sábado, 21 de noviembre de 2015

Crónica de un debate ( en pro y contra de la Astrología ). Por Luciano Drusetta.








 

Crónica de un debate (en pro y contra de la astrología)

de Luciano Drusetta traducido al castellano por el Autorrevisado por: Gloria Guajardo

Artículo publicado en la revista astrológica de Ciro Discepolo “Ricerca '90” número 43 a partir de la página 52

Crónica de un debate (en pro y contra de la astrología)


De vez en cuando también en el Internet se vuelve a poner de moda el apasionante (pero a veces aburrido) debate sobre el tema: Astrología y Ciencia. Entre las afirmaciones que se pueden leer, no puede uno sino estar de acuerdo con ésta: los detractores de la astrología muy a menudo no tienen la humildad de intentar comprender qué es, de qué se ocupa y cómo funciona nuestra disciplina, y discutir con ellos es como hablarle a un muro. No me parece que ninguno de ellos haya nunca abierto un manual de astrología y/o haya aprendido a redactar un tema natal para averiguar su validez práctica. Es verdad que alguien sometió algunos horóscopos a pruebas definidas como "científicas", pero por lo general lo hicieron de mala fe recurriendo de buena gana, como lo dicen en la jerigonza de boxeo, a clamorosos "golpes bajo la cintura".
Me refiero por ejemplo al clásico caso (con el que hace años se pretendió haber "demolido" definitivamente a la astrología) de los cinco temas natales de otros tantos personajes famosos: los temas fueron enviados de manera anónima a cinco "conocidos" astrólogos para que los interpretaran. Los 25 informes resultantes fueron pues reenviados a los cinco personajes para que cada uno de ellos identificara cuáles eran los cinco informes que hablaban de él. Parecidos experimentos los vuelven a proponer de vez en cuando presuntos "defensores de la ciencia" hasta en los foros de discusiones virtuales de astrología en el Internet: pero el resultado no puede sino ser "científicamente" irrelevante, porque lo que altivamente definen como experimento científico tiene más aire de una mofa organizada para "timar" a los astrólogos más voluntariosos e ingenuos, que sin embargo evidencia dos aspectos que el astrólogo experto bien conoce y seguro no puede ignorar: es decir,

1) la dificultad que tiene el consultante en conocerse y reconocerse en todo lo que le va diciendo el astrólogo (excepto cuando luego cambia de opinión y admite que, en efecto, las cosas son tal y como las vemos nosotros a partir de su tema natal!) y
2) la dificultad que tiene el astrólogo en pintar un cuadro globalmente lógico, coherente y verosímil a partir de una miríada de pormenores sueltos (fase que los principiantes hallan particularmente difícil y que se revela delicada también para los más expertos).


Por cierto, el mentado "experimento" no somete a ninguna prueba los engranajes más profundos, los supuestos más elementales de nuestra disciplina. 
Con las personas que demuestran haber ya tomado partido y sólo quieren ponernos trampas insidiosas, seguramente no vale la pena discutir. Pero una ulterior reflexión sobre estos temas puede servir a los que, al ocuparse de astrología y conocer bien sus mecanismos y sus límites, también se plantean el problema de cómo y porqué ella funcione, y si nuestra disciplina se puede o no considerar "ciencia". Pero para hacerlo, tenemos que entender también qué es esta ciencia bendita y porqué hoy goza de una indiscutida autoridad. También deberíamos preguntarnos si dicha autoridad está o no justificada por los hechos. Es preciso entonces relacionarse tanto con la ciencia como con la astrología con espíritu crítico y aproche epistemológico (que es lo que quería sugerir el título que le di a mi artículo anterior sobre este tema: Para una epistemología aplicada a la astrología).


¿La astrología es una ciencia? Esta pregunta es difícil de contestar cuando no estamos de acuerdo ni siquiera sobre la definición de ciencia. Muchos concuerdan en hablar de dos "tipos" de ciencias: las "duras" o exactas (matemática, química, física, astronomía...) y las "blandas" o no exactas (medicina, psicología, sociología, meteorología...): no obstante, exactas o no, se trataría en ambos casos de ciencias reguladas, con el sello, carácter o poder de autoridad y de eficacia que esto supone. Las ciencias exactas describen leyes puntuales que sirven de base para reproducir un determinado fenómeno en laboratorio y prever su efecto constante en la naturaleza; las no exactas describen acontecimientos complejos basado en modelos teóricos que se adaptan más o menos bien a la realidad (a lo mejor descuidando algún elemento considerado poco relevante) y permiten hacer previsiones gracias a complejas operaciones de simulación (por lo general efectuadas a través de poderosos ordenadores o programas de cómputo). Los escépticos suelen subrayar las previsiones fracasadas de los astrólogos, sin embargo nosotros queremos subrayar que hasta las previsiones de las ciencias no exactas son, a veces, poco más que pronósticos fracasados: como la aproximación de la meteorología, que prevé un día soleado en una determinada zona en la que después se registra la más violenta granizada del último decenio...
La astrología se basa en supuestos teóricos y prácticos que, en mi modestísima opinión, se pueden definir como "científicos". Me refiero a todo lo que sirve para calcular, redactar y dibujar un horóscopo: las nociones de geografía astronómica, los cálculos trigonométricos de domificación y el empleo de efemérides exactas, que difieren de las efemérides astronómicas tan sólo por utilizar otros puntos de referencia. Sin embargo, la fase sucesiva a la redacción, es decir la interpretación de la carta astral, generalmente se desprecia por no ser lo bastante (o muy poco, o nada) científica. ¿Por qué tanto escepticismo? Entre las razones que uno puede encontrar, destacan las argumentaciones "ingenuas" que tratan de explicar que la ciencia es un método de conocimiento superior a los demás, porque supone lo siguiente:

a) la existencia de un mundo real exterior e independiente del observador
b) que el funcionamiento de este mundo sea constante en el tiempo y que los fenómenos sean reproducibles, y
c) que todo acontecimiento tiene su causa (principio de causa-efecto).


Algún escéptico con ganas de polemizar añade que los mentados tres puntos suponen "serios problemas" para la astrología. Pero ellos olvidan que estos mismos postulados suponen serios problemas también para la ciencia misma, ya que abren la puerta a una secuela de problemáticas que no son fáciles de solucionar. Veamos algunas.


Punto a): la observación directa del mundo exterior y su interpretación por parte del ser humano supone límites enormes y no siempre es posible. El que afirma que gracias a la ciencia "sabemos qué acontece en el interior del Sol, a aproximadamente 150 millones de Km. de aquí", parece ignorar que si lo sabemos (o creemos saberlo) seguro que no es por observación o medida directa. ¿Cuál termómetro puede medir las temperaturas de nuestra estrella? Ninguno: las deducimos, basados en una serie compleja de supuestos científicos, que desde luego consideramos valederos e indiscutibles. ¿Cómo sabemos cómo era el mundo en la época devoniana? No lo sabemos: tan sólo podemos intuirlo, basado en los fósiles que recopilamos excavando en rocas, las cuales, basados en nuestros actuales conocimientos de geología, consideramos pertenecientes a aquella determinada época. Y ¿cómo vemos que el universo se está dilatando? No lo vemos: lo deducimos del hecho que la mayor parte de las galaxias, observadas a través de lentes prismáticas, muestra un fuerte "desplazamiento hacia el rojo", lo que interpretamos como efecto Doppler y lo explicamos como alejamiento de la fuente luminosa del observador. Algunas de estas premisas teóricas se basan seguramente en observaciones directas (que podrían ser falaces, pero esto nos llevaría a un discurso que preferimos desarrollar otra vez) pero muchas de ellas proceden a su vez de supuestos teóricos, en un madeja lógica que difícilmente conseguiríamos desenredar en pocas palabras.
En cuanto a la astrología y la observación, ya he expresado mi escepticismo sobre la teoría imperante según la cual la astrología nace del espíritu de observación de los pastores de cabras caldeos o babilonios, quienes por primera vez notaron una cierta correspondencia entre la temporada del año en el que uno nace y su carácter. En la época en la que los dictámenes astrológicos básicos fueron presumiblemente codificados, a nadie se le ocurría por cierto observar la realidad con ojo "galileano": en este sentido excluiría que la astrología nació de una serie de observaciones y pruebas prácticas, posteriormente organizadas en teoría. En realidad el origen de la astrología está envuelto en el mismo misterio que envuelve al origen de muchas otras actividades y conocimientos típicamente humanos (el idioma, la cocina, la crianza, el arte, la religión), de las que sólo podemos hacer conjeturas, puesto que la teoría evolucionista que impera actualmente no nos las explica de manera exhaustiva. Imagino que la astróloga italiana Lisa Morpurgo (de la que no soy seguidor) haya comprendido este hecho, al elaborar hipótesis sobre el origen extraterrestre del concepto de zodíaco.


Punto b): no todos los fenómenos son reproducibles, pero no por ello la ciencia evita ocuparse de ellos. Tormentas, tornados y terremotos son imposibles de repetir a nuestro gusto ni en la naturaleza ni en laboratorio: a lo mejor podemos hacer simulaciones y modelos teóricos de ellos; y sin embargo las disciplinas que se ocupan de ellos las definimos como ciencias. También el estudio galileano de la evolución biológica de la especie es imposible, porque ella se realizaría en tiempos demasiado largos para el ser humano. Pero intentamos reproducirla en laboratorio, bombardeando con radios X innumerables generaciones de Drosófilas (mosquitas de la fruta) para inducir aquellas mutaciones genéticas que, en la naturaleza, dentro de unas cuantas generaciones deberían llevar, según dicen los evolucionistas, al nacimiento de nuevas especies. Las mosquitas tienen ritmos reproductivos tan impresionantes que en pocos años pueden generar un número de progenie equivalente a las procreadas en millones de años por las especies que se reproducen con menor frecuencia. No obstante ni siquiera con tal "evolución inducida" consiguieron crear una nueva especie de mosquitas, sino enteras generaciones de Drosófilas deformes y estériles, o cuya prole vuelve "mágicamente" normal la generación sucesiva. También el hecho de hacer brotar la vida en la tierra es un acontecimiento no repetible que muchas veces intentaron reproducir en laboratorio, consiguiendo solamente que se fundieran algunas cadenas de aminoácidos y de proteínas. Pero crear la vida a partir de la materia inanimada en un laboratorio, nadie lo ha logrado todavía... y no por este hecho a los científicos que se ocupan de eso los denigran.
¿Los fenómenos astrológicos son repetibles? Algunos sí, otros no. Cuando se trata de averiguar los dictámenes astrológicos que se refieren a los planetas rápidos, no hay problemas: tenemos miles de ejemplos sobre los que podemos hacer amplios estudios estadísticos. Pero si queremos averiguar el sentido de los planetas lentos, las cosas son diferentes. En su artículo titulado “Alle sorgenti dell’evoluzionismo(A las raíces del evolucionismo), Fabrizio Cecchetti escribe: “Cada pasaje de Urano en Acuario tiende a poner en evidencia las pruebas o los indicios de que todo evoluciona y se transforma. Se trata de una afirmación que, por sus intrínsecas características (la presencia del verbo "tender" y la falta de ejemplos concretos como soporte) aparece difícilmente falseable y que por lo tanto llamaría "poco científica". Para comprobar tal afirmación, el Autor hubiera tenido que mostrar al menos dos o tres ejemplos concretos de pasajes de Urano en Acuario en diferentes épocas históricas.


Punto c): el principio de causa-efecto es seguramente el que más impera hoy día, pero se encalla de frente a la paradoja epistemológico-filosófica de la "causa no causada". Si afirmo que todo tiene su causa, tarde o temprano debo indicar una causa inicial, el principio de todo, un factor que no sea causado por nada. El evolucionismo se basa en la misma lógica: los mamíferos han evolucionados de los reptiles; los reptiles de los anfibios; los anfibios de los peces; los peces de los invertebrados; los invertebrados de los monocelulares; los monocelulares de cadenas de aminoácidos; los aminoácidos de proteínas simples... Pero ¿hasta qué punto se puede llevar atrás la cadena evolutiva? A nivel cósmico, se hacen hipótesis sobre un sistema solar que ha evolucionado de una nube cósmica, la cual ha evolucionado de... pero ¿de qué diablos? Si todo ha evolucionado de algo anterior y (¿quién sabe por qué?) más primitivo, habrá pues algo absolutamente primordial, pobre, esencial, que haya evolucionado... de la nada!

En efecto, la ciencia ha hecho hipótesis sobre el Big Bang, teoría excitante pero que tiene un gran límite. El escéptico anti-astrología afirma, en efecto, que la ciencia no se debe limitar a describir, sino que también nos tiene que explicar al mundo; el porqué de las cosas, para así contribuir al desarrollo y al bienestar de la humanidad. Sin embargo, esta visión no corresponde a la triste realidad. La teoría del Big Bang no nos explica por qué la materia primordial haya tenido "necesidad" de estallar, en vez de mantenerse en el estado de equilibrio en el que, se supone, hubiera tenido que hallarse. El evolucionismo no nos explica por qué algunas especies han "tenido" que evolucionar para sobrevivir, mientras otras tantas (los insectos, los tiburones, algunos reptiles, las medusas) han permanecido sin cambiar hasta nuestros días.
Existen además bastante ciencias puramente descriptivas, como la anatomía y la clasificación comparativa de tipo linneano; gracias a ellas sabemos por ejemplo cuáles son las diferencias entre los estrígidos y los falcónidos, pero nada nos dicen (porque claramente no cabe en sus finalidades) sobre el porqué existe tal variedad de órganos y organismos. No por eso la comunidad científica se ríe de la clasificación de los seres vivientes tachándola de inútil.


¿La astrología se limita con describir una determinada realidad o también nos ayuda a explicarla? Depende. Existe seguramente una astrología práctica, aplicada, la que demuestra funcionar. Quien se ocupa de ella puede tranquilamente evitar de ponerse el problema del cómo y del porqué ella funciona. Ciro Discepolo, hace tiempo, en un mensaje al Forum de Astrología italiana de Internet, se definió un "radiotécnico" que sabe cómo ajustar las radios pero no puede hacerlo con los expertos cuando discuten de las características más recónditas de las ondas hertzianas. El ejemplo es bueno, aunque me parece que Discepolo, quien es uno de los mayores astrólogos italianos, demuestre excesiva modestia. Imagino que todo el mundo que se ocupa de astrología se haya preguntado tarde o temprano por qué funciona, y que también haya encontrado su respuesta personal.


¿La astrología se basa o no en el principio de causa-efecto? A mí me parece que no, como inútil me parece intentar explicar cómo y porqué los planetas o las constelaciones "influencien" el carácter y/o el destino de uno: quizás no hay ninguna influencia de ningún tipo. Aunque el astrólogo utiliza afirmaciones como: "Nicolás está hecho de tal manera porque tiene la luna en Piscis", en realidad sabemos que las cosas no hay que ponerlas así. Nicolás no está hecho así porque tiene la luna en Piscis; pero seguramente la luna en Piscis nos enseña que Nicolás está hecho así. Es un poco como el letrero que en la carretera nos advierte de un cruce: el cruce existe, pero no porque hay el letrero que nos lo indica. Sabemos que si las agujas de nuestro reloj están sobre el número 12, es mediodía (o medianoche): pero ciertamente no es mediodía porque las agujas se encuentran posicionadas de tal manera. Como los letreros o la posición de las agujas, así las combinaciones de planetas, luminares, signos y casas nos entregan indicaciones útiles sobre la vida y el carácter de las personas, pero no por eso son la causa de ello.


Volvemos a hablar de falsificacionismo: un aproche epistemológico según el cual no se puede probar la absoluta validez de una tesis, sino tan sólo su falsedad. Aunque sea una tentativa de superar los límites del inductivismo "ingenuo", también el aproche falsificacionista se basa en alguna medida en los mismos supuestos. Por ejemplo la repetición del fenómeno y su observación directa. El propugnador del falsificacionismo, Popper, afirmaba que basta una sola prueba contraria para que una determinada hipótesis sea refutada (negada). Aunque se trate de Popper, también en este caso la realidad es levemente diferente. Los defensores de una teoría pueden considerar (y con razón) una sola prueba contraria como un error, una equivocación, un malentendido que falsifica la teoría "sólo en apariencia". La verdad de una teoría, dicen, también puede depender del nivel de tecnología alcanzado, y lo que hoy nos parece absurdo, mañana podría hacerse aceptable. Supongamos que yo apriete en mi mano dos objetos pesados y que los deje caer, volcando las manos de repente. Supongamos ahora, por absurdo que parezca, que los dos objetos no se caigan hacia abajo, como todo el mundo se espera, sino que se queden suspendidos flotando en el aire. ¿Con eso he demostrado que la fuerza de gravedad no existe? Claro que no, diría la persona de seso: a lo mejor he demostrado ser un buen prestidigitador. Y los escépticos me desafiarán a que vuelva a repetir el acto en un laboratorio, en condiciones de control "científico" y a su mando, o sea todas las veces que ellos consideren necesario. Un solo acontecimiento "contrario" no será de ninguna manera aceptado como "prueba falsificante" de una teoría que, en mil otras ocasiones, haya demostrado funcionar óptimamente. Y, claro está, es justo que así sea.


Cada vez que en el Internet (o por la televisión, la radio, los periódicos o en el bar...) surgen polémicas entre escépticos y astrólogos, se repiten los conceptos de los cuales hemos buscado demostrar aquí los límites: que la ciencia es un método de conocimiento mejor que los demás, que sometamos los horóscopos a una verificación, que la astrología no es una ciencia exacta...
Yo personalmente nunca afirmé que la astrología sea una ciencia. Digo sólo que a ella nos podemos acercar con un aproche de tipo epistemológico. Me parece lo más correcto que podemos hacer, o mejor dicho: la única cosa justa que debemos hacer si de verdad queremos colocar a la astrología en la dimensión cultural que le pertenece, sin complejos ni de inferioridad ni de superioridad con respeto a quien sea.
Además creo haber evidenciado que hasta el aproche de los escépticos que mentan a Galileo (y son los inductivistas "ingenuos") y a Popper (y son los falsificacionistas) supone unos límites notables: y en efecto, ambos aproches han sido superados por otros epistemólogos, entre los cuales yo mencionaría primero a Thomas Kuhn con sus "paradigmas". De los que, si Dios quiere, volveremos a hablar en otra ocasión.


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