domingo, 3 de mayo de 2015

Astrología médica. Por Pedro Cano.












Dicen los antiguos Filósofos que los tres pilares sobre los que sostiene todo el conocimiento Hermético (de Hermes, el Armenio) son: La Alquimia, la Astrología y la Kábala.
No procede en este artículo hablar de Alquimia, así como tampoco tengo autoridad para hablar de la Kábala. Vamos por tanto a hablar de lo que si corresponde: La Astrología Médica.
Entendemos por astrología médica o cosmodiagnosis, el uso de la astrología como herramienta para investigar los posibles desencadenantes de una enfermedad, su pronóstico y el seguimiento de su tratamiento.
A pesar del descrédito que la ciencia racionalista ha generado hacia la astrología, generalmente fundamentado en prejuicios que poco tienen que ver con una aplicación seria del método científico y de la mala utilización que de esta ciencia han hecho charlatanes y adivinos, la historia nos demuestra que esta disciplina, tanto desde su aspecto médico como desde su aspecto predictivo ha sido estudiada desde hace miles de años por las antiguas culturas madre de los que hoy conocemos como Tradición Perenne: caldeos en el creciente fértil, Khemet (Egipto), Alejandría en el Mediterráneo, los chinos desde la geomancia, el feng sui, y la medicina taoista, la tradición Sankya, inspiración de las escuelas pitagóricas y creadora del ayurveda y del yotish o astrología hindú, los Hakim musulmanes, los médicos y cabalistas hebreos, los grandes filósofos y alquimistas cristianos y me supongo aunque no tenga datos para ello, en mesoamérica de la mano de los sabios astrónomos que crearon los calendarios mayas que tanto juego han dado en los últimos tiempos.
Hasta el siglo XVIII, momento en que se provoca un cambio de paradigma a nivel científico, religioso y filosófico, se veía normal que un médico estudiase astrología como parte de su formación y no era raro encontrar universidades en que la astrología fuese asignatura obligada.
El cambio de paradigma generó también un cambio de calificación respecto a lo que hasta ese momento se consideraba “científico”, lo que provoco que se eliminase ciencias hasta ese momento altamente consideradas como la alquimia o la astrología.
Sin embargo, el interés por el estudio de las antiguas ciencias no ha menguado y se ha mantenido de la mano de grupos iniciáticos más o menos esotéricos y a lo largo del siglo XX han aparecido numerosos autores que han mantenido encendida la llama del conocimiento astrológico y Hermético.
Esta ciencia en su rama diagnóstica se fundamenta en un viejo axioma atribuido a Hermes el Trismegistos:
Lo que está más abajo es como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.

O con palabras de Paracelso en su Paragranum:

No existe un solo poder invisible en el cielo que no encuentre su principio equivalente en el íntimo cielo del hombre; lo que está arriba actúa sobre lo que esta debajo, y esto reacciona primero.

De la antigua división del cielo zodiacal en doce partes iguales, consensuada desde las culturas mesopotámicas y de la observación del movimiento de las dos luminarias (sol y luna) y los cinco planetas visibles sin uso de sofisticadas tecnologías, se crea un paralelismo anatómico dividiendo al ser humano en doce zonas anatómicas reflejo de las celestes y gobernadas por lo que conocemos como los siete planetas personales: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
Estas fuerzas planetarias, a su vez manifestación armónica de las cualidades arquetípicas del Uno, en su manifestación en el organismo humano devienen en funciones fisiológicas, glandulares, psíquicas… y su influencia sobre los cuatro elementos repartidos en lo que conocemos como triplicidades configura lo que en la medicina humoral se conoce como temperamentos hipocráticos.
Leí en alguna parte una analogía que he hecho mía que sostiene que el ser humano naciente no adquiere sus características por la configuración del cielo en el momento de su nacimiento sino que el cielo se muestra de una forma determinada en el momento del nacimiento de ese ser para mostrar como ha sido diseñado. En ese mapa de navegación personal, está escrito todo lo que la persona encarnante necesita saber para aprovechar de forma adecuada las dificultades y las facultades que le han sido proporcionadas para su aprendizaje vital en este ciclo.
De la misma forma que un astrólogo competente podrá establecer cuales son las cualidades y las dificultades con que el individuo objeto de estudio cuenta y le podrá aconsejar respecto a las áreas de su vida o a aspectos de su carácter, su vocación, su vida social y familiar habrá de reforzar o cuidar para llevar una vida plena, las reglas de interpretación de la astrología aplicadas a la práctica de la medicina se transforman en una extraordinaria herramienta en el campo de la medicina preventiva y en el diagnóstico de enfermedades.
El mapa natal de la persona nos informa sobre su constitución natal, su tendencia metabólica, su vitalidad, su capacidad inmunológica, el estado de su equilibrio psíquico, la tendencia a somatizar procesos emocionales mal resueltos, dificultades en la eliminación de tóxicos, debilidad o fortaleza constitucional, , etc.…
El estudio de lo que en astrología conocemos como progresiones o direcciones simbólicas permite inferir la edad a la que probablemente puedan aparecer debilidades orgánicas que favorezcan determinadas enfermedades. Es de notar que es cierto que el mapa natal nos muestra los materiales con los que contamos para construir nuestra vida pero que desde ese preciso momento en adelante los planetas siguen su curso creando nuevas figuras geométricas, nuevas realidades energéticas que siguen influyendo sobre nosotros en lo que la astrología estudia como tránsitos. El estudio de cómo el planeta en su movimiento natural interactúa con lo que conocemos como planeta radical, es decir, el que estaba en una situación determinada en el momento de nuestro nacimiento, nos permite no solo afinar respecto al pronóstico sino, especialmente en el caso de los tránsitos de la luna, hacer un seguimiento de la evolución de la enfermedad, ayudándonos a prever posibles agravamientos que aconsejen variaciones en la dosificación del remedio.
Recurriendo otra vez a Paracelso:

O sea, debe juzgar a la medicina según los astros, para comprender a los astros superiores y a los inferiores. Como la medicina no tiene validez si no es del cielo, ésta debe derivar del cielo... Por ejemplo, todo aquello que respecta al cerebro es conducido al cerebro por la Luna, aquello que respecta al bazo fluye hacia este punto con los medios de Saturno, todo lo que respecta al corazón es portado hacia éste con los medios del Sol. De esta manera los riñones son gobernados por Venus, el hígado por Júpiter, la bilis por Marte. (Paragranum)

Quiero hacer notar un detalle importante del texto de Paracelso. Nos dice que el médico debe juzgar la medicina según los astros superiores (es decir, la fuerza planetaria celeste como manifestación del arquetipo correspondiente) y los inferiores, es decir, las funciones orgánicas que por ley de correspondencias se relaciona con la fuerza superior y por lo tanto el arquetipo que representa. A continuación no dice que la Luna, o Saturno o Venus gobiernen nuestro cerebro, nuestro bazo (y huesos), nuestros riñones, sino que canalizan todo aquello que los concierne. Este matiz es sumamente importante porque de ahí podemos inferir que no es el planeta el provocador de nada, sino el canalizador de la fuerza arquetípica correspondiente.
Es habitual que la astrología médica se apoye en la espagiria en cuanto al tratamiento aunque no necesariamente. Tanto la fitoterapia, la homeopatía, la homo toxicología o cualquier otro sistema terapéutico tiene su aplicación en la astrología médica y son numerosos los investigadores que han desarrollado esquemas o tablas asociando zonas anatómicas (signos) y funciones (planetas) con flores de Bach, homeopatía, gemas usadas como joyas curativas (gemoterapia) o como remedios espagíricos o basmas ayurvédicos, sales de Shuessler…
¿Alguien piensa que es casual que tanto los primeros remedios de Bach como las sales de Shüssler sean doce? De la misma forma que resulta curioso ver la similitud entre las primitivas clasificaciones homeopaticas: psora, sicosis y sífilis con las tendencias sintomáticas primarias asociadas a los signos cardinales, fijos y mutables, enormemente parecidos a su vez a los doshas ayurvédicos o a los humores hipocráticos...?
Mismos conceptos, mismas verdades, diferentes formas de contarlas y de nombrarlas. Este es un mapa más, no el mejor ni el único pero si útil y probado. Mil monjes, mil religiones, decía el Budha. Parafraseándolo, podría decir, mil médicos, mil formas de curar…



 http://www.tantamare.org/secciones/articulos/files/astrologia_medica.html