miércoles, 4 de noviembre de 2015

De Rudhyar a Tarnas: sugerencias para una nueva cosmovisión. Por Vicente Merlo.







De Rudhyar a Tarnas: sugerencias para una nueva cosmovisión

Por Vicente Merlo
 Todavía recuerdo mis primeras lecturas astrológicas, desde el mamotreto sistemático de Adolf Weiss hasta los inspiradores libritos de Elman Bacher. Pero, en mi trayectoria personal, la astrología tiene un nombre: Dane Rudhyar. Fue él quien abrió las puertas de este saber fascinante que otorga una nueva mirada sobre los acontecimientos y sobre la realidad en su conjunto. No tanto el primer Rudhyar, el de Astrología de la personalidad , como el Rudhyar maduro de La astrología de la transformación . En ella, uno de los pioneros del enfoque transpersonal -siempre he dicho que los dos primeros exponentes conscientes y sistemáticos de un enfoque transpersonal han sido Rudhyar y Assagioli, mucho antes de que Wilber, Grof y otros se hicieran justamente célebres hablando de psicología transpersonal- nos enseñaba a distinguir entre cuatro niveles posibles de interpretación de una carta, aplicables según el nivel en que el consultante se hallase centrado en su vida cotidiana: el nivel biológico, el socio-cultural, el individual y el transpersonal.
Como cada uno de nosotros pertenecemos a una (o varias) "familias espirituales", resulta significativo que antes de desembocar en la astrología de los Huber, mi interés esotérico se alimentase de manera importante en las aguas de las obras de A. Bailey, incluida su Astrología esotérica , el volumen III del Tratado de los siete rayos . Ni que decir tiene que con mi escasa preparación astrológica, a pesar de lo subrayado que está el libro y de los apuntes que tomé en su momento, la comprensión de tal obra fue muy parcial. Ahora bien, dada mi "veneración" en esos momentos -ya se sabe pecados de juventud- hacia Bailey (bueno, hacia el conocido como Maestro D.K o "el Tibetano", a quien sus estudiantes reconocíamos como verdadero autor de tales obras) y a mi interés por el "esoterismo" (palabra que ha llegado a sonar tan mal en casi todos los ambientes de nuestra cultura) nunca olvidé ya sus palabras de las primeras páginas: "La segunda afirmación que quisiera hacer es que en la actualidad la astrología es esencialmente la más pura presentación de la verdad esotérica en el mundo, porque es la ciencia que trata de las fuerzas y energías que condicionan, rigen y actúan a través del espacio, y sobre él y todo lo que en éste se encuentra" (Bailey, 1975: 16).
Pasarían bastantes años para que, en otra de mis breves incursiones astrológicas, las obras de Liz Green, Howard Sasportas y otros renovaran mi interés por la astrología. Pero el re-encuentro con esa familia espiritual a la que antes me refería, volvería a producirse a través del descubrimiento de la astrología de los Huber, con su enfoque transpersonal -concretamente a través de la obra de R. Assagioli, como todos sabéis-, algo que volvía a remitirme a Bailey/D.K y a lo que me gusta llamar el "enfoque posteosófico", en el cual se movía también D. Rudhyar, como mostró con lucidez en esa preciosa obra en defensa de la tan vilipendiada H.P. Blavatsky, obra que lleva por título Preparaciones ocultas para una Nueva Era . En ella, al igual que en esa obra maestra suya que fue La planetarización de la conciencia , se muestra el Rudhyar "clari-pensador" (con término con el que jugaba - clairthinker - para relacionarlo, pero distinguirlo del "clari-vidente").
Así pues, Bailey-Rudhyar-Assagioli-Huber se entrelazan de manera significativa con ese "aire de familia espiritual" en la que respiro con amplitud y gozo desde hace tiempo, estimulado también en su día por otros ilustres miembros de esa misma "tradición espiritual-esotérica" como lo fueron A. Blay (gracias a él descubrí a Rudhyar) y Vicente Beltrán (cuyas "conversaciones esotéricas" alimentaron abundantemente a mi alma en mi juventud).
Ahora bien, esta ya larga introducción quería desembocar en esa magna obra, bastante reciente y todavía no traducida al castellano -esperemos que alguien se haga cargo de ello, a pesar de su envergadura- que es Cosmos and Psique de Richard Tarnas (2006). Para aquellos que no la conozcáis, me gustaría presentar brevemente esta obra que considero puede ser de gran alcance filosófico y cultural... si llegara a leerse suficientemente.
R. Tarnas es autor de una célebre y original historia del pensamiento occidental, The Passion of the Western Mind (Tarnas, 1991), así como de influyente estudio sobre el planeta Urano, comparándolo con el mítico Prometeo (Tarnas, 1995). Es uno de los formuladores de una visión participativa que está siendo desarrollada de manera brillante por autores como John Heron (1998) o Jorge F. Ferrer (2002).
En esta magnífica obra de más de 500 páginas, Tarnas ofrece un excelente estudio astrológico de los ciclos planetarios y su correspondencia con los acontecimientos históricos y culturales, especialmente desde la revolución francesa y el descubrimiento de Urano, que está llamado a convertirse en piedra de toque para el replanteamiento de la seriedad de la astrología. Resulta difícil calcular el alcance y la repercusión que tendrá esta obra de madurez astrológica, que hace gala tanto de amplitud y rigor filosófico-hermenéutico, como de riqueza histórica, y de profundidad psicológica. Con tan sólo unos cuantos elementos fundamentales de la astrología, centrándose muy especialmente en los tránsitos planetarios, Tarnas ha ido acumulando y ofreciendo tal cantidad de datos sobre las correspondencias significativas entre los movimientos de los planetas y los modelos de experiencia humana, tanto en lo que respecta a las biografías humanas como a la historia cultural, que puede terminar afirmando: "He hallado que la perspectiva astrológica arquetípica, debidamente entendida, es un enfoque capaz de iluminar las dinámicas internas tanto de la historia cultural como de la biografía personal. Ofrece una extraordinaria comprensión de patrones cambiantes profundos de la psique, tanto individual como colectiva, así como de la naturaleza complejamente participativa de la realidad humana" (Tarnas, 2006: 490).
Si bien Tarnas no se centra en la noción de "Nueva Era", desde el punto de vista astrológico sus análisis pueden aplicarse a nuestro tema (1), pues el núcleo de su obra se centra en los ciclos de Urano-Plutón, por una parte, y de Urano-Neptuno, por otra parte. Hay que tener en cuenta que la conjunción entre el primer par de planetas indicado tiene lugar tan sólo cada 150 años aproximadamente y la del segundo par cada 170 años aproximadamente. A mitad de ese ciclo tiene lugar la oposición entre ambos planetas, punto de máxima tensión entre los arquetipos planetarios representados por ellos, y segundo aspecto tenido en cuenta por Tarnas (aunque también lo hace, en menor medida, con la cuadratura): Pues bien, la última conjunción Urano-Plutón tuvo lugar (aplicando un orbe de 15º) entre 1960 y 1972 (ocurriendo la conjunción exacta en los años 1965-1966), fechas éstas, como hemos visto, que bien podrían considerarse como la primera fase de la Nueva Era. Por su parte, la última conjunción Urano-Neptuno acaeció entre 1985 y 2001 (con su momento más exacto en 1992-1993), algo que podría hacerse corresponder con la segunda fase de la Nueva Era.
Como hemos dicho ya, Urano es el planeta regente de Acuario (recordemos que Nueva Era significa, en muchas ocasiones, Era de Acuario, Era en la que estaríamos entrando), y junto a Neptuno y Plutón forma el grupo de los tres planetas trans-saturnianos, desconocidos por la astrología tradicional, ya que se descubren, respectivamente en 1781, 1846 y 1930. Rudhyar habló de ellos como de "embajadores galácticos", representantes de una nueva energía que hasta entonces la humanidad no habría sido capaz de integrar conscientemente. Se trataría de los "planetas transpersonales", pudiendo interpretarse Urano como la inteligencia intuitiva (octava superior de la mente concreta, racional que sería Mercurio), Neptuno como el amor-compasión transpersonal (octava superior del amor personal simbolizado por Venus) y Plutón como la voluntad transpersonal (octava superior de Marte, planeta que rige el impulso, la energía, la combatividad).
Pues bien, Urano (arquetipo planetario relacionado por Tarnas con Prometeo), asociado con la libertad, la rebelión, la revolución, los cambios súbitos, la originalidad, la creatividad, la invención tecnológica, la inteligencia intuitiva, entraría en conjunción con Plutón al comienzo de la Era de Acuario, produciendo los cambios bruscos, las revoluciones, el anhelo de libertad, la ruptura con estructuras que se consideran caducas, y esto de modo violento, explosivo, como corresponde a la influencia, por él activada, de Plutón. Efectivamente, Plutón -el Hades griego-, dios del mundo subterráneo, asociado con el principio dionisíaco, con el ello freudiano, con la voluntad de poder nietzscheana, simboliza la profundidad y la intensidad, el instinto libidinal y agresivo, destructivo, regenerativo, catártico, volcánico. Es un fuego purificador que quema y consume, pero también regenera y permite la resurrección. Plutón -como el signo Escorpio al que rige- tiene que ver con los ciclos de nacimiento y muerte, con todos los instintos básicos (Eros tanto como Thanatos). Si unimos ambos planetas y sus significados arquetípicos comprenderemos mejor muchos de los explosivos acontecimientos de la década de los 60, desde la revolución sexual hasta el mayo del 68 francés, pasando por los cientos de eventos que en los distintos escenarios de la cultura mundial va analizando Tarnas.
Quizás ahora sorprenderá menos saber que en la década de la revolución francesa, poco después del significativo descubrimiento de Urano, Urano y Plutón se hallaban en oposición, exactamente desde 1787 hasta 1798. La siguiente conjunción entre estos planetas tuvo lugar entre 1845 y 1856, período que cualquier historiador reconocerá que se vio sacudido por una oleada de acontecimientos revolucionarios, de París a Berlín, pasando por Praga o Roma.
Para no extendernos excesivamente en ello, digamos tan sólo cómo la conjunción Urano-Neptuno tiene lugar entre 1985 y 2001. Hay que recordar la importancia concedida a la Convergencia Armónica, acaecida en 1987, evento que podría hacerse corresponder con el comienzo de la segunda fase de la Nueva Era, en la cual el arquetipo planetario Urano activaría un nuevo ciclo conjunto con el arquetipo planetario Neptuno. Neptuno, dios de los mares y los océanos, regente del signo de agua Piscis, se asocia con lo sutil, lo intangible, la imaginación, lo trascendente, lo espiritual, el misticismo, la compasión universal, aunque, por otra parte, en sus manifestaciones inferiores se asocie a la ilusión (el agua es símbolo también del plano astral, de las emociones), el auto-engaño, la confusión, la fantasía, la huida del mundo. Por decirlo con el propio Tarnas: "En cierto sentido es el arquetipo de la propia dimensión arquetípica, el anima mundi , el Pleroma gnóstico, el ámbito platónico de las Ideas trascendentes, el dominio de los dioses, los Inmortales. En términos míticos y religiosos, se asocia con la matriz omni-abarcante de la Diosa y con todas las divinidades de la unión mística, el amor universal y la belleza trascendente; el Cristo místico, el Buddha de la compasión, la unión Atman-Brahman, la unión de Shiva y Shakti, el hieros gamos o matrimonio sagrado, la conjunctio oppositorum ; el Vishnu dormido (sobre la serpiente Sesha en las aguas primordiales), maya y lila , el Narciso que se contempla a sí mismo, lo divino absorto en su propio reflejo, Orfeo, dios de la insiración artística, las Musas; la Sophia cósmica cuya belleza espiritual y cuya sabiduría todo lo impregna" (Tarnas, 2006: 97).
Así pues, en los 90 (recordemos que la conjunción exacta tiene lugar durante 1992-3) se produce un resurgir de la multiplicidad de caminos espirituales, una ambigüedad y fluidez tan postmoderna como neptuniana, una disolución de las barreras y rigideces reinantes, ahora ya no tanto de una manera explosiva, plutoniana, como en los 60, sino por impregnación, por ósmosis, sigilosamente. Es el momento de la perestroika y la glasnost, la caída del muro de Berlín en 1989. Es el auge del ciberespacio, del hiperespacio, de los ordenadores personales, del móvil (manifestaciones del arquetipo uraniano) del resurgir de movimientos religiosos (pentecostales, evangélicos, carismáticos, revivalistas), de difusión del buddhismo, el yoga, el taoísmo, de fusión de tradiciones (expresiones del arquetipo neptuniano).
Basten las anteriores pinceladas para insinuar la riqueza hermenéutica de una astro-historia como la que esboza magistralmente Tarnas en la obra indicada.


Bibliografía 

Bailey, Alice (1984) Tratado de los siete rayos (5 vols.), Buenos Aires, Lucis Trust/Kier. Volumen III: Astrología esotérica .
Ferrer, Jorge (2002), Revisioning Transpersonal Theory , New York, SUNY. [Hay trad: Espiritualidad creativa , Barcelona, Kairós, 2004].
Heron, John. ( 1998), Sacred Sience: Person-centered Inquiry into the Spiritual and the
Subtle , Trowbridge, Wiltshire
Merlo, Vicente (2007), La llamada (de la) Nueva Era , Barcelona, Kairós, 2007.
Rudhyar, Dane (1975), Occult Preparations for a New Age , Madras, Theosophical Pub. House, Hay trad.
,, (1977), The Planetarization of Consciousness , New York, ASI.
,, (1980), The Astrology of Transformation , Madras, Theosophical Publ.
Tarnas, Richard (1991), The Passion of the Western Mind , London, Pimlico.
,, (1995) Prometheus the Awakener: An Essay on the Archetypal Meaning of the Planet Uranus , Woodstock, Connecticut, Spring, Publ.
,, (2006), Cosmos and Psyche: Intimations of a New World View , New York, Viking.
(1) Debo decir que estas referencias a Tarnas pertenecen a la obra que acabo de publicar titulada La llamada (de la) Nueva Era , (Merlo, 2007), de ahí sus descripciones, probablemente en ocasiones familiares para la mayoría de vosotros, aunque Tarnas lo sabe decir muy bien.