miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sinastría : La carta astral de pareja.





Sinastría: La Carta Astral de pareja.


En una carta astral individual se pueden observar y analizar los arquetipos planetarios que representan las diferentes facetas, características y tendencias psicológicas de una persona. Resulta muy interesante tener una lectura astrológica para comprobar directamente la validez, la profundidad y la objetividad con la que las posiciones planetarias del nacimiento, reflejan fielmente las características de la personalidad consciente e inconsciente. La lectura astrológica favorece un espacio en el que el alma de una persona se puede abrir y desplegar, para poder reconocerse y comprenderse mejor en sus necesidades más íntimas y verdaderas.

A partir de las posiciones físicas exactas de los planetas en el momento del nacimiento, se pueden aplicar diferentes técnicas para arrojar mucha luz sobre las vivencias más importantes que el ser humano tiene a lo largo de su vida. Una de ellas, normalmente poco conocida, es la Sinastría. Esta es una técnica que consiste en analizar el intercambio de las posiciones planetarias y los contactos energéticos que se establecen entre las cartas astrales de dos personas. Esto adquiere un especial significado y un gran valor a la hora de poder comprender en profundidad una relación de pareja.

Para un gran número de personas, las relaciones amorosas se convierten en las experiencias más importantes que les toca vivir a lo largo de su trayectoria vital. Muchas veces vividas con obsesión y con delirio, hasta el punto de convertirse en experiencias cumbre, por el grado de pasión y deseo con el que se pueden llegar a experimentar. Por ello, es muy importante para cualquier persona, el poder entender bien su significado a nivel psicológico, además de su importancia dentro del marco evolutivo de nuestra alma en su evolución espiritual.

Lo habitual es que necesitemos vivir la experiencia de enamorarnos y de estar emparejados, poniendo muchas esperanzas y expectativas emocionales en la relación, lo reconozcamos abiertamente o no. Las personas que huyen de las relaciones o que se resisten a establecer vínculos afectivos, suelen estar condicionadas por miedos que tienen su origen en infancias problemáticas o disfuncionales.

El enamoramiento es normal y necesario para sentir el impulso que nos lleva a adentrarnos en la intimidad y la complejidad que supone implicarse emocionalmente con otra persona. Al principio, nos enamoramos de todo el bello potencial que tiene el otro, generándose una atracción y fascinación irresistible que nos lleva a desear profundamente alimentar y mantener el vínculo. Esto forma parte de nuestra naturaleza, además de que es esencial para que se establezca una relación que tenga cierta duración. A esta primera etapa idílica, se sucede otra en la que poco a poco se van revelando otras características que al principio parecían no estar presentes. Esto es el indicio de que, bajo las cualidades que brillaron en la etapa del enamoramiento, hay otras de naturaleza más compleja y problemática, que han de aceptarse, abordarse y comprenderse, si se quiere evitar una decepción que con mucha probabilidad, podría desembocar en ruptura.

En una Sinastría se puede ver el nivel de sintonía por la cantidad de contactos que hay entre una carta astral y otra; tienen que darse un mínimo de contactos planetarios para que dos personas se sientan lo suficientemente atraídas como para desear conocerse. Si entre dos personas no hay contactos, no se produce la atracción, o sencillamente ni se ven.

En la Sinastría también se puede observar el tipo de atracción que se produce, según la naturaleza de los contactos; si son tensos o fluidos. Con la abundancia de contactos suaves y fluidos se da una relación ágape, y con la abundancia de contactos tensos, se genera una relación erótica. Las relaciones ágape se caracterizan por el fácil acoplamiento energético entre las dos personas, esto quiere decir que los contactos planetarios entre uno y otro, son suaves y armoniosos; ambos se estimulan mutuamente y se sienten muy cómodos en compañía. Esto favorece una relación suave y tranquila, en la que es fácil comprenderse y comunicarse.

Por otro lado, una relación erótica se caracteriza por un difícil acoplamiento energético entre dos personas. Los planetas de uno están en tensión con los planetas del otro, generándose desacuerdos, exigencias y falta de entendimiento. Esto suele generar mucho sufrimiento, acusaciones mutuas, luchas de poder y una decepción que genera la sensación de haberse equivocado de persona. Lógicamente, esto no se suele percibir al principio, pues de lo contrario nadie se enredaría en una relación de este tipo.

Es raro encontrar una relación totalmente ágape o totalmente erótica, suele haber un equilibrio entre las dos, o bien la tendencia hacia uno de los extremos. Una relación equilibrada es la que tiene una combinación de ambas, pues cuenta con el buen entendimiento y la comunicación necesaria, para poder abordar y enfrentar la parte más difícil y complicada. Esto puede favorecer que la relación pueda mantenerse por un cauce llevadero y tolerable, a través del cual, la relación puede evolucionar.

Una relación con tendencia marcadamente ágape se caracteriza por la facilidad y la buena sintonía que prima durante la mayor parte del tiempo. Suelen ser relaciones armoniosas y tranquilas, aunque también carentes de cierta dosis de estímulo que empuje hacia el auto-conocimiento y el crecimiento. Sobre todo, si hay pocos o ningún contacto tenso que estimule a ello. Este tipo de relaciones suelen empezar poco a poco, partiendo de una buena amistad y se basan habitualmente en el compañerismo. Evidentemente, las personas que ya tienen un nivel alto de evolución y comprensión de sí mismas, tienden a establecer relaciones ágape, incluso si hay contactos tensos entre las cartas de ambos, pues tienen la capacidad de aprovecharlos para crecer y superarse a sí mismos sin grandes tensiones.

En el otro extremo tenemos la relación marcadamente erótica, la cual se suele caracterizar por el gran nivel de tensión y luchas que priman la mayor parte del tiempo. Si hay falta de contactos planetarios armoniosos, es muy difícil el entendimiento, la tolerancia y la comprensión mutua, por lo que suele haber mucho sufrimiento. Suelen empezar con enamoramientos apasionados y terminar en rupturas complicadas y dramáticas. La dinámica habitual es; no puedo vivir contigo ni sin ti. Las relaciones extremadamente eróticas son habituales en las personas que se conocen poco a sí mismas, por lo que tienen una gran carencia de recursos internos para gestionar los conflictos.

Todas las relaciones tienen su importancia y significado para las personas que las establecen, por lo que ninguna relación es clasificable como positiva o negativa. Si dos personas se enamoran y se implican en una relación marcadamente erótica, es porque necesitan ese tipo de dinámica para vivir y experimentar el estímulo necesario que les lleve a emprender un camino de auto-cuestionamiento y conocimiento interno. Paradójicamente, una relación muy erótica se puede convertir en una gran oportunidad para crecer, psicológica y espiritualmente. Aunque esto sólo es posible si hay un mínimo nivel de humildad, el necesario para auto-cuestionarse e iniciar un proceso de conocimiento de sí mismos. O bien, para buscar la ayuda de un profesional que les proporcione la orientación que necesitan para comprender las dinámicas inconscientes que subyacen en su relación.

A veces, las relaciones llegan a un punto de estancamiento, en el que la evolución se hace muy lenta y dificultosa. Son relaciones que parecen estar agonizando, por lo que las parejas entran en un estado de indiferencia, adaptación y resignación. Muchas veces mantenidas por ataduras de tipo económico o familiar, o ambas cosas a la vez. A veces también por miedo a la soledad, por creencias, condicionamientos sociales, o sencillamente por desgana de empezar de nuevo.

La Sinastría ofrece una profunda información sobre la dinámica psicológica de una relación. A través de su análisis, las dos personas pueden tomar conciencia de los puntos de afinidad y de tensión que confluyen entre los dos. Los cuales pueden manifestarse de forma inmediata, o aparecer progresivamente con el tiempo.

Abordar este trabajo de análisis con un profesional imparcial y objetivo, puede ser de gran utilidad para comprender las pautas inconscientes de tensión que están detrás de los conflictos. La Sinastría revela los puntos fuertes de afinidad y los aspectos que cada uno necesita cambiar o mejorar para superar las dificultades y para dinamizar la relación de una forma positiva. La mayoría de las veces, esto consiste simplemente en aflojar el nivel de exigencia, comprendiendo las necesidades del otro, que por ser diferentes no implica que sean malas o negativas. En esencia, es un trabajo de aceptación y reconocimiento de uno mismo y del otro.

La Sinastría no muestra el destino de una relación, sino su potencial de crecimiento para las dos personas implicadas, aunque algunas, astrológicamente se revelen como complicadas y difíciles de sostener. Una relación puede estar kármicamente predeterminada en el plano espiritual, también puede darse una sincronicidad asombrosa en el encuentro y la forma de conocerse, pero nunca está destinada a evolucionar en un sentido o en otro, o a tener una larga o corta duración. Eso depende de la capacidad y la disposición a crecer de cada uno.

Siempre elegimos y tomamos libremente nuestras propias decisiones; podemos comprometernos con nosotros mismos y con el otro en una búsqueda de crecimiento y comprensión, llegando hasta el punto que consideremos adecuado. O por el contrario, podemos acusar y culpar al otro de nuestra infelicidad, rompiendo la relación con dolor y resentimiento. Esta segunda opción también conlleva implícito un seguro; volver a enamorarse de alguien con quien se deberá retomar el trabajo que quedó pendiente en la relación anterior. Como siempre en la vida, tenemos dos caminos a seguir; el de la postergación, o el de la toma de conciencia que nos libere de la rueda de la repetición y el sufrimiento.

En las relaciones amorosas subyace una de las mayores oportunidades que tiene el ser humano para crecer y tomar conciencia de sí mismo. Esto se puede ver reflejado simbólicamente en el orden de sucesión de los signos zodiacales. Libra, el signo que representa la experiencia de la relación y el intercambio, está seguido por Escorpio, signo que rige el encuentro con el mundo inconsciente a través de las crisis, con el objetivo de estimular un proceso de transformación. Y después le sucede Sagitario, el cual está asociado con las inquietudes espirituales, la apertura de la conciencia y el descubrimiento de nuestra naturaleza superior.

La Astrología tiene sus bases de interpretación en la mitología griega. Los planetas de nuestro sistema solar llevan los nombres de antiguos dioses que interpretaron sucesos e historias extraordinarias, las cuales nos pueden abrir profundas vías de reflexión en el plano arquetípico y psicológico. Uno de aquellos antiguos mitos refleja simbólicamente algo de gran importancia asociado a las relaciones amorosas. Es una historia protagonizada por Saturno, Urano y Venus.

Cuenta el mito que Urano, el dios de los cielos nocturnos, descendía todas las noches a inseminar a Gea, diosa de la tierra. Cuando esta paría a los hijos de ambos, Urano quedaba horrorizado ante la naturaleza terrestre de su progenie, por lo que los volvía a enterrar en el seno de su madre. Estos hijos, llamados titanes quedaban encerrados en el Tartaro; el reino de la oscuridad. Gea, harta de este ciclo de engendramientos, partos y pérdida de sus hijos, convocó a estos para que la vengaran de su padre. Sólo uno de ellos se mostró dispuesto a cumplir con sus deseos, el menor de todos ellos; Saturno. Armado con una hoz de pedernal, esperó a que Urano descendiese de nuevo a la tierra para castrarlo. Al consumar esta acción, cuenta el mito, que los genitales cayeron al mar, generándose una espuma de la que nació Venus, la diosa del amor.

Urano representa nuestra parte abierta, innovadora, creativa, inventiva e independiente, esa parte nosotros que está receptiva al despertar de la conciencia que nos ayuda a cambiar, crecer y evolucionar. Saturno simboliza el otro extremo de nuestra naturaleza, o sea, la parte más inhibida, tradicional, rígida y temerosa. Venus es el arquetipo del Amor, que a nivel psicológico representa el impulso interno que nos lleva a establecer relaciones afectivas y a necesitar el vínculo emocional con otras personas.

La interpretación del mito resulta muy interesante y reveladora, mostrándonos una enseñanza muy útil; nuestra parte más terrestre, temerosa y tradicional, por su naturaleza conservadora tiende a castrar nuestros impulsos evolutivos de apertura, búsqueda y cambio. Sin embargo, esta lucha interna también genera en nosotros el nacimiento de una necesidad: el deseo de relacionarnos con otras personas para salir del aislamiento, conocernos a nosotros mismos y crecer interiormente. Y es a través de las relaciones, donde tenemos la oportunidad de poder reconcilar nuestras contradicciones internas.

Esta es la esencia de la Sinastría; todas las relaciones que implican una vinculación afectiva, independientemente de su naturaleza más o menos complicada, conllevan una gran oportunidad para el autoconocimiento, la maduración y la evolución psicológica. A Venus se la suele representar desnuda, mirándose en un espejo con actitud sensual. En este símbolo hay contenida una gran verdad espiritual: las personas que deseamos y atraemos a nuestras vidas, en realidad son espejos en los cuales tenemos la oportunidad de vernos reflejados. Tanto en lo que nos atrae, como en lo que no nos gusta.

"La felicidad y la armonía, son proporcionales a la tolerancia y la aceptación con las que enfrentamos las situaciones que la vida nos trae."



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