lunes, 27 de marzo de 2017

Del modo de elegir el Almutén de cualquier lugar. Por Antonio de Montulmo.







Capítulo I. Del modo de elegir el Almutén de cualquier lugar.

En este primer capítulo Montulmo discute si para que un planeta sea Almutén de un determinado lugar es necesario que aspecte a ese lugar. Concluye que el aspecto no es necesario. También opina así Leopoldo de Austria. (Anotación de Regiomontano).
Aquel reverendísimo Ptolomeo, que procedía de forma natural en sus juicios, decía en la parte tercera, capítulo 2, de su tetrabiblos que el Almutén de cualquier lugar es aquel planeta que en dicho lugar tenga cinco condiciones, que son: triplicidad, domicilio, exaltación, término, aparición o la afinidad del Sol en la figura. Y aquel que tenga todas o la mayoría de estas condiciones en dicho lugar, será considerado el significador de dicho lugar. Por aparición ha de entenderse la conjunción corporal o el aspecto a dicho lugar. Y también en la parte segunda, capítulo primero, del libro mentado decía que el Almutén en el momento de un eclipse es aquel planeta que tenga más dignidades en el lugar del eclipse, y en el ángulo precedente, y que aspecte por algún aspecto a dicho lugar, o se encuentre allí corporalmente. De ahí se deduce que la conjunción corporal o el aspecto se encuentran entre las condiciones requeridas para elegir el Almutén. De igual modo, Alí Ben Ragel en el lib.1 cap.9 exponía que el Almutén de la conjunción era el señor del ascendente si aspectaba a este mismo. Y de manera similar dijo del Almutén de la casa segunda. Igualmente, Guido Bonatti en el capítulo 3 de las natividades concluía que para hallar el Animodar es necesario el aspecto de aquel planeta que debía ser Almutén en el lugar de la conjunción o prevención inmediatamente precedente al nacimiento. Pero Alkabitius, quien frente a todos los otros habló con óptima brevedad, en el cuarto párrafo de la introducción a la exposición del Animodar, afirmaba rotundamente que el Almutén del grado de la conjunción o prevención inmediatamente precedente al nacimiento era simplemente el que más fortalezas tenía en dicho lugar, sin considerar el aspecto. Y en el párrafo primero, cerca del final, defendía esto mismo. También Alí Ben Ragel, en el capítulo 10 del libro mentado, para hallar el Almutén tomaba el significador del grado de la conjunción sin considerar el aspecto. Y en el tratado de la orina hallaba el significador sin considerar el aspecto. De la misma forma pensaban también Leopoldo de Austria y otros autores numerosos.
Por lo tanto, Bonatti no procedía de manera correcta cuando hacía prevalecer el aspecto del señor de algunas de las dignidades del lugar en el que debe buscarse el Almutén sobre la dignidad del señor del domicilio, o del señor de la exaltación, si no aspectan a dicho lugar. Aunque hayamos visto a Ptolomeo argumentar en este sentido en el lugar antes mencionado, sin embargo tampoco lo afirmaba claramente. Cierto que Ptolomeo exponía que la buena naturaleza del aspecto vale mucho, pero no hacía prevalecer la dignidad del aspecto sobre la dignidad del domicilio en este caso. De esta forma se han expresado las autoridades en contra del mismo Bonatti, y, persuadidos por las razones contra este, hemos de suponer muy cierto que la dignidad del domicilio o de la exaltación es mayor (hablando de manera absoluta) que la dignidad del aspecto.
Una vez asumido esto, pongamos que queremos hallar el Almutén del tercer grado de Aries, y pongamos que ni el Sol ni Marte aspectan a este lugar, pero Júpiter (segundo señor de la
triplicidad) sí aspecta. Según el método de Bonatti, Júpiter sería el Almutén de ese grado. Sin embargo es lo contrario: es mayor la dignidad y conveniencia que se tiene por domicilio que la que se tiene por aspecto, tal como evidencia el proceder de Ptolomeo, que superpone la dignidad por domicilio en todos los lugares en los que busca el Almutén.
Por otro lado, además, puede ocurrir que en algún nacimiento estimado con mucha aproximación por el método del Animodar que sostiene Bonatti, se llegue a la conclusión de que no se puede realizar el Animodar, lo cual es falso. Es decir, dado un cierto lugar del que debemos hallar el Almutén, es muy posible que ningún señor de las dignidades de dicho lugar lo aspecte, y entonces no se podría hallar el Almutén según el mismo método, y por consiguiente no se podría hacer el Animodar en dicho nacimiento. La experiencia muestra sin embargo que el señor que tenga más dignidades en un lugar se considera su Almutén, y así es como resuelvo yo continuamente, y como se procede hacia la verdad.
Pondré un ejemplo: Un día me fue presentado un principio de enfermedad de cierta señora noble, de la cual quise saber si debía librarse o morir por el único método de la astronomía. Libra estaba en la octava casa y el señor del ascendente era la Luna, y consideré como Almutén de la octava a Saturno, que no aspectaba a dicho lugar por ningún aspecto; Venus estaba en la novena aspectando a dicho lugar, y la Luna se alejaba de Saturno y se unía (1) a Venus bajo la tierra; de todo lo cual juzgué que la señora atravesaría un peligro de muerte por poco y, como se juntaba bajo la tierra a Venus, que estaba muy dignificada en Libra, dije que la señora debía acercarse al peligro por una segunda sacudida, pero no tan intensa como habría sido la primera y que esta señora debía librarse pronto. Dije asimismo que la enfermedad era nueva, pero de esto no expongo aquí las causas. Todas estas cosas sucedieron en verdad. Debemos deducir por tanto que, si fuese Venus el Almutén de la octava, al producirse esta conjunción (2) habría juzgado que la señora debía morir pronto, porque no había ningún aspecto de las fortunas, ni ninguna conjunción corporal benévola y la Luna estaba mal dispuesta. Y esto es lo que he observado en todos los juicios de mi experiencia.
Así, pues, el Almutén de cualquier lugar es el planeta que mayor número de fortalezas tiene en dicho lugar, aspecte o no aspecte, y si aspecta, mejor. Si sucede que en dicho lugar varios planetas se encuentran iguales en fortalezas, será Almutén aquel que aspecte a dicho lugar. Y si aspectan de manera igual, elegiremos aquel que se encuentre en el ángulo más fuerte. Y si también estuvieran iguales en eso, elegiremos aquel que esté en su Haiz, y más afín al Sol en la figura, siempre que no esté bajo los rayos del sol, y el que aspecte a dicho lugar de mejor aspecto, aquel habremos de elegir como Almutén.



(1) La Luna, estando bajo el horizonte, se acercaba a un aspecto de Venus. [N.T.]
(2) El aspecto aplicativo de la Luna a Venus. [N.T.]

Extraído del Libro de las Natividades de Antonio de Montulmo
Anotada por Regiomontano
Edición de 1540

Traducción y notas: Tomás Basavilbaso Gotor