lunes, 25 de abril de 2016

La recuperación de los antiguos conocimientos babilónicos. Por Giovanni Schiaparelli.







 

La recuperación de los antiguos conocimientos babilónicos



Giovanni Schiaparelli

(Publicado originariamente en la revista "Scientia" en 1908)

Los documentos de la cultura babilónica se hallan escritos en multitud de tabletas de arcilla, que desde 1843 vienen siendo encontradas en diferentes yacimientos arqueológicos del suelo mesopotámico, el cual parece contener ingentes cantidades de ellas. La mayor parte de estas tablillas forman ya parte de las grandes colecciones de Museos de Europa y América. En lo que concierne a las tablillas específicamente astronómicas y astrológicas, la mayor parte de ellas se encuentran en el Museo Británico, principal lugar de su estudio. Ahí, se encuentran los restos de una gran enciclopedia astrológica, que había formado parte del gran archivo literario que el famoso rey Asurbanipal, antepenúltimo rey de Asina, había creado en Nínive. Ahí se hallan los numerosísimos informes oficiales de los astrólogos de la corte; ahí se hallan los testimonios de los grandes avances de la astronomía babilónica, observaciones, tablas y efemérides. Pero no bastaba poseer los documentos de la cultura asirio-babilónica, había que leerlos y entenderlos. No es este el lugar para evidenciar el enorme esfuerzo que supuso, casi milagroso, de traducir aquellos caracteres cuneiformes totalmente desconocidos, con la complicación añadida del desconocimiento de su gramática y demás características filológicas, en lo que sin duda ha sido uno de los grandes triunfos del ingenio humano durante el siglo XIX.
En sus primeros pasos, los patriarcas de la asiriología, Rawlinson y Hincks, determinaron la naturaleza del calendario usado por los asirios y los babilonios, lo que había sido objeto hasta ese momento de gran controversia. El calendario solilunar resultó ser similar al sugerido por algunos textos bíblicos, y los meses del año en tiempos de Senaquerib y Nabucodonosor, vienen a ser los mismos que actualmente existen en Israel. Con el tiempo, diversos asiriólogos, como Oppert en Francia, Sayce y Brown en Inglaterra, y sobre todo, Jensen y Hommel en Alemania, dieron los primeros pasos para la interpretación de los documentos astronómicos babilónicos. Jensen, en su "Cosmología de los babilonios" (1890) logra establecer una serie de puntos fundamentales. Pero en estos primeros tiempos, lo cierto es que los expertos asiriólogos que se vuelcan sobre los textos astronómicos chocan con dos enormes obstáculos: el desciframiento de los términos técnicos, con los cuales se calculaban las distancias, etc.; y el desciframiento de los nombres que los babilonios designaron a los cuerpos celestes.
A estos obstáculos hay que sumar cierto prejuicio, el cual presuponía que dada la gran antigüedad de la astronomía babilónica, ésta debía estar muy por debajo de los grandes sabios de la Grecia antigua, como Eratóstenes, Hiparco, Ptolomeo y demás de la escuela de Alejandría. Del archivo literario de Nínive, anterior por tanto a su destrucción en 607 a. C., salieron informes acerca del desconocimiento por parte de los babilonios de la retrogradación del punto equinoccial (o precesión de los equinoccios) así como su desconocimiento de la predicción de eclipses solares. La astronomía desenterrada en Nínive, no mostraba sustanciales avances en relación a culturas coetáneas, como los Ramsés egipcios o los monarcas de la India. La gran masa de observaciones astronómicas acumuladas con anterioridad a la destrucción de Nínive, no tenían otra función que la de establecer y verificar los presagios astrológicos; es decir, aparentemente no servían para una finalidad científica. Asimismo, en tiempos de Nabonasar (747 a.C.) no parece que se tuviera un cómputo seguro y regular del tiempo [por ejemplo, la duración exacta de un año]. Lo cual impedía ciertamente que la astronomía pudiera avanzar.
El mérito de haber atraído la atención pública sobre la Astronomía babilónica se debe asignar al célebre asiriólogo Padre Strassmaier de la Compañía de Jesús. Este, explorando la copiosa colección de tablillas recogidas en el Museo Británico, no tardó en apreciar la importancia de ciertos números dispuestos en múltiples columnas. Tales números u observaciones, fueron en su época, los que dieron fama a los caldeos fuera de sus propias fronteras, como por ejemplo, en el mismo mundo greco-romano. Todas estas observaciones halladas por Strassmaier, eran del tiempo final del imperio babilónico, es decir, escritas en tiempos de la dominación de persas, macedonios y partos. Dedicó tiempo y esfuerzos a su traducción, logrando descifrar 50. No tienen la fabulosa antigüedad que en algún momento se supuso, pero se hallan datadas en tiempos de la dinastía aqueménida, en la que reinaron monarcas como Cambises. Cronológicamente, ocupan un período que dura cinco siglos, del 523 a. C. al 8 a. C. En estas tabletas, queda establecido que en algunos avances astronómicos, los babilonios precedieron a los griegos, aunque la mayor parte de los avances de esta ciencia se producen en el intervalo que va desde Metón hasta Ptolomeo, es decir, desde el 450 a. C. al 150 d. C., en total, seis siglos.
Strassmaier se asoció en la parte astronómica con su compañero el Padre Epping, y del trabajo común salió en 1889 el primer ensayo de tales interpretaciones bajo el título "Astronomisches aus Babylon" (editado en la revista "Stimmen aus Maria-Laach", Freiburg im Breisgan, Herder, 1889). Este trabajo fue para historiadores y astrónomos una auténtica revelación. Del estudio de dos tabletas, que contenían bajo la forma de efemérides las predicciones de fenómenos celestes para los años 111 y 123 a. C., dedujeron los principales métodos de esta astronomía, diferentes de los que usaban los griegos de la época, estableciendo de modo definitivo el significado de muchos nombres propios de planetas y estrellas, y, lo que resultaba aún más difícil, el significado de gran cantidad de términos técnicos. Con una sagacidad verdaderamente admirable no solo tradujeron las interpretaciones, sino que además crearon instrumentos de interpretación. Como resultado de todo ello, se logró determinar la duración de la era seléucida según el cómputo babilónico, así como el inicio del día y su subdivisión. Fue demostrado que aquellos astrónomos sabían predecir con un cierto grado de aproximación la estación y la retrogración de los planetas, su elevación helíaca, su ubicación en relación a las estrellas principales del zodíaco; también conocían el cálculo de los novilunios y trataron la predicción de los eclipses. Identificaron cerca de 30 estrellas o grupos de estrellas zodiacales, entre ellas Sirio, cuya observación helíaca tuvo especial importancia.
Dada la repentina y deplorada muerte de Epping, ocurrida en el 1891, durante algunos años la preciosa copia de los documentos transcritos por Strassmaier no fue objeto de estudio, hasta que en 1897 el Padre Kugler recibe el encargo del Superior de la Orden de proseguir la tarea iniciada por Epping. Kugler actuó con no menor fortuna que sus predecesores, sumergiéndose en estos conocimientos como astrónomo y como asiriólogo, combinación profesional muy rara. Fruto de su estudio, en 1899 da a conocer en una monografía, los dos principales sistemas de cálculo lunar usados por los babilonios, completando con ello la tarea iniciada por Epping. A esta investigación, siguió otra en 1907, acerca de la astronomía babilónica durante los dos últimos siglos a. C. En este estudio, el Padre Kugler se ocupa de explorar cuestiones como: la astrología, el calendario, la íntima relación de la astronomía y la astrología con la religión y la mitología.
De cuanto precede podemos concluir que la historia de la astronomía babilónica es divisible en dos partes. El primer período, rudimentario, dura hasta la caída de Nínive, y se caracteriza por la mezcla de astronomía con ideas religiosas o con la astrología. El segundo período, coincidente con el imperio caldeo, dura desde Nínive hasta finales de la era, es decir, seis siglos, y se caracteriza por tratar en sus tablas numéricas, de leer el curso aparente de los astros, separándose de las artes predictivas. El primer período puede ser considerado como histórico, y el segundo, como astronómico.
(Traducción a cargo de José Fernández Quintana. Revista Beroso Nº 1. Barcelona. España. 1º semestre 2000).