jueves, 1 de octubre de 2015

Cinco razones para creer en la Astrología. Por Inés Rodríguez Hidalgo











Cinco razones para creer en la Astrología


Dra. Inés Rodríguez Hidalgo
  

De las disciplinas cuya denominación comparte la misma raíz, Astrología, Astronomía y Astrofísica, la primera ostenta el nombre con más tradición y resonancia científica: etimológicamente Astrología significa tratado de los astros, como Biología es el tratado de la vida o Geología, de la Tierra. Sin embargo, la Astrología va más allá de la pura explicación de cómo funciona el mundo y ofrece al hombre algo esencial en lo que depositar la fe.
En esta conferencia se aportan cinco razones que pueden justificar la creencia en la Astrología, cada una de las cuales se refiere a una o varias ramas del saber, lo que subraya la natural conexión de la Astrología con muy diversas ciencias y artes. La primera de tales razones es de orden epistemológico: con respecto al rigor científico de este conocimiento milenario es preciso recordar que Astrología y Astronomía fueron lo mismo en su origen, y que grandes astrónomos como Ptolomeo o Kepler realizaron prácticas astrológicas muy sofisticadas y precisas. La segunda razón es de índole psico-sociológico y será de especial interés para quienes, en el marco de la religiosidad, de la profundización filosófica, o sencillamente del crecimiento personal, estudian y persiguen la armonía entre el ser humano y su entorno: la Astrología establece conexiones entre el hombre y el Cosmos, considerando y analizando el influjo de éste sobre aquél. Tendencias actuales, aunque con ancestrales raíces, enmarcadas en el amplio ideario de la New Age reconocen tales influencias, no exentas de lógica desde el punto de vista puramente científico (recuérdese, por ejemplo, el efecto de las mareas sobre las masas de agua de nuestro planeta). Para defender la creencia en la Astrología puede argumentarse también que al ser humano le tranquiliza saber que su destino no es responsabilidad exclusivamente suya, sino que puede estar escrito en las estrellas o ser, cuando menos, inspirado por éstas. No es ésta una afirmación obvia o frívola, ya que hace referencia a sentimientos y esperanzas, legítimo objeto de estudio de la Psicología cuya complejidad sitúa su investigación en las fronteras mismas de la Ciencia. Es posible argüir, en cuarto lugar, que la Astrología ocupa un lugar privilegiado entre las disciplinas científicas, ya que incorpora conocimientos procedentes de la Mitología, el Arte, la Psicología... Esta multidisciplinariedad constituye un valor añadido que hace a la Astrología menos fría y alejada del hombre que otras ciencias. La quinta razón tiene especial importancia en el contexto histórico, social, cultural, económico... que nos ha tocado vivir. En un mundo en continuo cambio, progresivamente deshumanizado y amenazado por el dominio de las máquinas, la Astrología, al desvelar inclinaciones de nuestra personalidad y carácter, ayuda al ser humano a profundizar en el conocimiento de sí mismo, y abre vías de compatibilidad con otros semejantes que favorecen la construcción y mantenimiento del entramado social.
No obstante, ciertas cuestiones incómodas podrían proyectar sobre la Astrología sombras de duda: ¿'funciona' esta disciplina aunque sus principios se basen en una visión geocéntrica del mundo superada desde Copérnico?; ¿son doce las constelaciones zodiacales o habría que incluir, como mínimo, una más, según la Unión Astronómica Internacional?; ¿qué hay de la Astrología hindú o la china?; ¿por qué todos los signos duran aproximadamente lo mismo si sus correspondientes constelaciones tienen muy diferentes extensiones sobre el cielo?; ¿qué ascendente tiene alguien nacido en diciembre en Laponia?; ¿las fechas de comienzo y final de los signos no deberían haberse desplazado hacia atrás en el tiempo debido a la precesión de los equinoccios?; ¿ha evolucionado la Astrología?; ¿qué ha aportado a la Ciencia?; ¿qué clase de influencia ejercen los astros sobre el ser humano?; si es de naturaleza gravitatoria, ¿por qué el horóscopo no considera también la presencia de masas próximas al nacido como la madre, la matrona o el hospital?; si influye la radiación electromagnética, ¿por qué no cuentan el Sol o la lámpara del paritorio?; ¿será el magnetismo (aunque haya planetas de gran relevancia astrológica que no lo exhiben) o la emisión de partículas (sólo vienen desde el Sol)?; ¿hay que considerar los satélites de otros planetas, los asteroides, los cometas?; ¿existe correlación significativa entre el signo zodiacal y la profesión?; ¿eran erróneos los horóscopos elaborados antes del descubrimiento de Neptuno en 1781, Urano en 1846 o Plutón en 1930?; ¿cuentan también los recientemente descubiertos Quaoar y Sedna?; ¿y las galaxias lejanas?; ¿tiene realmente éxito la Astrología como práctica predictiva de acontecimientos?; ¿y como descriptora de rasgos de la personalidad?; si lo crucial es el instante del nacimiento, ¿está el feto en el vientre materno a salvo de las posibles influencias negativas y podría elegirse un momento astrológicamente propicio para el parto?; ¿los más de seis mil millones de terrícolas se clasifican esencialmente sólo en 12 tipos de personalidad?; ¿no será discriminatoria la Astrología?... Quizá merezca la pena pensar más seriamente en qué creer.