sábado, 18 de abril de 2015

Que es la Tradición en Astrología ?









Esto es la traducción (amateur) de un artículo de John Frawley publicado originalmente en inglés AQUÍ.
Más artículos de John Frawley traducidos en Papus & Olivets aquí.
Escrito para The Carter Memorial Lecture, dada en la Astrological Association Conference y la Astrological Lodge of London, Septiembre de 2009.
¿Qué es la tradición en astrología?
Hay un libro de Miljiana Mitrovic y Alexsandar Imsiragic que es una colección de cartas natales de astrólogos notables, desde los días más lejanos hasta el presente. Está en Serbio, pero como es una colección de cartas natales, el idioma no importa demasiado. Lo que me impactó cuando lo estaba mirando es que todos los astrólogos vivos asociados con la astrología tradicional cuyas cartas publica tienen oposiciones Sol/Saturno cercanas. Mientras todas esas pequeñas y suaves criaturas que retozan en los soleados campos de la astrología moderna tienen… ¡Cosas como planetas en Libra! Y la mayoría de ellos no tienen Saturno en su carta en absoluto.
¿Qué nos dice esto – aparte del hecho de que los astrólogos tradicionales no están a la cabeza de la lista de invitados de ninguna fiesta? Podríamos pensar “Ajá, tienen esa obsesión con el pasado – con cosas que deberían por derecho estar muertas y dejadas atrás hace tiempo”. Pero entonces miramos los nacimientos de Lilly, Culpeper, y encontramos exactamente las mismas oposiciones Sol/Saturno cercanas. Nunca cruzó las mentes de Lilly ni de Culpeper que estaban haciendo astrología “tradicional”, o que había algo anacrónico en lo que hacían. Practicaban astrología tal como es – no había ninguna otra variedad en oferta.
Lejos de ser el tradicionalista radical de la leyenda moderna, Lilly era de hecho un modernista radical. Para las innovaciones que Kepler estaba preparando – el sinsentido autocontradictorio que son los aspectos menores – Lilly era el primero en la cola. Estoy bastante seguro de que si le hubieras abordado y dicho “Ey, Bill, has oído hablar de Sedna?” no habría dudado ni un segundo. “Wow, mira – ¡Está justo en mi Quirón!” Repasaré la razón de esto más adelante.
He oído a gente referirse a la línea principal de la astrología del siglo XX como “astrología tradicional” en un alegre desconocimiento de si existe o ha existido nunca otra forma de astrología. Pero parece existir una comprensión creciente de que hubo vida antes de Alan Leo. Podemos discutir sobre qué virtudes posee la astrología principal del siglo XX, pero no creo que pueda haber un argumento serio reivindicándola como tradicional.
Volviendo a la pregunta: ¿Qué es la astrología tradicional? Dentro del mundo de estas criaturas miserables y afligidas por saturno, que podrían ser descritas, por ellas mismas o por otros, como “astrólogos tradicionales” hay varias facciones conocidas por varios nombres – esto no es diferente del mundo de la política revolucionaria. La gente se disgusta terriblemente si la sitúas en la facción equivocada, justo como si confundieras a Trotskistas con Maoistas.
Están los que practican “astrología medieval”. Me desconcierta por qué alguien querría hacer esto. Vivo en el siglo XXI. Mis clientes viven en el siglo XXI. ¿Por qué debería practicar astrología medieval? “¿Él me quiere?” “Bueno, realmente no importa: los dos moriréis mañana por la Peste Negra”.
Debo insistir aquí que cuando uso el término “astrología moderna” como contraste con la astrología tradicional, lo hago de una forma muy laxa, como una abreviatura para algo como “astrología como se practica más habitualmente en el mundo moderno”. Mantengo firmemente que la astrología que yo practico es punto por punto tan moderna como cualquier cosa que involucre grandes números de asteroides. Es exactamente igual de moderna – sólo que tiene raíces mucho más profundas.
Escuchamos acerca de la “astrología clásica”. Clásica – ¿En contraste con qué? Si tenemos algunas cosas etiquetadas como “astrología clásica”, probablemente tenemos muchas otras cosas etiquetadas como “astrología ligera”*. Por supuesto, la mayoría de la astrología practicada en el mundo moderno es exactamente eso: astrología ligera.
*[N. del T.] El autor contrasta la “astrología clásica” con la “astrología ligera” en el sentido de “easy-listening”, de la misma forma que la música considerada “de fácil escucha” o “música ligera” como la música para vestíbulo, ambiental, de ascensor…. Así, la “astrología ligera” es una astrología fácil de realizar, explicar y practicar; limitándose así a ofrecer lo que el público desea más superficialmente.
Pero esto no es en absoluto un fenómeno moderno. La mayoría de la astrología practicada durante la mayoría de la historia de la astrología ha sido astrología ligera, porque casi siempre es eso lo que quiere la audiencia del astrólogo. “¿Cuándo le conoceré?” “Oh, muy pronto – y de una forma bastante inesperada”. O, en un nivel un poco más sofisticado, lo que solemos leer en los almanaques: “Hay un eclipse en – bueno, en el signo que quieras – así que alguien noble morirá”. Y, adivinad: Aquí o allí acaba muriendo alguien noble, probando así que hay orden en el universo. Dios está en su cielo y todo está bien en el mundo.
Esta demanda de astrología ligera es una de las razones principales de por qué hay tanta paja en los libros de texto, tanto antiguos como modernos. Porque eso es lo que el astrólogo ligero necesita: algunas pizcas de abracadabra plausible que mascullar antes de decir al cliente lo que el cliente quiere oír.
Medieval y Clásico son términos empleados por los propios astrólogos tradicionales. Uno también escucha, de vez en cuando, el término “fundamentalista” aplicado a sí mismo por otros. En el clima actual, por supuesto, llamar a alguien fundamentalista te permite descartar su argumento sin necesidad de molestarte en pensar en él. En la medida en que “fundamentalista” tiene otro significado aparte de este, parece ser de exclusivismo y rígido dogmatismo.
Muchas veces he sido criticado por escribir en mis libros que las cosas cosas son ciertas, más que “ciertas para mí”. No soy lo bastante arrogante para ver por qué lo que es verdad para mí debería ser del menor interés para otros que mis más allegados. Lo que es cierto para mí es que los Grateful Dead son muchísimo mejores que Celine Dion, pero no voy a escribir un libro para argumentar eso.
Hay un término que me gusta, de todos modos. En nuestra conferencia Real Astrology y el intensivo de seis días sobre astrología natal, que celebramos casi todos los años, estaba discutiendo la astrología helenística cuando un desliz de nuestro traductor alemán dió nacimiento al maravilloso concepto de astrología hedonística. Esto es algo a lo que he consagrado muchos años de dedicada investigación.
Observemos un poco más a William Lilly. Hay una extraña aflicción de la vista que afecta a la gente cuando abordan a Lilly. Hace invisible el 50% del título de su gran libro de texto. ¿Cómo se llamaba? “¿Astrología?” “¿Astrología horaria?” “¿Astrología gruñona?” Bien, pues no: “Astrología cristiana” (Christian Astrology). Cuando este otro 50% del título es discernido, se excusa por una concesión de boquilla a poderes que podrían acabar persiguiéndolo – algún tipo de ofrenda en sus altares. ¿Por qué otro motivo querría alguien llamar a lo que hace astrología cristiana, excepto como una forma de cruzar los dedos y gritar “¡Barrera!”.
Lejos de ser algún tipo de concesión política de boquilla, este 50% del título era, para Lilly, probablemente la palabra más importante de todo el libro. Por eso es la primera que se lee. Esta haciendo una referencia directa a Tertuliano. Se ríe de Tertuliano. Si habéis leído a Lilly y pensáis que es un cascarrabias de vez en cuando – intentad leer a Tertuliano. Es el Liam Gallagher de los Padres de la Iglesia.
En una parte de su tratado “Sobre la Idolatría” Tertuliano dirige su atención específicamente a la astrología. A la astrología como idolatría, porque implica investir de poder a los planetas. Podríamos pensar que hoy en día no lo hacemos, pero ¡Oh, lo hacemos! Cualquiera que haya dicho alguna vez “Saturno está transitando mi Ascendente, así que es un mal momento para mí” o “No puedo hacer eso hoy, porque Mercurio está retrógrado” está invistiendo de poder a los planetas. Mis colegas están en el campo preparando un fuego, así que los que hayáis hecho esto, por favor formad una fila ordenada cuando termine la conferencia y os quemaremos en la hoguera.
“Pero”, dice Tertuliano, en su discusión de la astrología, levantando un argumento contra sí mismo, “¿Y qué pasa con los Reyes Magos? Eran astrólogos”. Le da mucha importancia a la enunciación del evangelio de que “volvieron a casa por una ruta distinta”. Su encuentro con Cristo les cambió. Dejaron la astrología y acabaron… no especifica cómo – abrieron una tienda de regalos, quizá. Pero el punto exacto al que Lilly se refiere es a la sentencia de que “La astrología de hoy en día trata de Cristo. Es la ciencia de las estrellas de Cristo” Así que cuando Lilly llama a su libro Christian Astrology, es una declaración radical. No lo dice de boquilla, sino que iza su bandera.
Lilly fue un milenarista. No sabemos exactamente a qué secta se adhirió, pero está claro que creía que estaba viviendo en los últimos días. En el tiempo de su vida, o la segunda venida de Cristo en la tierra o el reino de los santos que prepararía esta segunda venida iban a ocurrir indudablemente. Así que dirige su astrología en vistas al gran evento.
Tertuliano no abogaba, por supuesto, por una nueva astrología – “¡Ey, así es como se hace la astrología cristiana!” Decía que la astrología es ahora redundante. Es bastante improbable que Lilly haya leído a Tertuliano. Pero es igualmente improbable que no hubiera oído el razonamiento de Tertuliano recitado muchas veces por algún predicador del fuego infernal arremetiendo contra los astrólogos. Arremetiendo contra gente como William Lilly. Recordemos que Lilly habría escuchado dos o tres sermones cualquier domingo dado, y la idolatría, especialmente la cuestión de qué constituye idolatría y qué no, era el gran problema religioso del momento. Estos predicadores se hubieran referido a algo muy distinto diciendo que “La astrología de hoy trata de Cristo”. Estaban siguiendo a Tertuliano y rechazando la astrología. Pero Lilly coge esta declaración y se la queda para él: “Vale,” dice “esto es una astrología cristiana”.
Así que el título Christian Astrology es una ambiciosa declaración de intenciones: es su manifiesto para el libro. Todos sabemos que las ambiciosas declaraciones de intenciones son fáciles de hacer; realizarlas es más complicado. Muchos entre mi audiencia han escrito libros: debéis de conocer bien la diferencia entre la visión ambiciosa y hasta dónde puede uno llegar. ¿Está Christian Astrology a la altura de la ambiciosa visión de Lilly? No tanto. Hay una terrible cantidad de astrología ligera en él: el engañoso hocus-pocus (Como una digresión completamente irrelevante, pero quizá interesante, señalaré que el término “hocus-pocus” deriva exactamente de los alegatos sobre idolatría que se desarrollaban en los días de Lilly. Hocus-pocus es una parodia de “hoc est corpus”: este es el cuerpo. La caja sorpresa, “Jack-in-the-box”, viene de la misma idea).
Lilly recoge lo que había expuesto antes en los manuales astrológicos. Hace una cierta trilla – “los antiguos decían esto, pero no funciona” – pero no es gran cosa. Pero hay lugares en los que se propone algo más. Esto es en sus juicios políticos: tanto en sus ejemplos horarios de asuntos políticos como en aquellos pasajes en el volumen de astrología natal que reflejan el estudio que hizo de la carta del Rey Carlos, donde las delineaciones son por supuesto ajustadas a su propia y menos que imparcial visión de los eventos.
Por ejemplo, hay una carta horaria sobre qué forma de ejecución sufriría el Arzobispo de Canterbury. El juicio de Lilly sobre esta carta no obedece en absoluto a los principios astrológicos. Lo que está escribiendo es pura propaganda. Su cometido es mostrar que el Arzobispo de Canterbury – quien estaba de parte del Rey, así que desde el punto de vista de Lilly era un gran Malvado – ciertamente es un malvado, porque lo dice en las estrellas; y que se merece su destino; y ese Parlamento está siendo misericordioso con él dándole una muerte más digna – cortándole la cabeza en lugar de ahorcarlo. Lilly ofrece este addendum cutre, que “pensaba que era un tío bastante decente”. Pero es bastante obvio por todo el juicio de Lilly que no lo pensaba en absoluto. “¡De eso nada, Bill!” Esto es simplemente él diciendo “No penséis que estoy retorciendo las cosas porque él no me gusta. Mirad: ¡Estos son los hechos astrológicos!”
Que no lo son. Aquí encontramos la astrología cristiana radical de Lilly, mientras demuestra que los eventos políticos de su tiempo están prescritos por Dios, como es evidente porque están escritos en las estrellas. “Está todo bien, gente – el Gran Tipo está de nuestro lado”. Lo cual es, por supuesto, exactamente lo que nosotros hacemos cuando miramos una carta astral y decimos “Tu Luna está en mi Sol: oh, querida, ¡Estamos hechos el uno para el otro!” Lilly no fue de ninguna manera la primera persona que utilizó la astrología de este modo: este tipo de propaganda astrológica ya rondaba por ahí desde los primeros días. Pero es su creencia en que su astrología está ayudando a preparar el reino de Cristo en la tierra lo que explica el 50% invisible del título de su libro.
Así que en Christian Astrology tenemos un montón de astrología ligera; tenemos un montón de propaganda – George Orwell dice que, usando la palabra política en su sentido más amplio, el “deseo de empujar al mundo en una cierta dirección”, “ningún libro está verdaderamente libre de carga política”. Lo cual es muy cierto: si escribes una lista de la compra tiene una agenda política. Y entonces, como con cualquier libro sobre cualquier cosa más compleja que las tablas de multiplicar, tenemos lagunas en el conocimiento del autor.
Por eso Lilly es tan entusiasta con las innovaciones: para llenar las lagunas en su conocimiento.
Siempre habrá lagunas, a menos quizá que los autores esperen a que estén muertos antes de escribir – lo cual es en muchos casos, creo, una idea excelente. La lógica de un libro exige que no podemos dejar lagunas. Sabemos A, sabemos B; pero tenemos que decir algo sobre C, y – “Vaya, C es algo de lo que no estoy realmente seguro”. A menudo, el esfuerzo que esta necesidad exige produce inspiración, un salto adelante en nuestro conocimiento. A veces lo que produce es más como El Coyote percatándose de que ha saltado por un acantilado. Lilly tiene su justa parte de momentos El Coyote.
Estoy hablando sobre Lilly aquí, porque están los que consideran su obra como una revelación infalible, y retuercen todo lo necesario para justificar su visión. Exactamente lo mismo puede decirse de Bonatti – otro candidato popular para la infalibilidad – o cualquier otra autoridad. He comentado sólo tres razones de por qué los libros están sesgados. Hay otras muchas. Los libros no están para confiar en ellos, e investirlos de autoridad no es aconsejable.
Así que el popular juego entre los astrólogos tradicionales de golpearse unos a otros en la cabeza con pesados volúmenes es bastante desatinado. Están a los que les gusta jugar a “Mi autoridad es más vieja que la tuya”. Otros prefieren la variante “Mi autoridad es más oscura que la tuya” – si puedes basar la totalidad de tu astrología en la obra de alguien de quien nadie más ha oído hablar, ¡Has conseguido algo!
Ibn Ezra es instructivo aquí. Ibn Ezra poseía lo que es indudablemente una de las mentes más sutiles que se han dedicado a la astrología. Pero la astrología no era el trabajo diario. Él era un rabino. No cualquier viejo rabino, sino el hombre a quién Maimónides reconoció como el mayor de todos los comentaristas rabínicos de la Biblia. ¿Qué hacen los rabinos? Razonan. Así que sabe un par de cosas sobre razonamiento – qué es un razonamiento sólido y qué no.
Su Libro de las Natividades no contiene nada particularmente estremecedor en términos de técnica. Lo que es interesante es el modo en que trata a las autoridades. He dicho que Lilly realiza cierta cantidad de trillado en Christian Astrology. Ibn Ezra cita autoridad tras autoridad, y aparece casi como un refrán a lo largo de su libro “Esto no tiene ningún sentido”, “Esto es imposible que funcione”, “¿Este tío ha mirado alguna vez una carta astral?” Puedes sentirlo arrancándose el pelo presa de la desesperación por lo que la gente ha escrito. Una lección para todos nosotros. Como dijo Culpeper, permítenos mantener nuestra inteligencia en nuestras cabezas, pues ese es el lugar indicado para ella, y no en nuestros libros.
Si seguimos el consejo de Culpeper, no necesitamos que nuestras autoridades sean infalibles. El gran valor de Lilly – otra vez, tomo a Lilly sólo como un ejemplo, porque su trabajo me es más familiar que el de los demás – no es que sea infalible, sino la forma tan obvia en que se equivoca tan a menudo. Por ejemplo, deduce laboriosamente el temperamento de alguien, y depués dice, “Pero conozco a este tío, y no es así para nada”. O se queja de que una clienta de astrología horaria no se muestra agradecida después de decirle cómo podría persuadir a cierto hombre para que se case con ella. Miramos la carta, y lo vemos: “Por supuesto no se muestra agradecida, Bill – ¡La has casado con el hombre equivocado!”
Si no lo hubiera hecho tan obviamente mal, podríamos pensar que sus métodos eran perfectos. Están lejos de serlo. Como por supuesto lo estarán todos nuestros métodos. – pero podemos aspirar a mejorarlos. Lo que nos devuelve a Lilly el modernista radical. Hay lagunas en su conocimiento. Por supuesto que las hay. ¿Cómo las llenamos? Hay dos respuestas comunes. Está la respuesta de la modernidad, que es alcanzar el futuro, adquirir las suficientes cosas nuevas para poder dejar atrás las cosas viejas. Estoy hablando ahora de la modernidad no sólo en términos astrológicos, sino de la actitud prevaleciente del mundo occidental en los últimos cientos de años.
Luego está la respuesta que a menudo se reivindica – pienso que incorrectamente – como el método tradicional, que es volver al pasado.
La distinción entre lo que es tradicional y lo que no suele verse como una división temporal. Lo viejo es tradicional; lo nuevo no. Esto es un error – algo que veo más claramente ahora que cuando estaba escribiendo La Verdadera astrología (The Real Astrology). La astrología tradicional no terminó en algún punto del siglo XVIII. Hoy sigue viva y coleando. Un libro como The Horary Textbook, por ejemplo, no es literatura secundaria, un libro sobre la tradición. Es una parte viva de la tradición tanto como cualquier cosa escrita por uno de los muertos ilustres.
Tampoco es verdad que cualquier cosa escrita hace mucho tiempo sea parte de la tradición. La tradición astrológica occidental es una tradición monoteísta. Es la astrología de los judíos, los cristianos y los musulmanes. Como tal, desafía y se opone a la astrología enraizada en el relativismo. Astrología egipcia; astrología helénica; astrología védica; la astrología generalmente practicada hoy: esas no son parte de la tradición astrológica occidental, y, por las filosofías en que están enmarcadas, tienen bastante más en común entre ellas que con esta tradición.
Esto tiene mucho que ver con por qué la astrología helenística es para tantos la cara aceptable de la tradición. Sí, los Griegos escribieron muchos libros, y tuvieron la decencia de poner “Astrología” en letras grandes en la portada, en lugar de hacernos leer entre líneas para encontrar la astrología, como en muchas otras obras. Pero sospecho también que el entusiasmo por los Helenos tiene mucho que ver con una imagen de su sociedad que de muchas formas no parece tan distinta de la nuestra – ciertos autores modernos que bien gozarían de un trabajo en la Biblioteca de Alejandría. Esto ha llevado a una sobrevaloración del lugar de los Helenos en la historia.
Es también muy importante tener en cuenta que la tradición no es un anhelo por una era pasada en la que las cosas eran mejores de lo que son hoy. Hay literatura tradicionalista fuera del mundo de la astrología – autores como Huston Smith, Coomaraswamy, Schuon – que mantiene esta perspectiva, y los astrólogos tradicionales son acusados a menudo de adherirse a ella, no importa lo pocos que sean los que lo hacen. “Hubo una Edad Dorada, y la vida se ha ido volviendo despiadadamente peor desde entonces”. No importa con qué solemnidad intelectual se exprese esta perspectiva, siempre me recuerda a la firme creencia de mi abuela de que la civilización tocó a su fin cuando los carteros dejaron de llevar sombrero. Esta visión es profundamente intradicional. Debe mucho a la nostalgia de una juventud perdida; mucho al Romanticismo, con su idealización de la infancia: nada en absoluto al entendimiento de lo que es la tradición.
La tradición es algo vivo. Vive y respira, se mueve y cambia. Una tradición que no cambia está muerta – ¿Y qué interés reviste esto para nosotros, a parte de como muestra de estéril arqueología intelectual? Este cambio es a lo que la Iglesia Católica se refiere como “la operación del Espíritu Santo”. Esto no es una abstracción teológica, sino el reconocimiento de que la tradición, como un individuo, puede crecer en sabiduría. Se aprenden cosas, se realizan cosas. Crecemos.
Viniendo de una dirección diferente que esta literatura tradicionalista, el teólogo Josef Pieper escribe que la tradición debe ser transmitida exactamente como es recibida. Esto también es un error. Si la tradición fuera un artefacto material podría, por supuesto, ser verdad: Si heredo la Mona Lisa de mi padre, es mi deber transmitirla a mi hijo sin añadir adornos de mi cosecha. La tradición no es un artefacto material. Debe cambiar, debe ser cambiada. El signo vital es que estos cambios siempre deben preservar su esencia pura. Mientras esta esencia permanezca – mientras su verdad filosófica no quede corrompida, no se deslice hacia un relativismo fácil para ajustarse a modas contemporáneas – la forma externa de la tradición debe adaptarse a las exigencias del tiempo, de otra forma se convierte en un mero anacronismo. ¡La astrología tradicional no es una película de época! La idea de que deberíamos adherirnos estrictamente a una u otra autoridad del pasado es tan ridícula como las películas de romanos, en las que Mr. Collegiate America se envuelve en una sábana y finge ser un antiguo romano.
La idea que busca perfección en el pasado – hubo una vez perfección y hemos caído desde entonces – no es más que la imagen reflejada de la idea de que habrá perfección en el futuro, si pudiéramos reunir suficientes cosas nuevas: descubrir suficientes planetas nuevos, por ejemplo. La historia de la Torre de Babel debería disuadirnos de la idea de una perfección manufacturada en el futuro. Pero cuando vemos a aquellos que buscan la autoridad en el pasado golpeándose entre ellos en la cabeza con sus pesados volúmenes, vemos que alcanzar el pasado nos lleva igualmente a Babel.
Sugiero que nuestra actitud hacia la tradición no debería ser intentar revertirla a su pasado, ni intentar reconstruirla en el futuro, sino entenderla en el presente. Este entendimiento incrementado no vendrá de leer muchos libros, sino de cambiar gradualmente las percepciones para ver lo que hay ante nosotros, y no meramente manifestaciones de nuestro propio sí-mismo. Esto exige una voluntad de cambiarnos a nosotros mismos para poder entender, no una disposición a cambiar la astrología para que pueda ser entendida. Es por esta razón que las palabras con las que Ibn Ezra empezó su libro de texto son las más importantes jamás escritas sobre la astrología: El principio del conocimiento es el temor del Señor. Es esto lo que es el corazón de la tradición astrológica occidental.
Porque esta es la alineación geográfica básica: allí arriba está el Creador; nosotros somos sus criaturas – y hay por tanto una relación necesaria entre nosotros. Este es el “Usted está aquí” fundamental en el mapa astrológico. No importa lo elaborado que hagamos este mapa, cuántos nuevos planetas le añadamos, o cuántas viejas técnicas desenterremos: si no tenemos el “Usted está aquí”, el mapa es inútil. Es evidente cuántas de estas innovaciones – ya sean importadas del futuro o del pasado – son un intento de suplir la ausencia de exactamente este “Usted está aquí”.
La verdad no está en algún lugar ahí detrás, ni en algún lugar ahí delante, sino sólo, siempre, y para siempre, ahí arriba.
Por eso ésta es la imagen del astrólogo tradicional.


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San Juan Bautista