sábado, 1 de abril de 2017

Neurología de la maldad. Por Adolf Tobeña.













ENTREVISTA

Adolf Tobeña: "Así como hay gente con talento para el fútbol, la hay con talento para hacer daño"

En 'Neurología de la maldad' (Plataforma Actual), el catedrático Adolf Tobeña se zambulle en los engranajes de las mentes criminales y perversas a partir de casos recientes. El libro nace del interés de los profesionales del derecho por la neurociencia
El profesor y catedrático de psiquiatría Adolf Tobeña tiene una larga trajectoria en la investigación en neurobiología de las emociones. / PERE TORDERA
El profesor y catedrático de psiquiatría Adolf Tobeña tiene una larga trajectoria en la investigación en neurobiología de las emociones.


La cuota de malvados, torturadores y defraudadores está asegurada en cada generación. El psiquiatra Adolf Tobeña (Graus, Huesca, 1950) aporta, sin embargo, una brizna de esperanza con el libro 'Neurología de la maldad' (Plataforma Actual). Así como la biología explica las predisposiciones al comportamiento asocial, también "deja grados de libertad; hay margen para corregir".
¿Los malos nacen o se hacen?
La inmensa mayoría nacen. Todos los rasgos de la conducta humana -esto no es exclusivo de la maldad- tienen ingredientes de nacimiento, crecimiento y crianza. En el caso de la malignidad, los de nacimiento son muy potentes. También se puede llegar a ser instruido dentro de un gremio para ser malo, pero la mayoría viene de fábrica.
¿Y la educación puede revertirlo?
La instrucción de un gremio profesional de sicarios, traficantes de drogas o torturadores podría hacer que alguien sin talento natural adquiriera la maldad, pero la educación, es decir, escuela y familia, tienen muy poco papel, en realidad, en todos los aspectos de la vida. Lo que cuenta más en la conducta humana son los elementos de fábrica, luego los compañeros de adolescencia y juventud, y, después, el gremio profesional.
¿Es difícil escapar de este destino?
En absoluto. La carga biológica no es sólo la prescripción de fábrica, también está la maduración del organismo, y cada uno llega cuando llega. Unos a los 16 años y otros a los 30. Y aunque tengamos una carga hereditaria fuerte, las dos cosas dejan abierto lo que llamamos grados de autonomía o grados de libertad, y el margen que deja es muy considerable.
En el libro cita al extremista noruego Anders Breivik y al financiero Bernard Madoff como malos de manual.
La consideración social de uno y otro es diferente pero los dos se lo pasan bien haciendo daño y infligiendo dolor a los demás. Hay estas dos clases de gente tóxica: los que matan, torturan o lesionan sin escrúpulos y los que se lo pasan bien perjudicando a los otros en términos económicos o de reputación, como los defraudadores, corruptos, estafadores o calumniadores.
Son los que en el libro llama "psicópatas de cuello blanco".
La psicopatía es una etiqueta que utiliza mi gremio de psiquiatras y psicólogos clínicos pero que no me gusta. Tiene un aire de patología y son gente normativa. Excepcional, pero normativa. Es decir, hay entre un 1% y un 2% en todas las poblaciones, culturas y etnias. En una reunión de 100 personas, hay uno o dos individuos capaces de hacer mucho daño a los demás.
¿Hay entornos que lo favorecen?
En las grandes corporaciones se calcula que el porcentaje sube hasta el 3% o el 4%. El mundo de las finanzas, las grandes firmas, la política, el periodismo... El mundo de los tiburones, vaya. Los malos de cuello blanco son más listos, tienen mucho más ingenio y, en general, no hacen daño físico. Pero reúnen un grupo de atributos espléndidos: falsos, manipuladores, mentirosos, seductores, dominantes, inquisitivos y no tienen ningún escrúpulo para sobornar, camuflar o mentir.
Dedica un capítulo a las psicopatías femeninas. ¿Qué las diferencia de las masculinas?
Usan mucho menos la violencia física por una cuestión biológica y, en cambio, usan más tácticas de agresividad indirecta como marginar, retirar totalmente la atención o practicar el ostracismo. Y eso ya lo hacen en la guardería, mientras los niños se pelean a puñetazos. También son muy hábiles a la hora de simular dolores diversos y cambiantes, y se autolesionan.
¿Qué otras tácticas utilizan?
La más típica, tanto de hombres como mujeres, es que de entrada son cordiales, amables y simpáticos. Tienen una seducción inicial y superficial que les permite romper el hielo. Después vienen las manipulaciones, las mentiras y los engaños.
Y eso ya se ve desde pequeños.
Es una señal prototípica que el niño o la niña disfrute maltratando al animal de compañía de casa. Y cuando se convierten en pequeños líderes que mortifican y acosan a un compañero. Los maestros hace 40 años que intentan poner remedio, pero no hay manera de que cambie porque en cada generación nacen y nacerán, ya que es una conducta normativa. Los individuos son así y los que no terminan muertos o en prisión -son muy temerarios-, dejan descendencia. Son gente de éxito económico y sexual y, por tanto, está asegurado que en cada generación habrá malignos.
Debemos diferenciar estos comportamientos de la enfermedad mental.
La maldad que proviene de los trastornos neurológicos o mentales es extraordinariamente poco frecuente. Y la mayor parte de casos son corregibles y se pueden prevenir. En cambio, la maldad de los psicópatas, los trastornos límites de personalidad, de los mesiánicos o de los narcisos, es muy frecuente. Esto son variantes excepcionales de la personalidad. Así como hay genios o gente con talento futbolístico, también la hay con talento para hacer daño.
¿Y esto es un atenuante o un agravante?
Es un atenuante cuando hay una enfermedad mental y pérdida de juicio, pero los psicópatas tienen pleno juicio, criterio y responsabilidad y normalmente los jueces lo ven como un agravante. Tenemos identificados genes para la agresividad así como también para la irascibilidad o para la insensibilidad ante el dolor ajeno. De hecho, desde la neurobiología ofrecemos a jueces, abogados y policías herramientas muy útiles para ser más sofisticados a la hora de juzgar, imputar y asignar culpabilidades.