es inherente al mismo, la famosa cuarta dimensión (4-D). No es nuevo esto que digo, sino que es un algo sobradamente probado y utilizado en sus postulados desde la concepción espacio-tiempo unificado como un todo por A. Einstein, M. Plank, E. Schrödinger y otros ya en los inicios del siglo XX. Esta cuatridimensionalidad espacio-temporal está presente, de modo obvio, desde el mismísimo origen de todo de un modo enteramente manifiesto en el Universo y en ella actúan e interactúan todos los seres y las cosas. Las otras ocho restantes se encuentran implicadas en ellas y deben ser expuestas mediante una acción consciente, pues no son manifiestamente obvias para todos los que habitamos esta Tierra. Para utilizar terminología psicológica, diremos que éstas yacen ocultas en el inconsciente colectivo, o del Universo, para no extendernos en farragosas explicaciones sobre ello. La Auto-Consciencia constituye una quinta dimensión (5-D), que denominaremos también provisionalmente como Temporal-2, y que nos define a nosotros mismos como seres individuales, siendo por la volición consciente la posibilitadora de sincronizarse con cualquier otra entidad coexistente, tanto en ella misma como con las otras, para lograr manifestar así un orden-marco contenedor en el cual la mente pueda desarrollarse. Se me hace totalmente innecesario, por ahora, el abordar las siguientes dimensiones para evitar generar confusiones en el lector, debido al poco espacio del que dispongo aquí para explicarme debidamente, pero diremos, al menos vagamente, que las dos siguientes se corresponderían con lo que llamaré las dimensiones “emocional” (6-D) y la “espiritual” (7-D), y que completarían lo que puede ser enteramente concebido desde la actual Consciencia Humana, y que llamaré en su conjunto, a esta séptuple dimensionalidad, como el Alma Humana individual. Quizá en otra parte, un libro de texto tal vez, pueda explayarme más e incluso insertar algunas ecuaciones fisicomatemáticas que son tan caras al pensamiento científico lógico y racional, para explicarme de un modo más vasto y claro a esos especialistas, pero creo que con esto ya es suficiente para trazar los contornos de lo que quiero mostrar al respecto del “ser humano” tal y como lo definiría cualquier hijo de vecino.
Todo aquel que se llame a sí mismo astrólogo/a debe estar en condiciones de poder leer simultáneamente en esta séptuple dimensionalidad el “texto” escrito en lenguaje astrológico que representa a un individuo particular cuando observa una matriz natal. Si a esto sumamos que debe comprender la correcta y particular interrelación entre los diferentes símbolos inscriptos allí, la posición espacial y vibracional preferente que ocupa cada uno de ellos en los diferentes planos dimensionales de manifestación, y la dinámica vincular de cada uno y del conjunto; tenemos que no es una tarea sencilla el simplemente “reconocer” al individuo que tenemos delante en ese enunciado que representa lo que llamamos “Carta Natal”. Ni qué hablar si pretendemos averiguar lo que a éste le pasa... ¿Pero qué es lo que está leyendo el/la astrólogo/a en realidad cuando mira una carta astral? Está leyendo una combinación de “tiempos” que dan por resultado un solo “Tiempo”, el que representa el “punto de inicio” de un ser o entidad y el modo particular que tiene éste de desplegarse en los diferentes espacios que hacen a la existencia y que denominamos, simplemente, como la “realidad” de ese Ser en particular. Pero para continuar, es mejor que volvamos al principio de todo esto.
dimensiones-espacio-temporalesDesde nuestra percepción, es muy difícil imaginar alguna cosa que conste de solo una dimensión (1-D). Livianamente aceptamos aquello que nos han dicho en la escuela, que el modo de definirlo es a través de imaginarnos un punto que no tiene largo ni ancho ni alto, y seguimos como si nada. Pero detengámonos ahí, al menos por una vez, para comprender mucho de lo que hablaremos más adelante. ¿Cómo es que imaginamos ese punto? Inmediatamente puedo ver en sus mentes la conformación de un pequeñísimo círculo, pero que, aún muy muy pequeño, sigue siendo un círculo... lo que implicaría que por lo menos lo vemos en dos dimensiones (2-D). Mantengan la imagen y acérquense un poco más a él. Ya no se trata de un círculo sino de una pequeñísima esfera aparentemente sólida... lo que implicaría que lo estamos viendo en al menos tres dimensiones (3-D). Sostengamos esa imagen un momento y comprendamos la existencia de ésto. Ya desde que lo veíamos como un pequeño círculo es que aparece una primera noción de distancia, aunque mínima, en el diámetro que asignamos a ese círculo, y que se potencia aún más por medio de la expansión a la que acabamos de asistir en su transformación a esfera -el diámetro infinitamente pequeño de esa minúscula esfera-. Detengámonos nuevamente. ¿Qué está pasando aquí? Pues... que acabamos de dar existencia conscientemente a algo que denominamos “punto”, y en ese darle “existencia” es que desvelamos que aquello que creíamos tenía una sola dimensión en realidad tiene cuatro ¿Que por qué digo cuatro? Pues porque desde el mismo inicio está implicada esa dimensión que llamamos “tiempo” (la 4-D). ¿Que dónde es que está? Bueno pues, está desde antes del mismo “inicio”, aunque es más fácil comprenderlo si les digo que está presente cuando imaginamos ese pequeñísimo circulo pues aparece allí la “distancia” -en el diámetro, aunque ínfimo, del círculo-. Toda distancia implica en sí misma un “tiempo” que es el que tarda en recorrerse, y que aunque esta distancia sea en verdad ultra-diminuta... existe. A partir de ésto podemos decir que aquello que conscientemente aceptamos como “existente” implica necesariamente al “tiempo”, y con ello al menos cuatro dimensiones implícitas o explícitas.
Puesto lo que acabamos de ver en términos puramente astrológicos es que decimos que las cosas cobran una existencia “encarnada” recién en Cáncer, o recién en la cuarta fase de la dinámica de la energía. La mayoría de ustedes habrán oído decir a sus maestros de lo difícil, por lo abstracto, que resulta hablar de las tres primeras energías zodiacales (o de las tres primeras fases del desarrollo de la energía zodiacal, pues la energía siempre es la misma) representada por los signos de Aries, Tauro y Géminis; y que recién puede comenzar a hablarse en términos comprensibles para nuestra limitada mente humana recién a partir de Cáncer. ¿Por qué? Pues porque estando inmersos en una realidad “material” (tetradimensional) nos resulta muy difícil concebir la existencia de algo con menores dimensiones que ésta. Es por esa razón, primeramente, que no podemos imaginarnos simplemente un “punto” unidimensional e inmediatamente comenzamos a agregarle las restantes dimensiones hasta traerlo a nuestra “realidad” pensable... Un momento, detente ahí ¿estoy diciendo entonces que Aries, Tauro y Géminis en verdad no existen? Pues no, no dogo eso... aunque, bueno... eso dependerá de cómo se lo mire y del planteo filosófico que hagamos. Diremos que no “existen” en los términos en que concebimos la realidad material (cuatridimensional), pero podemos percibirlas a través de ella y reconocerlas como una parte constitutiva de la misma. Puesta la discusión en otros términos más cercanos desde lo cultural a todos en occidente, y en tren de incluirle otras miradas, ¿podemos cuestionar la existencia del Dios de la Cristiandad (por cierto, también planteado como una trinidad atemporal) solo por el hecho de que no podamos sentarnos materialmente frente a frente a charlar con él? Cualquier teólogo nos respondería con un rotundo NO y trataría con los medios a su alcance, como hacemos nosotros, de explicar su omnipresencia pese a todo. Entonces bien, decimos que la Energía “es” en Aries, que tiene “sustancia” en Tauro y que tiene “movimiento” en Géminis, pero que recién “existe” en Cáncer, pues todo lo anterior sucede en un no-tiempo (o en Tiempo=0); pese a eso jamás diremos que la dinámica zodiacal comienza recién allí porque no es cierto, ya que podemos verificar posteriormente las cualidades diferentes de estas tres fases anteriores en el desarrollo real de las fases que le siguen, y en la espiral de la recurrencia posterior claramente observable de su dinámica manifiesta en el mundo.
espacio-definidoA partir de todo esto es que se manifiestan diferentes posturas e interpretaciones, las que iremos explorando una a una, tanto dentro del campo astrológico como en el campo de las ciencias y las religiones, ya que a partir de ésta primera incógnita (mínimo retazo de lo evidente concebible para la mente humana) es que comenzamos a configurar el Todo y a nosotros mismos, y a desplegar los distintos razonamientos que formarán nuestros paradigmas con los que construimos e interactuamos luego en el Mundo. De esta pregunta inicial que todos nos hacemos en algún momento surgen ejemplos conocidos por todos, y otros no tanto, que se investigan en la actualidad, como ser: ¿El Universo ha tenido un comienzo o existió desde siempre? A partir de lo cual se plantean diferentes teorías Cosmológicas como las del “Big Bang” o de la “Eternidad Universal”; ¿Solo hay un Universo o los hay infinitos?, teorías de los “Multiversos”, “Universos Globulares”, “Universos Paralelos” y “Universos Anidados” -por poner solo algunos-; Dada la observable expansión del Universo actual... ¿El Universo va a contraerse en algún momento o se expandirá por siempre hasta su disolución final en una oscura “muerte térmica”?; Las actualmente famosas “Materia Oscura” y “Energía Oscura” ¿son los restos de Universos anteriores al nuestro, o la sustancia primordial con la que se irá construyendo el nuestro?, ¿será quizá nuestro destino transformarnos en ella (materia y energía oscuras) para dar nacimiento a un/os próximo/s Universo/s?... Todas y cada una de ellas tienen su contrapartida desde el punto de vista de las religiones: ¿Existe un Dios Creador o somos solo una casualidad?; ¿Hay un “cielo” y un “infierno” hacia el cuál vamos?; ¿Cuántos cielos e infiernos hay?; ¿Existe algo anterior y posterior a nosotros?; ¿Volveremos a unirnos a Dios o ya nos ha abandonado?...  Todas estas cuestiones, incluso aquellas que nos parecen novísimas, no son más que el reflejo de las omnipresentes preguntas que nos hacemos a nivel de la mente individual y grupal desde que el mundo es mundo: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Existe en verdad lo que llamamos “muerte”, o solo hay “eternidad” en diferentes estados?... Tanto la religión como la ciencia buscan dar respuesta a estos ancestrales interrogantes desde diferentes puntos de vista a lo largo de nuestra historia generando sus propios lenguajes para poder dar cuenta de sus propios razonamientos y justificaciones, provocando con ello discusiones y conflictos sin fin acarreando incluso gran parte del dolor, sufrimiento y destrucción que padecemos. Como en el conocido ejemplo de la Torre de Babel en donde el conflicto y el caos surgen del haber olvidado el lenguaje común que nos unía, es que se ha desembocado en el actual estado de las cosas. Es hora pues de recuperar esa lengua común unificadora. Es hora de traerla a la luz de la consciencia desde los oscuros abismos inconscientes en donde ha sido sepultada para volver a la coherencia y la cordura. Esa lengua común, anterior a las religiones y las ciencias tal cual las concebimos, es la Astrología.
Así pues, planteado todo ésto a modo de introducción, es que los invito a explorar profundamente este lenguaje a través de la serie de artículos que iremos desplegando, y que creo nos ayudarán a desplegar el conocimiento del que todos sin distinción somos depositarios desde el inicio de Todo. Desde el inicio mismo del Tiempo.


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