martes, 2 de junio de 2015

Las Astrologías del siglo XXI. Por Sílvia Ceres.








Un estudioso atento de la Astrología contemporánea, es probable que se sienta algo sorprendido al recorrer la bibliografía actual: por un lado aparece un material ameno, dinámico, que realiza un relato interesante de numerosos temas sobre la base de un discurso astrológico con pocas apreciaciones técnicas y casi o ninguna definición concreta de algún asunto específico. Un mix de varias corrientes psicológicas, un compilado rápido de filosofías orientales, todo bajo una perspectiva New Age.

El resultado de esta corriente, puede sintetizarse en un agudo comentario del sociólogo Zygmunt Bauman, en su libro Amor líquido:

“…los astrólogos de eras pasadas solían decirles a sus clientes lo que el destino inexorable, inapelable e implacable les deparaba, sin importar lo que hicieran o dejaran de hacer. Los expertos de nuestra modernidad líquida muy probablemente responsabilizarán a sus desconcertados y perplejos clientes.

Los consultantes verán entonces que sus angustias remiten a sus acciones e inacciones y deberán buscar los errores de su proceder: insuficiente autoestima, desconocimiento de sí mismos, conductas negligentes, apego exagerado a antiguas rutinas, lugares o personas, falta de entusiasmo por el cambio y reticencia a éste una vez que se ha producido. Los consejeros recomendarán más amor propio, seguridad y cuidado de uno mismo y sugerirán a sus clientes que presten mayor atención a su capacidad interior para el goce y el placer, así como menos “dependencia” de los otros, menos atención a las exigencias y mayor distancia y frialdad al calcular pérdidas y ganancias. De ahí en más el cliente deberá preguntarse con mayor frecuencia “¿me sirve de algo?” y exigir con mayor determinación de sus parejas y del resto que le den “más espacio”, es decir, que se mantengan a distancia y que no esperen ingenuamente que los compromisos alguna vez contraídos valgan perpetuamente.”

En el otro extremo, encontramos las vertientes integristas de nuestra disciplina, cuyas fuentes son helénicas, árabes o latinas.


 


Frente a los cambios vertiginosos de realidades sociales y paradigmas mentales, crece cada vez más un movimiento general de retorno a las fuentes –y no exclusivamente en el campo religioso-. Como si este presente caótico que enfrentamos día a día nos invitara a regresar a un paraíso perdido donde todo era claro, preciso y definido de una vez y para siempre. La única manera de seguir “adelante”, parece que es ir “hacia atrás”.


 


Sin duda, para una disciplina sostenida en el concepto de que el origen condiciona el desarrollo posterior de los sucesos, es de suma importancia conocer los distintos aportes que conformaron el cuerpo teórico de la Astrología.


 


Pero lo que tal vez surgió como una genuina búsqueda arqueológica, se fue transformando en una defensa acérrima de los principios. Y así como para un fundamentalista religioso, toda verdad mora en su libro de referencia –sea el Corán, el Talmud o la Biblia-, toda verdad astrológica se encuentra formulada exclusivamente en los textos tradicionales.


Sobre esta situación, algo tiene para explicarnos la conjunción Júpiter/Saturno de 1980 -perteneciente al ciclo de doscientos años en el elemento Tierra, concluido en el 2000- que en lugar de efectuarse en Virgo, lo hizo en Libra, acompañando la explosión de los nuevos sistemas de comunicación: Internet, fibra óptica, telefonía móvil, televisión por cable, etc.

La conjunción se realizó el 31 de diciembre de 1980, a las 14:45 GMT. Júpiter y Saturno se encontraban en 09º29’ Libra, en cuadratura casi partil –menos de 1º de orbe- con Mercurio en 10º09’ Capricornio.

Desde la perspectiva social, encontramos una situación paradojal: exceso de información –Júpiter/Mercurio- por un lado y pobreza de reflexión y crítica –Saturno/Mercurio- por el otro.

Este panorama ambiguo generó en el campo astrológico el fenómeno de sumar cada vez más factores, en una supuesta amplitud interdisciplinaria donde alegremente danzan los puntos hipotéticos con la física cuántica, las diosas y algunos invitados más, perdiendo la Astrología marcos conceptuales necesarios para analizar una realidad concreta. Fenómeno que puede pensarse como una manifestación de Júpiter cuadratura con Mercurio: una compulsión a inferir sentido y equivalencias en fenómenos pertenecientes a diferentes campos del saber.

Por otro lado, nos enfrentamos con la estrechez dogmática de discutir asuntos contemporáneos con aforismos clásicos –valiosos sin duda- pero un tanto anacrónicos para comprender situaciones claramente contemporáneas. Aquí podemos señalar el efecto de Saturno cuadratura Mercurio.

¿No sería conveniente encontrar un punto superador entre la Astrología pos-moderna relativista y argumentos al estilo de: fulano –en el siglo II- consideró tal cosa y nada corresponde agregar?

Y hablando de actualizar, no estaría de más recapacitar por ejemplo, en cómo definir el concepto lunar de nutrición en la era de las comidas rápidas y las dietas.

O a Mercurio, adalid de la racionalidad en tiempos de zapping, de atención múltiple y simultánea.

¿Cómo definir a Venus, en tiempos de vínculos de móviles, inestables, carentes de solidez y compromiso?

¿Cómo conceptualizar a Saturno zambullidos en la vivencia ilimitada del ciber espacio y del ciber tiempo?

¿O cómo visualizar astrológicamente las nuevas tecnologías de fertilización?

Así podríamos confeccionar una larga lista de asuntos pendientes para ser repensados. Sin duda un desafío arduo reclamado por la tarea cotidiana del consultorio, y que claramente las corrientes en boga no ofrecen ninguna pista certera.