miércoles, 17 de junio de 2015

La crisis global. Por Jesús Rosauro.










La Crisis Global


Nuestra sociedad actual, tal y como la conocemos, está experimentando un proceso de transformación que podemos ver reflejado en el movimiento y posición de los planetas generacionales, especialmente en el tránsito de Plutón. Este arquetipo transpersonal está fuertemente vinculado a los grandes y profundos procesos de regeneración de nuestro mundo y nuestra humanidad. Durante todo el año 2008 ha estado saliendo del signo de Sagitario y adentrándose lentamente en Capricornio, signo en el que se instala definitivamente a partir de noviembre de 2008, y por el que transitará hasta el año 2023.



Para comprender bien el proceso en el que nuestra humanidad se adentra a partir de ahora, es conveniente conocer bien el significado de este poderoso arquetipo y el del signo en el que tendrá su influencia a partir de ahora.



Plutón (Hades para los griegos) era el dios de la muerte y señor de las profundidades de la tierra. Se le asignaba el nombre de Plutón el Rico, pues al ser señor de las profundidades, era poseedor de la riqueza oculta del subsuelo. También era el señor del Averno (lo que para nuestra cultura judeo-cristiana es el infierno), este era un lugar en el que las almas se adentraban después de la muerte para purificarse, quemando así los viejos residuos de la vida que dejaban atrás. Era un proceso de recapitulación y de limpieza, necesario para poder empezar una nueva fase con nuevas oportunidades de evolución y crecimiento. En absoluto era un lugar de sufrimiento eterno, tal y como nos lo ha transmitido el catolicismo, con el fin de amordazar y atemorizar nuestras mentes y nuestras conciencias a través del miedo al castigo divino.



Plutón, para la astrología moderna, es un arquetipo vinculado al inconsciente colectivo o alma grupal, esa poderosa fuerza que mueve y conecta a todas las almas individuales. Los seres humanos, además de experimentar y evolucionar como individuos, estamos vinculados por esta fuerza transpersonal en un proceso de crecimiento en el que todos estamos inmersos. Esta relación profunda no interfiere ni condiciona  nuestras decisiones individuales, más bien nos da la oportunidad de expandir nuestra conciencia haciéndonos partícipes del crecimiento y la evolución del resto de los seres humanos. A través de este vínculo sutil, nuestra conciencia individual conecta con el desarrollo de ciertos colectivos que están a la vanguardia de la humanidad, lo cual facilita que haya un estímulo de evolución conjunta.



Capricornio es un signo que rige los movimientos y órdenes sociales en el área concreta y material. Está relacionado con el status, la organización social y la política. Si aplicamos la energía del poderoso Plutón a los asuntos relacionados con este signo, inevitablemente nos encontramos con el momento crítico que estamos viviendo en el ámbito financiero a nivel mundial (que se ha manifestado claramente para todo el colectivo a lo largo del año 2008). Capricornio es mucho más que dinero, por lo que intuyo que estamos presenciando solamente el umbral de lo que está por venir. No es una cuestión de alarmarse, sino más bien de hacer una profunda reflexión sobre el tipo de sociedad que hemos creado y sustentado entre todos. Hemos instaurado, participado o consentido valores sociales basados en los intereses personales, ya muy caducos por su estrechez y limitación, inservibles para el sano desarrollo de cualquier colectivo. Valores que lentamente han de morir para dar paso a otros completamente nuevos. Somos un colectivo hermano, en un hogar común que es la tierra. Y esta verdad la hemos pasado peligrosamente por alto, dejándonos seducir por la actitud estrecha de estar centrados solamente en nuestra pequeña parcela, e ignorando el resto.



Si observamos con detenimiento el mundo que hemos creado, podremos ver la evidencia de que hay muchas cosas que requieren un cambio urgente. Todos, en mayor o menor medida, somos partícipes de una sociedad llena de desequilibrios, injusticias, egoísmo, mentiras y ocultamientos. Nuestra conciencia ante la realidad del mundo que nos rodea, está tan embotada, que tendemos a comportarnos como niños interesados solamente en jugar y en la satisfacción inmediata de nuestros deseos. La televisión, como soma adormecedor, nos inculca ideas, intereses y realidades fragmentadas, mayoritariamente negativas y desesperanzadoras. Este medio se ha convertido en un arma potente y eficaz, que desde todos los hogares, conduce con precisión la mente colectiva hacia una determinada visión orquestada por intereses oscuros, de los que la mayoría somos desconocedores.



Existe una realidad que ha sido tapada cuidadosamente hasta ahora y que lentamente se va revelando, a pesar de los grandes esfuerzos por mantenerla oculta. Esta oscura labor está siendo organizada por un grupo de poderosos que actúan en secreto y que tienen su sede en Estados Unidos con ramificaciones en Europa. Desde la sombra orquestan, manipulan y dirigen a todos los gobiernos del mundo, directa e indirectamente a través de la banca mundial, las grandes instituciones religiosas, la industria medico-farmacéutica y el negocio armamentístico. Estas personas conocen perfectamente la debilidad humana y saben aprovecharla muy bien para conseguir su fines y satisfacer sus oscuros intereses. Cuando les conviene una guerra, una epidemia o cualquier otra circunstancia intimidatoria, no tienen escrúpulos en hacer todo lo necesario para conseguir lo que desean. Por ejemplo, el soborno y la manipulación de dirigentes políticos ávidos de poder (para observar esto, no tenemos que viajar muy lejos ni irnos muy atrás en el tiempo), la propagación de epidemias o la falsa información para estimular el miedo colectivo. Y aunque suene a disparate -o la obra de mentes enfermas- también se encargan de organizar y promover atentados terroristas asesinando a sus propios compatriotas con el fin de estimular el afán de venganza hacia ciertos colectivos a los que les conviene someter. Con los consiguientes beneficios en el negocio de las armas y el manejo del petróleo. Para ellos, no importa la dimensión del terror o la cantidad de gente que haya que sacrificar, lo más importante es satisfacer sus intereses personales de poder, dominio y riqueza.



A pesar del esfuerzo del grupo de poderosos mencionado, estamos empezando a presenciar la muerte del viejo sistema instaurado por ellos, al tiempo que nos encontramos en el umbral de una nueva visión social que poco a poco está tratando de emerger en la conciencia colectiva. Para estimular este despertar, es necesario que se produzca una gran crisis que ponga de manifiesto todo lo que está asfixiando a nuestra humanidad y al planeta que habitamos. Este es el don de Plutón, poner de manifiesto lo que está escondido y corrompido, aunque huela muy mal.



Algunas personas que lean esto, quizás piensen que es exagerado o que parece el argumento de una película de ciencia ficción, pero solo tenemos que mirar la televisión, a nuestro alrededor, o más cerca todavía; dentro de nosotros mismos. Si somos sinceros, veremos que podemos llegar a hacer muchas cosas inconfesables cuando se trata de defender nuestros intereses personales o cuando sentimos que la seguridad de lo que creemos nuestro, está en peligro. Solemos justificar nuestras acciones con razones de mucho peso, pero lo que está detrás siempre es el miedo y la falta de fe en la vida. Lamentablemente, no solemos hacer este examen de conciencia a no ser que las circunstancias nos obliguen a ello.



Otra parte de la realidad que ha sido cuidadosamente ocultada hasta ahora es la de que no estamos solos en el Universo. Por una parte, sería demasiado pretencioso -y poco inteligente- pensar que entre los millones de sistemas solares que existen, nuestro planeta es el único que tiene vida “inteligente”, entrecomillado a propósito. A través de la historia y especialmente en las últimas décadas han habido muestras evidentes de que hay inteligencias extraterrestres que nos visitan y que están atentos a nuestra evolución. El gobierno secreto se ha encargado de silenciar, ridiculizar o de hacer referencia a ellos como algo amenazador, pues no quieren que nada interfiera en sus intereses. Saben perfectamente que las bazas principales con las que cuentan para conseguir sus fines, son el miedo y la ignorancia. Pero es el momento de que la verdad se vaya destapando y vayamos perdiendo el miedo a lo desconocido. Si estos seres del espacio exterior tuviesen el nivel de conciencia que tenemos nosotros, ya hace mucho tiempo que nos habrían “conquistado” y dominado, tal y como hemos hecho nosotros entre nosotros tantas veces a lo largo de la historia y aún seguimos haciendo hoy en día. Pero la realidad es muy diferente. Ellos se denominan a sí mismos como nuestros hermanos mayores, cuyo único objetivo es el de ayudarnos en nuestro despertar y en nuestra transición hacia una nueva humanidad. Solamente tenemos que perder el miedo y abrirnos con esperanza a lo nuevo. Hay muchas personas que afirman haberse comunicado con ellos, que han visto sus naves, que han viajado en ellas, y cuyos testimonios coinciden significativamente. Estos seres del espacio exterior son humanos como nosotros, con una apariencia muy similar a la nuestra y con una evolución y una tecnología tan avanzada como incomprensible para la mayoría de nosotros. Y aunque no está en sus principios interferir en nuestro libre albedrío, si están disponibles para ayudar discretamente a todos aquellos que estén dispuestos y abiertos al cambio. Además, vienen informando desde hace tiempo que estamos poniendo en peligro el delicado equilibrio de nuestro planeta, lo cual puede afectar también a otros cuerpos celestes cercanos. También han dicho que muchos gobernantes de la tierra están informados de ello.



Quizás, a partir de ahora tengamos que presenciar muchas cosas que nos removerán por dentro y por fuera, pero esto es necesario que ocurra para que se produzca un despertar en nuestras conciencias adormecidas. La deshonestidad y la falta de pudor moral de muchos políticos también nos muestra la cara más fea de nuestra sociedad, pues al fin y al cabo, nosotros somos los que los elegimos. Si nos quejamos de lo que hacen o nos sentimos engañados, porque no hemos sabido interpretar a tiempo las señales de lo que son a través de sus gestos y sus palabras, es porque somos muy parecidos a ellos. No es casualidad que nos representen.



La experiencia de la crisis y de la “muerte” es algo que a los seres humanos nos asusta. Nos solemos atascar en el apego y en el dolor de la pérdida, en vez de mirar hacia delante y valorar lo nuevo que poco a  poco trata de emerger en lugar de lo viejo. Si nos paramos a reflexionar en nuestra propia vida y somos sinceros con nosotros mismos, podremos ver claramente cómo se manifiesta este proceso y cómo nos enriquece la experiencia de la pérdida cuando nos toca vivirla. Siempre que perdemos algo o se nos va alguien, no es sino un proceso de transición hacia un nuevo paso en nuestra madurez y nuestra independencia. El nivel de sufrimiento que experimentamos, siempre es proporcional a la cantidad de apego que tenemos y al grado de inconsciencia en relación a la evolución constante de todo lo creado. “Nada muere, todo se transforma”, situaciones, personas, cosas, e incluso la misma vida. Cuando nos llega la muerte y dejamos el cuerpo físico, solamente estamos dejando un viejo traje del que nuestra alma se libera para abrirse a un nuevo proceso y adentrarse en una nueva realidad. Cuando perdemos dinero, casa, trabajo, quizás en el fondo solamente estamos perdiendo las cosas que hacen nuestro caminar más pesado. Cuantas veces nos hemos rebelado ante el destino y ante las circunstancias de la vida, y después con el paso del tiempo al mirar atrás, nos hemos dado cuenta de que lo que nos tocó vivir fue lo mejor que nos podía haber pasado. Los valores que nos han inculcado de búsqueda de estabilidad y seguridad tienen mucho peso, por lo que la experiencia del soltar se convierte en un motivo de temor y de ansiedad para la gran mayoría de nosotros.



Sigamos mirando hacia el espacio para ver más detalles sobre el proceso vital actual de nuestra humanidad. Para ello, fijaremos nuestra atención en la posición de los planetas generacionales de nuestro sistema solar, lo cual nos aporta valiosa información sobre el momento evolutivo que estamos viviendo.



Urano, el arquetipo de las rupturas, los cambios y el despertar, está en Piscis, el signo vinculado a la pérdida y la disolución. Esto es un indicador de la necesidad que tiene nuestra colectividad de romper con las estructuras limitadoras para poder conectar con una realidad más sutil y elevada. Neptuno, el planeta de la sensibilidad y la mística, está en Acuario, el signo vinculado a los movimientos sociales, a la comunicación grupal y a la información colectiva. Quirón el arquetipo de la sanación, está también en Acuario junto a Neptuno. Estos dos planetas están unidos en un objetivo común; a través de la información colectiva en relación a muchas cosas que han estado tapadas hasta ahora, se llevará a cabo un paulatino despertar. Esto implicará la disolución de los ocultamientos y las falsas ilusiones, aunque para ello sea necesario enfrentarse a las heridas infectadas de nuestra humanidad, que necesariamente han de sanarse si queremos renacer a otra dimensión del pensamiento, el sentimiento y la acción. Solamente cuando la negación a ver la realidad se viene abajo, es cuando verdaderamente empezamos a estar preparados para enfrentar y sanar lo que no funciona bien. La cantidad de dolor que se vive en el proceso depende del nivel de autoengaño y de la resistencia a enfrentar la realidad.



En nuestras manos está la decisión; abrimos los ojos y “empezamos a trabajar en lo echado a perder”, o seguimos con la cabeza escondida “bajo del ala”, aterrorizados por la inseguridad y el miedo a la pérdida. No es tiempo de emprender batallas ni hacer grandes revoluciones sociales, solamente es necesario el despertar individual y la revolución en nuestra conciencia personal, empezando a realizar cambios en nuestra vida cotidiana, en nuestro hogar, con nuestros hijos, padres, pareja... No tengamos miedo, recordemos que la pérdida de lo viejo nos hace más ligeros y nos ayuda a prepararnos y abrirnos a recibir los valores nuevos. A veces, también es el estímulo necesario para buscar las cosas que realmente son importantes.