martes, 28 de abril de 2015

La función de las Dignidades en la Astrología Helenística. Por Rafael Gil Brand.













 

La función de las dignidades en la astrología helenística


(Ponencia presentada en el XXVI Congreso Ibérico de Astrología, 19-21 Junio  2009)


Fuerzas y dignidades en la astrología clásica

La astrología clásica conoce un número considerable de criterios, según los cuales un planeta cobra fuerza, dominancia o dignidad. Estos criterios incluyen conceptos muy diferentes, como la posición por signo, la ubicación por casa, la fase con respecto al Sol, o los aspectos recibidos. Por ejemplo, Abraham ben Ezra en su libro introductorio sobre los juicios de las estrellas, comienza por enumerar 16 condiciones en las que “se refuerza” el planeta, y que incluyen la aspectación o sitio por planetas benéficos, el contacto con Sol y Luna, la velocidad, el incremento de luz, la dignidad zodiacal, la recepción, etc. Después pone especial énfasis en la dignidad zodiacal, así como en la fase solar, diferenciando y complementando las condiciones previamente citadas.
Para citar otro ejemplo, William Lilly distingue entre dignidades o debilidades esenciales por un lado – en principio la posición en domicilio, exaltación, término, triplicidad o faz – y las fortalezas o debilidades accidentales por otro, que incluyen muchas de las restantes condiciones mencionadas por ibn Ezra, así como la posición por casa. Esta diferenciación entre dignidades esenciales y accidentales también la encontramos en Morin de  Villefranche, entendiendo por dignidad accidental en primer lugar la ubicación en casas cardinales.
En estos autores del periodo medieval (tardío) y renacentista encontramos una tendencia a juntar o sumar todos estos criterios, considerando a un planeta como más fuerte cuanto más condiciones favorables reúna, sea cual sea el tipo de fortaleza o dignidad subyacente.
Sin embargo vale la pena distinguir entre diferentes tipos de fuerza. No cabe duda de que los antiguos eran conscientes de tales distinciones, y tal vez los astrólogos helenísticos más que nadie, ya que no encontramos aquí ningún afán por “medir fuerzas” sumando puntos positivos y negativos, como lo hicieran más tarde los astrólogos europeos.
Una distinción general que se ofrece, muy acorde con la tradición, es la siguiente:
1. Calidad: la posición de los planetas en los signos es indicadora de la calidad con la que se expresa el planeta. Es decir, en la medida en que el planeta ocupa signos o grados zodiacales en los que posee dignidad, las significaciones del planeta se expresarán con más naturalidad y de manera más genuina. Lo que se fortalece aquí es la naturaleza y virtud intrínseca del planeta, otorgando seguridad, autoestima y confianza a las cosas que determina.
2. Cantidad: La dominancia de un planeta podemos medirla según su posición en las casas y en los ángulos. Un planeta en casas cardinales y/o cerca de los ángulos será más dominante. Un planeta caído de los ángulos, o en casas que no guardan relación de aspecto con la primera casa, será poco dominante. Este criterio indica la preponderancia de un planeta y sus significados en la vida del nativo, independientemente de su “bondad” derivada de su posición zodiacal, o de otras condiciones. Un planeta puede ser por ejemplo muy dominante, pero al mismo tiempo problemático a causa de una ubicación zodiacal difícil.
3. Apoyo o impedimento: La relación con otros planetas nos habla de ayudas u obstáculos con los que se encuentra el planeta. La capacidad de un planeta para desarrollar su función y cumplir con lo que promete se verá p.e. impedida por aspectos de planetas maléficos, o bien apoyada por los aspectos de benéficos.
4. Dinámica: La relación del planeta con respecto al Sol, que se traduce en visibilidad, luminosidad, velocidad y dirección de su movimiento, describe el dinamismo y la franqueza con que se expresa el planeta.


Las dignidades zodiacales

 

En esta ponencia nos concentraremos en las 5 dignidades zodiacales clásicas, y especialmente en el sentido y función originales de tales dignidades, tal y como se derivan de los textos astrológicos del período helenístico y romano. Estas cinco dignidades son el domicilio, la triplicidad, el término,  el decanato o faz, y la exaltación, que explicaré en este orden.
Normalmente solemos tener en cuenta – los que trabajamos con ellas  – dos aplicaciones de estas dignidades zodiacales:
a) Valorar o “medir” la fuerza intrínseca o esencial del planeta an cuestión. Esto viene a ser lo que he descrito arriba como criterio de calidad de un planeta.
b) Determinar el planeta o los planetas que asumen cierto gobierno o poder sobre un factor particular de la carta, a través del signo y del grado en el que se encuentra este factor. Por ejemplo, un Ascendente en 5° de Géminis en una carta nocturna se hallará en el domicilio, término y triplicidad de Mercurio, y en la faz de Júpiter. Estos planetas – especialmente el regente del domicilio – se considerarán dispositores o regentes del Ascendente. El planeta que más dignidades posee – en el ejemplo Mercurio – suele denominarse Almuten (“el vencedor”) del factor analizado. Este concepto de Almuten se aplica sobre todo al planeta que “vence” por regencia en un  grupo de factores que cooperan en una significación común (p.e. el Almuten común de Luna y Mercurio para describir el espíritu y la mentalidad del nativo).
En ambas aplicaciones suele utilizarse una puntuación, según la importancia otorgada a cada dignidad. La puntuación más sencilla y extendida da 5 dignidades o fuerzas al domicilio, 4 a la exaltación, 3 al término, 2 a la triplicidad, y 1 al decanato. Esta es la opinión de Ali ben Ragel y Al Biruni, pero hay otros autores, como Benn Ezra, que otorgan 2 fuerzas al término y 3 a la triplicidad. Al Biruni además nos transmite que entre los babilonios y los persas el decanato tenía más peso que el término y la triplicidad. Los hindúes por último suelen dar preferencia a la exaltación sobre el domicilio, práctica que entre los árabes solo se reservaba para asuntos relacionados con reinados y gobiernos.
De entre los planetas que rigen un factor dado, se da preferencia a aquél que lo aspecta o se halla en conjunción, siendo suficiente para ello la configuración por signo. Se dice de tal planeta que recibe al otro (en su domicilio, exaltación, etc.), y esta recepción será perfecta si el aspecto es pláctico y aplicativo, o diréctamente partil.
Este uso de las dignidades ya se ve prefigurado en la astrología helenística, al menos en parte. Sin embargo no encontramos aquí ningún indicio de que se dieran diferentes valores a las dignidades. Por el contrario, es obvio que cada una de las cinco dignidades zodiacales poseía una función específica, que no siempre compartía con las demás.


El zodiaco sideral

 

Aunque estas doctrinas helenísticas siguen vivas en la astrología árabe y del Renacimiento, la tendencia general en los últimos siglos ha sido a perderlas de vista, hasta el punto de olvidarse algunas de ellas, como los términos o las triplicidades, tan caras a los astrólogos griegos. El colmo de esta evolución – si es que merece tal nombre – es la eliminación completa de todo tipo de dignidad zodiacal, propagada por algunas escuelas modernas.
No es el lugar para analizar las posibles razones de tal amnesia, que seguro que son diversas. Pero una de ellas podría radicar en el uso del zodiaco tropical, que comenzó a establecerse definitivamente entre los astrólogos europeos a partir del siglo XIII, probablemente. Abraham ben Ezra (siglo XII), uno de los grandes eruditos de esta ciencia, nos introduce en la división de la esfera con estas palabras: “Dividieron (los antiguos) toda la esfera en 12 partes y llamaron a cada parte ‘signo’. Le dieron a cada uno 30 grados y cada signo recibió el nombre de la figura que se muestra allá”. Estas figuras a las que alude el autor son nuestras constelaciones estelares. Continúa enumerando los nombres de los signos, y luego dice: “Dichos signos están en la octava esfera con las otras figuras meridionales y septentrionales…” Es obvio que esta definición de los signos es sideral, y no tropical. Pero por si hubiera duda, quiero citar aquí un pasaje del “Libro de los Fundamentos de las Tablas Astronómicas”, del mismo Abraham ben Ezra. Tiene un capítulo  “de la división del círculo en 12 partes según (las) dos opiniones”, en el que explica:
“Ha de saberse pues que la división del círculo del firmamento por 12 se hace según dos opiniones, una según el conocimiento, la otra según el sentido de la visión; la opinión que es según el conocimiento sin duda es la opinión de Ptolomeo, y en verdad la que es según la visión, es la de los antiguos y los indios (hindúes), y cada una de ellas es verdadera y absolutamente necesaria para todo el arte. Pero la que es de Ptolomeo puede sostenerse por sí misma, la otra en verdad nunca (puede) sin la otra, porque la opinión de Ptolomeo es mediante la ciencia y la razón, la otra en verdad mediante la prueba de los juicios”.
Es decir, una de las divisiones, la tropical, es digamos científica y racionalmente definible por la interseción de la eclíptica y el ecuador, mientras la otra es comprobada por los juicios astrológicos. Esta segunda se deduce – restando el Ayanamsa, es decir el ángulo de precesión recorrido por el equinocio a partir de su coinidencia con el comienzo de Aries – de la primera, que se sostiene por si misma.
Más abajo Ben Ezra enumera una serie de aplicaciones de las tablas tropicales (que ha compuesto él mismo) para fines claramente astronómicos, para luego decir en el capítulo “de la segunda opinión por la que el círculo es dividido en 12 partes”:
“La segunda opinión según la cual los indios dividen el círculo del firmamento en 12 según el sentido de la visión, es necesaria para conocer los domicilios de los planetas y sus exaltaciones y los contrarios de los domicilios y de las exaltaciones, y los signos de las triplicidades y los términos y las faces…”, y sigue con diversos tipos de grados y otras divisiones clásicas de los signos zodiacales, que se usan todas con fines meramente astrológicos.
Simplificando, podemos decir con Ben Ezra que el zodiaco tropical ha de uzilizarse para el cálculo astronómico, mientras el zodiaco sideral se emplearía para la interpretación astrológica. Esta es la opinión vigente al menos entre la mayoría de los astrólogos árabes e hindúes. No cabe duda de que la doctrina astrológica se fundó desde un principio sobre el zodiaco sideral aquí descrito por Ben Ezra, aunque ya en época helenística empezara la confusión entre la definición tropical y sideral. Es a este zodiaco sideral al que me atengo a la hora de interpretar las posiciones zodiacales.


Las dignidades zodiacales en la astrología helenística

 

Pero volvamos a las dignidades zodiacales, tal y como se entendían a principios de nuestra era.
Para empezar, en la astrología helenística no aparece la palabra “dignidad”. Ptolomeo y otros autores hablan más bien de “familiaridad” de un planeta con diferentes sectores del zodiaco, refiriéndose concretamente Ptolomeo a los domicilios, triplicidades, términos y exaltaciones. Es decir, se establece una relación de parentesco o de pertenencia de un planeta a estos sectores.
Hay que tener en cuenta que en la astrología antigua cada sector del zodiaco se consideraba una especie de unidad o de espacio, que en cierto modo aglutinaba los diferentes factores ubicados en su interior. Esto es especialmente cierto de los signos – zodia en griego – que formaban unidades tanto en el sentido espacial como en el temporal. Así, el sistema de casas vigente en la astrología helenística, y aún en el primer periodo árabe, y que se sigue usando en la astrología hindú, cuenta signos a partir del ascendente (o de otro factor), siendo el signo en que se encuentra el ascendente (en su totalidad) la primera casa, el signo siguiente la segunda casa etc. También en la doctrina original de aspectos no encontramos aún la noción de orbe: dos planetas ubicados en un mismo signo se hallan en conjunción, independientemente de la distancia que los separe. Lo mismo vale para los aspectos propiamente dichos.
Como veremos más adelante, tanto los signos como los términos tienen una función importante a la hora de determinar espacios o fases de tiempo en los que tenderán a manifestarse las determinaciones de tal sector zodiacal y de su regente.


La regencia por domicilio

 

El término griego oikodespotés se traduce como “gobernador” o “señor de la casa”. Hoy en día utilizamos el concepto de “domicilio”, que viene a ser un sinónimo de “casa”, para diferenciarlo de las casas propiamente dichas. Pero esta distinción se hace necesaria únicamente a partir de que se utilizan sistemas de casas desiguales. Como hemos visto, en el sistema de casas original – denominado sistema de signos enteros – precisamente son los signos mismos los que definen las casas, según su posición a partir del Ascendente.
Los siete planetas visibles se reparten los signos del zodiaco según el siguiente esquema:
El Sol y la Luna rigen los signos Leo y Cáncer,  encabezando dos semicírculos de seis signos cada uno. Los restantes cinco planetas rigen respectivamente dos signos de polaridad diferente – uno en cada semicírculo – siguiendo el orden de su velocidad media: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y por último Saturno.


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Algunos se habrán preguntado el porqué de tal distribución. El esquema subyacente se orienta en la velocidad media de los planetas. Pero en el caso del Sol parece que no cuadra este esquema, ya que su revolución aparente es de 365 días, debiendo estar por tanto entre Venus y Marte.  Obviamente el ciclo que opera aquí es otro: el Sol tiene una rotación propia sobre su eje, y el ciclo sinódico de esta rotación es de 27,3 días. Es decir, un punto determinado del globo solar, después de haber girado en torno al eje solar, vuelve a apuntar a la Tierra después de 27,3 días. Esto es exáctamente el mismo valor que una revolución de la Luna alrededor de la Tierra. Por tanto, el Sol y la Luna no solo tienen el mismo tamaño, vistos desde la Tierra, sino que además giran con respecto a la Tierra en el mismo periodo de tiempo. Es más, según ha descubierto el austríaco Klaus Podirsky, las revoluciones de los planetas siguen una ley aritmética que tiene como base precisamente este ciclo de 27,3 días. Se trata pues de una especie de ciclo fundamental que articula los ritmos de todo el sistema solar.
Obviamente los domicilios planetarios se ordenan según estos ritmos, siendo la base el periodo de 27,3 días común al Sol y a la Luna, que por ello se reparten una pareja de domicilios. Los antiguos parecen haber “sabido”, aunque fuera por ciencia infusa, de la rotación solar y su similitud con la revolución de la Luna.
Pero volvamos a la aplicación práctica de los regentes de domicilio. No cabe duda de que para el astrólogo antiguo los domicilios eran los sectores de mayor “familiaridad” respecto a los planetas. De hecho, la palabra griega para “familiaridad” o “parentesco” es okeiosis, palabra derivada de oikos, que significa casa o domicilio. El domicilio es pues el lugar que mejor congenia con el planeta.
Pero el término oikodespotés para regente del signo indica también que este planeta tiene autoridad sobre todo aquello que sucede en este signo. Habíamos visto que en el sistema de casas original los signos se identifican con las diferentes casas del tema natal. La función más importante del regente de domicilio es, de hecho, el asumir la responsabilidad sobre los asuntos de la casa que rige. En su función de gobernante podemos decir también que es el planeta que decide los designios de esta casa. La astrología helenística nunca habla de otros planetas regentes de una casa (como se ha hecho más tarde, analizando las diferentes dignidades en las cúspides de casas desiguales).
En relación con el Ascendente y la Parte de la Fortuna – considerada en la astrología helenística como un segundo ascendente – Vettius Valens habla también del regente como del planeta al que ha sido adjudicado o al que le ha tocado en suerte el Ascendente o la Fortuna. Esta idea se extiende también a otros factores, incluidos los planetas que se encuentran en tal signo. De modo que todo lo que entra en un determinado signo depende o está a merced de su regente.
Los signos zodiacales se identifican también con fases de tiempo de aplicación en diversos sistemas predictivos. Se trata básicamente de tres principios:
a) el tiempo de ascensión del signo, traduciendo los grados de ascensión recta a años;
b) los años (menores) del planeta regente del signo (ver tabla más adelante);
c) un signo corresponde a un año, y dentro del  año a un mes etc.

Ésta última técnica se conoce como sistema de profecciones, y el regente del signo se convierte en regente del respectivo año, factor muy importante a la hora de analizar la revoluión solar. Ahora bien, en origen la profección no se entiende en el sentido de un recorrido de 30°de ángulo cada año, sino que el signo completo se considera una unidad equivalente a la unidad temporal de un año, un mes o incluso divisiones menores. Más adelante daré un ejemplo de esta técnica.
Por último quisiera decir algo sobre el exilio. Se entiende como exilio o detrimento de un planeta al signo opuesto a su domicilio. Sin embargo, este término no es conocido en la tradición helenística, sino que empieza a utilizarse en la astrología árabe, donde la palabra “al-wabal” se traduce más bien como debilidad o detrimento, y no como exilio.
Es decir, en la astrología helenística un planeta en el signo opuesto a su domicilio se consideraba peregrino (a no ser que estuviera en su término o faz). Esta posición no significaba una debilidad especial, más allá del hecho de estar el planeta fuera de sus dignidades (lo cual siempre implica cierta debilidad). Exáctamente la misma doctrina la encontramos por cierto en la astrología hindú, tan emparentada con la helenística.


Los regentes de la triplicidad

 

Los regentes de la triplicidad o del trígono tienen mucha importancia en la astrología helenística. Se trata de tres planetas que comparten la regencia sobre cada uno de los cuatro trígonos zodiacales, compuestos por tres signos de la misma naturaleza: fogosa, térrea, aérea y acuosa. Es de notar que los griegos solían hablar del primer, segundo, tercer y cuarto trígono, para a lo sumo – y no siempre – añadir la naturaleza que los caracteriza. Sería pues inexacto decir que los planetas asignados tienen regencia sobre el elemento de fuego, tierra, aire o agua.
Para entender las regencias de triplicidad es necesario conocer antes otro concepto fundamental de la astrología antigua: las sectas. Existen dos sectas, el día – secta del Sol – y la noche – secta de la Luna. Cada planeta pertenece a una de estas dos sectas, hablándose entonces de planetas diurnos o nocturnos. Las dos luminarias encabezan estas sectas o partidos.
Los planetas diurnos son el Sol y los dos planetas superiores, Júpiter y Saturno. Curiosamente son los planetas gigantes del sistema que, como sabemos hoy, tienen más parecido con el Sol.
Los planetas nocturnos son la Luna y los dos planetas vecinos a la Tierra, cuya consistencia es precisamente parecida a la Tierra y la Luna. Se trata de Venus y de Marte.
Mercurio podría considerarse planeta nocturno, al pertenecer a la misma familia que los demás planetas interiores del sistema. Sin embargo la tradición asigna Mercurio a ambas sectas, según su posición relativa al Sol: si sale antes del Sol es diurno, y si se pone después del Sol es planeta noturno.
Los cuatro elementos que describen la naturaleza de los trígonos, son considerados también diurnos y nocturnos: Los elementos Fuego y Aire son masculinos y diurnos, y los elementos Agua y Tierra son femeninos y nocturnos.
Los regentes de una triplicidad son siempre tres planetas que pertenecen a la secta asociada al elemento o naturaleza del trígono en cuestión. De estos tres planetas, uno de ellos es considerado regente diurno del trígono o triplicidad, otro es considerado regente nocturno, y un tercer planeta se denomina regente participante, o común a ambos tiempos. El esquema es el siguiente:

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Como regente diurno de la triplicidad de Tierra se considera tradicionalmente a Venus. Sin embargo, Doroteo de Sidón en el Carmen astrologicum (citado por Hefesto de Tebas) escribe:
De Tauro, Virgo, Capricornio son soberanos
de día la nacida de la espuma (Venus), de noche la celestial Selene (Luna),
y como tercero les sigue el dios que rige las guerras (Marte),
y en el presente (trígono?) obtuvo también al hijo de Maia (Mercurio)

El último verso es ambiguo, y Pingree en su traducción de la versión árabe del Carmen astrologicum dice “y en Virgo hay también una participación de Mercurio”. En cualquier caso, Doroteo parece jugar con una corregencia de Mercurio en esta triplicidad.
Lo cierto es que tal regencia de Mercurio tiene mucho sentido, y por mi parte tengo la impresión de que funciona bastante bien. La lógica subyacente a los regentes de triplicidad además sugiere una regencia de Mercurio en el trígono de Tierra, en vez de Venus:

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Observamos que los regentes diurnos de una triplicidad son aquellos planetas que tienen su exaltación en uno de los signos de ese trígono. Al menos esto sería así si tomaramos a Mercurio como regente diurno de la triplicidad térrea. Los regentes nocturnos son siempre los regentes de un domicilio en ese trígono. La única excepción es la Luna en la triplicidad de Tierra, pero es de notar que este es el único trígono en el que se exaltan tres planetas de la secta correspondiente (incluyendo a Mercurio). En los otros trígonos no se da el caso.
El regente participante, por fin, es meramente el miembro sobrante de la secta, independientemente de su familiaridad con los signos de la triplicidad (o del signo que queda). Se obtiene así el cuadro adjunto.
Pero veamos para qué sirven los regentes de triplicidad.
Una de las funciones específicas de los regentes de la triplicidad es determinar la fortuna, calidad de vida y el grado de encumbramiento del nativo. Para ello, se averiguará cual es la luminaria correspondiente a la secta vigente – día o noche – y se examinará como están situados los regentes de la triplicidad en que se encuentra tal luminaria, “si están en ese momento en un ángulo, o en (casa) sucedente o cadente, en orto u ocaso (helíaco) o en su propio signo, y si son aspectados por benéficos o maléficos” (Vettius Valens, Antología II.2). Como se deduce de Valens y de Doroteo, sobre todo, se le daba particular importancia a la posición en casas angulares, sucedentes o cadentes.
En la tradición astrológica hay discrepancia sobre la cuestión de si se han de considerar siempre los tres regentes, dando preeminencia al primero, o si bien solo ha de considerarse al regente que corresponde a la secta vigente, secundado por el participante. Los textos griegos no carecen de cierta ambigüedad, pero en definitiva el esquema parece ser el siguiente: El regente que corresponde a la secta vigente es el principal, e indicará la pauta preponderante en la vida de nativo. Le seguirá en importancia el regente de la secta contraria, o segundo regente, y no el participante (tercer regente). Pero además, el primer regente se hará notar más en la primera fase de la vida, el segundo en la segunda, y el tercer regente hacia el final de la vida del nativo.


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Valens y Doroteo nos indican también como calcular el periodo que abarcan estas fases, al menos a modo orientativo. Este periodo viene determinado en primer lugar por el tiempo de ascensión del signo en que se encuentra, o bien por los años menores asignados al regente de la triplicidad, o al planeta regente del signo.
Tomemos como ejemplo la carta de Joan Baez (9.1.41; 10h48m; Staten Island, NY). Al ser un nacimiento diurno, analizaremos los regentes de triplicidad del Sol. Este se halla en Sagitario, por tanto los regentes de triplicidad serán Sol, Júpiter y Saturno, en este orden tanto de importancia como temporal.
El Sol se encuentra an casa angular y en su hayz, y sin aspectos maléficos. Promete pues fortuna y encumbramiento. El signo de Sagitario esciende en algo más de dos horas, lo cual equivale a un periodo de unos 31 años. De hecho Joan Baez obtuvo su primer gran éxito a comienzos de los sesenta, cuando tenía apenas 19 años (los años menores del Sol), y fue una de las figuras más influyentes en la música pop de la década de los sesenta.
El segundo regente es Júpiter, que se encuentra en Aries en la segunda casa. Se halla en el signo de su triplicidad y en casa sucedente, lo cual es una posición media. La conjunción con Saturno evidentemente creará obstáculos o frustraciones, y en esta fase disminuye claramente la popularidad de Joan Baez. La ascensión de Aries corresponde a un periodo de 20  años, que termina en el 1992. En esa época la cantante comienza a rehacer su carrera, hace una psicoterapia y procura profesionalizarse, p.e. contratando a un manager y entrenando su voz. Saturno como tercer regente de triplicidad, aunque se halla en caída, es favorecido por la conjunción de Júpiter y la buena situación de su dispositor, Marte.
No en todos los casos vemos funcionar a los regentes de la triplicidad de un modo tan nítido. Pero si observo que una posición dominante y afortunada de estos planetas, especialmente del primer regente, favorecen el éxito y la fama en la vida del nativo. Ahora bien, estas indicaciones tendrán que ser corroboradas sobre todo por el Ascendente y por la Parte de la Fortuna y sus regentes.
Los regentes de triplicidad se utilizan de manera similar para analizar el destino en base a otros significadores naturales. Así por ejemplo, Paulus Alejandrinus nos aconseja, para analizar el tema de los hijos, “mirar la estrella de Zeus y el regente de su trígono”, aparte de las casas y partes pertinentes. Parece ser que los regentes de la triplicidad – especialmente el primero – se consideraban como dispositores eminentes de significadores naturales (p.e. Júpiter de los hijos, o las luminarias de la vida del nativo), reservándose los regentes de domicilio más bien para el análisis de las casas.
No quiero terminar con los regentes de triplicidad sin mencionar una técnica proveniente de la astrología árabe: los tres regentes de triplicidad de una casa se consideraban aquí como significadores de tres ámbitos particulares relacionados con la casa. Por ejemplo, Ben Ezra (Libro de los Juicios de las Estrellas, Libro Introductorio) nos dice con respecto a la casa 5, que “el primer regente de la triplicidad es el significador de los hijos; el segundo, del placer; el tercero, de las mensajerías”. Esta idea podría derivar de la división helenística en tiempos de vida, como sugieren algunas significaciones, por ejemplo esta: “El primer señor de la triplicidad (de la casa 3) es el significador de los hermanos mayores; el segundo, de los medianos; el tercero, de los pequeños” (Ben Ezra, Libro Introductorio).


El regente del término

 

Los términos – horia (sing. horion) en griego – forman una división peculiar de los signos zodiacales, de suma importancia en la astrología helenística (ver cuadro adjunto). La lógica subyacente a la distribución de los términos es la siguiente:
Para empezar, hay que saber que son asignados a los planetas ciertos periodos de años, llamados años mayores, medios y menores. Los que aquí nos interesan son los años mayores de los cinco planetas (quitando al Sol y a la Luna), que son los siguientes:

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Pues bien, cada signo es dividido en cinco sectores desiguales, uno para cada uno de los cinco planetas, de tal manera que el número total de grados que suman los doce términos de un planeta, equivale a sus años mayores. Si sumamos por ejemplo los grados que abarcan todos los 12 términos de Mercurio, obtendremos 76 grados, que son sus  años mayores.

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Tengamos en cuenta que un grado es una unidad básica del círculo, y que como tal es equiparable a una unidad de tiempo, principalmente a un año. Esta analogía grado = año es de suma importancia en el cálculo de las direcciones. Como veremos en seguida, la función prioritaria de los términos radica precisamente en el cálculo de los años de vida, así como de diferentes periodos en la vida del nativo.
Los regentes están repartidos en cada signo siguiendo básicamente las siguientes reglas:
a) El primer término es regido por uno de los regentes principales de la triplicidad, dando preferencia al regente del domicilio o de la exaltación, si se trata de un planeta de la misma secta que el signo (excepción: Acuario, donde prende la regla c).
b) en los primeros términos se da preferencia a los planetas benéficos, mientras los maléficos rigen los últimos dos términos, a no ser que tengan fuerte dignidad en este signo (regla a). la única escepción es Cáncer, cuyo primer término es regido por Marte (regente triplicidad).
c) El segundo término es regido o bien por el segundo regente de la triplicidad, o bien por el planeta regente del domicilio o de la triplicidad del signo siguiente, siempre que sea planeta benéfico. Los demas términos son regidos por los planetas asociados a los signos subsiguientes (3er término = 3er signo, etc).
Una de las técnicas relacionadas con el cálculo de la longevidad se basa en el Alcocoden, como se denominaba en la astrología árabe. Los griegos llamaban a este planeta el regente de la vida. No es éste el lugar para dar detalles sobre esta teoría. Lo que aquí nos interesa es que este planeta era definido por astrólogos de primera fila como Doroteo de Sidón y Vettius Valens, como el regente del término de la luminaria vigente, si esta se encuentra en lugar afético (en principio, las casas que forman aspecto con el ascendente). En caso de no estar ahí situadas las luminarias, se tomará el Ascendente, la Parte de la Fortuna o el grado de la lunación anterior. Esto no es otra cosa que el Hyleg de los árabes, que los griegos llamaban Afetes.
El regente del término del Hyleg era considerado el planeta que indicaba el tiempo de vida del nativo (tiempo que podía ser acortado por una serie de circunstancias en que no voy a entrar aquí). En segundo lugar, Doroteo utiliza también el regente del signo, y otros autores prefieren usar al regente del término como corregente, al lado del regente del domicilio. En cualquier caso, el regente del término se consideraba un factor importante en relación con la longevidad.
Autores posteriores, empezando por Ptolomeo, extendieron la determinación del regente de la vida a las demás dignidades, especialmente el regente de la triplicidad y el de la exaltación. Pero muy probablemente esto no correspondiera a la doctrina original. Sin embargo, la enseñanza de Ptolomeo fue muy tenida en cuenta en tiempos posteriores, y llevó a la teoría del Almuten a que aludí al principio. Teoría que tiende precisamente a diluir las diferentes funciones que tienen las dignidades, y que a la vista de lo que nos enseñan las autoridades más antiguas, habría que someter a una revisión crítica.
Por extensión, el regente del término puede considerarse corregente – al lado del regente del domicilio – de cualquier factor vital de la carta. Así, vale la pena considerar siempre al regente del término del Ascendente, para analizar más de cerca la índole y disposición del nativo. Si este planeta es más dominante que el regente del domicilio, y además aspecta al ascendente, puede llegar a ser el factor predominante en el carácter y disposición del nativo.
Por ejemplo, en la carta de Joan Baez tenemos al regente del ascendente – Júpiter – en casa 2, es decir sin relación de aspecto con el ascendente. Sin embargo Venus, regente del término del ascendente, se halla en casa angular, cerca del Medio Cielo, y en relación de aspecto con el Ascendente. Firmico Materno interpreta: “El Horóscopo (Ascendente) en término de Venus indica músicos o nativos que tienen a tales como amigos. Además personas buenas, bondadosas, bienhechoras y simpáticas, que tienen el deseo de ayudar a los demás”. De hecho, Venus en Sagitario – dispositor además de la Luna exaltada en casa 3 – es el planeta que mejor describe el talento, la disposición y la actividad que caracteriza a esta mujer.
Otra aplicación de los regentes del término, importantísima, se relaciona con la dirección del ascendente (u otros factores hylegíacos). El tiempo que dura el paso del ascendente dirigido por un término determinado, es regido por el regente de dicho término. Los árabes llamaban a este planeta el “divisor” o “partidor”, ya que se le adjudicaba una parte o un periodo de vida.
Por razones profesionales la familia de Joan Baez cambió de domicilio varias veces, lo cual, entre otras cosas, viene indicado por el regente de casa 4 en signo dual, y debilitado por la combustión. Otro indicador es Marte domiciliado en casa 9 y aspectando a la Luna. Cuando el ascendente dirigido pasaba el término de este planeta, la familia se trasladó a Paris, y en el año 51, cuando pasa por el término de Saturno, se establece por un tiempo en Bagdad. Saturno es regente de casa 12 – relacionada con los exilios y los sufrimientos – y la miseria de la que fue testigo en el Irak causó gran impresión en la joven Joan Baez.
Después el ascendente cambia al signo de Aries. La familia se instala en California, y durante el paso del ascendente por el término de Júpiter se despierta su concienca social y política, especialmente después de escuchar una charla de Martin Luther King. Al hacer el trígono a Venus, a sus doce años, comienza a tocar la guitarra. Durante el paso por el término siguiente de Venus desarrolla su talento musical, y al final de ese término Joan Baez inicia su carrera como cantante, causando gan impacto en el festival de música folk.
Cuando alcanza su primer gran éxito con el LP “Joan Baez”, el ascendente acaba de entrar en el término de Mercurio, y ha entrado en orbe de un grado con Júpiter, regente de casa 10 y dispositor de Venus, el Sol y Mercurio. Mercurio es regente de casa 7, y es en esta fase que conoce a Bob Dylan, con el que tuvo una relación corta, pero marcante.
Complementemos este dato con las profecciones mencionadas al tratar al regente del domicilio. El año en que sale su LP con el que alcanzaría fama mundial (Octubre 1960) el signo activado por profección es Libra, siendo por tanto Venus regente del año. Si hacemos la profección desde Sagitario, donde se encuentra la luminaria del tiempo y Venus misma, llegamos a Cáncer, casa 5 (creatividad) y signo en que se halla la Parte de Fortuna. Este es también el signo activado en la profección mensual (9 de Octubre a 9 de Noviembre). La Luna creciente y en su luz, exaltada en casa 3 en la carta de Joan Baez, es indicadora de su creatividad artística y su capacidad para transmitir sus ideas (casa 3). En la revolución solar veremos a Venus conjunta (por signo) a Júpiter, y a la Luna de nuevo en Tauro, transmitiendo la luz de Venus a Júpiter. Si hacemos por fín la profección desde Júpiter, su regente del ascendente, llegamos a Escorpio, en que se encuentra Marte natal. Este es el signo en que transitan Venus y Júpiter en la revolución solar. Poco después de su cumpleaños Júpiter entrará en Sagitario, su casa 10, y transitará varias veces a Venus, regente del año. La profección desde la Luna, en fin, cae directamente en Sagitario, casa 10 de Joan Baez, y que da cobijo a Venus, Mercurio y Sol.
La tercera función de las triplicidades, que en cierto modo se deriva de lo dicho, era caracterizar la expresión de los planetas que los ocupan. Ya en la astrología helenística encontramos interpretaciones de los planetas “en los términos” de otro, y a veces se equiparan con las posiciones “en el domicilio” del mismo planeta. De nuevo vemos que el término viene a ser una dignidad o un sector con funciones parecidas a los domicilios.


Los decanos y las faces

 

En cierto modo los decanos, decanatos o faces son la dignidad más misteriosa de la astrología helenística. Los textos griegos hablan casi siempre de faces (prosopa), término cuyo sentido explicaré en seguida. Según el sistema clásico, se divide cada signo en tres sectores de diez grados, llamados decanatos, de modo que obtemenos en total 36 sectores. Los regentes planetarios de estos decanatos o faces se reparten siguiendo la secuencia caldea – es decir, la secuencia según la velocidad media de los planetas -  empezando por la faz de Marte en el primer decanato de Aries.

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Cada secuencia de planetas termina con la Luna, el planeta más rápido, para luego dar comienzo la siguiente a partir de Saturno. El último decanato de Piscis es la faz de Marte, de modo que a ambos lados de 0°Aries se repite Marte como regente.
El origen de las faces parece ser egipcio, porque ya en el tercer milenio antes de Cristo encontramos referencias a un sistema de decanatos o decanos. Según supone Neugebauer, en su origen se trataba de un sistema sidéreo que servía para marcar grupos de diez días, según qué estrellas hacían su orto helíaco. El año egipcio comenzaba con el orto helíaco de Sirio, de modo que el primer decanato, en el tercer milenio, transcurría al final de la primavera. Al cabo de 36 decanatos de diez días, los egipcios contarían 5 días epagómenos (para completar los 365 días del año egipcio).
Tenemos pues un sistema que en un principio podría haber sido calendárico, aunque al mismo tiempo haría referencia a las estrellas. La conversión a 36 sectores de la eclíptica debió de realizarse desde luego más tarde.
Ahora bien, no debemos descartar la teoría que postula Cyril Fagan en “Los orígenes astrológicos”, con argumentos bastante convincentes: la relación de “decanatos” que se encuentra en diagramas celestes en tumbas egipcias del segundo milenio, serían en realidad péntadas asociadas con la mitad “positiva” del año, y convertidas “mágicamente” en decanatos de un año idealizado de 360 días. Las restantes 36 péntadas portadoras de dolor para los muertos se habrían eliminado del diagrama. Es decir, los decanatos habrían sido en su origen un esquema idealizado representativo del mundo divino, y por otro lado reflejarían solo la mitad de una secuencia de 72 péntadas del mundo real. De hecho, se sabe que los egipcios hacían uso de una semana de cinco días.
En el “Discurso de Hermes a Tat” del Corpus Hermeticum (siglo II a IV d.C.) encontramos una doctrina de origen egipcio, según la cual los decanos “influyen sobre los astros”, siendo “impasibles en todo lo que afecta a los demás astros”. Son “centinelas de todo lo que hay en el cosmos, influyendo sobre todas las cosas…”. Antes describe el texto que “los 36 decanos están ordenadamente dispuestos debajo del círculo de este cuerpo (que abarca todas las cosas), es decir, entre el círculo del Todo y el del Zodiaco”. Esta descripción un tanto enigmática podría aludir a una novena esfera (en donde se ubicaría más tarde el zodiaco tropical) por encima de la esfera sideral del Zodiaco y las demás estrellas. Entonces la transposición al zodiaco sidéreo no correspondería a la idea original. En cualquier caso los decanos tienen aquí la función de guardianes del Universo, que se van alternando en el transcurso del día y del año, y de los que procede la energía que produce todos los acontecimientos universales.
Estos decanos, aunque se asociaran más tarde a los siete planetas, se identificaban en principio con 36 deidades o genios que custodian el devenir de los acontecimientos. De hecho, la palabra latina decano, que aparece por primera vez en Manilio, alude a alguien que preside a diez soldados o a diez monjes. Tres o cuatro siglos más tarde, la versión latina del Liber Hermetis (cuya redacción original podría ser incluso anterior a nuestra era) comienza precisamente con la descripción de los decanos.
La descripción del Liber Hermetis sugiere que los siete planetas forman la máscara o faz de los antiguos genios decanos. La descipción de cada uno comienza con la misma fórmula que el primero de la serie: “el primer decano de Aries tiene la faz de Marte”, para continuar con el nombre del decano, la dominación sobre un órgano del cuerpo, y la descripción de la figura. Estas figuras tienen claramente su origen en deidades egipcias, siendo la mayoría cuerpos humanos con cabeza animal, algunas de ellas coronadas o portando otras insignias de poder. Terminan las descripciones del Liber Hermetis con la región del mundo dominada por el decano.
La palabra griega prosopa para “faz” significa rostro, o bien alude a la máscara que representa al personaje de una obra teatral. En cualquier caso vemos aquí expresada la idea de que los planetas forman el rostro o máscara con que se presentan – o detrás de los cuales se esconden – los verdaderos decanos. Cabe especular hasta qué punto estas faces planetarias realmente traducen o más bien velan el significado original.
Que los decanos y sus figuras se refieren más bien a noúmenos que a fenómenos astrales, nos lo confirma por cierto Albumasar, que los describe – en perfecta concordancia con las doctrinas herméticas – como puras potencias astrales no visibles en el cielo y de carácter espiritual.
Por otro lado muchas de las figuras descritas por el Liber Hermetis y otras fuentes, claramente se orientan en constelaciones del cielo. Encontramos p.e. a Isis rigiendo el último decanato de Géminis, clara alusión a Sirio, varias figuras serpentiformes repartidas por Leo y Virgo, que se explican por la constelación de la Hydra, al decano central de Escorpio representando claramente a Ofiucho, y la figura con cabeza de perro y flechas el principio de Sagitario se corresponde muy bien con las antiguas representaciones de este signo. Estas constelaciones a su vez parecen pertenecer más bien a la zona del ecuador celeste, lo cual apunta a que el sistema original posiblemente se refiriera a una división del ecuador celeste.
Otra prueba de que los decanos en su origen estaban relacionados con genios o potencias divinas es el hecho de que en la tradición posterior sobreviven sobre todo en el ámbito de la magia astral. Así, las figuras decánicas se utilizaban para confeccionar amuletos.
Ptolomeo por cierto no menciona para nada los decanos o faces, quedándose solo con las cuatro dignidades restantes. Este hecho tal vez haya contribuido a que las faces se consideraran como la dignidad de menor valor en la astrología árabe y europea. Tampoco encontramos descripción alguna de las faces en los autores anteriores Vettius Valens y Doroteo de Sidón, aunque sí en Manilio. Valens las menciona, pero solo de pasada. No deja de ser curioso que es más bien en autores de los últimos siglos de la era romana que encontramos referencia más profusa a las faces.
La descripción más detallada de los decanatos para la interpretación del tema natal nos la suministra Hefesto de Tebas (siglo IV d.C.), incluyéndola en los capítulos sobre los signos zodiacales. El mismo esquema lo encontramos más tarde en Abraham ben Ezra (siglo XII), que reproduce en parte las indicaciones de Hefesto. Es curioso que Hefesto – que habla de decanos, no de faces – no menciona los regentes planetarios, sino que únicamente cita los nombres mágicos de los decanos (similares a los del Liber Hermetis), pero sin describir las correspondientes figuras.
Hefesto de Tebas (como ben Ezra) nos describe aquí los efectos de los decanos cuando se hallan “marcando la hora”, es decir en el Ascendente, aunque este término también se usaba para el signo de la Parte de la Fortuna. Esta parece ser la función prioritaria de las faces, el influir en el carácter y sobre todo en el destino del individuo, a través del Ascendente o de Fortuna. Hefesto también nos describe ciertas características de la fisionomía del nativo, y marcas características en su cuerpo, otra constante en la tradición de esta peculiar dignidad planetaria. Tal vez uno de los significados del término “faz” tenga que ver con que describan especialmente el rostro y otros signos distintivos del nativo. Si tenemos en cuenta que es en el rostro de un individuo donde mejor se refleja su idiosincrasia, tal vez nos esté dando una de las claves para entender las faces.
A pesar de esta función prioritaria, no cabe duda de que los autores griegos tenían en cuenta las faces como lugares en que se refuerza su regente. Así, Paulus nos introduce en las faces con las palabras: “En lo que respecta a las faces de los siete astros de la formación (en el sentido de dar forma a algo) decánica por signo, en las cuales se regocijan tal como lo hacen en sus propios domicilios…”. Esto sugiere que las faces son una dignidad fuerte para los planetas. Pero no olvidemos que los antiguos no diferenciaban entre dignidades más fuertes y más débiles.
También encontramos interpretaciones de los planetas en los decanatos, pero no se trata de interpretaciones específicas para éstos, sino más bien de combinaciones según la fórmula: “si tal planeta se encuentra en el signo, término o faz de tal otro, tendrá tales efectos”. De nuevo, las faces se usan aquí de modo similar a los signos o términos.
La única noticia que tenemos de una interpretación específica de los planetas en los decanatos, proviene de Teucro de Babilonia. El texto comienza explicando qué determinaciones recibe cada planeta, para luego interpretar las posiciones en los decanos (como dice). De nuevo, más que descripciones de carácter se trata sobre todo del destino que acaecerá respecto a las mencionadas determinaciones planetarias.
En definitiva, el uso astrológico de las faces es similar al de los signos y los términos, pero con un matiz especial de destino o fatalidad.  Asume un papel especial la faz del ascendente y de la Parte de Fortuna como indicador del destino, y particularmente del ascendente como indicador de la fisionomía y de ciertas dolencias del nativo. Más allá de esto, el regente de la faz no parece tener una función técnica especial, como la tienen los regentes de las demás dignidades que hemos visto.
Con todo, resulta difícil aplicar el conocimiento que nos transmiten los antiguos sobre las faces. Da la impresión de estar tratando con un conocimiento muy antiguo, que en su día tuvo mucha importancia, pero que nos ha llegado muy adulterado, después de haber sufrido diversas transformaciones – una de ellas su asociación con los siete planetas según la secuencia caldea.
Según mi experiencia, las descripciones que dan los textos clásicos para las faces, no se corresponden bien con la realidad. Siempre encontraremos concordancias, pero en general resultan poco fiables, tanto si aplicamos el zodiaco sidéreo como el tropical. Desde luego es un campo a explorar más detenidamente.


La exaltación de los planetas

 

Llegamos por fin a la exaltación, una dignidad importantísima en la tradición astrológica. Sin embargo, la he reservado hasta al final por tratarse de una técnica muy diferente de las anteriores.
Hasta ahora hemos tratado regencias de planetas sobre diferentes sectores del círculo, incluidos los trígonos zodiacales. Se trata siempre de espacios definidos de la eclíptica. Sin embargo, las exaltaciones se definen como determinados grados de la eclíptica en que un planeta alcanza una fuerza especial. O bien, como se expresan mucho autores griegos, el planeta se exalta “alrededor de” estos grados.

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Como se aprecia en la tabla, existen dos versiones de las exaltaciones, una helenística y otra hindú. Los signos de exaltación son los mismos, pero en el caso de el Sol, Júpiter y Saturno varía el grado específico de exaltación dentro del signo. Aunque los autores griegos no suelen mencionarla, incluyo también la exaltación de los nodos, que aparece como tarde con los persas y árabes.
Estos grados de exaltación (hypsoma en griego) se corresponden con grados de depresión de los planetas (tapeinoma), situados justo en el punto opuesto de la eclíptica. Esta es, pues, la única dignidad que conoce un contrario, un lugar en que el planeta se debilita especialmente. Al parecer, fueron los astrólogos árabes los que extendieron este concepto a los domilicios, introduciendo así el de exilio o detrimento, que no aparece en la astrología antigua. La depresión o caída de un planeta es de igual importancia que la exaltación.
Vaios autores antiguos nos transmiten que las exaltaciones son de origen caldeo. Fírmico Materno asegura que los caldeos consideraban a los signos en que se exaltan los planetas como sus domicilios, y deduce que “un planeta en su exaltación está mejor situado que en el signo en que está domiciliado”. Es una de las muy pocas ocasiones en que encontramos mencionada una diferencia cuantitativa entre diferentes dignidades. Lo cierto es que los hindúes también consideran a la exaltación como algo más potente que el domicilio.
No sabemos a ciencia cierta cual es el origen de las hypsomata. Algunos de estos grados sugieren una relación con ciertas estrellas fijas, y más aún si tomamos la variante hindú. Si comparamos los grados con los que culminaban ciertas estrellas importantes en el año 3102 aC., considerado el inicio del Gran Año platónico y del Kali Yuga hindú, es bastante chocante la concordancia con los grados de exaltación, tomando como referencia el zodiaco babilónico (desplazado en uno o dos grados del zodiaco utilizado hoy en día en la India):

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Se trata en casi todos los casos de estrellas principales de constelaciones zodiacales, y de Sirio, la estrella más luminosa del firmamento. Únicamente Mirach, estrella de la constelación de Andromeda, se sale un poco del esquema. La exaltación de los nodos coincidiría muy propiamente con la intersección de la Vía Láctea (ecuador galáctico) con el zodiaco.
De todos modos, esto es una mera especulación mía, que podría ser pura casualidad. Además – todo sea dicho – hoy en día las culminaciones de estas estrellas se habrían desplazado en algunos casos considerablemente.
Otra teoría, postulada por Cyril Fagan, ve el origen de las exaltaciones en el año 786 a.C., cuando en el curso del año los fenómenos helíacos de los planetas se sucedían muy cerca de los grados de exaltación (helénicos). Pero no queda claro porqué se eligiría precisamente este año en particular.
En cualquier caso las exaltaciones son grados específicos del zodiaco. Sin embargo ya los griegos practicaban la extensión al signo completo. La razón es obvia: como todo lo contenido en un signo se afecta mutuamente, al entrar el planeta en el signo que contiene su grado de exaltación, comienza a estar en conjunción con el mismo. Esta idea sugiere que el grado de exaltación por sí mismo emite una “fuerza”, como si fuera una especie de representante fijo del planeta ahí exaltado. Al fin y al cabo, los caldeos tenían una teoría según la cual ciertas estrellas del cielo eran representantes de los planetas. Algunas técnicas hindúes parecen corroborar este modo de entender las exaltaciones.
Es importante notar que los planetas exaltados en un signo no solían entenderse como dispositores o regentes de ese signo en la astrología helenística, al contrario de lo que se practicaba en la astrología árabe. La función original de las exaltaciones y depresiones planetarias es únicamente la de fortalecer o debilitar al planeta de una manera especial. Los planetas en exaltación parecen a veces exagerar sus efectos, tanto para bien como para mal, según hacia qué estén determinados.
Podemos entender la exaltación como un lugar en el que el planeta, aunque no esté en su propio domicilio o en otro sector en que tenga regencia, es colmado de honores, como si fuera un huésped especialmente venerado en esa casa. De ahí a pensar que el planeta tiene autoridad en el signo en que se exalta, hay un paso. Pero no se encuentra la aplicación del “regente de exaltación” como dispositor de otros factores de la carta, salvo en Ptolomeo y algunos autores que siguieron a este.
Sin embargo nos encontamos con otra idea, sumamente interesante. Los hindúes enseñan que los planetas cobran su mayor fuerza cuando están en conjunción con el grado de exaltación, para ir perdiéndola conforme se apartan de este, estando máximamemente debilitados en su grado de caída. Aunque no encontramos directamente esta técnica en la astología helenística, existen dos casos que utilizan los grados de exaltación y caída de un modo similar:
Vettius Valens denomina la cuadratura diestra al grado de exaltación “viento” o “latitud” norte, y la cuadratura siniestra sur. Parece como si los grados de exaltación y caída fueran una especie de nodo planetario (aunque no coinciden desde luego con los nodos reales de los planetas, ni con los calculados en la Antigüedad). Pues bien, a partir de aquí divide el círculo en sectores de 15 grados. Si un planeta se encuentra, respecto a su exaltación, en el mismo sector que el Hyleg, congeniará con él y resultará favorable, y lo contrario si se encuentra en un sector opuesto.
Un ejemplo de esto lo tenemos en la carta de Joan Baez (tomando los grados de exaltación helénicos): Desde la cuadratura diestra al grado de exaltación del Sol (19° Capricornio), el Sol mismo (Hyleg) se encuentra en el segundo sector (de 15°). Pues bien, tomando la misma cuadratura a partir de la exaltación de Venus (es decir, 27° de Sagitario), Venus se halla en el sector análogo al Sol. Indudablemente puede decirse que Venus ha favorecido la vida de Joan Baez.
La otra cita es de Erasistratos, y se refiere a preguntas relacionadas con objetos perdidos o robados.  Dice: “si el planeta significador del ladrón se hallase en su propia exaltación, significa un tiempo largo (hasta recuperar el objeto); si se hallase en su depresión, un tiempo corto; en concordancia con la distancia a las exaltaciones y depresiones, así la duración de tiempo.” Vemos de nuevo una aplicación de la posición del planeta relativa al eje de exaltación y caída.
De este modo se explica por cierto el concepto de “vía combusta”, que se encuentra a menudo en la literatura árabe y europea. Se trata de un ángulo que abarca los últimos diez a quince grados de Libra y la primera mitad de Escorpio, y en el que se supone que la Luna se halla especialmente afligida. Antonio de Nájera concretamente la sitúa entre 19° de Libra y 20° de Escorpio. Si calculamos el punto medio, lo hallamos a 4,5° de Escorpio, prácticamente el grado de caída de la Luna. Es decir, cuando la Luna se encuentra dentro de los 15° de distancia a su grado de caída, se halla especialmente debilitada, independientemente del signo. Esto concuerda muy bien con la idea hindú, y probablemente sea un concepto muy antiguo.
Joan Baez tiene a la Luna cerca de su exaltación, creciente en luz, en su gozo (casa 3) y en Hayz. Al ser regente de casa 5 indica una gran capacidad creativa y artística. La casa 3 se relaciona con la expresión y comunicación de nuestras ideas, y Joan Baez utilizó su talento artístico sobre todo para dar expresión a sus ideas políticas – téngase en cuenta al luchador Marte justo enfrente de la Luna – llegando a ser la voz (Tauro representa las cuerdas vocales) de toda una generación.


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