martes, 7 de julio de 2015

La New Age en palabrejas. Por Pere Grifoll.









En Papus & Olivets siempre hemos sido de la Old Age: Esa que no mola nada, que defiende postulados obsoletos, que es de la desfasada Era de Piscis, que lo mismo considera que la misa sirve de algo o que con Alfonso X (Célebre antepasado de Jason X y Malcolm X) estábamos mejor.
Pero qué le vamos a hacer, quizá movidos por la cerrazón mental que caracteriza al hombre no-evolucionado, siervo de reptilianos y esclavo de complejos traumas de vidas pasadas, tenemos la molesta manía de aspirar a atarse a la Tradición tal como es en sí misma, inmutable en el fondo y recursiva en la forma, sustentada en principios de orden suprahumano.
Esta actitud produce en el observador una crítica no sólo hacia La Modernor en general, también otras tantas cariñosamente dedicadas a sus elementos más significativos. El que aquí nos ocupa es la New Age, saco sin fondo en que caen todas las “doctrinas” modernas de aspiración esotérico-ocultista-religiosa-pseudocientífica. Dado que esta crítica se ha ido desarrollando en entradas anteriores, ésta se limitará a dar una breve lista con el objeto de analizar algunos de los términos que ha ido vomitando “La Era de Acuario” en nuestro ambiente.
Es sabido que los pastores no contaban con demasiada frecuencia a sus animales, pues esto hacía que murieran más a menudo. Es por ello que no nos abstenemos de listar estas palabrejas, con la esperanza de que alguna perezca y deje de aparecerse en los diversos medios cual fantasma de un hombre torturado. Esta licencia poética al estilo de Elémire Zolla nos permite expresar el caracter paródico de los conceptos de que se trata, decimos paródico porque todo pseudoesoterismo debe aparecer por fuerza como una farsa de las doctrinas tradicionales, al igual que por otro lado la ciencia que es hoy en día la oficial es propiamente una pseudociencia con respecto a su predecesora.

La Blavatsky, muy contenta de que que su obra le sobreviva.
No discutiremos tanto la validez tradicional de los términos como el abuso que se hace de ellos para concepciones desviadas, en el mejor de los casos, de la Tradición.

Energías

Para la Nueva Era todo son energías: Las energías son un elemento pretendidamente común que se encuentra por todas partes, es más, las partes y las cosas que se sitúan en ellas son energías también. Este hecho que se supone tan común debe a la vez sorprendernos, por lo visto, y tomar consciencia de él nos conferirá una armonía con el Universo (Formado de energías) de lo más edificante y chic.
Siendo cierto que las energías se hallan por doquier en el estado humano, el abuso aquí está en pretender que los dioses son energías, que los principios son energías y que el fin último del ser queda limitado a ser nada más que una energía consciente de que es energía. La manía de las energías llega en muchas ocasiones al punto de abrir al que la padece a toda clase de influencias, y hacerle recibir principalmente las de abajo, dado su carácter “caótico” semejante al estado del que es honrado con su visita.

“Pues nada, aquí, captando energías para no sabemos muy bien qué.”

 Vibraciones

La paranoia fluídica de las energías y la oscilatoria de las vibraciones son las dos caras de una extraña moneda. Las cosas ya no son de una naturaleza o de otra, no tienen esencia ni substancia, no reflejan este principio o aquel, sino que vibran. Vibrar está muy de moda y si no vibras con las energías no eres un ser evolucionado. Las cosas son buenas o malas con respecto a su nivel de vibración, las malas energías son sólo energías de vibración baja que hay que hacer vibrar con la vibración del amor para que evolucionen.
El abuso en este caso consiste en la idea de que si todo son vibraciones todo es substancia que se vibra a sí misma, y no hay nada de orden superior que determine su cualificación; tampoco condiciones para ningún estado, simplemente modos de vibración. Ciertamente todo son modificaciones ilusorias, pero con respecto a la Identidad Suprema y no entre ellas como se deduciría de tal confusión. Aunque se quiere separar a la ciencia oficial de las teorías pseudo-esotéricas, para que aquella siga siendo lo más digna posible, según Stephen Hawking la materia tiene potencialidad suficiente para crearse a sí misma y se queda más ancho que largo.

Stephen Hawking en Los Simpsons
“Que sí, tío: Que se crea a sí misma, que me lo ha dicho ella…”

Ritmos

Las energías y las vibraciones se conjugan en unos ritmos que harán las delicias de todo aquel que quiera hablar con la apariencia de una espontánea sabiduría. Aquí no se trata tanto de una parodia ontológica como de lo repetitivas que se vuelven las corrientes pseudoesotéricas con esta palabra, que utilizan para todo lo que pueden: Los ciclos son ritmos, los ritos son ritmos, las recetas de cocina son ritmos que favorecen tus biorritmos, los grandes compositores clásicos manejaban basto de metafísica porque estaban enterados de eso del ritmo, el Dalai Lama no es nada comparado con un tío que expresa los ritmos con una flauta. El ritmo son repeticiones de energías vibrantes, y repetir la palabra ritmo se convierte en la base que justifica cualquier aforismo que podamos inventar.

El ser más elevado de nuestra Era.
El ser más elevado de nuestra Era.

Evolución

¿Adivina usted el efecto que produce el ritmo de una energía que vibra? ¡Claro que sí, la evolución! Está claro que la televisión, los móviles, los transgénicos y la destrucción sistemática de toda cultura no occidental son síntomas de que la Humanidad está presta a alcanzar un nuevo estado de consciencia en que todo será paz y amor. La libertad para reírse en masa de los demás en Twitter, las emisiones de gases tóxicos, el bombardeo psíquico de marcas de productos que no necesitamos y la relativización de todos los ámbitos de la vida humana son pruebas fehacientes de ello.
Las consecuencias de esta “evolución” van apegadas a los dos extremos de la hipertrofia materialista: El Amor y las Nuevas Dimensiones. En efecto lo que se busca es la maximización del sentimiento y la racionalidad, sea con el disfraz que sea, como una pantomima de la sublimación en lo suprahumano de estos dos modos, que son sin embargo legítimos en su orden.

Hipercubo
“Parece que intenta entrar en la cuarta dimensión… ¿Puedo ayudarle?”

Luz

El ser evolucionado emite luz, es luz, que a su vez es energía, vibración y ritmo. Esto, a parte de producir incontables imágenes horteras con chacras y hombres de Vitruvio en 3D, hace de ella un elemento propiamente luciferino y descontrolado, a la vez menos y más de lo que es. Más, porque todo lo que se suele suponer que abarca entra dentro de los límites individuales, y no se trata entonces en el fondo de otra cosa que de una degradada “Luz Astral” compuesta de “fluídos” y “vibraciones”, a la que se corre el peligro de abrirse sin importar lo que vehiculice; menos, porque se obvia el aspecto principial de la Luz entre el Cosmos y la No-manifestación en favor de los fuegos artificiales psíquicos.

Hombre de luz
“¡Quemarse las retinas es un bajo precio por la realización espiritual!”

Magia

Como ya se adelantaba en Iniciaciones sobre la apreciación, es un error clásico confundir “poderes” y realización espiritual. En esta era de gran evolución cósmica, cuanto más realizado se está más poderes se tiene, en algunos casos hasta el punto que esta magia abarca todo lo que se propone el buscador: Los ritmos son mágicos, el Camino de Santiago es mágico, las vibraciones son mágicas y en definitiva eso es todo lo que le basta, ya que al no sobrepasar, insistimos, el punto de vista individual, es el desarrollo de esa individualidad lo que se quiere maximizar por donde sea, ya que “se basta a sí misma” y es como la impostora del Centro Supremo. La extensión es, pues, válida en cualquier dirección; al no poder rebasar su propio límite, lo que parecería una extensión en todas las direcciones de un círculo termina por serlo en las ramificaciones más exteriores y oscuras del ser.
"Yo, si no hay escobas voladoras, paso de tradiciones."
“Yo, si no hay escobas voladoras, paso de tradiciones.”
El problema de base es que, por muchas pretensiones que se tengan de alcanzar el dominio supraindividual, por lo general se maltinterpreta éste hasta el punto de no ver en ello más que desarrollos más o menos extensos de lo individual (A veces, incluso, de lo infraindividual). La contradictoria profanización de lo esotérico termina por marcarse objetivos morales, colectivos, sensibles; por aspirar a condiciones espaciales, mentales, sociales. El sueño de la razón ha producido estos y muchos más monstruos, ha solucionado algunos problemas pero ha creado otros muy interesantes, algunos de los cuales aun están por venir.
Posiblemente volvamos con una segunda parte, quizá con términos más específicos. Hasta entonces habrá que conformarse con esta lista de la compra para los mercadillos esotéricos…





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