viernes, 5 de junio de 2015

Todos somos astrólogos. Por Alejandro Fau.








Todos somos astrólogos

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¿Cuánto tiempo hay que estudiar para ser astrólogos? Esta es una pregunta recurrente que me han hecho innumerables personas a lo largo de mi vida profesional. Al responderles yo que llevo desde mi más tierna infancia hasta hoy sin haber concluido con su estudio, me encuentro siempre con miradas consternadas y gestos desencajados; supongo yo que por la idea equivocada que existe en el imaginario popular que compara el estudio del conocimiento astrológico con una carrera de grado cualquiera, como ser la medicina o la abogacía. Cierto es que a primera vista es difícil de creer que el estudio de la astrología nunca acaba, y que tampoco hace falta encerrarse en una institución académica o peregrinar por el mundo en busca de tan ansiado conocimiento, ya que desde que nacimos, astrólogos somos todos.
Alejandro Fau | Todos somos astrólogos
Esto de "estudiar", es algo que definimos como un tipo de especialización en un tema particular. Algo así como complicar las cosas a fin de volvernos muy específicos en algo, y de enmarcar un tipo de conocimiento en una forma que lo vuelva más o menos serio y que nos transforme en seres dotados de una comprensión profunda respecto de ese algo para destacarnos por encima de nuestros pares a fin de acrecentar la altura de nuestros alicaídos egos. Un "berretín", dirían los tangueros, que tiene el ser humano.
No importa mucho en realidad el intentar encontrar el lugar preciso en dónde nació la especie humana para poder explicarnos del por qué de su diverso comportamiento socio cultural. No importa si venimos desde un lugar único y luego nos desparramamos por el orbe, o si venimos cada uno de lugares diferentes. Digamos por ejemplo, en tren de especular, por asumir este último caso como posible, que nosotros, futuros proto-humanos, primeramente fuimos una particular clase de “proto-mono”, que antes fue algún otro “proto-mamífero” desconocido aún por nosotros, y que aún antes fuimos algún otro “proto-algo” que habitaba en una gran isla que contenía absolutamente toda la tierra que existía en toda la Tierra y que fue separado de sus congéneres cuando la gran isla se rompió… pero que al mismo tiempo siguió siendo lo que era y terminó, en cada diferente lugar, siendo hecho a la misma imagen y semejanza de sus propios congéneres dentro de la cadena evolutiva. Y que en cada diferente lugar, se formó como un ser adaptado a las condiciones climáticas imperantes en los diversos fragmentos en los que el mundo terrestre se rompió y que marcharon con diferentes rumbos cuando ello sucedió. Muy diferentes condiciones climáticas entre sí, pero sucediendo simultáneamente en todas partes.
GondwanaDigamos también, que los ordenes en que se sucedieron estas diferentes variaciones de clima, también fueron muy diversos, y que esto nos fue “cocinando” como especie de diferentes maneras, digamos, hasta volvernos autoconscientes. Unos seres humanos ahora separados como diferentes Clanes o familias, que desarrollaron luego una Cultura y sociedad particulares, y que sentaron sus raíces en el aprovechamiento de aquel producto primario disponible en aquel lugar, y que evolucionaron consecuentemente con la primera realidad climática que les tocó en suerte… y que debido a esto cada uno se especializó y desarrolló un punto de vista marcadamente diferenciado de los desarrollados por aquellos otros de su misma especie que moraban en aquellas otras pequeñas islas que quizás eran más grandes, o quizás más pequeñas, pero al fin y al cabo una isla, otra isla, finalmente hecha de la misma sustancia que la suya. Compuesta de las mismas cenizas y las mismas sales combinadas que nos dieron la vida a todos allá en Gondwana, en nuestra primera casa, dentro de la Madre tierra.
Entendamos así que más allá de que aquello provocó la gran división que hacemos al reconocernos como pertenecientes a alguna de las distintas razas o genotipos, y al mismo tiempo seres autoconscientes, todos fuimos así la misma cosa: seres humanos; y que en tanto humanos, todos con la misma memoria inconsciente de ser uno más allá de nuestra procedencia única o diversa. Esto se verifica en el sentido primario que dimos luego a cada posterior religión particular desarrollada, la cualidad de volver a unirnos (recordemos que Religión, como término, deriva del latín religare: volver a unir), y de identificar al Dios como un ser antropomórfico. Pero más allá de las disputas a lo largo de nuestra larga historia evolutiva sobre cuál de estos diferentes Dioses es el “verdadero” (cuando la única diferencia entre éstos es el nombre con que lo llamamos y las formas rituales con que lo adoramos), todos compartimos el mismo esquema de arquetipos inconscientes dentro nuestro para hacerlo.
evolucionEstos arquetipos del ser humano, según la definición que nos brinda C. G. Jung, están presentes en cada cultura sin importar la locación geográfica de ésta ni el posterior desarrollo que hicieran separadamente cada una, e interactúan entre sí por medio de pautas totalmente originales y únicas que han prevalecido a lo largo de todo nuestro desarrollo cultural como especie autoconsciente. Estos arquetipos y su dinámica interactiva están plasmados en el lenguaje astrológico de un modo claro y verificable en los distintos correlatos mitológicos de cada cultura sin importar la forma en que son expresados externamente. Tratar de averiguar en qué lugar geográfico del planeta aparecen por vez primera representados en la coherencia de un lenguaje, es tan poco importante como tratar de averiguar a quien se le ocurrió llamar por primera vez “comida” a la sustancia que nos nutre físicamente, ya que lo interesante es que todos comemos desde antes de ser concientes de que lo hacemos. Desde este contexto podemos decir que todos los seres humanos somos astrólogos aún sin necesidad de saberlo concientemente, y del mismo modo podríamos decir también que los animales y las plantas también practican la Astrología aún sin saberlo.
¿Qué podemos decir entonces de aquellos que “enseñan” la Astrología? La función que tienen los docentes de este arte no es la de instruir a las personas en algo que ellas no saben, sino en ayudarles a que puedan recordar todo lo que saben de ella. Él no va a brindarles otra cosa que palabras con las cuales nominar ese conocimiento oculto que tienen para poder significarlo. No va a darles más que una guía “normalizada” para recorrer el territorio que ellos ya poseen. Una guía que quizás solo llame la atención sobre aquellos lugares que uno ha pasado por alto en su recorrida, o que por pereza o miedo han dejado inexplorados; entiéndase esto como iluminar sectores del propio inconciente que permanecen oscuros. Solo en este sentido podemos referirnos a los discípulos de ellos como “alumnos”, ya que esta palabra etimológicamente proveniente del antiguo latín significa “sin iluminación”. Así pues, podemos también decir que no existen mejores o peores astrólogos, solo hay astrólogos más o menos “iluminados”. Aunque hay muchos de los que se autodenominan como tales que viven en una perpetua y cegadora oscuridad.
esoterismoCuando se habla de las “artes esotéricas” o de la “sabiduría oculta”, no se está hablando de algo escondido en algún lugar secreto, remoto e inaccesible como el sótano de un castillo, un monasterio perdido entre las montañas, o sobre algo que poseen solo unos pocos. Se habla de algo, un arte y un saber, que yace en el interior de cada uno de nosotros. Históricamente se han asociado estos términos a un “conocimiento prohibido, velado y poco difundido debido a la peligrosidad y maldad que representa para la sociedad”; una mentira que enmascara la manipulación que ejercen los poderes instituidos con el fin de perdurar en el mismo estado de las cosas. La Iglesia Católica Apostólica Romana por ejemplo, a través de la figura del Papa Juan Pablo II y en época muy reciente, ha condenado estas prácticas y saberes, y excomulgado a todos aquellos que la practiquen o tengan tratos con éstos; sin saber (o sí, quién puede decirlo a ciencia cierta) que también en ese acto excomulgó a toda la especie humana y a sí misma por la misma causa. Pese a esto, el vacío legal existente en la mayoría de los Estados ha hecho que su práctica no sea criminalizada todavía como lo fuera en épocas anteriores. Recordemos que durante el “iluminismo” el declararse simplemente como “ateo” era penado con la muerte en muchos lugares del cristiano y piadoso occidente.
La represión de las prácticas esotéricas en la actualidad, y desde el período denominado como racionalismo, ha quedado en manos de la llamada “ciencia oficial”, y se resume a una burla y descrédito continuo y compulsivo por no ajustarse a los parámetros y metodología que ella misma practica. Cualquiera con un poco de sentido común puede darse cuenta que entre esto y las antiguas condenas eclesiásticas, de considerar heréticos e infieles a quien no profesara su fe, no hay ninguna diferencia. Queda pues de manifiesto que la estreches de miras y la ceguera dogmática gozan aún de buena salud en todo el orbe. Posiblemente esto sea producto del hecho que algunos se consideren mejores por pertenecer a determinada raza, creencia o nación que el resto, debido a la división de la que hablábamos en un principio. Quizás aún prevalezca una conciencia demasiado egocentrista por encima de otra más evolucionada e inclusiva de parte de la especie humana. O quizás sea por otra causa, pero lo cierto es que pese a nuestra tan pretendida “modernidad y amplitud” seguimos actuando culturalmente como hace miles de años cuando por alguna causa nos considerábamos únicos por ser hijos dilectos del Dios.
librosPero volviendo a la astrología como conocimiento inconsciente y enteramente globalizado, podemos ver también aquí la maniobra de ocultación que utilizan algunos practicantes del arte con el fin de lucrar, aduciendo que sólo aquellos, como ellos mismos, que han “quemado sus pestañas” leyendo en muy viejos, muy raros e inaccesibles manuscritos dicho saber, pueden alcanzarlo. Quien solo tiene un conocimiento teórico de este noble arte, aún si se tratase de alguien que leyó todo lo publicado y escrito sobre el asunto, está tan lejos de él como cualquiera que no hubiese tenido nunca noticia de ella, y es sólo una muestra más de su completa ignorancia del asunto. Por suerte la astrología ha sobrevivido a estos y peores personajes desde que el mundo es mundo, y sólo desaparecerá cuando el último de nosotros deje de existir, pero tan solo para renacer posteriormente cuando la autoconciencia emerja una vez más en el inevitable ciclo de la vida.
Mas la evolución conciente en el propio conocimiento del Ser humano puede ser estancada por medio de estas maniobras personales e institucionales una y otra vez a lo largo de los eones hasta el fin de los tiempos. Pero que esto no suceda es decisión de cada uno de nosotros individualmente, y no es algo que pueda imponerse por medio de un decreto o una ley que nos lo exija a todos. Hay quienes opinan que los avances en la tecnología humana sólo existen para disfrutar de la vida más cómodamente instalados que antaño perpetuando una molicie plácida y gozosa, y no como posibilitadora tanto de dedicar nuestro esfuerzo conciente a ampliar su difusión hacia los otros, como a desarrollar otras áreas del conocimiento humano que nos resulten útiles como especie, pero es comprensible en una civilización que aún brega por el individualismo egoísta en la que vivimos. Cuando eso cambie finalmente, habremos dado un gran paso dentro del desarrollo de la cultura humana. Quizás el próximo comienzo de la Era de Acuario seguramente tenga que ver con ello, o quizá ya este ingreso de Plutón en Capricornio lo logre y derribe las viejas estructuras individualistas, apoyado como está por el tránsito de Neptuno en Acuario y el de Urano en Piscis. Quizás sea ahora tan solo un sueño idealista de un espíritu romántico, como seguramente me tacharán algunos. Pero lo cierto es que alguna vez será, más tarde o más temprano, mi animal interno puede olerlo en el aire, mi instinto irracional puede percibirlo vibrando en el entorno y, también, es algo que puedo sentirlo como una necesidad vital en lo más profundo de mi ser conciente.
Así que cuando alguien les diga que es Astrólogo no lo duden, y de igual modo pueden contestarle con toda veracidad:
"Yo también"



 http://www.astropampa.com/art-43-todos_somos_astrologos.htm