martes, 17 de noviembre de 2015

Sobre los Nodos Lunares.







el significado implicado en los misteriosos puntos de la carta natal conocidos como los Nodos Lunares o Nodos de la Luna es completamente incomprensible y hasta absurdo para quienes rechazan la de la reencarnación, esto es, de la como un continuo a través de sucesivas manifestaciones y reposos alternados en un proceso de evolución permanente, con todas sus posibilidades de avance, estancamientos e incluso retrocesos. Por tanto, para entrar en la comprensión de los Nodos de la Luna y que tenga algún sentido, debemos partir por aceptar este supuesto como valedero.
Todos los planetas del nuestro sistema tienen sus propios nodos, los que, tal como su nombre sugiere, representan un cruce en el espacio, en este caso entre la órbita del planetario y la eclíptica. Para aquellos menos familiarizados con la astrología, digamos que la astrología habitual es geocéntrica, y en este esquema, la eclíptica es la franja del visible desde la tierra por la que se mueve el Sol en su curso anual por ese , a través de la de animales conocida como zodíaco. Es decir, sobre las inmensas y lejanas constelaciones estelares que son el trasfondo del recorrido anual aparente del Sol. De este modo, cualquier que parezca orbitar alrededor de la tierra intersectará la eclíptica en dos puntos -uno ascendente y otro descendente-, constituyendo así un eje nodal para ese cuerpo.


Fig. 2 (5)

Pero aunque cada planeta tenga sus propios nodos, la astrología le atribuye una importancia lejos más preponderante a los de la Luna, por su proximidad a la Tierra y la fuerte influencia lunar sobre la terrestre y las aguas del planeta; en cierta forma simbólica, la Luna viene a ser como la substancia de la vida humana encarnada. Al cruzar la Luna la eclíptica de sur a norte, marca el Nodo Lunar Norte o ascendente, también conocido como de dragón o Caput Draconis. Y la intersectar la eclíptica de norte a sur, marca el Nodo Sur, descendente o de dragón (Cauda Draconis), opuesto al primero. Las referencias draconianas provienen de la astrología hindú. Rahú, un demonio con una de dragón llamada Ketú o Katababazon, habría sido castigado por Vishnú convirtiéndolo en la constelación del dragón, cuya y cola devorarían al Sol y la Luna en los eclipses (1). Aquellas personas cuyos nodos lunares están próximos al Sol o la Luna, han nacido durante un .


Fig. 3 (5)

Ha existido además la creencia, en la astrología antigua, de que el Nodo Norte de la Luna participa de las naturalezas de y Júpiter, con sus promesas de crecimiento y abundancia, mientras que el Nodo Sur de la Luna lo haría respecto de Marte y Saturno, con sus aspectos de lucha y karma (2). Se intentaba significar de este modo la dualidad progreso/Nodo Norte y aflicción/Nodo Sur, considerando que el Nodo Norte es ascenso, elevación hacia el Espíritu, y el Nodo Sur es caída, retroceso o empequeñecimiento respecto del mismo. No se implique de esta afirmación una valoración en bueno o malo, ya que tanto aquello que desciende como lo que asciende participa de una u otra forma del Espíritu en el que nos movemos y tenemos la existencia, pero en el Nodo Norte se implica necesariamente un progreso en el sentido de la unión, en cierta forma mística, con una forma más elevada del ser.
Los Nodos de la Luna siempre deben considerarse como un eje inseparable que divide al zodíaco en dos mitades iguales, y cuyo avance a través del zodíaco es retrógrado a razón de 311 (R) diarios, completando así una vuelta completa al zodíaco en aproximadamente 18 años, a la inversa del recorrido de los demás celestes, incluida la Luna misma. En cada Signo del zodíaco permanece alrededor de un año y medio.

Simbología y connotaciones

La interpretación astrológica de los Nodos de la Luna implica asumir a este eje Nodal como un eje del tiempo, considerado en sus tres aspectos de pasado, presente y futuro, pero que, sin embargo, no es un tiempo cronológico y lineal, sino un tiempo siempre presente, el tiempo del alma. En efecto, el eje Nodal Lunar representa al tiempo de la cuarta dimensión, donde lo que permanece es la esencia de la , tiempo en cierta forma equivalente a aquel considerado por H. Bergson como la duración.
Henri Bergson (1859-1941) postuló la existencia de un régimen de temporalidad particular al que denominó durée, la que constituiría la temporalidad aprehendida por el yo íntimo a través de una intuición y tendría un carácter cualitativo y heterogéneo. La duración sería así la forma que toma la sucesión de nuestros estados de consciencia cuando nuestro yo se deja vivir, cuando se abstiene de establecer una separación entre el estado presente y los estados anteriores, es decir, cuando percibe lo que siempre se ha llamado tiempo como indivisible. Tal forma de sucesión no implica la absorción en la sensación o en la ni tampoco el olvido de los estados anteriores, ya que sin esta supervivencia del pasado en el presente, no habría duración, sino solamente instantaneidad. Para Bergson es suficiente con que recordando estos estados, no se los yuxtaponga al estado actual como un a otro punto, sino que se los organice con él, como ocurre cuando recordamos, fundidas por así decirlo en conjunto, las notas de una melodía. Frente a este régimen fluido de la duración, y por influencia de la percepción espacial, el yo simbólico-social, a través de la inteligencia, concebiría un tiempo espacializado, de carácter lineal, cuantitativo y homogéneo: Proyectamos el tiempo en el espacio, expresamos la duración en extensión y la sucesión toma para nosotros la forma de una línea continua o de una cadena cuyas partes se tocan sin penetrarse. En rigor la duración bergsoniana sería inexpresable e incomunicable, pues su mera exteriorización por medio del lenguaje, operativo fundamental de yo simbólico-social, la anularía convirtiéndola en tiempo. No obstante, si se intentara sugerirla, el apuntaría hacia la , útil fundamental de la intuición, frente al concepto, producto de la inteligencia. (3)
La duración bergsoniana enriquece e ilumina cuando se aplica a los Nodos Lunares. La vivencia de la duración como un continuum interno difícil de transmitir y cuya unidad de medida podría ser acaso la intensidad, guarda una relación tan disímil con el tiempo lineal como la trayectoria del satélite terrestre con respecto a la trayectoria del eje nodal. Es otra escala y otra dimensión. La posición del eje nodal dentro de la carta natal se refiere a la trayectoria del alma encarnada como un todo – con toda su duración- incluyendo tanto el camino que la ha traído hasta la presente manifestación, como aquel proyecto que la puede conducir, en esta vida, a alcanzar un grado superior de desarrollo como alma. Así considerado, el eje Nodal, tanto en su posición de Signos como de Casas astrológicas, es el aspecto más importante, desde el punto de vista evolutivo, que la carta astral puede aportar a un individuo determinado. Es el núcleo de la presente encarnación, es la puerta que, dentro del ámbito astrológico, más se acerca a responder las viejas preguntas esenciales de los seres humanos: quién soy ?, por qué estoy aquí ?, hacia adónde voy ? No en un sentido absoluto o de causa última, sino en el de la comprensión de un proceso que ya trae mucha agua bajo el puente, del que estoy viviendo su extremo más próximo y en el cual las decisiones, elecciones y actos que realice determinarán la sucesión de la secuencia futura. Puede haber algo más trascendente, más vigente e inmediato para un individuo que la comprensión de este trazado ? Puede haber alguna otra rama del conocimiento, del humanismo, que aporte una comprensión tan significativa para el sentido de nuestra vida, casi diríamos, como si nos entregaran un mapa personal a recorrer para encontrar el tesoro ?
En el trabajo realizado por videntes y por personas que realizan regresiones, no sólo a anteriores encarnaciones sino que especialmente a la existencia que transcurre entre una y otra encarnación, se reiteran los mismos temas: el alma, al desencarnar, experimenta una vertiginosa revisión de la vida reciente, en todos sus detalles, instancia en la que se coteja lo vivido en cuanto a decisiones, actos y actitudes, con respecto a aquellas que se había propuesto realizar cuando proyectó el Plan Vital de la existencia que ahora acaba de dejar. En efecto, las personas que logran revivir estos estados entre vidas, relatan que antes de encarnar tienen la posibilidad de trazar un proyecto de vida junto a un Guía de almas, con quien determinan aquello que debe o puede ser superado en la siguiente encarnación, y que han sido tendencias arraigadas o errores repetidos que ahora pueden complementarse inclinando la balanza en algún sentido diferente que impida la reiteración. De este modo, se escogerían los padres, las circunstancias, los encuentros clave con determinadas personas que podrían ayudar a recordar los propósitos para el plan de vida que se ha estimado favorecen la evolución del alma. Incluso se menciona el uso de contraseñas que pudieran catalizar el despertar, alguna frase aparentemente banal pero que tiene profundas resonancias en una persona determinada en un momento particular, desencadenando recuerdos o acciones conducentes a la realización de ese o esos propósitos (6). Obviamente, se puede responder o no al llamado; antes de encarnar, la gran mayoría de nosotros cruza las aguas del Leteo y aparece en un cuerpo físico que con todas sus necesidades y sentidos reclama nuestra atención, y con una escasa o nula consciencia de los propósitos del alma.
En el relato de las experiencias entre una y otra encarnación, se describe una y otra vez la tristeza de las almas recién desencarnadas cuando observan que no han logrado superar la tara atávica, el exceso en un sentido en desmedro del otro, el error o desvío reiterado, es decir, el haber seguido el camino de menor resistencia repitiendo aquello que ya estaban acostumbrados a hacer: la misma conducta, la misma respuesta, la misma reacción, olvidando su propósito original al encarnar. Varias tradiciones reiteran que el estado encarnado es una suerte de estado de olvido espiritual que se debe revertir; pero no se trata de un olvido del gran Espíritu, sino algo tan simple como el olvido de mi propio propósito cuando planifiqué mi existencia actual. Se muestra en estos trabajos (6) (7) que, a pesar de que en el estado de desencarnado hay una objetividad bastante superior a la que tenemos durante la existencia física y se puede realizar con cierta distancia la revisión de la vida, la mayor congoja es siempre la misma: no haber superado el problema a pesar de haber tenido la oportunidad, sentir que se volvió a desperdiciar otra oportunidad vida – de desarrollar el área reprimida. Haciendo un paralelo entre estas experiencias y el eje de los Nodos Lunares, el polo del Nodo Lunar Norte representa aquella meta o conjunto de propósitos que son complementarios de la experiencia antes adquirida y que nos hicimos justo antes de encarnar, en un estado de consciencia objetivo, en el intento de hacerlos realidad en la existencia física inmediata. La vida encarnada es la que permite tener experiencias, decía Gurdjieff, y de ahí su elevado valor.
En este contexto, el resto de la carta viene a representar el escenario, las herramientas, las formas y los modos en los que podremos desarrollar el camino del alma, del mismo modo que las trampas y obstáculos que nos lo dificultarán. No restamos importancia en modo alguno a dichas herramientas, cuya destreza y refinamiento habremos de adquirir con la práctica y el aprendizaje que da la experiencia, el ensayo y el error. Pero ninguna de esas posiciones y relaciones planetarias nos puede otorgar, por sí mismas, el sentido o la orientación global dentro de una vida como la que entrega el eje Nodal. El núcleo del ser y la consciencia siempre será el Sol, en representación del espíritu y como centro de integración de toda la persona; el núcleo del inconsciente, el pasado y lo atávico sigue siendo la Luna con todo su arrastre y su potencial de vida; y así sucesivamente con el resto de los planetas. Pero ninguno de ellos es el camino evolutivo, son cuerpos independientes, relacionados e interactuantes que, siendo siempre ellos mismos, van progresando dentro de ese ser sí mismos. Se podría hacer la analogía con los trabajadores de una empresa, cuyo desarrollo y experiencia acumulada los va haciendo progresivamente más capacitados y competentes; sin embargo, este sólo hecho no asegura el éxito de la empresa ni predice su devenir ni su ampliación a otros mercados o la exploración de nuevas fuentes de producción. En esta analogía, los trabajadores de la empresa serían los planetas con todo su organigrama, y la empresa misma, como un todo, podría representarse en el eje Nodal, con su movimiento más lento, su historia fundacional, y sus futuros posibles a lo largo de una generación: la duración.
El eje Nodal Lunar nos muestra un camino, que podemos recorrer o no. Sin embargo, en qué área de nuestra vida contamos con la facilidad de tener un trazado que nos guíe, que nos ayude a recordar a lo que vinimos ? Probablemente, una vez que cortamos el cordón umbilical y nos vemos enfrentados a tomar todas las decisiones por nuestra cuenta, en ninguna. No debe considerarse sin embargo a este eje como un determinismo. Es verdad que se impone una suerte de fe o confianza en que una parte de nosotros, a la que ahora mismo no tenemos acceso, contiene una información mucho más completa o una sabiduría innata que nos impulsa a seguir el camino que convendría para alcanzar un mejor estado evolutivo. Es verdad que la mayoría de nosotros no tiene cómo corroborar objetivamente esa sugerencia proveniente de un supraconsciente que, de momento, para nosotros es sinónimo de inconsciente. Sin embargo, el permanente estado de incompletitud humana que nos impele a hacer, a adquirir, a saber, a buscar, debe tener una razón, un origen que podríamos situar hipotéticamente en un arquetipo del ser total, o de la plenitud, del que emanan nuestros esfuerzos y anhelos de alcanzarla. O al menos, de un estado incompleto pero objetivo y consciente de esa incompletitud, como el que se postula tenemos antes de encarnar, al momento de trazar el Plan Vital. La otra opción es continuar girando en nuestras preguntas sin respuesta mientras hacemos y hacemos y tenemos y tenemos sin saber para qué. Cuando este frenético empeño raya en lo obsesivo se torna en una forma mental tan poderosa que, aún estando desencarnados, seguimos reiterando las mismas conductas paliativas del miedo y la inseguridad, en escenarios astrales imaginarios, con personajes imaginarios, perpetuando en el más allá el estado de olvido: el infierno (7) (8).
El eje Nodal nos sugiere que hay un camino que nos puede acercar paulatinamente a nuestra totalidad, durante la vida encarnada. Al comenzar a recorrer este eje, explorando lo que nos dice ya hemos adquirido, y lo que podríamos ahora desarrollar en complemento, podemos empezar a experimentar una plenitud subterránea y silenciosa, inexpresable, que nos comienza a hacer creer que la promesa al final del arco iris pueda ser verdad. Esta sensación indefinible normalmente no guarda correlación alguna con nuestras experiencias cotidianas, con nuestras fatigas y dificultades, pues al alinearse con el eje Nodal nuestra vida puede comenzar a ser mucho más trabajosa o desafiante, y sin embargo, más satisfactoria a un nivel profundo, preñada de inspiración. De algún modo, es como si nuestra existencia comenzara a arraigarse en nuestro dharma.
A medida que la consciencia de la humanidad progresa, los propósitos que elaboramos al momento de trazar nuestro Plan de Vida para la encarnación inmediata también progresan en amplitud, interacción, inclusividad y permeabilidad. En la Décima Revelación (7) se afirma que hace mil o dos mil años, exceptuando a unos pocos individuos muy elevados, la distancia que separaba el propósito de un alma por encarnar, era enorme, respecto de lo que verdaderamente podían realizar recordar – de aquél durante su vida, pero que esa distancia se ha ido estrechando paulatinamente con el transcurso de los siglos, de modo que cada vez recordamos más y mejor el por qué y para qué estamos aquí ahora, junto con las personas que nos rodean o con las que establecemos relación; vamos siendo conscientes de una razón por la que nos suceden ciertos acontecimientos o encuentros sincrónicos, debido a que viajamos con un conjunto de almas afines con las que nos retroalimentamos el recuerdo de nuestros propósitos al encarnar. Y nuestros propósitos van siendo cada vez más conscientemente colectivos que aislados. De esta forma, se realiza paulatinamente un vasto proyecto para la humanidad desde los más remotos tiempos, que es el de llegar a unir de forma estable y continua la vida encarnada con la vida desencarnada, lo que equivale a decir, entre la tercera y la cuarta dimensión, esto es, entre la materia y su peldaño inmediatamente superior, aquel que le da vida. En términos psicológicos, se podría definir como un puente permanente entre el consciente y el inconsciente, con todas sus implicancias.



Una vez establecido este puente, se vuelve superflua la revisión de la vida al desencarnar, pues podemos realizar esa revisión, ese coteje al que hacíamos mención, durante la propia vida, evaluando aquello que vamos haciendo respecto de aquello de lo que somos conscientes debíamos hacer. Indudablemente esto produciría una formidable aceleración evolutiva, pues descartaríamos con mayor facilidad los caminos inconducentes, pudiendo corregir sobre la marcha los desvíos teniendo en cuenta anteriores fracasos, ya que el objetivo propuesto no sería inconsciente o pre-consciente, sino consciente. No significa que sea fácil, aún viéndolo, pero al menos contamos con una brújula, o un faro. En la actualidad, puede que esto ya sea realidad para muchas personas, y para aquellas que aún no lo es, pueden estudiar los Nodos Lunares en su carta: ahí están las tendencias arraigadas, lo repetido, y la dirección en la que podrían trascenderse. Cuando desencarnamos y constatamos cuánto discrepa nuestra vida última con respecto a nuestro Plan inicial, ya nada podemos hacer excepto lamentarlo: los propósitos deben realizarse durante la vida encarnada, el despertar debe ser en la materia. Este es el camino evolutivo de retorno consciente al origen.
De los hechos astronómicos con respecto a los Nodos Lunares derivan las implicancias simbólicas, o psicológicas. Como dice Dane Rudhyar, El símbolo es la clave para el ajustamiento entre el acto, el problema o situación individual y un marco universal de referencia (4). En primer lugar, el hecho de que el avance de los Nodos Lunares a lo largo del zodíaco sea inverso al de los planetas, manifestando de alguna forma que el movimiento del alma es opuesto o muy diverso del de la materia o de la vida cotidiana, en otra dimensión o como una forma espectacular de ella. La relación entre una circunvalación completa de la Luna al zodíaco en 27-29 días y la de sus Nodos en 18 años puede dar una referencia del lento transcurrir en los asuntos del alma respecto de los movimientos cotidianos con los que, sin embargo, tiene directa relación, al expresarse en éstos los cambios en aquellos.
En segundo lugar, debemos notar que los Nodos Lunares muestran un punto inmaterial dentro de la carta astral, apenas el cruce entre una órbita y un plano, donde físicamente no hay nada. Si ya los detractores de la astrología refutan la sola posibilidad de que un cuerpo planetario a millones de kilómetros pueda producir algún efecto sobre la psiquis o comportamiento humanos, es de suponer lo que podrían decir de todo el mundo de significado atribuido a los Nodos Lunares, donde ni siquiera hay algo que pueda irradiar alguna emanación! Efectivamente, un cruce de trayectorias no es un núcleo, ni es un cuerpo, pero puede ser un pasadizo para transitar de un estado a otro. Todo lo ya dado en la carta, se expresa en cuerpos: Sol, Luna, planetas, los que habrán de ampliar su desarrollo individual. Por el contrario, nuestras mayores tareas de la vida están marcadas en la carta natal por puntos inmateriales, siendo los primordiales, y los más trabajosos, el Signo Ascendente y el eje de los Nodos Lunares (hay muchos otros, como el punto de fortuna, los puntos medios, etc.). El Signo Ascendente es el área de mayor potencial de crecimiento de la personalidad, y a través de él crece nuestro Sol. Y el Nodo Lunar Norte, el camino de crecimiento de nuestra alma encarnada como un todo. De algún modo, estos territorios no cristalizados en cuerpos concretos dentro de la carta son los que debemos llenar con nuestro crecimiento. Son núcleos magnéticos carentes de materialidad que de alguna forma nos llaman y hacen notar su presencia, pero que a través de la experiencia y la acción consciente podemos corporizar, de modo de que pueden llegar a ser tan reales, presentes y activos en nuestra vida como nuestros planetas.
Por último, la asociación de los Nodos Norte y Sur a la cabeza y cola de un dragón, de algún modo nos remite a una realidad intangible, inmedible e invisible. El dragón no lo hemos nunca visto ni tocado, es un animal mitológico inmortal de existencia psíquica, fabuloso, temible, guardián de tesoros, mancebos y princesas.

El trayecto Nodo Lunar Sur al Norte

En varios libros de astrología, al llegar al tema de los Nodos Lunares, se comienza a hablar de astrología kármica, en relación a lo que se comentara al inicio de este texto: si no se acepta la reencarnación como hipótesis plausible, todo lo referente a los Nodos Lunares cae en el absurdo. Porque el Nodo Sur de la Luna representa la suma de las tendencias arraigadas por repetición en las vidas más recientes, conteniéndose aquí la suma de esa experiencia, con todos sus aprendizajes y logros, como con sus excesos, los que normalmente derivan de la repetición de las mismas pautas de conducta ya conocidas y dominadas. Esa tendencia a no innovar, esa inercia de no intentar nuevas formas de pensar, de hacer, de enfrentar las cosas, es lo que lleva al exceso de aquellas características que, en sí mismas, no tienen nada de negativo. Lo negativo es la repetición sistemática de pautas, que nos impide alcanzar lo que el alma más profundamente anhela: la plenitud, la totalidad de sí mismo. Y a pesar de la repetición de las causas, con la consiguiente repetición de las consecuencias, una y otra vez, no lo vemos, y continuamos machacando en lo que siempre hemos hecho, dicho, pensado y actuado, excepto que despertemos al mensaje de los Nodos Lunares, que directamente nos señala lo que tendríamos que dejar atrás para intentar nuevos caminos que nos acerquen otro peldaño a la totalidad. Volviendo a una analogía anterior, el Nodo Lunar Sur es el trozo del mapa del tesoro que ya tenemos a la vista, pero no debemos confundir ese trozo con el tesoro mismo.
Así, el Nodo Lunar Sur expresa efectivamente una tendencia kármica dado que es la síntesis de la experiencia reciente, no necesariamente considerada en sentido negativo, sino como lo que es, una serie de acciones a las que siguen las correspondientes reacciones, como en todo el universo. Hay por tanto en el Nodo Sur un vasto aprendizaje realizado en vidas pasadas, sobre el que tenemos ya un dominio más o menos acabado en el nivel de evolución en el que ahora nos encontramos, y que por tanto, no es necesario seguir reiterando, aunque nada lo impide. Y es aquí donde se evidencia con total claridad la dirección inversa de los Nodos Lunares respecto de los asuntos de la personalidad: Mientras más facilidad encuentro en cierto ámbito, mientras más sobresalgo en cierta área de la vida o la actividad, cuanto más talento innato parezco poseer – especialmente en la adultez joven – para desarrollar ciertas tareas, probablemente mayor será el magnetismo profundo que me lleve, al paso de los años, a no poder centrar mi vida en aquello.
Como se dijo antes, el eje Nodal debe considerarse siempre en sus dos polos simultáneamente, pues no es un trayecto lineal, sino espiralado y de integración. Integración de qué ? Del pasado, con todos sus atributos y excesos, al presente, y hacia una nueva dirección que complementa el trayecto anterior. Por tanto, no se trata de abandonar nuestros talentos y cualidades, o de simplemente cortar con todo aquello que alguna vez nos costó esfuerzo hasta obtener su dominio; lo más probable es que la vida, cuando se intenta vivir a consciencia, nos vaya llevando insensiblemente hacia el descentramiento respecto de aquella conducta, de aquella cualidad o talento; no para dejarla, sino para convertirla en una mera herramienta de algo más, y no en la cúspide de nuestra personalidad o actividad. Y eso no es fácil, ya que la personalidad busca sobrevivir y potenciarse sobresaliendo en sus talentos, por lo que trascender el Nodo Sur lo experimenta como un renunciamiento, y a menudo, como una pérdida, aunque evidentemente ésta es sólo aparente.
Sin embargo, no debe creerse que esto ocurra tempranamente en la vida. El eje Nodal no es un asunto de la personalidad, aunque se exprese a través de ella, y por tanto, lo más frecuente es que estos dilemas aparezcan en la edad media o incluso en la madurez avanzada. Antes, los desafíos están centrados en la personalidad con sus propios jirones y fragmentaciones. Por lo general, nos pasamos muchos años de la primera mitad de la vida atrapados en reacciones lunares, y el sólo hecho de integrar la personalidad con todos sus aspectos, con un núcleo solar más o menos estable, exige un trabajo consciente que puede insumir gran parte de la vida o ni siquiera lograrse. Antes de alinearnos con el eje de los Nodos Lunares debemos constituirnos, tomar cuerpo y forma, de lo que se deduce que muchos de nosotros no avanzaremos un ápice en el camino del alma si no logramos progresar en la integración de la personalidad; del eje Nodal, sólo experimentaremos su polo Sur, repitiendo mecánicamente lo conocido.
En nuestra experiencia, cuando la personalidad florece como un cuerpo más o menos integrado, una apenas perceptible llamada subterránea nos lleva a hacer espontáneamente cosas o actividades que nunca antes hiciéramos, o a dar importancia a asuntos que antes descartáramos. La atención a esas señales – a menudo catalizadas, como dijimos, por encuentros con ciertas personas, o lecturas – nos puede alinear en este eje, de modo de llegar a expresar todo su potencial, convirtiéndose así en el centro de nuestra vida, y con respecto al cual todo lo demás pasa a constituir herramientas. Es posible que esta llamada nos lleve a cambios de vida o no, pero por lo general son cambios paulatinos e insensibles, en los que la principal modificación no es tanto el hacer como el acento interno que se pone a la acción, a la actividad. Hay otra intención, y una sensación interna muy diferente, que se parece mucho a la intuición de que esto es lo que tengo que hacer, o fue para esto que vine a la vida, es decir, lo que mencionáramos antes, de comenzar a arraigar la propia vida en el dharma, en lo que se experimenta subjetivamente como lo que debe ser para la propia vida. Es una nueva visión de lo mismo que había antes, un nuevo enfoque de lo que ya está, pero que transforma la vida entera de una forma sutil, centrándola en aquello.
Así pues, no se debe considerar que se debe cerrar la puerta al pasado y comenzar desde cero en otra actividad desconocida, como si nos mudáramos de trabajo y país dejando todo atrás. Viajamos con todo lo que ya ha sucedido hacia un futuro que puede ser diferente. Asumir el Nodo Norte no es un punto definido ni definitivo tampoco y nunca se puede dar por completamente acabado en una encarnación. Cuando el trabajo personal progresa, la mayor parte de las veces el ascenso Nodal significa tomar todo ese pasado que era el centro de mi vida y emplearlo como una herramienta en una nueva dirección, complementaria de ese pasado, en el que se anida.

Los Nodos Lunares en la Carta Natal

Ya vimos que el eje nodal corta a la carta natal en dos mitades iguales, y que todo lo demás puede interpretarse en relación a este eje. De esta aseveración se evidencia que los Nodos se encuentran en oposición en la carta, lo que expresa su dificultad a la vez que subraya su complementariedad. No nos detendremos a considerar las posiciones posibles por Signo y Casa de los Nodos Lunares, interpretación que puede encontrarse en muchos libros. Sólo comentaremos algunos aspectos importantes.


Fig. 4 (1)

En la Carta Natal, las posiciones en los Signos zodiacales expresan lo permanente, y por lo tanto, equivalen al ser de aquella posición. Por su parte, las posiciones en las Casas astrológicas, al corresponder a la división horaria, hablan de la actividad, del hacer. En astrología, tanto como en otras filosofías o creencias, el ser se expresa en el hacer (por sus obras los conoceréis), del mismo modo que a través del hacer crece y se desarrolla el ser. Un Sol en Cáncer y en Casa III, por ejemplo, tiene su ser permanente en este signo cardinal de agua, pero para desarrollarse y crecer debe realizar su actividad en una casa de relación (Casa III análoga a Géminis), entre iguales, con los hermanos, las comunicaciones, la información, etc. Esta interdependencia se mantiene para los Nodos Lunares, de tal modo que la Casa astrológica en la que se encuentre el Nodo Lunar Norte determinará la actividad necesaria al desenvolvimiento del alma en la línea de su progreso evolutivo; y gracias a esa actividad es que irá adquiriendo consistencia la totalidad del alma encarnada, representada en el ser o substancia del Nodo Norte: el Signo zodiacal en el que se encuentre. A veces la vibración del hacer y del ser es armónica, y en otras, requiere de múltiples ajustes para conciliarlas (como en el ejemplo de Cáncer y casa III, de vibraciones muy disímiles).
Dentro de los signos en los que puedan estar los Nodos, tanto el elemento (Fuego, Tierra, Aire, Agua) como la cualidad (Cardinal, Fijo, Mutable) nos ayudan a comprender el modo en el que se pueden expresar, lo que muchas veces no es comprensible desde el resto de la carta. Por ejemplo, una persona con una mayoría de los planetas en el elemento Tierra pero que se manifiesta como extremadamente emotiva y sensible, lo que no es comprensible hasta que se observa que su Nodo Lunar Sur está en Cáncer; se evidencia una vez más que el eje nodal hace comprensible lo que normalmente no encuentra explicación en el resto de la carta si sólo nos remitimos a los planetas y sus aspectos, o a los signos natal y ascendente. Por otra parte, la cualidad de los Signos en los que se encuentren los Nodos hablará del tono y del ritmo de este desenvolvimiento. Los Nodos Lunares en signos cardinales tendrán mucha más acción que los fijos y mutables y pueden terminar muy lejos de donde empezaron, etc.
Independientemente del grado de desafío que pueda haber entre el signo y la casa del Nodo Lunar Norte, se encuentra la relación de los Nodos Lunares con el resto de los planetas de la carta natal. Cuando comprendemos la importancia del eje nodal, y nos centramos en él, podemos ver el trazado del Nodo Sur al norte, y delinear, perpendicular a este eje, otra línea que divida dos hemisferios: el hemisferio sur con el Nodo Lunar Sur al centro, asociado al pasado, y el hemisferio norte, con todo su potencial. Una vez visualizada la carta de esta nueva forma, podremos ver claramente qué planetas colaboran con el Nodo Norte y cuáles insisten en llevarnos obstinadamente a repetir el pasado, sólo porque están acostumbrados o es lo que dominan bien (conviene aquí que los lectores que tengan sus cartas natales las vayan mirando). Es en estos planetas donde por lo general se manifiesta el karma negativo ligado al Nodo Sur, especialmente en aquellos que se encuentran más próximos o en aspectos de orbe más estrecho con el Nodo Sur. Los planetas junto al Nodo Lunar Sur son las rémoras del viaje, aquellos aspectos de nosotros centrados en el ego y que no fueron empleados para ayudar a otros, o que entorpecieron el camino del alma propia o de otras personas; una forma de redimirlos es siendo ahora generosos con esos talentos que otrora desarrollaran, darlos sin esperar nada a cambio, de modo de orientarlos hacia el alma por sobre la personalidad. Debe observarse asimismo la posición y relaciones de los planetas regentes por signo y casa de los Nodos, los que pueden ayudar a tirar el carro hacia un futuro más amplio y diferente del pasado.
En teoría, los planetas que estén junto al Nodo Lunar Norte son una ayuda para la tarea del alma, para el desarrollo de aquello que me falta dentro de mi nivel actual. Sin embargo, cuando se contempla la Carta Natal como hemos dicho, dividida en dos mitades con el Nodo Sur en el Polo Sur y el Nodo Norte en el Polo Norte, podemos imaginar fácilmente también que si he hecho mucho con mi Nodo Sur y sus planetas asociados, del mismo modo he hecho poco con mis planetas junto al Nodo Norte, que es aquella área de mí que quedó en cierta forma de lado, un poco en desuso; por tanto, pueden considerarse como planetas con poca práctica, o aspectos de mí menos activos que aquellos ligados al polo sur. Los planetas en el Nodo Norte no tienen carga negativa como los del Nodo Sur, sólo están fuera de training. Así pues, los planetas asociados al Nodo Norte son una ayuda, pero también hay que despertarlos y activarlos. Se podría decir de ellos que son áreas de la propia personalidad que hay que sacar a flote junto con la tarea del alma. Por ejemplo, tradicionalmente se ha considerado que tener al Sol junto al Nodo Norte (natalicio en un eclipse) es una posición en extremo positiva, bienaventurada, portadora de buena fortuna y de gran ayuda para realizar la tarea del alma como un todo. Sin embargo, considerado desde el punto de vista de los hemisferios nodales se puede interpretar que el Sol, el centro de la identidad y de la integración de la carta, no era un núcleo muy activo en el pasado reciente y por tanto no cumplía su función integradora, es decir, se desarrollaron principalmente cualidades secundarias de la carta, o al menos áreas fragmentadas de la personalidad, por tanto está desequilibrado tanto el desarrollo de la personalidad como la del alma. Desde luego estos son sólo ejemplos, pues hay que evaluar las características individuales en cada carta.
Otra fuente de ayuda se puede encontrar en los signos y casas de vibración semejante. Por ejemplo, en el mismo ejemplo de Cáncer y Casa III, el Nodo Norte en esta posición encuentra apoyo en los elementos de la carta que se encuentren en los otros signos de Agua (Piscis, Escorpión) tanto como en las otras Casas de relación (Casas VII y XI), con las que se encuentra en la favorable relación de trígono (120).
En la carta nodal de dos hemisferios pasado y futuro – se debe poner atención asimismo en aquellos puntos que están en la mitad del camino, es decir, en cuadratura a ambos Nodos, ya que ellos vienen a ser la frontera entre ambos hemisferios, el punto de tensión para pasar al hemisferio del Nodo Norte, donde es necesario el esfuerzo, la superación de alguna prueba, la exigencia de alguna garantía de que la identificación con el pasado cambió de foco y que ese pasado ya puede pasar a constituir una herramienta para el futuro. Esos dos puntos en cuadratura están representados por un Signo y una Casa, que nos orientan en el tono y la actividad relacionada con el umbral, con el cruce de la frontera. Además, puede haber algún planeta que cargue adicionalmente esa frontera y que nos ayude a esclarecer más aún la forma de cambiar de hemisferio, aunque parezca distractor, esto es, una tarea muy alejada de la del Nodo Norte.
El desafío de las posiciones en cuadratura a los Nodos consiste en el aprendizaje y desarrollo de la forma más elevada y/o altruísta posible para la actividad del eje de esas dos Casas, esos dos signos y los planetas que eventualmente en ellos se encuentren, pero sin estacionarse allí. Es decir, sabiendo que este eje perpendicular es sólo una estación de paso, que no es la meta sino un territorio de aprendizaje al modo de los trabajos de Hércules, el que más adelante pasará a ser un maletín de herramientas fundamental en el desarrollo del Nodo Lunar Norte. Si en esta cuadratura se encuentra Neptuno, por ejemplo, la percepción de la unidad de la vida toda y la propia conexión con ella no debe llevarnos a creer que debemos abandonar el mundo y buscar la vía mística como culminación de la vida. Por el contrario, estas percepciones y aprendizajes serán fundamentales en el desenvolvimiento de la verdadera meta de realización de nuestra alma encarnada, que en este ejemplo estaría 90 más allá de Neptuno.
Tanto en la alineación con el eje de los Nodos Lunares como en la activación de los planetas que ayudan o de los que frenan, o de aquellos que forman parte de la barrera de la frontera, contribuyen en gran medida los tránsitos planetarios actuales por sobre esos puntos de la carta natal, los que pueden provocar una agitación de las aguas que nos catapulte hacia el futuro integrador o que parezcan hacernos retroceder para reiterar las conductas que creíamos superadas. Estos retrocesos aparentes muchas veces nos sirven para recordar y tomar consciencia. Especialmente importantes son los tránsitos desde Júpiter a Plutón, más que los de los planetas personales. Cuando el Nodo Norte actual transita al Nodo Sur natal, se produce una conexión con el pasado y pueden sobrevenir recuerdos o hechos que conecten con experiencias pasadas. Como es una oposición, se considera una puesta a prueba para la tarea del alma, pero debe verse su aspecto positivo de oportunidad de sintonía entre pasado y presente, tal como una antena desplegada.
Por último, merece una mención especial el que se presenta como el más difícil de los ejes nodales, a nuestro modo de ver, y es el que se encuentra entre las Casas I y VII, con el Nodo Sur en casa I. Cuando se presenta esta configuración la tarea parece titánica, ya que el Nodo del pasado coincide con la tarea de la personalidad del presente, es decir, con el Signo Ascendente, lo que facilita la posibilidad de estancamiento en conductas reiteradas. Tener una tarea de Casa VII como meta, a cualquier nivel, es difícil para todo individuo, ya que se trata de una Casa (de Libra) cuyas actividades señalan relación, intimidad, tolerancia, aceptación, capacidad de escuchar y de ponerse en el lugar del otro, cualidades que son parte de las grandes falencias de la humanidad como un todo, todavía en gran porcentaje centrada en la separatividad, aislamiento, competitividad e indiferencia por el prójimo. Pero, en particular para una persona que tenga el Nodo Norte en Casa VII, le toca la doble y antagónica misión de realizar su polo de crecimiento de la personalidad, el Signo Ascendente, para desde ahí lograr subyugar todo ese desarrollo de la personalidad, de la máscara, en beneficio de su alma como un todo y como misión de vida. La única forma menos dificultosa de realizar este Nodo sería teniendo a Libra en el Ascendente.

Síntesis

La comprensión de la tarea del alma como un todo es el tema más relevante de la carta natal, sin embargo, es un tema lento de asimilar y asumir, y raramente comienza muy temprano en la vida, excepto en almas excepcionales. La tarea del alma es, muy sintéticamente, el motivo de la encarnación, de ahí que la reflexión sobre estos aspectos de la propia carta hasta su cabal comprensión tiene máxima importancia para nuestras vidas y su sentido inmediato. Nunca la tarea de los Nodos es sencilla, pero a veces encuentra más afinidad con la personalidad, y en otras ocasiones puede llegar a ser una gran lucha el subordinar los aspectos de la personalidad a los del alma, especialmente cuando hay mucha carga de planetas en el Nodo Sur.
Debe comprenderse profundamente que la tarea del Nodo Lunar Norte es una tarea que la propia alma se ha propuesto para la presente encarnación, y que si bien se desarrolla con la personalidad, o a pesar de ella, tiene otras metas y fines. Las tareas de la personalidad están en una esfera más superficial y social, pues mediante ella nos instalamos en el mundo como individuos separados. El crecimiento del alma por su parte, con sus tres polos de conocimiento, práctica y servicio, nos va otorgando una consistencia en otra esfera, en la duración, donde formamos parte inseparable con todo lo que existe, religándonos paulatinamente con ello. Así pues, el camino del Nodo Norte siempre implica una subordinación de lo concreto a lo sutil, del éxito mundano al progreso trascendente, porque siempre es un camino de servicio, en las actividades de la Casa, y en el estilo y tonalidad del Signo en el que se encuentre. El alma de cada uno de nosotros sabe que estamos íntimamente conectados en origen y destino, y que el empeño de cada uno de nosotros debe ser avanzar en conjunto y cooperar en la medida de nuestras fuerzas al progreso de aquellos que viajan con nosotros. Sin esta comprensión no es posible por tanto ningún avance substancial personal, porque la separatividad y el aislamiento son ajenos al alma.



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